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miércoles, 21 de marzo de 2018

2194. COIMBRA** (II), capital: 19 de agosto de 2016.

17. COIMBRA, capital. Fachada de la igl. de São Salvador.
18. COIMBRA, capital. Portada lateral del Museu Machado de Castro.
19. COIMBRA, capital. Galería del Museu Machado de Castro.
20. COIMBRA, capital. Otra visión de la galería del Museu Machado de Castro.
21. COIMBRA, capital. Vista de la Sé Nova, desde la galería del Museu Machado de Castro.
22. COIMBRA, capital. Arquería del Museu Machado de Castro.
23. COIMBRA, capital. Restos arqueológicos del Museo Machado de Castro.
24. COIMBRA, capital. Crucificado gótico del Museu Machado de Castro.
25. COIMBRA, capital. Capilla renacentista del Museu Machado de Castro.
26. COIMBRA, capital. Relieve de Cristo camino del Calvario, en el Museu Machado de Castro.
27. COIMBRA, capital. Distintas imágenes en una de las salas del Museu Machado de Castro.
28. COIMBRA, capital. Tondo de la Virgen con el Niño, en el Museu Machado de Castro.
29. COIMBRA, capital. Tondo de Pentecostés, en el Museu Machado de Castro.
30. COIMBRA, capital. Cálices del Museu Machado de Castro.
31. COIMBRA, capital. Jarra del Museu Machado de Castro.
32. COIMBRA, capital. Custodia del Museu Machado de Castro.
33. COIMBRA, capital. Naveta del Museu Machado de Castro.
34. COIMBRA, capital. Carruaje del Museu Machado de Castro.
COIMBRA** (II), capital del distrito: 19 de agosto de 2016.
   Muy cerca de este templo un tanto pretencioso se levanta la humilde iglesia de São Salvador, con su pórtico románico y, frente a ella, el enorme edificio del viejo Palacio Episcopal (siglo XII), que acoge hoy el Museu Machado de Castro**. Contiene una impresionante colección de arte formada por esculturas, pinturas, porcelanas, objetos de plata, mobiliario de época, orfebrería religiosa y tapices orientales. En los sótanos pueden contemplarse los restos de una red de galerías romanas y una exposición permanente sobre los vestigios que se conservan desde la prehistoria hasta la época antigua.
   Un monumento más viene a completar este selecto cogollo urbana de la ciudad alta: la vieja Catedral de Coimbra, llamada Sé Velha**, construida en la segunda mitad del siglo XII y cuya fábrica se halla actualmente en un deplorable estado de conservación. El mármol usado para embellecer este edificio soportó mal el paso de los años y, por otro lado, las propias hechuras de la vieja Catedral han ido disolviéndose con el tiempo hasta no dejar una arista sana, por lo que tras ocho siglos de existencia, el sobrio mazacote de la Sé Velha parece un enorme castillo de arena a punto de derrumbarse.
   La sede episcopal se trasladó a la Sé Nova en 1772 y, desde entonces, este macizo templo románico con aspecto de fortaleza perdió un tanto de su glorioso pasado. No obstante, rebasa de lejos en interés a la Catedral Nueva.
   La fachada principal, tan ruinosa como el resto del edificio, se mantiene fiel al estilo románico que inspiró a los dos maestros de obras franceses, Bernard y Robert, que intervinieron en su construcción. Por el contrario, la fachada norte fue reformada hacia 1530 y es una de las primeras obras renacentistas que se ejecutaron el Portugal. Según todos los indicios, se debe a Jean de Rouen, uno de los famosos artistas franceses integrantes de la escuela de escultura que hizo célebre a Coimbra en los primeros años del siglo XVI. Las figuras que adornan la capela do Sacramento, ya en el interior, aunque algunos opinan que se deben a su discípulo Tomé Velho, es probable que fueran obra también de este mismo autor, como las de la capela de São Pedro, decorada con bellos azulejos, o la llamada Porta Especiosa, otro magnífico ejemplo del arte renacentista. El altar mayor de la catedral está respaldado por un impresionante retablo gótico tallado por los maestros holandeses Olivier de Gand y Jean d'Ypres en el siglo XVI.
   La Sé Velha tiene adosado a su flanco izquierdo un claustro gótico, edificado a comienzos del siglo XIII, en cuya sala del Capítulo se encuentra el sepulcro del primer dirigente cristiano que gobernó en Coimbra tras la expulsión de los árabes, Sisnando, muerto en el año 1091. En una pequeña capilla cerca de la puerta de entrada se ha instalado una pila bautismal*, a caballo entre el manuelino y el renacimiento, que fue tallada por Jean de Rouen allá por el año 1520.
Textos de:
SERRA, Rafael y HITA, Carlos de. Guía Total: Portugal de punta a punta. Anaya. Madrid, 2004.


