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sábado, 16 de diciembre de 2017

2099. VALLADOLID** (XIV), capital: 17 de marzo de 2016.

171. VALLADOLID, capital. Fachada-blasón de la igl. de la Magdalena.
172. VALLADOLID, capital. Portada del pal. de los Vivero.
173. VALLADOLID, capital. Patio del pal. de los Vivero.
174. VALLADOLID, capital. Fachada de la igl. del Cvto. de las Descalzas Reales.
175. VALLADOLID, capital. Portada de la igl. de San Martín.
176. VALLADOLID, capital. Torre de la igl. de San Martín.
177. VALLADOLID, capital. Uno de los retablos de la igl. de San Martín.
178. VALLADOLID, capital. Xto. Yacente de la igl. de San Martín.
179. VALLADOLID, capital. Capilla de la Piedad en la igl. de San Martín.
180. VALLADOLID, capital. Piedad de la igl. de San Martín.
181. VALLADOLID, capital. Xto. Crucificado de la igl. de San Martín.
VALLADOLID** (XIV), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de marzo de 2016.
Iglesia de la Magdalena*
   Al final de la tapia que acoge el solar donde se levanta la Casa-Museo de Colón surge el enorme blasón que ocupa gran parte de la portada de la iglesia de la Magdalena. Dicho blasón, que es tenido como el más grande de Europa, pertenece a don Pedro de la Gasca, virrey del Perú y más tarde obispo de Palencia y de Sigüenza, que dejó así muestra inequívoca de su linaje y poderío. A partir de 1526, dicho prelado mandó erigir el templo de acuerdo con los planos diseñados por Rodrigo Gil de Hontañón. No sólo plasmó en la fachada su gran rúbrica heráldica, sino que tras los muros exteriores quedó su efigie esculpida en un sepulcro que labró Esteban Jordán.
Palacio de los Vivero y Archivo de la Real Chancillería
   La manzana que se extiende frente al convento de las Descalzas Reales reúne tres edificios de interés: el palacio de los Vivero, el Archivo de la Real Chancillería y la llamada Cárcel Vieja.
   El palacio de los Vivero alza su fachada principal frente al frontón triangular que corona la portada monacal. Don Alonso Pérez de Vivero, contador del rey Juan II y vizconde de Altamira, levantó a mediados del siglo XV una mansión nobiliaria con torres en las esquinas, que fue vendida más tarde a la Corona para que en ella se asentara la Real Chancillería. Guarda el edificio en su memoria un hecho de interés: la boda secreta que en 1469 se celebró en sus estancias entre Isabel la Católica y Fernando de Aragón, tras ser falsificada una dispensa papal que permitía salvar el problema de consanguinidad que tenían los novios.
   Desmochadas las torres en 1471, conserva de los tiempos de su construcción un amplio patio rectangular de dos pisos y pilares octogonales, la portada y un espléndido artesonado mudéjar de par y nudillo que recubre la entonces llamada Sala Rica -y hoy sala de lectura- situada en el primer piso.
Convento de las Descalzas Reales
   Ocupando casi una manzana con sus fachadas, tapias y tejas, el convento de las Descalzas Reales despliega sus estancias al comienzo de la calle Ramón y Cajal.
   Aunque fundado en 1525 mediante la agrupación de unas casas situadas frente a la Real Chancillería como consecuencia del traslado a Valladolid del convento de la Orden de las Franciscanas Descalzas de Santa Clara establecidas en Villarcázar de Sirga, fue durante la estancia de Felipe III y de su esposa doña Margarita de Austria en Valladolid cuando se acometió la construcción de la iglesia, el claustro y otras dependencias. Se encomendó la traza al arquitecto real Francisco de Mora y se encargó la edificación al prolífico Diego de Praves.
Iglesia de San Martín
   En la calle del mismo nombre, conserva como única señal de identidad que recuerda sus orígenes, la esbelta torre edificada a comienzos del siglo XIII. El templo primitivo se demolió en 1588, salvándose sólo la torre. Diego de Praves dio la traza de la nueva fábrica, que había de terminar su hijo en 1621.
   Fachada muy austera donde sobresale la portada de piedra, que se enriquece con un altorrelieve bajo frontón triangular ejecutado en 1721 por Antonio Tomé.
   El interior ha sido recientemente rehabilitado, habiéndose recuperado gran parte de las tumbas que se extendían por el presbiterio. La capilla barroca de don Gaspar de Vallejo, caballero de la Orden de Santiago y miembro del Consejo de Castilla, posee en la cúpula un interesante conjunto de yeserías policromadas con figuras de apóstoles y siluetas femeninas que rodean, entre flores y flautas, el relieve de la Inmaculada. Entre los elementos más sobresalientes, es preciso citar la reja que cierra la capilla y una espléndida Piedad de Gregorio Fernández.

