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lunes, 21 de junio de 2021

3383. TRUJILLO** (VIII), Cáceres: 1 de marzo de 2020.



TRUJILLO** (VIII), provincia de Cáceres: 1 de marzo de 2020.
   El entramado urbano de Trujillo está compuesto por tres espacios bien definidos, que corresponden a otras tantas épocas de su evolución histórica.
El recinto intramuros
   El primero de esos espacios, conformado en torno al castillo y circundado por los restos de la muralla árabe, rehecha tras la conquista cristiana, alberga el núcleo originario, la Villa por antonomasia. El acceso puede realizarse desde la Plaza Mayor, cuya visita posponemos, a través de la puerta de Santiago, flanqueada por el palacio de Luis de Chaves el Viejo, que fue residencia de los Reyes Católicos y donde se dice que surgió el lema "Tanto monta, monta tanto ...", y la iglesia tardorrománica de Santiago, del siglo XIII. Bordeando la muralla se asciende hacia el castillo, que alza sus aún sólidas murallas rematadas por cuadradas torres sobre el cerro o Cabezo del Zorro, desde el que se contempla una amplísima panorámica. Construido por los árabes a finales del siglo IX, fue ampliado en el el siglo XII y en el XV se le añadió el segundo recinto fortificado o albacara. De la época inicial conserva dos aljibes en el patio de armas, en tanto que la ermita donde se venera a la Virgen de las Victorias se incorporó en el siglo XVI.
   La plazuela de Santa María, antiguo centro de la villa intramuros, aglutina en su entorno diversos edificios significativos que han sido recientemente restaurados, como la casa natal del conquistador de Perú, que actualmente acoge el museo Francisco Pizarro (siglo XV), el convento de las Jerónimas (siglo XV) o el palacio de Lorenzana, con una ventana plateresca bellamente decorada (está previsto instalar en él la sede de la Real Academia de Extremadura) y, sobre todo, la iglesia de Santa María la Mayor*, edificio capital de este núcleo. Construido sobre una de las dos mezquitas del Trujillo árabe, es un templo fundamentalmente gótico, del siglo XV, aunque las obras se iniciaron en el siglo XIII y el estilo románico aún se percibe en el ábside y la torre. Esta última presenta, como curiosa aportación de un cantero local (Antonio Serván, "El Rana") que intervino en la restauración acometida a principios de los años setenta, el escudo del Athletic de Bilbao, esculpido en una las esquinas del alero. Las tres naves del templo se disponen sobre un espacio rectangular con bóvedas de crucería. Grandes linajes de la ciudad tienen sus panteones en el interior, entre otros el llamado "Hércules extremeño", Diego García de Paredes, partícipe en la toma de Granada y la conquista de Nápoles. Son destacables el retablo mayor, gótico, con tablas de Fernando Gallego (siglo XV), y el magnífico coro plateresco. En los aledaños de la plaza, sobre la muralla de poniente, se advierte el convento de San Francisco el Real, llamado de la Coria por su cercanía a la puerta de Coria. Este antiguo convento alberga actualmente el museo de La Coria, donde se muestra diferente material iberoamericano.
   La singular calle de las Palomas enlaza Santa María con la puerta de San Andrés.
   A lo largo de ella se alzan la casa de Francisco de Orellana (siglo XV), descubridor del Amazonas; la de los Chaves-Calderón, con el balcón esquinado característico de la arquitectura trujillana; y, enfrente, la de los Rol-Zárate y Zúñiga (siglo XV), que ostenta, sobre el arco escarzano de la puerta, el escudo familiar encuadrado en un alfiz. Al final de la calle se hallan el alcazajero de los Altamirano, erigido en el siglo XIII, y, como defensa de la puerta de San Andrés, la casa fuerte de los Escobar (siglo XV). Tras la iglesia de San Andrés (siglo XVI), hoy sin culto, se sitúa la alberca árabe, que algunos autores identifican con unas precedentes termas romanas. Tiene 11 m. de profundidad y sirvió como baño público hasta 1935. Otras edificaciones próximas son el hospital de la Concepción, que perteneció a los Chaves-Mendoza, y el alcazarejo de los Bejarano, bastión defensivo de la contigua puerta de Fernán Ruiz, o del Triunfo, blasonada con el escudo de los Reyes Católicos y una hornacina con la imagen de la Virgen.
