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miércoles, 17 de marzo de 2010

53. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS** - Baños de Cerrato (I), Palencia: 22 de julio de 2005.

1. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS - Baños de Cerrato, Palencia. Vista de la Basílica.
2. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS - Baños de Cerrato, Palencia. Portada de la Basílica.
3. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS - Baños de Cerrato, Palencia. Uno de los capiteles del interior de la Basílica.
4. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS - Baños de Cerrato, Palencia. Ornamentación geométrica de uno de los muros de la Basílica.
5. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS - Baños de Cerrato, Palencia. Vista del interior de la Basílica.
6. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS - Baños de Cerrato, Palencia. Zona del presbiterio de la Basílica.
7. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS - Baños de Cerrato, Palencia. Decoración del arco de la portada de la Basílica.
8. IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS - Baños de Cerrato, Palencia. Una de las ventanas de la Basílica.
IGLESIA DE SAN JUAN DE BAÑOS** - Baños de Cerrato (I), provincia de Palencia: 22 de julio de 2005.

Acceso
   En la carretera general hay indicaciones de la basílica que conducen hasta Baños de Cerrato y hasta San Juan.

Historia
   PRECURSOR DEL SEÑOR, MÁRTIR JUAN BAUTISTA POSEE ESTA CASA, CONSTRUIDA COMO DON ETERNO LA CUAL, YO MISMO, RECESVINTO REY, DEVOTO Y AMADOR DE TU NOMBRE, TE DEDIQUÉ, POR DERECHO PROPIO, EN EL AÑO TERCERO, DESPUÉS DEL DÉCIMO COMO COMPAÑERO ÍNCLITO DEL REINO. EN LA ERA SEISCIENTOS NOVENTA Y NUEVE, dice en latín la placa de dedicación del templo situada desde su construcción sobre el arco triunfal. Se señala, pues el año 661 del calendario romano actual como el de la terminación y consagración de este real templo. San Juan de Baños se convierte así en la única construcción visigoda datada con seguridad y referencia comparativa para las restantes. Tras este dato seguro, las noticias sobre el templo escasean hasta el siglo X, en que aparece citada en el códice de Azagra, "quizá no lejos del momento de repoblación de la zona por Alfonso III". El resto de los que hoy conocemos de sus transformaciones (sobre todo en la cabecera) a lo largo de los siglos se debe a las restauraciones y excavaciones arqueológicas realizadas desde la segunda mitad del siglo XIX hasta el día de hoy.

