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miércoles, 6 de marzo de 2024

3978. ROMA** (XI), capital: 8 de septiembre de 2023











ROMA** (XI), capital de la provincia, de la región, y de Italia: 8 de septiembre de 2023.
La Ciudad Histórica.
     A diferencia de otras ciudades con abolengo, Roma posee un casco histórico peculiar. Más que de una zona precisa, existen varios núcleos, cada uno de los cuales se explica por su propia motivación histórica y cultural, urbanística y social. En este capítulo se tocarán muchos de estos puntos de interés, que salpican el enorme área monumental que se extiende por el corazón de Roma.
     El primero de los paseos, el Campidoglio, se eleva sobre la explanada del Foro Romano, donde por espacio de más de 1.200 años se decidieron los destinos del Reino, de la República y del Imperio. Tras unos pocos siglos de abandono, el Campidoglio recobró su posición en el centro de la ciudad a finales de la Edad Media, convirtiéndose en principal foco del poder civil.
     El segundo paseo conecta directa­ mente este núcleo con el polo de San Juan de Letrán, que encarnó el poder religioso, a lo largo de un recorrido sembrado de ruinas romanas y de igle­sias que, en el Medievo y el Renaci­miento, marcaban las calles por donde transcurrían los cortejos papales y los pasos de los peregrinos que se encami­naban a la gran basílica.
Un mosaico de culturas
     Roma es una ciudad habituada a la in­ migración (aunque en algunos momentos parezca olvidarlo), así ha sido desde la época de los césares y hasta los años en que se convirtió en la capital de Ita­lia, cuando sus dimensiones crecieron desmesuradamente a causa del im­portante flujo migratorio que aconteció en el recién constituido Estado italiano. Las cosas no son muy diferentes en la actualidad, como demuestran las estadísticas, según las cuales, al menos uno de cada diez romanos procede de otro país. Como prueba  de la importancia de la diversidad en la historia de Roma, el gueto judío, recuerdo indeleble de una presencia religiosa y cultural diferente, ahonda sus raíces en el tejido de la ciudad. El tercero constituye un apasionante recorrido dedicado a esta zona y sus alrededores, desde las rui­nas del Teatro de Marcelo hasta el río, cuyo cauce avance silencioso a lo largo de los embarcaderos de la Isla Tiberina. Dos de las famosas siete colinas "fatales" sobre las que se erigió la ciudad son el punto de partida y de llegada del cuarto recorrido que, al remontarse hasta la serena quietud del Aventino y el Celio, demuestra que hay muchas maneras de vivir Roma, irremediable­mente inmersas en la poderosa suges­tión de un marco histórico de incalculable valor.
     Otra etapa en este viaje de descubrimiento de la capital de Italia se aleja de sus barrios por la carretera que lleva hacia el mar, la via Ostiense, que a lo largo de milenios ha visto pasar a los comerciantes y sus mercancías, las riquezas y los invasores. Dejando atrás las mu­rallas imperiales y ese bullicio tan romano del Testaccio, este itinerario desvela una Roma cuya existencia pocos sospechaban: un esbozo de ciudad in­dustrial que, en los siglos XIX y XX, palpitaba entre almacenes, centrales eléctricas y fábricas, al ritmo del ir y venir de los barcos mercantes que surcaban el Tíber. Hasta alcanzar otra gran basílica de la cristiandad: la impresionante iglesia erigida a San Pablo.
     Al explorar el barrio de Monti -en cuyo escudo aparecen tres elevaciones sobre un campo blanco en alusión a las colinas del Viminal, Quirinal y Esquilino, y que recuerda la antigua distinción entre montes (es decir, los que habitaban en el recinto de la muralla serviana) y pagi (la población del suburbio)- penetramos en el corazón de otro de los centros de la ciudad a los que aludíamos. Al­rededor de la estación Termini, giran los barrios "piamonteses" de Roma, en los que no se ahorraron esfuerzos ni creatividad, para equiparar la nueva capital del reino de Italia al resto de metrópolis europeas de finales del siglo XIX. Sin embargo, el flujo de la historia no se detiene nunca y el que sigue siendo el mayor espacio de la ciudad, la plaza de Vittorio Emanuele II, emblema de la Roma de los Saboya, se ha convertido en el eje de la Roma multiétnica actual. Por sus calles adyacentes, en las que ya no se encuentran restaurantes italianos ni comercios como los de antaño, resuenan los acentos y se respiran los aromas de una nueva Roma, creando así un conjunto de sensaciones hasta ahora inéditas en la ciudad.
     También el coqueto barrio popular de San Lorenzo es, a su modo, otro de los centros de la capital: no solo se conserva en sus calles la huella de su inquebrantable "romanidad", sino que en sus alrededores se levantan dos importantes lugares en la vida cotidiana de los ha­bitantes. Entre las paredes de los edificios de la universidad La Sapienza, estudian más de 150.000 jóvenes (se trata del campus más concurrido de Europa). Y, tras la protección que brindan las murallas del Verano -el cementerio monumental de Roma- descansan las generaciones de romanos que en los últimos siglos han contribuido a crear la fascinación, la complejidad y las tradiciones de la ciudad más bella del mundo.
El Campidoglio
Itinerario peatonal desde piazza Venezia al Foro Romano.