La ciudad renacentista
   El segundo espacio urbano, que tiene como eje la Plaza Mayor, comenzó a desarrollarse a partir del siglo XV, época en la que se produjo un crecimiento poblacional que acabó desbordando las murallas. Exponente del vigor que la villa adquiere a lo largo del siglo XVI, la plaza se rodea de edificios monumentales y buenos ejemplos de arquitectura popular con soportales de arquería. En el centro estuvo situado el magnífico rollo gótico (finales del siglo XV), hoy desplazado hacia la zona del ensanche. Preside la plaza la estatua ecuestre de Pizarro, realizada en bronce por el escultor Charles Rumsey (1929).
   En el ángulo noroeste se construye, entre los siglos XIV y XVI, la iglesia de San Martín, mezcla de estilo gótico y renacentista, de sobrio exterior coronada por las dos torres de los pies, nave única y presbiterio ochavado. Son interesantes las muestras escultóricas que contiene y el órgano barroco. A la derecha del templo, el palacio de los Duques de San Carlos* (siglo XVI) fue solar de los Vargas-Carvajal y es en la actualidad convento de jerónimas. Un incendio, a finales del siglo XVI, y la prolongada reconstrucción hasta mediados del siglo siguiente alteraron el proyecto original. En la fachada noroeste se abre una portada con rica decoración plateresca, y en el suroeste son notables la triple arcada del cuerpo inferior y la galería arquitrabada sobre pilares corintios en el tercer cuerpo. En el ángulo, coronado por el escudo familiar, se dispone el clásico balcón esquinero, en tanto que airosas chimeneas mudéjares coronan el conjunto. En el interior se abre un patio de doble galería sobre arcos de medio punto.
   En el rincón sureste de la plaza, el palacio del Marqués de Piedras Albas (siglo XVI) presenta en su fachada una logia o pórtico con arcos escarzanos de influencia florentina, mientras que el otro ángulo meridional lo ocupa uno de los edificios civiles de mayor interés de la ciudad: el palacio del Marqués de la Conquista**. Fue construido como residencia de Hernando Pizarro en el siglo XVI y reformado por Larra Churriguera, que intervino en el siglo XVIII para atajar su deterioro. El elemento más llamativo, dentro de su perfección plateresca, es el bello balcón de esquina con los bustos de la familia Pizarro y el escudo de armas del conquistador de Perú.
   Próximo a él están el Ayuntamiento Viejo, gótico del siglo XV, con un interesante salón consistorial, y, a continuación, el palacio de los Chaves Cárdenas, de estilo neoclásico (siglo XVIII).
   En el lado norte de la plaza se sitúa la casa de la Cadena (siglo XV), así llamada por la que muestra a la entrada como símbolo del privilegio de asilo real concedido por Felipe II, y hoy convertido en mesón. Tras ella emerge la torre del Alfiler, y a su lado se encuentran el palacio de los Chaves Sotomayor (siglo XVI) y la neoclásica iglesia de la Sangre (siglo XVII), mientras que en la colindante calle de Ballesteros se halla el palacio de Santa Marta, de estilo renacentista. Asimismo, entre la plaza y la puerta de San Andrés, el palacio de los Orellana-Pizarro, con su galería porticada entre torres hacia el exterior y su patio plateresco, además de ser otra muestra notable de la época áurea de Trujillo, tiene el valor añadido de que en él se alojó Miguel de Cervantes.
   Finalmente, dispersos por lo que en el siglo XVI constituía la periferia de la villa y hoy configura el ensanchamiento urbano, aún quedan otros edificios civiles de corte renacentista -como el Ayuntamiento Nuevo, instalado en la antigua alhóndiga, frente al palacio de los Pizarro Aragón; o el de los Marqueses de Sofraga, en la plazuela de San Miguel, con otro magnífico balcón esquinado- y varios conventos, también renacentistas o neoclásicos, que, además de su valor arquitectónico, atesoran obras artísticas de periodos diversos. Son, en todo caso, las últimas huellas de un tiempo capaz aún de proyectar su estela sobre el presente de la ciudad y librarla del olvido.
Textos de:
RAMOS, Alfredo J. y LLORENTE, Santiago: Guía total: Extremadura. Anaya. Madrid, 2005.