Descripción
   Es de planta basilical con cabecera en la actualidad de ábside central y absidiolos laterales de muros rectos que, al exterior, forman fachada única reforzada por contrafuertes laterales; tres naves separadas por cuatro pares de columnas, ligeramente trapezoidales las laterales por estrechamiento hacia los pies; y un pórtico rectangular a los pies de la misma anchura que la nave central. Las excavaciones han descubierto que la cabecera original era bien distinta, estando formada por el actual ábside central y dos estancias a ambos lados y paralelas al mismo, separados los tres por espacios abiertos al exterior y que son los que hoy ocupan los absidiolos laterales, una vez cerrados al levantar sus muros orientales y derribar ambas estancias originales. Parece que tal transformación fue llevada a efecto en el siglo XIV. No se conoce la función de estas estancias o especies de sacristías de la cabecera, pero su aspecto sería algo así como un tridente (las dos más el ábside central) similar al que hoy ofrece la iglesia de Santa Lucía en Alcuéscar (Cáceres), más o menos coetánea.
   Al exterior el conjunto ofrece un aspecto homogéneo en su mayor parte, tanto por su aparejo pétreo de bloques de distintas dimensiones, bien escuadrados y dispuestos en hiladas de alturas diferentes, como por la nítida percepción de sus sencillos volúmenes. Como se ha dicho, los distintos muros de la cabecera aparecen hoy como un hastial uniforme, sólo perforado por la magnífica ventana central en arco de herradura y celosía restaurada y por las dos laterales rasgadas góticas. A ambos lados de la cabecera, entre los contrafuertes laterales y por encima de una imposta tallada, se observa un arranque ligeramente curvo de la bóveda que cubrió en sus inicios las dos estancias laterales paralelas al ábside. Por encima de las naves laterales se ven las pequeñas ventanas que iluminan la central de mayor altura. La espadaña occidental sobre el pórtico de entrada es posterior a la fábrica visigoda.
   Se accede al interior por el pequeño pórtico, una vez cruzado el magnífico arco, que suele ser considerado como ejemplo de los arcos de herradura levantados por el estilo visigodo: arco de perfecto medio punto sobrepasado en un tercio de su radio, dovelas de distinto espesor montadas limpiamente en seco (el prototipo de arco visigodo no llevaría clave, lo que no es el caso en Baños). La clave aquí lleva labrada una cruz patada que, además del friso del estradós y de las impostas (ambos adornados por cuadrifolias y rosetones centrales), es la única talla que exhibe la portada, pues las pequeñas labras exteriores al friso parecen ser restos encastrados sin mayor significación.
   Ya en el interior es clara la sensación de amplitud, tanto por la anchura y altura de la nave central como por la envergadura del arco triunfal de herradura que se abre limpiamente. Paralelos al eje de la nave central se suceden a ambos lados cuatro arcos, también de herradura, soberbios, abriéndose sobre ellos ventanas con profundo derrame interior. Dos frisos de círculos y palmetas recorren las alturas. Las columnas son variadas, tanto en sus fustes (de mármoles diferentes de