     Roma nunca se separó de su cuna clásica. La vida política, social y económica giró siempre en torno al Palatino, lugar de inicio de la gran aventura de la urbe, y a la cercana Colina Capitolina, donde se levantó el primer templo que, según la leyenda, fundara el mismísimo Rómulo. En los tiempos de esplendor de Roma se alzaba sobre la colina el lugar de culto más importante del Imperio, el templo dedicado a Júpiter capitolino, que junto a Juno y Minerva, constituía la tríada capitolina.
     Si basta un solo vistazo a los restos del Foro Romano y de los palacios imperiales para intuir el lujo alcanzado por la antigua ciudad, resulta en cambio difícil imaginar que, con el discurrir de solo unos pocos siglos, el curso de la historia haya podido reducir tanto esplendor a un montón de escombros. Los mismos lugares donde en otro tiempo se decidían los destinos del mundo occidental se convirtieron más tarde en una pradera de abundante pasto, donde reinaba silencioso el ganado (durante la Edad Media, el Foro Romano recibió el apelativo de 'Campo Bovino'). Una suerte compartida por el vecino Campidoglio, que durante la edad oscura se rebautizó con el nombre de 'Monte Caprino'.
     Precisamente el Campidoglio, tal vez en recuerdo de su antiguo papel y, sin duda, en virtud de su posición privile­giada, se convertiría en el nuevo centro neurálgico de la ciudad al término del Medievo. Posteriormente, albergaría la primera plaza ideada por Miguel Ángel; a partir de ese momento, aún sometida a los altibajos de la historia, la Colina Capitolina habría de ser el centro de la vida civil de Roma. Por todo ello, antes de atravesar los foros, de maravillarse con el Coliseo y las basílicas de la cristiandad, antes de adentrarse en la grandiosidad de San Pedro para perderse en las salas de sus museos, merece la pena comenzar a descubrir Roma desde aquí. Subir desde piazza Venezia hasta la explanada dominada por la estatua ecuestre de Marco Aurelio, símbolo de la ciudad, donde a diario los concejales se confunden entre los bulliciosos grupos de turistas, y los guardias municipales, vistiendo sus uniformes de gala, contemplan el alegre alboroto de las comitivas nupciales que escoltan a los novios presurosos a contraer matrimonio en el Ayuntamiento.
Piazza Venezia. La espectacular explanada que se extiende a los pies de la escalinata del Vittoriano es uno de los epicentros de la ciudad actual. En esta plaza, donde tienen lugar las principales celebraciones de la República, convergen varias líneas del transporte público y por sus aceras acabarán transitando, antes o después, todos los turistas de visita en Roma. Bajo el empedrado, con mil precauciones y retrasos, se están llevando a cabo las obras de la línea C que, una vez inaugurada, sin duda será una de las estaciones subterráneas más espectaculares del mundo, gracias a la inagotable riqueza de los restos arqueológicos encontrados en el subsuelo.
     La plaza fue ordenada por Pablo II como remate para su palazzo di Venezia, y significó una gran intervención urbanística de la Roma renacen­tista. Todo cambió en 1882, tras la decisión de erigir un monumento a Vittorio Emanuele II, en cuyo nombre se demolieron, tanto el tupido tejido urbano que se remontaba a la Alta Edad Media, y que conectaba la plaza con el Campidoglio, como la zona levantada en el si­glo XVI que, por los foros, comunicaba con el barrio de Monti (aquí se encon­traba, entre otras, la casa de Miguel Án­gel). Tal remodelación comportó el traslado del palazetto Venezia y la duplicación del palazzo di Venezia al otro lado de la plaza, donde se erigió como una imagen especular el palazzo de­lle Assicurazioni Generali di Venezia (1902-1906).
Palazzo di Venezia. Piazza Venezia, 3. Los noticieros cinematográficos del periodo fascista familiarizaron a los italianos con la fachada almenada del imponente edificio que Pietro Barbo, cardenal de la vecina San Marco, se hizo construir entre 1455 y 1464 como residencia y que, tras su elección como pontífice (con el nombre de Pablo II), amplió con el viridarium (futuro palazzetto Venezia, posteriormente trasladado). Propiedad de los pontífices hasta 1564, a partir de ese momento pasó a ser residencia de los embajadores de la República de Venecia, a los que sucedieron sus homólogos de Francia, en 1797, y Austria, en 1814. Italia reclamó la propiedad del palacio en 1916 que, tras una larga restauración, se destinó a museo. En 1929 Mussolini lo escogió como sede de la jefatura del gobierno, y hasta 1943 en él se reunía el Gran Consejo Fascista. Desde el punto de vista arquitectónico, pese a ser de autor desconocido, el conjunto afirma la implantación en Roma del modelo renacentista de León Battista Alberti, aparente por su planta rectangular que vierte a un patio porticado en el que se superponen los órdenes arquitectónicos (toscano y corintio) y del que solo quedan diez arcadas. Al cardenal Lorenzo Cibo se deben las estancias que albergan las colecciones del museo y las salas Regia, inaugurada en 1504, y del Mapamundi, con frescos, escasos y restaurados, atribuidos a An­drea Mantegna.