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Valladolid. Ed. Anaya. Madrid, 2008.

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viernes, 15 de diciembre de 2017

2098. VALLADOLID** (XIII), capital: 17 de marzo de 2016.

161. VALLADOLID, capital. Plaza de la Universidad, con la estatua de Cervantes en primer término y la torre de la catedral, al fondo.
162. VALLADOLID, capital. Fachada de la Universidad.
163. VALLADOLID, capital. Detalle de la fachada de la Universidad.
164. VALLADOLID, capital. Fachada principal del Col. de Sta. Cruz.
165. VALLADOLID, capital. Detalle de la fachada principal del Col. de Sta. Cruz.
166. VALLADOLID, capital. Patio del Col. de Sta. Cruz.
167. VALLADOLID, capital. Capilla del Xto., con el Xto. de la Luz al fondo, en el col. de Sta. Cruz.
168. VALLADOLID, capital. Acceso al patio del Col. de Sta. Cruz.
169. VALLADOLID, capital. Techumbre de casetones de una de las estancias del Col. de Sta. Cruz.
170. VALLADOLID, capital. Portada del antiguo colegio jesuita en el Col. de Sta. Cruz.
VALLADOLID** (XIII), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de marzo de 2016.
Plaza de la Universidad
   Junto a la catedral, junto a las ruinas de la colegiata de Santa María la Mayor, en el centro de la plaza, en compañía de bancos y palomas, se alza una imagen agraviada por la incontinencia de los pájaros. Es la estatua de Cervantes, monumento con el que la ciudad rinde homenaje al novelista que vivió en ella y la incluyó entre sus escenarios literarios y vitales. Fundida en bronce, es una obra modelada por el escultor Nicolás Fernández de la Oliva e inaugurada en 1877. Sujeta el escritor con la mano izquierda un libro que casi roza la empuñadura de la espada y apoya la derecha sobre un rimero de páginas del que nace una péñola. Quizás con la nostalgia de las letras no cursadas, Miguel de Cervantes mira la fachada de la Universidad.
   Frente a las ruinas de la colegiata subrayan su prestancia las solemnes piedras de la Universidad. La Universidad de Valladolid es una de las más antiguas de Europa, estando documentado su funcionamiento desde finales del siglo XIII, aunque no fue sino en la centuria siguiente cuanto se ampliaron cátedras y materias de estudio y alcanzó categoría de auténtica Universidad. Ocupaba un edificio de finales del siglo XV, sustituido en el XVIII por uno nuevo del que se conserva la monumental fachada barroca. Fray Pedro de la Visitación fue el autor del proyecto y la familia Tomé de las esculturas. El énfasis vertical de la portada contrasta con el discurso horizontal de los dos cuerpos que conforman la fachada y dispone una sosegada línea de balcones y ventanas. En la exuberante portada se acumulan guirnaldas, escudos y figuras alegóricas de las artes liberales y las ciencias. Remata el conjunto la Sabiduría, que tiene bajo sus pies, completamente derrotado, el cuerpo montaraz de la ignorancia. Cuatro monarcas vinculados a la historia de la Universidad coronan la balaustrada.
   A comienzos del siglo XX se volvió a derribar el inmueble, conservándose tan sólo la fachada. Campea en las columnas del atrio un cerco de leones que exhiben el escudo de la Universidad.
Colegio de Santa Cruz*
   El colegio de Santa Cruz ocupa uno de los lados de una plaza muy concurrida por grupos de escolares. Es un grandioso inmueble que acoge la institución fundada en 1483 por don Pedro González de Mendoza, arzobispo de Toledo y cardenal de Santa Cruz, con el fin de alojar y proporcionar enseñanza a estudiantes sin recursos. Las iniciales trazas góticas del proyecto fueron alteradas a partir de 1488 cuando intervino en las obras el arquitecto Lorenzo Vázquez de Segovia, quien introdujo el estilo renacentista entonces incipiente. Los detalles platerescos son visibles en la portada (una de las creaciones más tempranas realizadas en este estilo), la cornisa y el patio. Las obras se terminaron en 1491. Los balcones y ventanas de formas neoclásicas que aparecen en la fachada principal fueron un añadido hecho en 1764 por Manuel Godoy, de acuerdo con los planos de Ventura Rodríguez.
   Por su desnuda filigrana de silencio, impresiona el patio de tres pisos. Mientras el segundo presenta antepechos góticos, el tercero tiene balaustres barrocos. Son dignos de verse en el colegio la capilla del Cristo (a la entrada), que guarda en la cabecera el equilibrado Cristo de la luz, una de las mejores tallas realizadas por Gregorio Fernández; el Aula Triste (situada en una esquina del claustro bajo), capilla gótica que se adorna con bóveda de crucería y conserva los ángeles portablasones de las ménsulas que fueron esculpidas por Alejo de Vahía, además de una sillería isabelina con cátedra y estrado.
   Una pequeña puerta abierta en el espléndido patio de tres pisos permite visitar un jardín de rosales y parterres geométricos que se alegran con el agua de un estanque. Forman parte del conjunto dos portadas: la del antiguo colegio jesuita de San Ambrosio y la de la hospedería. La primera ofrece un claro ejemplo de retablo barroco columnario repleto de hornacinas. La segunda franquea el paso al Colegio Mayor de Santa Cruz, edificio construido  en el año 1675 que muestra un sencillo patio de dos pisos con los nombres marcados en rojo de los rectores y de los antiguos alumnos que han llegado a ser profesores o catedráticos.