Enlace a la Entrada anterior de Trujillo**:
2472. TRUJILLO** (VII), Cáceres: 19 de noviembre de 2017.

sábado, 19 de junio de 2021

3381. CONVENTO DEL PALANCAR - Pedroso de Acim (V), Cáceres: 29 de febrero de 2020.















CONVENTO DEL PALANCAR - Pedroso de Acim (V), provincia de Cáceres: 29 de febrero de 2020.
    En la Autovía de la Plata, en un desvío a la altura del puerto de los Castaños, conduce a la aldea de Pedroso de Acim.
   En sus proximidades, aislado en un agreste paraje de la sierra del Arco, se encuentra el convento del Palancar, cuyas dimensiones (diez metros por nueve) lo convierten en uno de los más pequeños del mundo.
   Su fundación, en el siglo XVI, está ligada a San Pedro de Alcántara, que se retiró en 1557 para emprender la reforma de su orden. Al convertirse en centro de peregrinación (Santa Teresa de Jesús y San Francisco de Borja lo visitaron), a partir de 1702 se construyó la sobria iglesia barroca y posteriormente un nuevo claustro. Los frailes franciscanos mantienen la vida conventual y, bajo determinadas condiciones, es posible alojarse en sus dependencias.

Enlace a la Entrada anterior de Convento del Palancar - Pedroso de Acim:
2469. CONVENTO DEL PALANCAR - Pedroso de Acim (IV), Cáceres: 22 de febrero de 2013.

jueves, 17 de junio de 2021

3379. MONASTERIO DE YUSTE* - Cuacos de Yuste (IV), Cáceres: 29 de febrero de 2020.












MONASTERIO DE YUSTE* - Cuacos de Yuste (IV), provincia de Cáceres: 29 de febrero de 2020.
   En el trayecto hacia el monasterio de Yuste*, poco antes de llegar a él, queda al pie mismo de la ruta un recoleto cementerio donde reposan, a la sombra del recuerdo imperial y bajo un ordenado tapiz de cruces, los restos de soldados, pilotos y marinos alemanes muertos en las dos guerras mundiales, cuya tumbas estaban esparcidas por el territorio español. Un poco más arriba, el edificio del Monasterio de Yuste* impone su solitaria presencia como parada obligatoria para revivir el escenario donde el emperador decidió pasar sus últimos días en retiro espiritual.
   Al conjunto monacal, austero y de modestas proporciones, se accede a través de un pórtico adintelado frente al que se alza la fachada oeste del templo. La portada corresponde a las reformas efectuadas en el siglo XVI y reúne los únicos motivos ornamentales de la fachada.
     A la residencia imperial se accede por una rampa que finaliza en un pórtico arquitrabado. Se supone que las obras fueron supervisadas por fray Antonio de Villacastín, quien adaptó las líneas de la nueva estancia, de dos plantas, a la sobriedad del conjunto. La enlutada alcoba imperial, en el piso superior, se comunica con la iglesia a través de una ventana en esviaje que permitía al monarca, aquejado de gota, seguir desde la cama los oficios religiosos, disposición que Felipe II, doliente del mismo mal, incorporó a su cámara escurialense. En la fachada sur se abre un mirador sobre el estanque y la huerta que rodea el monasterio. Algunos objetos personales del emperador se conservan en las salas contiguas, entre ellos un reloj de oro y platino, fechado en 1562, obra del relojero alemán Metzger.
Son numerosas las leyendas, con mayor o ningún fundamento, tejidas en torno a esa postrera estancia del césar de la Cristiandad. Tal vez la más espeluznante sea la que afirma que el emperador, deseoso de asistir en vida a sus propios funerales, mandó celebrarlos y participó en ellos confundido entre la comunidad de monjes jerónimos, vestido de luto y con un cirio en la mano. La ceremonia habría sido tan real que al día siguiente Carlos V enfermó y tres semanas después expiraba.
      La iglesia, del siglo XV, es de nave única, con bóvedas de terceletes y estrelladas sobre la cabecera poligonal. En el retablo mayor, encargado por Felipe II a Juan de Herrera (1580), aparece el lienzo con la Apoteosis de Carlos V, copia realizada por Antonio Segura del que Tiziano pintara para El Escorial. La sillería del coro, a la que se relaciona con la escuela del escultor Rodrigo Alemán, data de finales del siglo XV. Tallada en madera de nogal, es de estilo gótico con detalles renacentistas en la decoración con motivos vegetales y temas fantásticos.
   Comunicado con la iglesia por un arco conopial y adosado en la parte del evangelio, se sitúa el claustro gótico. Los dos pisos con arcos carpaneles, de menor altura en el superior, se cubren en las galerías con techumbres planas. El claustro plateresco es de similar estructura que el anterior. En este caso, las arquerías son de medio punto en el nivel inferior y de arcos escarzanos en el piso alto. Las columnas de ambas arquerías presentan capiteles decorados con guirnaldas y volutas.
Textos de:
RAMOS, Alfredo J. y LLORENTE, Santiago: Guía total: Extremadura. Anaya. Madrid, 2005.