Museo del palazzo di Venezia*. (Visita de 8.30 h a 19.30 h. Cierra lunes; www.museopalazzovenezia.beniculturali.it). Las salas correspondientes a las estancias del cardenal Cibo y otras salas del actual palazzetto Venezia, conectados por el camino de ronda transformado en el siglo XVIII en un pasaje cubierto (il Passetto), albergan las colecciones de este interesante museo de artes aplicadas, creado en 1921 que se enrique­ció gracias a legados, donaciones y a las aportaciones de algunos fondos procedentes de los ya desaparecidos mu­seos Kircheriano y Artístico-Industrial. Amén de las exposiciones temporales, la colección permanente consta en gran parte de obras italianas de época medieval y renacentista. La pinacoteca, ordenada según escuelas regionales, documenta la producción artística entre los siglos XIII y XVI con un nutrido conjunto de obras notables, entre las que desta­can la Cabeza de una mujer joven de Pisanello y el Doble retrato atribuido, con algunas dudas, a Giorgione. La sala Altoviti -por el banquero florentino a cuyo palacio, demolido en 1888, pertenecían los frescos y estucos de 1543 que la decoran, y que son obra de Giorgio Vasari-­ alberga piezas de marfil y orfebrería medieval, como la Cruz de cristal de roca y el cofre nupcial, del siglo X. La colección de porcelanas recorre exhaustivamente la producción de las principales fábricas europeas de los siglos XVII al XX; a destacar también la colección de cerámica de los siglos XV a XVIII. Los bronces  pertenecen en parte a las colecciones Barsanti y Auriti; muy interesantes los bocetos preparatorios de la colección Gorga, de los siglos XVI a XVIII. Se pueden con­templar unas 800 piezas de plata, de los siglos XVI a XIX, 150 vidrios y más de 400 porcelanas china y japonesa.
Basílica de San Marcos*. Piazza di S. Marco, 52 (www.sanmarcoevangelista.it). Como sucede en muchas de las iglesias y monumentos de Roma, también el travertino utilizado en la construcción de la fachada de este edificio procede del Coliseo y del Teatro de Marcelo. El pórtico de triple arcada delata la influencia de León Battista Alberti, que se advierte también en el palazzo di Venezia.
     La iglesia fue fundada por el papa Marcos en el 336, donde la tradición fijaba la residencia del evangelista. Fue restaurada en 729 y reconstruida por primera vez en 836 por el papa Gregorio IV, aunque el campanario es del siglo XII. Las sucesivas y repetidas intervenciones barrocas del siglo XVIII son evidentes, sobre todo en el interior, donde, no obstante, ha llegado hasta nuestros días el espléndido techo* artesonado del siglo XV.
     Los mosaicos del ábside son fruto de la primera reconstrucción (primera mitad del siglo IX); la tumba de Leonardo Pesaro, de 1796, es obra de Antonio Canova. En la sacristía se conservan los relieves del altar encargado a Mino da Fiesole y Giovanni Dalmata en 1474.
     Siguiendo las ideas clásicas recuperadas por Alberti, Pablo II concibió el viridarium del palazzo di Venezia como un jardín rodeado por un pórtico en 1464, que no tardó en ampliarse, entre 1466 y 1468, con el añadido de un pórtico superior. El progresivo cerramiento de una parte de las arcadas acabó transformándolo en el palazzetto Venezia, desmontado y trasladado a su actual emplazamiento en los años 1911 a 1913 para dejar espacio a la construcción del Vittoriano. En el bello patio* interior se encuentra un pozo esculpido por Antonio da Brescia.
     En la esquina de la plaza se yergue un grandioso busto de mármol restaurado y que, según la leyenda popular, representa a Madama Lucrezia (Lucrezia d'Alagno, amante de Alfonso V de Aragón); en realidad, se trata de una imagen de la diosa Isis, del siglo II o III, procedente de la zona de Campo de Marte. Es una de las estatuas parlantes de Roma que, en ocasiones, se usaban para fijar en ellas mensajes y proclamas.
Vittoriano. Piazza Venezia. (Vi­sita de 9.30 h a 19.30 h; www.polomusealelazio.beniculturali.it). Los juicios que ha merecido el monumento a Vittorio Emanuele II por parte de los romanos han sido sin duda severos e inmisericor­des como demuestra el apelativo de 'la máquina de escribir'. Solo en los últimos años su imponente arquitectura se ha visto reivindicada, en parte gracias a la espléndida vista* que se contempla desde el pórtico superior. Hasta este balcón panorámico se accede por medio de modernos ascensores de acero y vidrio -cuya posible eliminación ha sido objeto de debate- que ascienden desde el estrecho pasaje que media entre la parte trasera del monumento y la iglesia de Santa María in Aracoeli, salvando un desnivel de 40 m en 35 segundos.
     Concebido en 1878 a la muerte del soberano artífice de la unificación ita­liana, Giuseppe Sacconi empezó a construir el Vittoriano en 1885, y para ello se inspiró en la arquitectura de los grandes santuarios helenísticos; tras su muerte, acaecida en 1905, la dirección de los trabajos recayó en Gaetano Koch, Pio Piacenti y Manfredo Manfredi. Aunque aún quedaba por añadir la decora­ ción, el monumento pudo terminarse a tiempo para las celebraciones del cincuentenario de la Unificación.
     El Altar de la Patria se inauguró en 1925, y un poco antes, en 1921, la tumba del Soldado Desconocido. Las cuadrigas de bronce que descansan sobre el propileo se añadieron en 1927. En su interior, decorado por Ar­mando Brasini entre los años 1924 y 1935, a quien se debe también la cripta del Soldado Desconocido, está el sagrario de las banderas de las Fuerzas Armadas (acceso por piazza Aracoeli) y el Museo centrale del Risorgimento (acceso por vía S. Pietro in Carcere), que contiene reliquias de los héroes del Risorgimento, concomitante con una ex­tensa área expositiva dedicada a colecciones temporales .
(VV.AA. Guía total: Roma y el Vaticano. Anaya. Madrid, 2020).