suaves coloraciones) como en sus basas, por lo que se supone que son material romano reutilizado. En cuanto a los capiteles, corintios todos ellos, parecen también romanos los más cercanos a la cabecera, siendo los restantes tallas visigodas inspiradas en las romanas. Sobre el arco central se encuentra encastrada la placa de mármol grabada con el acta fundacional descrita anteriormente. Lleva cuatro cubos pétreos en los extremos tallados con motivos frecuentes en el arte germánico; ruedas solares dextrógiras, veneras, estilizadas águilas... La clave del arco triunfal exhibe una cruz patada similar a la de la entrada. El ábside, prácticamente cuadrado, es recorrido por un sencillo friso. Va cubierto por bóveda de medio cañón sobrepasado y las naves, por techumbre de madera a dos aguas.

Comentario
   Según parece, el rey Recesvinto frecuentaba las aguas termales de Cerrato tras sus campañas de castigo a los díscolos pueblos del norte peninsular. Aliviaban sus cólicos nefríticos mientras el rey descansaba acompañado de sus nobles guerreros. El lugar terminó contando con los favores reales hasta el punto de que en el mismo decidió levantar una basílica en honor de San Juan, quien precisamente bautizaba con agua, anunciando así el bautismo con el Espíritu que traería Jesucristo. Recesvinto ofrece al Bautista, tal como explica la lápida de dedicación, correinar junto a él. La basílica de Baños se halla levantada sobre el simbolismo del agua viva, la que da vida, combinado con el de la realeza con las veneras, discos solares y águilas talladas en los cuatro cubos que precisamente rodean la citada lápida.
   En el plano artístico, San Juan de Baños representa el momento en el que el arte visigodo, sin abandonar aún la tipología basilical heredada del arte tardorromano, comienza a buscar formas propias que respondan a un simbolismo espacial más rico y complejo y a la liturgia que el rito visigodo va desarrollando. Simbolismo y liturgia que focalizan un punto concreto del templo o sancta sanctorum. La basílica de Baños sintetiza arquitectónicamente este momento. Su disposición despejada y su diafanidad basilical parecen apropiadas para la celebración de liturgias abiertas en las que participa toda la comunidad de creyentes, permitiendo amplios movimientos de estos por las naves del templo. Pero no hay que olvidar que la disposición original con su complicada cabecera en tridente (hoy desaparecida en sus extremos) hablan de una complejidad litúrgica mayor, así como de movimientos internos más reducidos y orientados hacia un punto primado por el oficiante. Los dos habitáculos de la cabecera original, muy similares al central, y este último, en donde está instalado el altar consagrado, ¿pueden estar expresando la Trinidad Santa, aquella a la que se convertirían cien años antes los antecesores de Recesvinto al abjurar del arrianismo? En cualquier caso, San Juan de Baños, la basílica goda plantada en campo de godos y en medio de la planicie castellana, es una magnífica obra arquitectónica que dimana armonía, belleza y majestuosidad, tal como corresponde a una fundación real. Posiblemente sea el templo hispano más antiguo en pie y en activo.