Enlace a la Entrada anterior de Coimbra**:

martes, 20 de marzo de 2018

2193. COIMBRA** (I), capital: 19 de agosto de 2016.

1. COIMBRA, capital. Ante la Porta Férrea de la Universidad.
2. COIMBRA, capital. La Porta Férrea desde el interior del Pátio das Escolas, en la Universidad.
3. COIMBRA, capital. En el Pátio das Escolas de la Universidad.
4. COIMBRA, capital. Vista del río Mondego, desde el Pátio das Escolas.
5. COIMBRA, capital. Cap. de San Miguel en el Pátio das Escolas.
6. COIMBRA, capital. Portada de la cap. de San Miguel en el Pátio das Escolas.

7. COIMBRA, capital. Portada de la Biblioteca de la Universidad.

8. COIMBRA, capital. Portada del colegio de São Pedro en el Pátio das Escolas.
9. COIMBRA, capital. Rectoría o Vía Latina de la Universidad en el Pátio das Escolas
10. COIMBRA, capital. Bóveda de una sala de la Universidad.


11. COIMBRA, capital. Fachada y torre de la Sé Nova.
12. COIMBRA, capital. Interior de la Sé Nova.
13. COIMBRA, capital. Cúpula y bóvedas de la Sé Nova.
14. COIMBRA, capital. Uno de los retablos barrocos de la Sé Nova.
15. COIMBRA, capital. Pila bautismal de la Sé Nova.
16. COIMBRA, capital. Sillería del coro de la Sé Nova.
COIMBRA** (I), capital del distrito: 19 de agosto de 2016.
   El río Mondego, como antes el Duero, fue durante décadas la frontera natural que separaba las dos órbitas religiosas: de un lado el norte cristiano, y del otro el sur musulmán, y traza también la línea divisoria entre la región eurosiberiana, de clima atlántico y relieve montañoso, y la región mediterránea, de clima más seco y relieve menos abrupto. La antigua ciudad de Coimbra se aferra a un promontorio en la orilla derecha del Mondego. Fue en tiempos de los suevos cuando los obispos decidieron instalarse en este lugar y permitir la formación de un pequeño núcleo urbano que poco a poco fuera creciendo a su amparo. Se trata, pues, de uno de los obispados más antiguos de Portugal. De hecho, el nombre primitivo de la ciudad fue Aeminium, una pequeña villa de origen romano, ya que la verdadera ciudad de Conimbriga se encontraba a unos 15 km más al sur. El topónimo vulgarizado de la ciudad sólo se adoptó después de que los suevos arrasaran la Conimbriga original en el año 468. Los árabes se hicieron con el dominio de la ciudad en el siglo VIII, pero fue reconquistada en el año 1064 por Fernando I el Grande, rey d Castilla y León. Coimbra se unió a finales del siglo XI al Condado Portucalense, gobernado por el conde Enrique de Borgoña, padre del que sería el primer rey del Portugal independiente, Afonso Henriques. En el año 1139 Coimbra inició su andadura como primera capital del recién creado reino de Portugal.
LA CIUDAD ALTA
   Universidade**. La Universidade Portuguesa fue fundada en el año 1290 por el rey Dinis, pero no en Coimbra, sino en Lisboa. Tras un funcionamiento intermitente con sedes alternativas en ambas ciudades, la universidad quedó instalada definitivamente en Coimbra a partir del año 1537 por iniciativa de João III. Lo curioso es que Lisboa no volvió a ser distrito universitario hasta 1911 y, antes, no hubo ninguna otra universidad en todo el país que no fuera la de Coimbra. En la universidad del siglo XVI, cuando se estableció definitivamente en Coimbra, podían estudiarse las siguientes disciplinas académicas: derecho civil, derecho canónico, gramática, lógica, filosofía natural y medicina. Más adelante, el programa de especialidades se amplió para dar cabida a la teología, la geometría, la astronomía, la aritmética y la música.