Enlace a la Entrada anterior de Roma**:
3977. ROMA** (X), capital: 8 de septiembre de 2023.

domingo, 21 de febrero de 2021

3262. SEVILLA** (MCDIV), capital: 17 de octubre de 2019.














SEVILLA** (MCDIV), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de octubre de 2019.
   Mostramos imágenes del Convento de la Visitación, más conocido por el sobrenombre de Las Salesas, y que se encuentra en la plaza de las Mercedarias.
   La clausura más moderna de la ciudad se sitúa en la judería, entre el convento de mercedarias de San José y las franciscanas de Santa María de Jesús. Allí se ubica el convento de la Visitación de Nuestra Señora aunque aquí, igual que en Madrid, son conocidas sencillamente como las salesas Pertenece a la titulada Orden de la Visitación de Nuestra Señora (Ordo Visitationis Beatissimae Mariae Virginis), congregación fundada por San Francisco de Sales y Santa Juana Francisca Frémyot de Chantal. Sus reglas marcan una vida consagrada marcada por la pobreza y la humildad, siendo destacable la ausencia de grandes condiciones para admitir a las postulantes, por su edad. o por su viudedad. Cuando Francisco de Sales (1567-1622) fundó la orden era obispo de Ginebra entonces exiliado en Annecy, siendo acompañado por la baronesa Jeanne-Françoise Frémiot de Chantal (1572-1641). El 6 de junio de 1610, en la casa de la Galerie de Annecy, donde vivía Francisco de Sales, Juana de Chantal y Charlotte de Bréchard fundaron el Instituto de la Visitación de Santa María. En 1611, tras un año de noviciado, las primeras hermanas hicieron la profesión de manos de los fundadores. Las primeras constituciones son de 1613. Escritas por Francisco de Sales, en un principio no prescriben la clausura, pero recomiendan el "ejercicio del amor divino" mediante la visita a los pobres y los enfermos: de ahí vendrá el nombre de "visitandines" que recibirán las hermanas. Promueven especialmente la devoción por el Sagrado Corazón de Jesús, de quien Santa Margarita María Alacoque, monja salesa, recibió las revelaciones.
   El arzobispo de Lyon pidió a Francisco de Sales que se abriera un convento de salesas en la ciudad en 1615, las autoridades eclesiásticas impusieron modificaciones a las constituciones, que tomarían la forma definitiva hacia el 1616. Es el paso a la clausura según las reglas de San Agustín. La orden fue aprobada por la Santa Sede el 23 de abril de 1618, el 16 de octubre fue erigida como orden religiosa por Pablo V.
    Entre las personas que han destacado en la orden, además de los fundadores, cabe mencionar a Santa Margarita María Alacoque (1647-71), la venerable Juana Carlota de Brecharrd, primera compañera de la fundadora (1580-1637) y a la venerable María de Sales Chappuis (1793-1897), que fundó con el padre Luis Brissón los Oblatos de San Francisco de Sales.
   La orden se extendió rápidamente. A la muerte del fundador se habían fundado 11 monasterios; el año 1633 al cumplir 60 la fundadora eran ya 48; y a su muerte, 80, en Saboya y Francia, Suiza, Italia y Polonia. El primer monasterio que se fundó en España fue el de Madrid (Santa Bárbara), más conocido como convento de las Salesas Reales por el patrocinio de la reina Bárbara de Braganza como colegio y residencia de jóvenes de la nobleza, siendo enterrado en la iglesia el rey Fernando VI y la misma reina. El convento fue diseñado por el francés François Carlier aunque, debido a un viaje de éste a Parma, fue Francisco Moradillo quién lo llevó a cabo, modificando incluso el proyecto original al incluir dos torres-campanario. Las obras, comenzadas en 1750, apenas duraron 7 años, inaugurándose en 1758 con solemnes ceremonias. Será del desdoblamiento de esta comunidad en 1894 cuando surgirá el convento sevillano de la Visitación, en unas casas cedidas por el Conde de Montijo. El conjunto fue remodelado para el nuevo uso por el arquitecto sevillano Francisco Aurelio Álvarez Millán. En ese año, sor Juana de Sales, la superiora, encargó al arquitecto residente en Madrid José María Aguilar y Vela el proyecto que, finalmente, dirigiría Francisco Aurelio Álvarez Millán. Fue una actuación que siguió el eclecticismo histórico característico de finales del XIX, con elementos neogóticos y neorrománicos que recuerdan a edificios madrileños como la sede del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de la madrileña plaza de San Martín. El resultado final se puede poner en relación con otra intervención de Álvarez, la del cementerio de San Fernando, terminando la primera remodelación en 1899. Una vez realizadas las grandes líneas del conjunto, fue el arquitecto municipal sevillano Juan Talavera y Heredia el que, entre julio de 1917 y octubre de 1919, daría el aspecto final al convento, especialmente en lo referido a la ornamentación.