Nota
   Unos pocos metros hacia el sur de la basílica y bajando hacia un pequeño parque, se halla una fuente. Dos arcos de herradura de origen visigodo son la parte visible de un pequeño depósito que recoge las aguas termales que tanto bien hicieron a Recesvinto, rey devoto y guerrero, godo agradecido.

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
COBREROS, Jaime. Guía del Prerrománico. Guía Total. Ed. Anaya, Madrid, 2005.

martes, 16 de marzo de 2010

52. CARTUJA DE MIRAFLORES** - Burgos** (I), capital: 22 de julio de 2005.

1. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Crucero en las afueras del recinto monacal.
2. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Detalle de un capitel de la portada de la igl. del monasterio.
3. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Tímpano de la portada de la igl. del monasterio.
4. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Interior de la igl. del monasterio.
5. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Entelado que reproduce el retablo mayor de la igl. del monasterio, que se encontraba en restauración.
6. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Coro de la igl. del monasterio.
7. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Bóvedas de la igl. del monasterio.
8. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Imagen de la Inmaculada que remata la reja de la igl. del monasterio.
9. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Bóveda de la sala que precede a la igl. del monasterio.
10. CARTUJA DE MIRAFLORES - Burgos, capital. Escudo heráldico de la fachada de la igl. del monasterio.
CARTUJA DE MIRAFLORES** - Burgos** (I), capital de la provincia: 22 de julio de 2005.
   A unos 3 kms. hacia el este, al final del llamado paseo de la Quinta se encuentra la Cartuja de Miraflores**. Erigida a partir de 1442 tras su fundación por el rey Juan II de Castilla y asolada por un incendio, inició su reconstrucción en 1454 Juan de Colonia y la concluyó su hijo Simón en 1488, si bien años después, en 1538, Diego de Mendieta le añadió las agujas y cresterías que dotan de esbeltez a los altos muros con contrafuertes y ventanales ojivales. Constituye uno de los más sobresalientes ejemplos de estilo isabelino, interés que se ve aumentado por la gran riqueza artística que alberga la iglesia, de una sola nave. En su centro se halla el mausoleo** del rey Juan II y su esposa, Isabel de Portugal, obra maestra y con abundantísima decoración escultórica de Gil de Siloé. A este mismo autor también se debe el sepulcro* con estatua orante del infante don Alfonso, hijo de los anteriores, situado en el lado izquierdo, y, en colaboración con Diego de la Cruz, el retablo mayor*, con esculturas y bajorrelieves en madera policromada en torno a un gran crucifijo. Son todas ellas obras del último decenio del siglo XV, repletas de detalles preciosistas y una abigarrada decoración. En la zona de la cabecera, un tríptico de La Crucifixión, obra de un autor flamenco y, sobre todo, La Anunciación*de Pedro Berruguete, considerada por algunos críticos como culmen de la pintura española anterior a Velázquez, son dos obras de gran belleza. En otra capilla puede verse la talla* de San Bruno, realizada por el escultor portugués Manuel Pereira con tan inquietante realismo que, según se dice, arrancó este comentario de Felipe II: "Tan sólo le falta hablar, y calla porque es cartujo". El resto de las dependencias, que incluyen el claustro y la sala capitular, pertenecen a la clausura y el silencio.