   La Universidad de Coimbra se encuentra instalada en el palacio real de João III; ocupa una de las cotas más altas del viejo casco urbano, antiguo emplazamiento de la alcazaba árabe, y desde las barandillas que rodean su patio central (Pátio das Escolas) se obtiene una magnífica vista sobre los barrios populares y sobre el río Mondego, que traza en este tramo de su curso una elegante y amplia curva ribeteada por espesa vegetación de ribera. La figura de João III sigue presente entre los estudiantes gracias a la estatua que se yergue en el centro del patio y, además, es digna de atención la puerta manierista que da entrada a este recinto (Porta Férrea), construida en el año 1634. Junto a la capilla manuelina de San Miguel, iniciada en 1517 pero rematada a lo largo de los siglos XVII y XVIII, se encuentra la antigua biblioteca** de la Universidad, repleta de tomos valiosos (30.000 obras impresas y 7.000 manuscritos) y ubicada en uno de los edificios más bellos de este recinto universitario.
   La larga galería cubierta que cierra el lado entre la biblioteca y la Porta Férrea contiene la rectoría, el aula de exámenes y la sala dos Capelos*, antigua estancia para recepciones oficiales del Palacio Real convertida luego en salón de actos académicos. El lado que resta está ocupado por un edificio del siglo XVI que alberga el colegio de São Pedro. La Facultad de Ciencias y Tecnología ha musealizado sus gabinetes y colecciones, entre ellas la de Física, el Laboratorio Mineralógico y Geológico y la de Zoología. En el largo de D. Dinis existe también un pequeño museu académico.
   Justo al lado de la ciudad universitaria, aguas arriba del Mondego, se encuentra el Jardín Botánico, diseñado al estilo italiano por iniciativa del marqués de Pombal en el siglo XVIII. Está rodeado por una artística verja de hierro y, poco antes de fundirse con la ciudad, casi tropieza con el acueducto de São Sebastião, levantado por Filippo Terzi en el siglo XVI sobre una estructura anterior de tiempos de los romanos y que servía para suministrar agua a los barrios altos. En un lateral del jardín (rua da Infanteria) puede ser conocido el Museu Bissaya Barreto, que destaca por sus colecciones de azulejos portugueses, porcelanas nacionales y chinas, y muebles del período joanino.
   En una de las caras de la amplia Praça da República, siempre animada por los cafés de estudiantes, se encuentra el acceso al parque de Santa Cruz, creado en el siglo XVIII y que entre sus atractivos cuenta con la fonte da Nogueira o el ponte da Sereia.
   A poca distancia, siguiendo por la alameda del Dr. Júlio Henriques para girar luego a la derecha por la Avenida Marnoco Sousa, se alcanza el Penedo da Saudade, un mirador desde el que se obtiene la mejor vista panorámica posible sobre la ciudad de Coimbra.
   A espaldas de las nuevas instalaciones de la Universidade se encuentra la Sé Nova (Catedral Nueva), construida por los jesuitas a mediados del XVI como templo privado de la orden y transformada luego en catedral a partir de 1772. Cierra hoy uno de los lados del largo da Feira y sólo tiene algún interés la sillería del coro y su órgano barroco.
 