   La comunidad sufrió el incendio provocado de su sede en la noche del 18 de julio de 1936, al igual que otros edificios cercanos como el contiguo convento de las mercedarias. La iglesia perdió sus cubiertas y la comunidad sufrió la desaparición de numerosas obras de arte. Las monjas tuvieron que trasladarse al cercano monasterio de franciscanas de Santa María de Jesús, siendo el arquitecto Federico Jiménez el encargado de la restauración. El 29 de julio de 1936 un informe del arquitecto municipal dirigido al alcalde informa que el edificio "ha sido destruido casi en su totalidad". Al mes siguiente se procedió a tapar los huecos en sus muros para evitar posibles derrumbes y el acceso de personas ajenas a la comunidad. El arquitecto de Barcelona José María Ayxelá fue el encargado de redactar el proyecto de restauración en 1939, siendo dirigidos por Antonio Gómez Millán. Del edificio se habían perdido casi todas las cubiertas, quedando zonas ruinosas que debieron incluso ser demolidas. Respetando la idea original y aportando nuevas soluciones (como la entrada de luz natural a la mayoría de dependencias), Gómez Millán resumió la actuación con el "principio de ceñirse en todo lo posible a las características de construcción de la obra primitiva, modificada y mejorada en cuanto a techos y cubiertas en con el empleo de hierro en lugar de madera". Las obras se llevaron a cabo entre julio de 1940 y septiembre de 1941 con la colaboración del constructor José Padró. Todavía conocería el conjunto algunas reformas posteriores a cargo de Fernando Jiménez Ontiveros.
   El exterior de la iglesia presenta elementos estructurales de estilo románico con decoración bizantina realizada en ladrillo, siendo sus artífices José Gil, Antonio Gómez y Juan Talavera Heredia. Su interior presenta una nave única, según el modelo conventual sevillano, con coro bajo junto al presbiterio y coro alto en la zona de los pies. Curiosamente el coro bajo se sitúa sobre la zona destinada a cementerio, ubicada en un piso inferior. En el primer piso se sitúa una tribuna para que las monjas enfermas puedan seguir la liturgia de la iglesia. Cuatro son los tramos de la nave, separados por arcos fajones, teniendo la iglesia un pórtico de acceso que sirve de transición a la calle. Los cuatro tramos se cubren con bóveda de crucería de recuerdo medieval, con una nave muy luminosa gracias a los óculos laterales que dan al exterior. El mismo espíritu ecléctico se desarrolla en algunas ménsulas y capiteles, que siguen modelos tardogóticos de ornamentación vegetal. El patrimonio de la iglesia no muestra gran interés ya que son piezas posteriores al incendio de 1936. Preside el presbiterio un retablo neobarroco con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús coronada en el ático por una pintura que representa la escena de la Visitación, copia moderna de un original barroco. Se estructuran sus cuerpos mediante columnas mixtilíneas neobarrocas, situándose sobre sencillas ménsulas en las calles laterales dos pequeñas imágenes de la Inmaculada y del Niño Jesús. Aunque la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es medieval, y tiene punto de partida en los escritos de Santa Matilde de Hackeborn, Santa Gertrudis de Helfta y la beata Ángela de Foligno, la fuente más importante de su devoción es Santa Margarita María Alacoque de la Orden de la Visitación, que tuvo revelaciones en las que aparecía Cristo bajo esta advocación. El confesor de Santa Margarita María Alacoque, San Claudio de la Colombière, fue el principal propagador de la devoción.
   El mismo espíritu neobarroco del retablo principal se esparce por los retablos laterales, incluso con tallas de serie, siendo el eclecticismo de la arquitectura, la luminosidad de la nave y el silencio y la paz de la comunidad lo más destacable del conjunto. Los retablos laterales se dedican a la imagen de San José con el Niño, la Inmaculada Concepción, Santa María de Alacoque y San Claudio de la Colombière.
   El convento se configura en torno a un espacioso claustro advocado del Sagrado Corazón, con vistosa columnas historicistas que sostienen arcos de medio punto. En torno al claustro se sitúa la sala capitular, que ocupa uno de sus frentes por completo, la ropería, el despacho de la abadesa o la salida a la huerta. En la planta alta se sitúan las celdas, algunas de ellas con visión a la calle, así como la enfermería. Existe otro patio titulado de la Virgen Niña en el que se sitúan el refectorio, las cocinas y otras dependencias. Toda la zona posterior del convento está ocupada por una amplia zona de jardines y huertas que son fronteros con el convento de franciscanas de Santa María de Jesús. La zona de jardines cuenta con una alberca y con amplia vegetación de árboles y de elementos de jardinería. El muro separa el edificio del contiguo de clarisas sigue el modelo de la fachada principal en lo que se refiere a la decoración por medio de sencillos apilastrados. 
Textos de:
Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011.