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Valladolid. Ed. Anaya. Madrid, 2008.

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jueves, 14 de diciembre de 2017

2097. VALLADOLID** (XII), capital: 17 de marzo de 2016.

150. VALLADOLID, capital. Portada de la igl. del Salvador.
151. VALLADOLID, capital. Torre de la igl. de Santiago.
152. VALLADOLID, capital. Otra visión de la torre de la igl. de Santiago.
153. VALLADOLID, capital. Interior de la igl. del Salvador.
154. VALLADOLID, capital. Retablo mayor de la igl. del Salvador.
155. VALLADOLID, capital. Retablo de la Traslación de San Pedro Regalado, en su capilla de la igl. del Salvador.
156. VALLADOLID, capital. El Pasaje de Gutiérrez.
157. VALLADOLID, capital. Otra visión del interior del Pasaje de Gutiérrez.
158. VALLADOLID, capital. Lucernario del Pasaje de Gutiérrez.
159. VALLADOLID, capital. Fachada principal de la catedral.
160. VALLADOLID, capital. Torre de la catedral.
VALLADOLID** (XII), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de marzo de 2016.
Iglesia del Salvador*
   Esta iglesia presenta una extensa fachada de sillería y una torre clasicista de cuatro cuerpos (los dos primeros, de piedra; los dos últimos, de ladrillo). Sobresale la portada, ejecutada en estilo renacentista en el año 1559 por el arquitecto Juan Sanz de Escalante, que, a manera de retablo, despliega columnas, óculos, imágenes y una ventana.
   El retablo mayor, muy escenográfico y terminado a mediados del siglo XVIII gracias al mecenazgo ejercido por don Pascual Enríquez de Cabrera, patrono del templo y almirante de Castilla, contiene en la parte central el grupo de la Transfiguración, obra de Pedro de la Cuadra.
   Conviene examinar la capilla de San Pedro Regalado, patrono de la ciudad y bautizado en este templo, que fue edificada en el siglo XVIII. Luce un curioso retablo tallado por el imaginero Pedro de Ávila donde se representa la traslación del santo. Dicha traslación no es otra cosa sino el viaje que realizó, transportado en volandas por dos ángeles, entre el convento vallisoletano del Abrojo y el burgalés de La Aguilera.
   En la capilla de San Juan Bautista, levantada como recinto funerario a finales del siglo XV por don Gonzalo González de Illescas, oidor de la Chancillería y miembro del Consejo de los Reyes Católicos, se guarda el espléndido tríptico flamenco -talla en la parte central y pintura en las alas- dedicado a San Juan Bautista y considerado una de las obras más sobresalientes del arte flamenco en España. Relieves realizados en los talleres de Amberes y tablas debidas al llamado Maestro Morrison, que se considera seguidor de Quentin Messys.
Pasaje de Gutiérrez
   La calle Castelar sitúa al viandante al comienzo del Pasaje de Gutiérrez, galería comercial abierta en 1885 que comunica la vía citada con la de Fray Luis de León. Encargada por el comerciante Eusebio Gutiérrez y realizada de acuerdo con los planos trazados por Jerónimo Ortiz de Urbina, se pone como ejemplo de las actuaciones urbanísticas emprendidas por la burguesía decimonónica.
   La luz que se filtra por el lucernario permite contemplar el universo de hierros, vidrieras, pinturas alegóricas y esculturas que adornan el pasaje.
Catedral*
Historia. Lo que hoy puede verse de la catedral de Santa María de la Asunción responde en gran parte al diseño efectuado por Juan de Herrera sobre un proyecto iniciado en 1527 (cuya construcción había avanzado muy poco en los años siguientes), que marca las pautas de un clasicismo largamente repetido en la provincia y en la Nueva España.
   El templo fue elevado en 1595 a la categoría de catedral, encontrándose todavía inacabado en 1668, debido a las escasas rentas del cabildo. Ejecutaron las obras diversos maestros del clasicismo vallisoletano, entre los que destacan Pedro de Tolosa, Diego de Praves y Pedro de Mazuecos el Mozo.
   Se apartan del proyecto de Herrera la torre octogonal, levantada en el siglo XIX y coronada en 1923 por la estatua del Corazón de Jesús, y también el último cuerpo de la fachada principal, reinterpretado en el siglo XVIII en clave barroca por Alberto Churriguera. Y falta la torre del lado del evangelio, que se hundió en 1841 como consecuencia del terremoto de Lisboa.
Exterior. Al final de la calle Cascajares se muestra la fachada principal, que articula con sobria solemnidad dos cuerpos: el primero está ocupado por el gran arco de triunfo tetrástilo; y el segundo, el reinterpretado por Churriguera, despliega escudos y estatuas y se corona con frontón triangular.