Textos de:
SERRA, Rafael y HITA, Carlos de. Guía Total: Portugal de punta a punta. Anaya. Madrid, 2004.

lunes, 19 de marzo de 2018

2192. BUÇACO (I), Aveiro - Viseu y Coimbra: 19 de agosto de 2016.

1. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Exterior del convento.
2. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Parte de la igl. del convento.
3. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Una de las celdas del convento.
4. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Vista general del Palace Hotel.
5. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. El pabellón principal del Palace Hotel.
6. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Otra perspectiva del Palace Hotel.
7. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Otro de los pabellones del Palace Hotel.
8. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Galería del Palace Hotel.
9. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. En el interior de la galería del Palace Hotel.
10. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. En los jardines del Palace Hotel.
11. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. En los jardines, ante el Palace Hotel.
BUÇACO (I), distritos de Aveiro, Viseu y Coimbra: 19 de agosto de 2016.
   El Parque Forestal de Buçaco* está situado en el extremo septentrional de una pequeña sierra homónima que discurre unos 20 km, en sentido sudeste-noroeste, entre las poblaciones de Penacova y Ninho de Águia, cerca de Coimbra. Su cota más elevada, la Cruz Alta (545 m), se encuentra también en el interior de los muros que encierran el resto del parque, uno de los más interesantes y variados jardines botánicos de toda Europa. Buçaco tiene una extensión total de 105 h y las tapias que rodean el parque miden 5.300 m de perímetro.
   En su interior se encuentran ejemplares centenarios de algunas especies de árboles procedentes de los tres continentes en los que los portugueses fundaron colonias y, en general, de todos los rincones del mundo: araucarias del Brasil, cedros de Himalaya y del Atlas, abetos del Cáucaso, pinos de México, secuoias de Norteamérica, acacias australianas, eucaliptos de Tasmania, fresnos de Pensilvania, tilos americanos, ginkgos asiáticos y numerosos helechos arborescentes que jalonan el llamado valle dos Fetos, una de las zonas más visitadas del parque.
   Pero en Buçaco se encuentran también una amplia representación de la flora europea y portuguesa, con especies tan características de la vegetación ibérica como el tejo, el madroño, el olmo, el haya, el rododendro, el alcornoque, los robles, varios pinos y una especie de cedro, Cypresus lusitanica, que, a pesar de su nombre latino, procede de Guatemala, México y Costa Rica. Lo de lusitanica se debe a que fue introducido en Portugal hace tres siglos y se cultiva con éxito en multitud de parques y jardines urbanos.
   La historia de Buçaco se remonta al siglo VI, cuando una reducida comunidad de frailes benedictinos escogió las soledades de esta sierra para instalar un humilde oratorio. Años más tarde, cuando se disolvió la congregación, los terrenos pasaron a depender del obispado de Coimbra, que mantuvo el mismo celo que habían puesto antes los monjes de San Benito en la defensa y en los cuidados del bosque. En el año 1622, una bula del papa Gregorio XV prohibió que las mujeres penetraran en los retiros de los frailes, incluido este lugar semisalvaje dedicado a la oración y el recogimiento. Según cuenta la leyenda, la prohibición papal estuvo a punto de provocar un conflicto diplomático varios años más tarde, cuando la reina Catalina, viuda de Carlos II de Inglaterra, se empeñó en visitar Buçaco. Como la orden del Papa era tajante y decía textualmente que ninguna mujer podía traspasar la puerta que daba acceso al interior de parque, los encargados del protocolo encontraron un resquicio legal y propusieron abrir una nueva puerta, asunto sobre el que nada había dicho el pontífice, y que en consecuencia se conoce desde entonces como Portas da Rainha. Otros autores opinan que el título se debe a que fue reabierta para permitir el paso a la reina María II y a todo su séquito en 1704.