Enlace a la Entrada anterior de Sevilla**:
3257. SEVILLA** (MCDIII), capital: 23 de septiembre de 2019.

lunes, 25 de mayo de 2020

2990. BARCELONA** (XXX), capital: 2 de marzo de 2019.

451. BARCELONA, CAPITAL. El Palau Nacional, actual Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC).
452. BARCELONA, capital. Escudo de Sevilla en la gran sala oval del Palau Nacional.
453. BARCELONA, capital. Un rincón de la gran sala oval del Palau Nacional.
454. BARCELONA, capital. Bajo la enorme cúpula de la gran sala oval del Palau Nacional.
455. BARCELONA, capital. Capiteles musulmanes en una de las salas del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
456. BARCELONA, capital. Ante el ábside de la Igl. de Sant Pere de la Seu d'Urgell, en el ámbito 1 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
457. BARCELONA, capital. Pinturas murales de la Igl. de Sant Joan de Boí, en el ámbito 2 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
458. BARCELONA, capital. El ábside de la Igl. de Santa Maria d'Àneu, en el ámbito 3 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
459. BARCELONA, capital. El ábside de la Igl. de Sant Pere de Brugal, en el ámbito 3 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
460. BARCELONA, capital. Uno de los frontales y cruces, en el ámbito 4 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
461. BARCELONA, capital. El ábside de la Igl. de Sant Climent de Taüll, en el ámbito 5 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
462. BARCELONA, capital. Parte del claustro de la Igl. de Sant Pere de Puel.les, en el ámbito 6 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
463. BARCELONA, capital. Capiteles románicos en el ámbito 6 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
464. BARCELONA, capital. Majestad Batlló, en el ámbito 8 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
465. BARCELONA, capital. Detalle de la Majestad Batlló, en el ámbito 8 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
466. BARCELONA, capital. Pinturas murales de la Igl. de Sta. Mª de Taüll, en el ámbito 7 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
467. BARCELONA, capital. El ábside de la Igl. de Sta. Mª de Taüll, en el ámbito 7 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
468. BARCELONA, capital. Detalle del ábside de la Igl. de Sta. Mª de Taüll, en el ámbito 7 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
469. BARCELONA, capital. Descendimiento de la Igl. de Sta. Mª de Taüll, en el ámbito 7 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
470. BARCELONA, capital. Pinturas murales de la Igl. de Sorpe, en el ámbito 9 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
471. BARCELONA, capital. Frontal del altar de Avià, en el ámbito 13 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
472. BARCELONA, capital. Pinturas murales del Mon. de San Pedro de Arlanza, en el ámbito 20 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
473. BARCELONA, capital. Pinturas murales de la sala capitular Mon. de Sta. Mª de Sigena, en el ámbito 21 del Museu Nacional d'Art de Catalunya.
BARCELONA** (XXX), capital de la provincia y de la comunidad: 2 de marzo de 2019.
Palau Nacional. Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC)**
   Más escaleras. En la plaza del Marquès de la Foronda comienza la monumental escalinata con laterales ornamentados por cascadas de agua y vegetación que conduce hasta el Palau Nacional. Una escalera mecánica permite subir el mismo tramo de la montaña sin esfuerzo.
   El Palau Nacional es un edificio de dimensiones enormes y estampa majestuosa, cuya vista acompaña en todo momento la subida a Montjuïc, pues se halla estratégicamente alineado a la avenida de la Reina Maria Cristina y a las escalinatas que suben hasta allí. Su enorme cúpula, además, es uno de los elementos indispensables de la silueta de la ciudad. Junto al palacio puede verse la única obra de Aristide Maillol que hay en Barcelona, un desnudo femenino titulado Torso de verano, realizada en 1911.
   El edificio puede definirse como una de carácter ecléctico, aunque predominan en él las líneas neoclásicas y los elementos historicistas, como la gran cúpula central que pretende recordar a la de la basílica de San Pedro del Vaticano, o también las torres de inspiración compostelana en los extremos.
   La monumentalidad que exhibe en el exterior suele desembocar en la decepción del visitante cuando entra y comprueba que apenas hay ni decoración; ello es debido a que en realidad fue concebido como un pabellón de exposiciones, el más emblemático de la Exposición Internacional de 1929, y por tanto se ideó como una obra efímera. La sensación, en definitiva, es la de un exceso de fachada para tan limitada obra interior.
   Sin embargo, tal desproporción fue acertadamente equilibrada a partir de 1934, cuando el Palau Nacional se convirtió en sede del Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC) y el monumental edificio pasó a albergar el conjunto de obras de arte más importante de Cataluña, incluida la que está considerada la mejor colección de arte románico del mundo.