Textos de:

RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.

lunes, 15 de marzo de 2010

51. BURGOS** (II), capital: 21 de julio de 2005.

17. BURGOS, capital. Puerta del Sarmental de la Catedral.
18. BURGOS, capital. Retablo mayor de la capilla de Sta. Ana o de la Concepción, de la Catedral.
19. BURGOS, capital. Escalera dorada de la Catedral.
20. BURGOS, capital. Retablo mayor de la Catedral.
21. BURGOS, capital. Cúpula sobre el crucero de la Catedral.
22. BURGOS, capital. Imagen de San Cristóbal que remata la reja del coro de la Catedral.
23. BURGOS, capital. Sta. Mª Magdalena de la cap. del Condestable de la Catedral.
24. BURGOS, capital. Sepulcros del Condestable de Castilla y su esposa en su propia cap. de la Catedral.
25. BURGOS, capital. Bóveda estrellada de la cap. del Condestable, de la Catedral.
26. BURGOS, capital. Vista general del claustro de la Catedral.
27. BURGOS, capital. Vista del claustro y cimborrio de la Catedral.
28. BURGOS, capital. Virgen con el Niño, de Hans Memling, del Museo de la Catedral.
29. BURGOS, capital. Cristo atado a la Columna, de Diego de Siloé, en el Museo de la Catedral.
30. BURGOS, capital. Fachada principal de la Catedral.
31. BURGOS, capital. Bóvedas del claustro de la Catedral.
32. BURGOS, capital. Bóveda de una de las capillas contiguas al claustro de la Catedral.
BURGOS** (II), capital de la provincia: 21 de julio de 2005.
   La plaza de Santa María*, rincón de gran belleza dispuesto en torno a una graciosa fuente, es un observatorio idóneo para contemplar el soberbio exterior del templo catedralicio, que abre hacia ella su fachada principal.
   La construcción de la Catedral** de Burgos, ejemplo cimero del estilo gótico, se inició en 1221 a instancias del rey Fernando III el Santo y el obispo Mauricio sobre un anterior templo románico. Las obras, en las que intervino el Maestro Enrique de la Catedral de León, comenzaron según el modelo de las grandes catedrales franco-normandas y avanzaron a buen ritmo, de modo que en 1260 ya se pudo consagrar el templo, si bien en los tres siglos siguientes se realizaron reformas o añadidos de decisiva importancia. Ello no impide que el conjunto, que estilísticamente va desde el gótico más puro de la construcción inicial (portada y naves) hasta el flamígero con marcadas influencias hispanoárabes (agujas de las torres, cimborrio y capilla del Condestable), posea una gran unidad y armonía, acaso un tanto recargada en ocasiones. Desentonan, no obstante, las portadas de la fachada principal, que fueron transformadas en 1790 de modo poco acertado, en marcado contraste con el cuerpo central que se alza sobre ellas, abierto por un espléndido rosetón y, más arriba, por elegantes ventanales calados dispuestos a modo de galería a la que asoman las efigies de ocho reyes castellanos. Remata una imagen de la Inmaculada en hermosa crestería con la leyenda Pulchra es et decora ("Eres hermosa y pura"), quién sabe si pensada también como gran rótulo definidor del conjunto. Magnífico es el vuelo de las torres*caladas (8 m. de altura, equivalente a la longitud del templo) que se elevan a ambos lados coronadas por esbeltísimas agujas de base octogonal y profusamente decoradas. Fueron construidas por Juan de Colonia a mediados del siglo XIV, por encargo del obispo Alonso de Cartagena, y siguen el modelo gótico renano. Gran interés tienen también las restantes portadas, que pueden contemplarse tras un amplio rodeo y tras salvar el pronunciado desnivel del espacio en que se levanta el templo, cuyo lado meridional oculta el claustro. Hacia la derecha, la puerta del Sarmental** (mediados del siglo XIII), precedida de una escalinata, corresponde al sur del crucero y está adornada con magníficas esculturas de gran pureza gótica, mientras que en el lado opuesto (calle Fernán González), se encuentra la puerta de la Coronería*, también de siglo XIII y decorada con una representación del Juicio Final. Posterior (1516) y de inferior calidad artística es la puerta de la Pellejería, situada en la cabecera y dispuesta a modo de retablo plateresco. Elemento también singular del exterior, además de la elegante sucesión de arbotantes y contrafuertes es el cimborrio* octogonal que sirve de linterna del crucero y muestra una abigarrada decoración escultórica tanto en los dos cuerpos con ventanales como en los afilados pináculos que lo coronan. Fue ejecutado, entre 1539 y 1568, por Francisco de Colonia y Juan de Vallejo, después de que se derrumbara uno anterior, y la obra estatuaria se debe a Juan Picardo.