Enlace a la Entrada anterior de Yuste (Monasterio)* - Cuacos de Yuste:
1134. YUSTE (MONASTERIO)* - Cuacos de Yuste (II), Cáceres: 29 de octubre de 2010.

miércoles, 16 de junio de 2021

3378. PLASENCIA** (XII), Cáceres: 28 de febrero de 2020.

























PLASENCIA** (XII), provincia de Cáceres: 28 de febrero de 2020.
   Mostramos imágenes de los alrededores de la plaza de la Catedral, que reúne los edificios más sobresalientes.El complicado y singular conjunto catedralicio** está formado por dos construcciones diferentes unidad en sentido longitudinal. La Catedral Vieja fue construida entre los siglos XIII y XIV. Durante ese largo período se levantan, primero, la fachada tardorrománica de los pies y la sala capitular, cubierta por una cúpula octogonal rematada en el exterior por un chapitel escamado de inspiración bizantina (popularmente es conocido como "el Melón"), y ya en el siglo XIV se acomente la construcción de las tres naves y el claustro de estilo cisterciense parcialmente derruido. La convivencia del románico y el gótico aparece en los distintos elementos de este primer templo que, a partir de 1498, al considerarlo pobre y tosco, comenzó a ser sustituido por la Catedral Nueva, contando para ello con la intervención de los más afamados arquitectos españoles de la época. Enrique Egas, autor de sus primeros planos, inició la cabecera. Le sucedieron Francisco de Colonia y Juan de Álava, quien culminó la Capilla Mayor* (1522), magnífica pieza renacentista. Posteriormente aún intervendrían Alonso de Covarrubias, Pedro de Ibarra, Gil de Hontañón, artífice de la también renacentista fachada principal, de cuatro cuerpos minuciosamente decorados, y Diego de Siloé, a quien se atribuye la fachada meridional o del Enlosado.
   Pese a tan larga y cualificada nómina de arquitectos, la nueva catedral quedó inconclusa, sin avanzar más allá de la cabecera y los primeros tramos de las naves, que se unieron a las de la Catedral Vieja. No obstante, el resultado final guarda un sorprendente equilibrio, al que contribuyen la elegante balaustrada superior y los gráciles pináculos.
   El interior, de tres naves de igual altura, impresiona por la perfección técnica de las elevadas bóvedas, de gran riqueza decorativa, alzadas sobre anchas pilastras. Entre las obras que alberga, sobresale el monumental retablo mayor (siglo XVII), con esculturas de Gregorio Fernández y lienzos de Francisco Ricci y otros pintores en torno al tabernáculo presidido por una talla de la Virgen del Sagrario en madera (siglo XIII). Dignos de tenerse en cuenta son también el bien labrado sepulcro del obispo Ponce de León (siglo XVI) y el retablo de los hermanos Churriguera en la nave de la derecha. Una hermosa reja de Juan Bautista Celma (1598) cierra el coro, en el que merece capítulo aparte la sillería* tallada en madera de nogal por el maestro Rodrigo Alemán, hombre cuya controvertida personalidad tiene fiel reflejo en una de las obras más originales de la escultura gótica. En 1497 el artista, que dejó su autorretrato en la misericordia de la silla episcopal, comienza los dos sitiales reservados a los Reyes Católicos, efigiados en el respaldo, y el resto de la obra se alarga hasta 1520. Lo recargado de las formas y la libérrima elección de los temas, algunos de marcado erotismo y con mordaces sátiras del clero, anticipan el barroco ya próximo.
   Las tres naves que configuran la Catedral Vieja están cubiertas por bóvedas estrelladas y en sus capillas pueden verse interesantes esculturas polícromas tardorrománicas. Existe, por último, un museo con pinturas de Morales y Ribera, libros miniados y ricos objetos de orfebrería.   
   En el centro de la plaza se halla la iglesia de San Nicolás, con traza originaria románica del siglo XIII, aunque las reformas del siglo XV le confieren su actual aspecto gótico. El cercano palacio del Marqués de Mirabel*, considerado el más suntuoso de la ciudad, fue casa fuerte de los Zúñiga durante el siglo XV y experimentó remodelaciones al gusto renacentista en la centuria siguiente. En su interior, donde puede visitarse un museo de caza, son destacables el patio neoclásico porticado, de grandes dimensiones, y otro más pequeño con un original jardín colgante en el piso superior. Unido al palacio está el convento de Dominicos, fundación también de los Zúñiga, cuyo panteón se encuentra en la anexa iglesia gótica, puesta bajo la advocación de San Vicente Ferrer. La sacristía y otras estancias exhiben buenas muestras de azulejería talabricense del siglo XVI. 
Textos de:
RAMOS, Alfredo J. y LLORENTE, Santiago: Guía total: Extremadura. Anaya. Madrid, 2005.

Enlace a la Entrada anterior de Plasencia**:
2470. PLASENCIA** (XI), Cáceres: 18 de noviembre de 2017.