   El fondo museístico del MNAC se estructura en seis exposiciones permanentes: románico, gótico, Renacimiento y barroco, arte moderno, colección de fotografía y colección de numismática. Estos espacios incluyen la colección Cambó la colección Thyssen-Bornemisza y una colección de dibujos, grabados y carteles.
Colección de arte románico. Reúne fundamentalmente obras de Cataluña de los siglos XI al XIII, aunque también incluye piezas prerrománicas. La mayor parte de las obras fueron adquiridas y extraídas de sus emplazamientos originales durante el primer tercio del siglo XX, en una ambiciosa iniciativa que pretendía frenar el expolio, la venta y la dispersión del patrimonio, dado que en aquella época tanto coleccionistas privados como museo extranjeros estaban adquiriendo muchas obras en toda España para trasladarlas a sus respectivos países. La mayoría de estas obras pertenecen a templos románicos del Pirineo y el Prepirineo catalán. Las piezas más emblemáticas, por calidad y dimensiones, son los 26 conjuntos  de pintura mural, que conforma una serie excepcional, única en el mundo. La muestra se organiza a partir de 21 ámbitos o secciones:
   Ámbito 1: la primera zona en que se estructura la visita está presidida por el ábside de Sant Pere de la Seu d'Urgell, que muestra una temática muy frecuente en la decoración románica de los ábsides, con una representación central de la divinidad, el Cristo en majestad, rodeado por el Tetramorfo, es decir, por la representación de los cuatro evangelistas en forma de ángel (San Mateo), buey (San Lucas), león (San Marcos) y águila (San Juan); acompañan al ábside el altar de Sant Serni de Tavèrnoles y los frontales del altar de la Seu d'Urgell y de Ix.
   Ámbito 2: recrea la iglesia de Sant Joan de Boí, considerada uno de los primeros conjuntos del románico catalán.
   Ámbito 3: muestra conjuntos murales influenciados por la pintura del norte de Italia, que entró en Cataluña a finales del siglo XI, en concreto los de Sant Pere d'Àger, Santa Maria d'Àneu y Sant Pere de Burgal; también incluye los frescos de los dos ábsides laterales de la iglesia de Sant Quirze de Pedret, dos de las joyas de la colección.
   Ámbito 4: se centra en diversas representaciones y simbologías de las figuras de Cristo y María, y expone, por ejemplo, el ábside de la iglesia de Esterri de Cardós, además de varias tallas de madera, cruces, etcétera.
   Ámbito 5: aquí pueden verse las famosas pinturas de Sant Climent de Taüll.
   Ámbito 6: dedicado a la escultura monumental, expone a través de numerosos capiteles los temas más recurrentes del arte románico; destaca el montaje de los elementos del claustro de la iglesia barcelonesa de Sant Pere de les Puel.les.
   Ámbito 7: se reproduce la iglesia de Santa Maria de Taüll para insertar las famosas pinturas de su ábside, una de las obras más famosas del románico catalán.
   Ámbito 8: exposición de imágenes talladas en madera, con obras tan destacadas como la Majestad Batlló.
   Ámbito 9: pinturas de la iglesia de Sorpe.
   Ámbito 10: frontal de la iglesia de Sant Quirc de Durro (también del valle de Boí), que sirve para ejemplificar la iconografía de los santos y los mártires.
   Ámbito 11: pinturas de las iglesias de Estaon y de Surp, además de otros conjuntos murales con los que se quiere mostrar la influencia que tuvieron los artistas del valle de Boí y de Pedret en muchos otros templos de Cataluña.
   Ámbito 12: pinturas del círculo de Santa Coloma de Andorra.
   Ámbito 13: pintura, escultura y orfebrería que muestra la renovación artística experimentada a partir del siglo XII; destacan las pinturas de Sant Esteve de Andorra, en las que se observa la influencia bizantina,  el frontal del altar de Avià.
   Ámbito 14: pinturas de tres tramos del atrio de la iglesia de Sant Vicenç, en el castillo de Cardona, que ejemplifican la influencia del arte lombardo en Catalunya.
   Ámbito 15: colección de objetos de metal (cobre y bronce) y de artes suntuarias.
   Ámbito 16: pinturas del ábside de la iglesia de Sant Cristòfol de Toses, del siglo XIII y que ya muestran un lenguaje artístico próximo al gótico.
   Ámbito 17: a partir del frontal dels Arcàngels se trata el tema de la iconografía de los ángeles en el arte románico.
   Ámbito 18: muestra de monedas acuñadas durante los reinados de Alfonso I y Jaume I, para enmarcar el inicio de la exposición de la Corona catalano-aragonesa por el Mediterráneo.
   Ámbito 19: se exponen las pinturas sobre madera atribuidas al taller de la Ribagorça, de la segunda mitad del siglo XIII, caracterizada por su estilo narrativo próximo al gótico, por los colores vivos y por los revestimientos de láminas de plata.
   Ámbito 20: fragmentos de tres pinturas del monasterio de San Pedro de Arlanza (Burgos), en la que destaca el protagonismo de grandes animales fantásticos.
   Ámbito 21: se reproduce la estructura de la sala capitular del monasterio femenino de Santa María de Sigena (Aragón) para exponer sus pinturas, obra fundamental del románico de alrededor del año 1200.
Textos de:
Xavier Martínez i Edo, Barcelona, Guía Total. Ed. Anaya Touring. Madrid, 2009.
José Angel Cilleruelo y Xavier Martínez i Edo, Cataluña, Guía Total. Ed. Anaya Touring. Madrid, 2006.