   El interior, de tres naves con crucero y girola, resulta sorprendente por su amplitud (84 x 59 m.) y magnificencia. Su contenido artístico es tan abundante que no podemos más que ofrecer algunos detalles. Robustas columnas, no carentes de esbeltez, elevan la nave central por encima de las laterales. Cerca de la entrada, unas curiosas figuras articuladas, el Papamoscas y su colega Martinillo, que forman parte de un reloj, atraen la mirada de los visitantes. En el centro del crucero, bajo la arabizante y luminosa cúpula* estrellada de prolija decoración plateresca, se encuentran, al nivel del suelo, las tumbas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, y su esposa Jimena. Una escalinata de mármol precede a la Capilla Mayor, cuyo retablo de nogal polícromo, obra renacentista de los hermanos Rodrigo y Martín de Haya y Juan de Anchieta, está decorado con numerosísimas estatuas en torno a la imagn de Santa María la Mayor. En el lado opuesto, el coro* se cierra con una excelente rejería y está provisto de espléndidos sitiales esculpidos por el artista borgoñón Felipe Vigarny (siglo XVI). En él, ante el pequeño facistol coronado por una delicada talla de la Virgen, se encuentra el sepulcro* gótico (1240), tallado en nogal y con figura yacente revestida de cobre repujado, del fundador del templo, el obispo Mauricio.
   Estancia sobresaliente de la Catedral, y acaso la más visitada, es la capilla del Condestable**, obra singular en la que el gótico ya está muy próximo al estilo plateresco. Situada en la zona del ábside y precedida de una excelente reja de Cristóbal de Andino, es en sí misma un pequeño templo cuya silueta marca también el perfil exterior de la Catedral. Fuen construida de 1482 a 1494 por Simón de Colonia y entre los principales artista que trabajaron en su riquísima ornamentación se cuentan Felipe Vigarny y Diego de Siloé. Los muros están espléndidamente decorados con ventanales, balaustradas y arcos de labradas cresterías, bajo los cuales se muestran a gran tamaño los escudos nobiliarios de los fundadores: el condestable de Castilla don Pedro Fernández de Velasco y su esposa, doña Mencía de Mendoza. En el centro, bajo una bóveda en forma de estrella de ocho puntas, se alza el sepulcro de ambos con sus figuras yacentes esculpidas con gran detallismo en mármol de Carrara. La capilla posee también varios retablos y pinturas de interés, y en la anexa sacristía de la derecha se guardan obras de gran valor, entre ellas una Magdalena* de la escuela de Leonardo da Vinci. Además de los magníficos bajorrelieves de F. Vigarny (1498-1503) que están situados en la girola, tras el altar mayor, otra pieza notable de la Catedral, ya en el brazo izquierdo del crucero, es la llamada escalera dorada*, elegantemente trazada por Diego de Siloé en 1519 para salvar el desnivel de la puerta de la Coronería. Entre las numerosas capillas que se abren en las naves laterales y en la girola, además de la que acoge la imagen del Cristo de Burgos, recubierta de piel de animal y tenida por muy milagrosa (a los pies del templo, a la derecha), merecen destacarse, en el lado derecho, la capilla de la Presentación, con bóveda estrellada, sepulcro en alabastro de su fundador, Gonzalo de Lerma, y un cuadro de La Virgen con el Niño, de Sebastiano del Piombo, en el altar; y la capilla de la Visitación, con tumba en alabastro del prelado Alonso de Cartagena. En la nave de la izquierda, a los pies, se encuentra la capilla de Santa Tecla, añadida en el siglo XVIII según un proyecto de A. Churriguera, y, a continuación, la de Santa Ana o de la Concepción, presidida por un excelente retablo mayor* sobre la genealogía de Cristo. Por último, desde el brazo derecho del crucero, tras atravesar una hermosa puerta, se accede al claustro, construido en el siglo XIV y compuesto por dos pisos, de los cuales el más bajo tiene uno de sus flancos en el exterior convertido en travesía peatonal. En diversas estancias de la planta alta, algunas de ellas precedidas de magníficas portadas (capilla de Santa Catalina), se halla el Museo Catedralicio*, que expone una amplia colección de obras religiosas. No hay que dejar de ver el Cristo atado a la columna, esculpido por Diego de Siloé. Son asimismo numerosos los recuerdos relacionados con el Cid. La antigua sala capitular, integrada también en el museo, tiene en el techo un magnífico artesonado mudéjar (siglo XV) y muestra tapices flamencos del siglo XVI y pinturas, entre ellas una Virgen con el Niño*de Hans Memling (siglo XVI).