   Algún tiempo después, en el año 1626, el obispo de Coimbra João Manuel decidió otorgar esta parcela boscosa de sus dominios a la orden de los carmelitas descalzos. Por aquella época, los carmelitas estaban barajando posibles emplazamientos de lo que definían como un "desierto" -al estilo bíblico-, en el cual pudieran recogerse y meditar. Los frailes aceptaron y construyeron allí un pequeño convento que se mantuvo siempre ocupado por una comunidad de religiosos hasta que el Estado adoptó la medida de disolver las órdenes monásticas allá por el año 1834. Además de levantar varias ermitas y un muro que los aislara de las tentaciones terrenales, los monjes iniciaron la labor de plantar algunos de los ejemplares de plantas exóticas que traían a Portugal los marinos y naturalistas que volvían de las colonias de África, América y Asia, hasta formar con ellas lo que con el tiempo serían un gran jardín botánico. Los carmelitas trataban de proteger y de mejorar así su precioso bosque, teoría que hoy sería bastante discutida por los ecólogos. En cuanto a la salvaguarda del parque, los frailes de Buçaco fueron unos pioneros en la defensa de la naturaleza: gracias a una bula dictada por el papa Urbano en el año 1643, cabía pena de excomunión para los que cortaran o dañaran un árbol en este lugar.
   En el año 1834, a raíz de que se suprimieran las órdenes religiosas en Portugal, el parque de Buçaco pasó a depender del Estado, que mantuvo no obstante su función como jardín botánico. Por lo tanto, son ya casi cuatro siglos de atentos cuidados y constantes experimentos de aclimatación con especies vegetales exóticas.
   De la primera construcción levantada por los carmelitas apenas se conserva la fachada, el vestíbulo, la iglesia -sin demasiado interés- y un claustro que daba acceso a las celdas de los monjes, recubiertas de corcho para que este aislante natural les ayudara a luchar contra el frío. La mayor parte del convento desapareció en 1888 a consecuencia de las obras de construcción de un palacio real que debía cumplir, en realidad, las funciones de un pabellón de caza y que hoy se ha convertido en el Palace Hotel de Buçaco*, uno de los establecimientos hoteleros más suntuosos y mejor situados de Portugal, incluida toda su célebre red de pousadas. El edificio fue diseñado por el arquitecto italiano Luigi Manino y se terminó de construir a finales del siglo pasado, con un amplio surtido de influencias estilísticas entre las que predomina el manuelino. ¡Manuelino del siglo XX! En el año 1907, apenas terminadas las obras y tras la abolición de la monarquía, el palacio fue convertido en hotel.
   Los paneles de azulejos que adornan las galerías porticadas exteriores representan escenas de la obra cumbre de la literatura portuguesa, Os Ludíadas, del ínclito Luis de Camões (1524-1580), mientras que los azulejos de la entrada reproducen la batalla de Buçaco entre los franceses y un ejército mixto compuesto por tropas lusas y británicas. Otros paneles interesantes del edificio se ocupan de ilustrar episodios de las guerras coloniales o de las gestas protagonizadas por los navegantes y descubridores portugueses.