Enlace a la Entrada anterior de Barcelona**:
2989. BARCELONA** (XXIX), capital: 2 de marzo de 2019.

lunes, 20 de abril de 2020

2955. SEVILLA** (MCCXLII), capital: 14 de febrero de 2019.

9366. SEVILLA, capital. Puerta de la Asunción de la Catedral de Sta. Mª de la Sede.
9367. SEVILLA, capital. Relieve de la Asunción en el tímpano de la puerta homónima de la Catedral de Sta. Mª de la Sede.
9368. SEVILLA, capital. Decoración con imágenes de santos, de la arquivolta derecha de la Puerta de la Asunción de la Catedral de Sta. Mª de la Sede.
9369. SEVILLA, capital. Decoración con imágenes de santos, de la arquivolta izquierda de la Puerta de la Asunción de la Catedral de Sta. Mª de la Sede.
9370. SEVILLA, capital. Rosetón sobre la Puerta de la Asunción de la Catedral de Sta. Mª de la Sede.
9371. SEVILLA, capital. Vista general de la Puerta de la Asunción de la Catedral de Sta. Mª de la Sede.
SEVILLA** (MCCXLII), capital de la provincia y de la comunidad: 14 de febrero de 2019.
   Mostramos imágenes de la Puerta de la Asunción de la Catedral de Santa María de la Sede. La fachada principal está orientada hacia poniente, actual avenida de la Constitución. Presenta tres portadas. La puerta principal es la llamada de la Asunción y fue concluida en 1827 por Francisco Rosales.

Enlace a la Entrada anterior de Sevilla**:
2954. SEVILLA** (MCCXLI), capital: 14 de febrero de 2019.