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.

Enlace a la Entrada anterior de Burgos**:

domingo, 14 de marzo de 2010

50. BURGOS** (I), capital: 21 de julio de 2005.

1. BURGOS, capital. Acceso o compás del Mon. de las Huelgas Reales.
2. BURGOS, capital. Retablo mayor de la igl. del Mon. de las Huelgas Reales.
3. BURGOS, capital. Sarcófago de Alfonso VIII y su esposa, en la igl. del Mon. de las Huelgas Reales.
4. BURGOS, capital. El trascoro de la igl. del Mon. de las Huelgas Reales.
5. BURGOS, capital. Uno de los sarcófagos pétreos de la igl. del Mon. de las Huelgas Reales.
6. BURGOS, capital. Otro de los sarcófagos pétreos de la igl. del Mon. de las Huelgas Reales.
7. BURGOS, capital. Retablo lateral de la igl. del Mon. de las Huelgas Reales.
8. BURGOS, capital. Una de las bóvedas del claustro del Mon. de las Huelgas Reales.
9. BURGOS, capital. Sala Capitular del Mon. de las Huelgas Reales.
10. BURGOS, capital. Vista general del claustro de San Fernando del Mon. de las Huelgas Reales.
11. BURGOS, capital. Capilla de la Asunción del Mon. de las Huelgas Reales.
12. BURGOS, capital. Detalle de un pilar del Claustro de San Fernando del Mon. de las Huelgas Reales.
13. BURGOS, capital. Imagen de San Cristóbal en el Mon. de las Huelgas Reales.
14. BURGOS, capital. Puertas de madera de acceso al coro de la igl. del Mon. de las Huelgas Reales.
15. BURGOS, capital. Un sarcófago más del Mon. de las Huelgas Reales.
16. BURGOS, capital. Vista exterior de la igl. y torre del Mon. de las Huelgas Reales.
BURGOS** (I), capital de la provincia: 21 de julio de 2005.
   En la distancia, Burgos aparece como una catedral que tiene al lado una ciudad. Cruzado el Arlanzón, que la vertebra en torno a sus dos orillas, pronto empieza a advertirse que Burgos, aunque muy remozada, es una ciudad gótica cuyo esplendor, con ser considerable en el templo catedralicio, no se agota en él, sino que se prolonga por todo el casco antiguo y aún es preciso perseguirlo extramuros: al oeste, en Las Huelgas, y al este, en Miraflores. Es muy probable que para entonces el viajero haya sacado también la conclusión de que se encuentra en una urbe viva, orgullosa de su pasado y acogedora con el visitante.
   No muy lejos del barrio de la Vega, hacia el oeste, tras cruzar la elegante zona residencial de la Castellana, se encuentra el monasterio de Las Huelgas Reales**. Erigido a partir de 1187 a instancias de Leonor de Aquitania, esposa de Alfonso VIII, sobre una finca de recreo regio ("huelgas" quiere decir holganza), con palacete incluido, de la que tomó el nombre, el conjunto monumental se concibió como lugar de enterramiento de la realeza y retiro espiritual para muchachas de familias nobles. Fue puesta bajo la tutela de las monjas de la Orden de San Bernardo y dotado de amplias prerrogativas jurídicas y privilegios, que les llevaría a convertirse en un centro de gran influencia. Posee la tradicional disposición de los monasterios cistercienses (iglesia, claustro y dependencias monacales) y, desde el punto de vista estilístico, ejemplifica bien la transición del románico al gótico propiciada por los arquitectos y artistas que trabajaron para la orden.
   Se accede al recinto, separado del exterior por un muro almenado que envuelve edificios y huertos, a través de un pórtico gótico coronado por una torre cuadrada. La iglesia de tres naves y con cinco capillas en el ábside, es de un estilo gótico sobrio y acoge el panteón real. En la capilla* principal, que es la del coro, además del retablo barroco, la escena esculpida del Descendimiento sobre el baldaquino y unos hermosos tapices en los muros, se encuentra el doble sarcófago de piedra de Alfonso VIII y su esposa. Otros sepulcros de la familia real, en su mayoría góticos con influencias mudéjares, se disponen también en esta capilla y a lo largo de las naves. Es especialmente destacable (en la nave de la derecha) el sarcófago mural del primogénito del fundador, el infante don Fernando de la Cerda, con una magnífica decoración heráldica policromada en verde, rojo y oro. Una de las capillas del ábside está decorada con tapices flamencos. Por la nave de la izquierda, a través de una puerta mudéjar, se pasa al claustro de San Fernando, mandado construir por este rey y de estilo semejante al de la iglesia, si bien sus bóvedas están decoradas con afiligranadas y polícromas yeserías mudéjares. Pese a que la necesaria reforma realizada en el claustro en el siglo XVIII las afectó en exceso, aún pueden verse algunos fragmentos de interés.
   Cerca del claustro, en una estancia con yeserías, está el Museo de Ricas Telas*, cuyas vitrinas, además de vestidos y tejidos de artesanía árabe, muestran joyas y objetos de las tumbas del panteón, que fueron abiertas y reordenadas en 1942.
   Desde el claustro, una triple arcada abre el paso a la espaciosa sala capitular*, espléndido recinto gótico alzado sobre haces de columnas. Tiene también contenido museístico y, entre otras piezas, muestra el llamado Pendón de las Navas de Tolosa, rica tela almohade que no es sino un fragmento (tal vez la sobrepuerta) de la tienda del Miramamolín, el líder musulmán vencido en la batalla. Resta por visitar el claustro románico, llamado las "claustrillas", construido hacia el año 1200 mediante arcos de medio punto sustentados sobre dobles columnas, y dos singulares estancias mudéjares: la capilla de la Asunción, quizá perteneciente al primitivo palacio, y la capilla de Santiago, precedida de un arco de herradura sobre columnas califales de estilo cordobés. Preside esta última una imagen gótica del Apóstol, que presenta uno de sus brazos articulado y sujetando una espada: tenía el privilegio exclusivo de armar caballeros a los reyes.

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.