   Los carmelitas, en su afán edificador, construyeron también el vía crucis barroco que une la explanada donde se levantaba su monasterio con el punto culminante de esta parte de la sierra, la Cruz Alta*, un magnífico mirador desde el que se divisan las laderas densamente arboladas del parque, una amplia panorámica sobre las tierras llanas que se despliegan a los pies de Buçaco y, surgiendo entre la vegetación, la torre y los tejados del hotel y del monasterio de los carmelitas.
   Uno de los preceptos de la orden era la meditación en solitario, lejos de la vida cotidiana del monasterio y, con el propósito de que los frailes pudieran aislarse del resto de la congregación y someterse a este duro sacrificio, se levantaron hasta once ermitas dentro de los muros de Buçaco, repartidas sobre todo por la mitad superior del parque.
   También hay tres capillas, dedicadas a São João da Cruz, São Pedro y Santa Maria Madalena, en el recorrido que una las portas de Coimbra con el monasterio. Y numerosas fuentes utilizadas por los anacoretas en sus retiros: la fonte de Samaritana, la de Santo Elías, Santa Teresa, São Silvestre y la fonte Fria, entre otras. Según una vieja leyenda, el hecho de que no haya urracas dentro del parque se debe a que una de estas aves estaba siendo adiestrada por un fraile que cumplía el precepto de la oración en solitario para que le hiciera compañía y, cuando se descubrió la falta, el prior del convento clamó al cielo para que ningún córvido de esta especie volviera a entrar en Buçaco. Se dice que las urracas revolotean tapias afuera, pero que nunca penetran en el interior.
   Además de las Portas da Rainha, el muro que rodea el parque dispone de otras puertas de entrada. Las Portas de Coimbra eran la principal vía de acceso al interior del parque en los años posteriores a la construcción del monasterio. Rematadas por una espadaña central, exhiben sendas lápidas en las que se reproducen las dos bulas papales que se refieren a Buçaco: la que prohíbe la entrada de mujeres a los "desiertos" de los carmelitas y la que amenaza con la excomunión a los enemigos de los árboles. Desde la terraza que precede a las puertas se obtiene una buena panorámica de los alrededores.
   La Porta de Sula se encuentra próxima a la aldea del mismo nombre, las de Ameias y das Lapas se abren a los caminos que vienen de Penacova, la de Luso conecta directamente con la parte alta de esta estación termal, la de Degraus, una larga escalinata que parte también de Luso, apenas se utiliza dada su dureza y, por último, la Porta da Cruz Alta se encuentra en el punto cimero de la sierra y conduce al mirador antes reseñado, etapa final del vía crucis que parte del monasterio.
   En la vertiente septentrional de la sierra de Buçaco tuvo lugar una famosa batalla el 27 de septiembre de 1810 en la que se enfrentaron las tropas luso-británicas mandadas por Wellington y las francesas dirigidas por el general Masséna. Era la tercera campaña de los ejércitos de Napoleón en Portugal y tampoco en aquella oportunidad lograron alzarse con la victoria. Wellington, un héroe nacional de adopción, derrotó de nuevo a los franceses en la batalla de Buçaco. La noche anterior pernoctó en una de las viejas celdas del monasterio carmelita que todavía se conservan junto al magnífico hotel actual. En el Museu Histórico e Militar da Guerra Peninsular, situado extramuros, junto a las Portas da Rainha, pueden seguirse con detalle los pormenores de esta histórica batalla y de otros episodios de la lucha contra los franceses en Portugal. Junto a este pequeño museo está la capilla de Nossa Senhora da Vitória y, un poco más allá, siguiendo la carretera que va a la Cruz Alta y junto a las tapias del parque, se levanta un monumento conmemorativo de la batalla de  Buçaco y de los héroes que protagonizaron la resistencia contra los franceses.

Textos de:
SERRA, Rafael y HITA, Carlos de. Guía Total: Portugal de punta a punta. Anaya. Madrid, 2004.

domingo, 18 de marzo de 2018

2191. AVEIRO* (I), capital: 19 de agosto de 2016.

1. AVEIRO, capital. Las típicas moliceiras en el Canal Central.
2. AVEIRO, capital. Calle adornada con redes y peces.
3. AVEIRO, capital. Paseando bajo las redes y peces de una calle típica.
4. AVEIRO, capital. Fachada del Ayuntamiento.
5. AVEIRO, capital. Fachada de la igl. da Misericórdia.
6. AVEIRO, capital. Interior de la igl. da Misericórdia.
7. AVEIRO, capital. Capilla mayor de la igl. da Misericórdia.
8. AVEIRO, capital. Fachada de la igl. de Vera Cruz.
9. AVEIRO, capital. Interior de la igl. de Vera Cruz.
AVEIRO* (I), capital del distrito: 19 de agosto de 2016.
   Aveiro es, sin lugar a dudas, una de las ciudades más bellas de Portugal. Desde sus orígenes se ha mantenido siempre al borde del agua, primero en la orilla del mar y luego, tras el cierre de la bahía, en la ribera de una amplia ría, con la que se funde a través de sus canales. Decir que Aveiro es la Venecia portuguesa tal vez sea exagerado, desde luego tópico, pero sí que puede estar considerada como una ciudad marismeña, con todo el encanto que rezuma de los lugares fronterizos entre la tierra y el agua.
   El complejo lagunar de la ría de Aveiro se extiende en la actualidad sobre una superficie de 50.000 ha y está conectado con el mar por medio de un canal artificial abierto por el francés Oudinot en 1806. La dinámica litoral que ha mantenido apartada a Aveiro de la orilla del mar se explica por una lenta serie de transformaciones que comenzaron durante la última fase glaciar. En primer lugar, algunos lechos marinos que estaban al descubierto se vieron nuevamente anegados y, en consecuencia, se trastocó todo el sistema de circulación de las corrientes marinas. Éstas pasaron a ser dominantes en sentido norte-sur, paralelo a la costa actual, y su efecto se vio reforzado por los vientos procedentes del cuadrante noroeste. El resultado de todos estos factores fue un mayor transporte de sedimentos a lo largo de la fachada atlántica y su acumulación posterior en los puntos de la costa donde islotes y otras barreras naturales interrumpían su trayectoria. Este proceso, a grandes rasgos, es el que provocó las modificaciones de la línea costera cuyas consecuencias hoy contemplamos, entre ellas el cierre de la ría de Aveiro y la aparición de sensacionales playas arenosas.
   Las primeras referencias históricas en torno a Aveiro aluden a la explotación de sus salinas. Más tarde se menciona también su riqueza pesquera y el transporte marítimo. Las ciudades portuarias adquirieron un enorme valor tras la reconquista debido a que las rutas marítimas eran más seguras y rápidas para el comercio que las terrestres. El infante Dom Pedro, hijo del rey João I, dotó a Aveiro de un cinturón de murallas e instituyó una feria anual que todavía se celebra en el mes de marzo. Pero fue en el siglo XVI cuando las ciudades costeras del norte de Portugal, entre ellas Aveiro, conocieron el período de mayor esplendor gracias a las campañas de pesca en aguas de Terranova.
   El cierre de la barra de la ría en 1685 acabó con la pujanza marinera de Aveiro y la ciudad se vio sumida en un período de decadencia que se mantuvo hasta el siglo XIX. Los 12.000 habitantes censados en 1512 se convirtieron en apenas 3.500 a finales del siglo XVII. La conexión directa con el mar no pudo restablecerse hasta el año 1808 y para ello fue preciso usar como material de obra las últimas piedras de sus murallas medievales.
   Hoy en día, Aveiro es el segundo puerto pesquero de Portugal, sólo superado en capturas y registro bruto por el de Matosinhos, una localidad del área metropolitana de Porto. Asimismo, es preciso incluir en este apartado la productiva labor de marisqueo que se realiza en las aguas someras de la ría. Aveiro es también el tercer polígono industrial del país, tras Lisboa y Porto.
   La explotación agrícola se encuentra repartida en numerosísimos minifundios, consecuencia lógica de la desigualdad territorial provocada por las marismas, y los cultivos se abonan con las algas y el limo (moliço) que se extraen del fondo de la ría por medio de las típicas barcas moliceiras. Además, la zona es célebre por la pureza de sus arcillas y sustenta una famosa industria de cerámica y porcelanas. Por otro lado, las salinas siguen siendo tan productivas como antaño.
   La zona más atractiva de la ciudad es, desde luego, la enmarcada por los canales. Entre el canal de São Roque, el canal das Pirâmides y el canal Central se encuentra el apretado barrio de los pescadores, todo él de calles estrechas y casitas blancas, así como el pintoresco y bullicioso Mercado del Pescado (Peixe). Desde la orilla opuesta del canal de San Roque y hacia la ría se extiende la retícula blanquecina de las salinas. Hay días en que el trasiego de sal camino de los almacenes es casi constante.
   Como contrapunto al barrio de los pescadores, las mansiones señoriales que jalonan el canal Central revelan el desahogo económico de sus moradores, las familias ricas de Aveiro. Desde el puente de la Praça Humberto Delgado, auténtico corazón de la ciudad, se obtiene una vista inmejorable sobre el entramado de canales y barrios céntricos. Tampoco son desdeñables las vistas desde algunos puentecillos más modestos que salvan los canales por varios puntos. Las barcas de la ría de Aveiro, moliceiros, con sus proas decoradas, bateiras (barcas tradicionales para todo uso) y saleiros (embarcaciones especializadas en el transporte de sal) son elementos indispensables de sus canales.
   En cuanto a la ciudad monumental, los edificios principales se encuentran situados al otro lado de la frontera que trazan los canales do Cojo, Central y do Paraíso, es decir, en tierra firme. Las únicas excepciones a esta regla son el convento do Carmo (1613) y, en Esgueira, la capilla del Senhor das Barrocas (siglo XVIII), también algo apartadas del nudo central de canales, con su peculiar planta octogonal y su recargada fachada. No está lejos la estación del ferrocarril, donde pueden contemplarse unos preciosos paneles de azulejos que resumen los principales atractivos de la región.
   En la Praça da República, a un paso del canal Central y justo delante de la Oficina de Turismo, coinciden el Ayuntamiento (Paços do Concelho), construido en el siglo XVIII, y, a un lado, la iglesia da Misericórdia, de finales del XVI, con su fachada barroca y su decoración interior a base de azulejos.
   Desde la Praça da República se pueden alcanzar tres monumentos señeros de Aveiro. Por el lado de Levante, sin dejar la rua Batalhao de Caçadores, aparece el caserón del antiguo Convento de Jesús y, nada más girar por la Avenida 5 de Outubro, la Catedral de São Domingos. Por el lado de poniente, rua Sousa Pizarro arriba, se llega a la iglesia das Carmelitas.
   El Convento de Jesus permanece habilitado como Museu de Aveiro** desde el año 1911. Acoge una importante colección artística compuesta por esculturas pertenecientes a los maestros de la Escuela de Coimbra, cerámica, orfebrería religiosa, bordados, manuscritos, mobiliario de época y pinturas sobre tabla de autores primitivos portugueses, entre ellas un sobrecogedor retrato de la princesa Juana atribuido a Nuno Gonçalves (siglo XV) y un San Juan Evangelista que podría deberse a Frei Carlos. También son dignos de mención varias tallas barrocas en madera policromada conocidas como Os anjos de Aveiro.
   La construcción del convento se prolongó durante más de dos siglos, entre el XV y el XVII, y en él vivió retirada desde 1472 hasta su muerte en 1490 la hija del rey Afonso V, la princesa Juana, luego santificada como Santa Juana y, por ello, patrona de Aveiro (las fiestas en su honor se celebran el 12 de mayo). La fachada barroca del Convento de Jesús, que tanto contrasta con el edificio primitivo, de trazas góticas, es uno de los añadidos impuestos durante las modificaciones que tuvieron lugar en el siglo XVIII.
   La iglesia, también transformada según el gusto barroco, acoge en el coro bajo el sepulcro de Santa Juana*, esculpido en mármol por João Antunes. Algunas de las escenas representadas en los paneles de azulejos que decoran los muros corresponden a la vida de la santa. El resto de la ornamentación interior del templo, a base de talla de madera dorada, se cuenta entre las más deslumbrantes y recargadas del país. En cuanto a las dependencias del claustro anejo, de estilo renacentista, se conservan el refectorio, completamente alicatado, y la sala capitular, a la que se entra por un bonito portal gótico flamígero, además de algunas capillas.
   La catedral (Sé) de São Domingos fue en sus orígenes la iglesia de un convento de dominicos, levantada en granito durante el siglo XVI y luego transformada mediante la adición de elementos decorativos barrocos. El interior, de una sola nave y muy modificado para adaptarlo a las necesidades del culto, es bastante pobre, hasta el extremo de que lo único destacable es la ornamentación con azulejos antiguos de las capillas laterales consagradas a Nossa Senhora da Misericórdia, Nossa Senhora dos Prazeres y Nossa Senhora do Rosário. Frente a la fachada de la catedral se alza un airoso calvario gótico.
   En cuanto a la iglesia das Carmelitas, declarada monumento nacional, el rasgo más relevante es la profusa ornamentación que envuelve el espacio interior, una filigrana de madera tallada y luego dorada.
   Una de las muchas tentaciones a las que es inevitable sucumbir en esta ciudad es dar un paseo en barca por la ría de Aveiro. Entre el 15 de junio y el 15 de septiembre se mantiene en funcionamiento una línea regular que sale a diario del canal Central a las 10 h. de la mañana y cubre un recorrido de cinco horas que pasa por las localidades ribereñas de Gafanha, Forte da Barra, São Jacinto, Casa Abrigo, Pousada y Torreira. También es posible alquilar una lancha para cubrir cualquier otro itinerario. En la Oficina de Turismo disponen de toda la información relativa a estas pequeñas travesías.
Textos de:
SERRA, Rafael y HITA, Carlos de. Guía Total: Portugal de punta a punta. Anaya. Madrid, 2004.