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Valladolid. Ed. Anaya. Madrid, 2008.

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miércoles, 13 de diciembre de 2017

2096. VALLADOLID** (XI), capital: 17 de marzo de 2016.

141. VALLADOLID, capital. La Academia de Caballeria, con el monumento a José Zorrilla, en la plaza del mismo nombre.
142. VALLADOLID, capital. Fachada de la igl. del cvto. de las Comendadoras de Sta. Cruz.
143. VALLADOLID, capital. Torre y zona absidal de la igl. de Santiago.
144. VALLADOLID, capital. Interior de la igl. de Santiago.
145. VALLADOLID, capital. Retablo mayor de la igl. de Santiago.
146. VALLADOLID, capital. Retablo de la Adoración de los Reyes en una de las capillas de la igl. de Santiago.
147. VALLADOLID, capital. Xto. de la Luz, de la igl. de Santiago. 
148. VALLADOLID, capital. Retablo de San Benito penitente, en la igl. de Santiago.
149. VALLADAOLID, capital. Exterior de la igl. de Santiago.
VALLADOLID** (XI), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de marzo de 2016.
Plaza de Zorrilla
   La plaza de Zorrilla es el lugar donde convergen los paseos ciudadanos, las frondas vegetales, las vías urbanas y una parte de los viajeros que llegan a la urbe. A la plaza se asoman la Academia de Caballería, la Casa Mantilla, el parque Campo Grande y las calles María de Molina, Santiago y Miguel Íscar. Y parten de ella la Acera de Recoletos y el paseo de Zorrilla.
   En la plaza de Zorrilla resuenan los ecos de la historia y los ruidos de las recreaciones. Esta plaza, que se abría extramuros tras sobrepasar la llamada puerta del Campo, marcaba el límite amurallado tras el que se asentaba la villa medieval. Además del hospital de la Resurrección, albergaba una famosa mancebía situada muy cerca. En la plaza de Zorrilla arden en la hoguera varios personajes de El hereje (Miguel Delibes).
   En el borde de la plaza, junto a una moderna fuente circular de muchos surtidores convertida en reloj de agua que marca horas y minutos, se encuentra la estatua de Zorrilla. El ilustre poeta romántico y autor dramático, que nació en Valladolid el año 1817 y murió en Madrid en 1893, recita versos a los coches mientras mantiene un permanente ademán declamatorio que se expresa en el brazo tendido y la mano acogedora. Albre el vate de sus dedos como si sembrara de sílabas la calle. A sus pies se asienta una musa con alas de mariposa. La estatua, erigida por suscripción popular bajo el impulso del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, fue inaugurado en diciembre del año 1900 en un acto que, al igual que el traslado de los restos a la ciudad natal, suscitó el entusiasmo popular y desató numerosos homenajes. Es obra de Aurelio Carretero, escultor nacido en Medina de Rioseco.
   La Academia de Caballería, levantada a comienzos del siglo XX de acuerdo con los planos trazados por el comandante de ingenieros Adolfo Pierrad, despliega su elegante silueta historicista a imitación del palacio salmantino de Monterrey. Al igual que el edificio citado, fue construido con esa piedra arenisca de Montemayor que tan bien refleja el incendio de los rayos solares.
Calle de Santiago
   La calle de Santiago, que conserva cierto sabor modernista en las fachadas -roto cada cierto tiempo-, abre sus brazos repletos de invitaciones comerciales y de las últimas propuestas que formula la modernidad. Curiosamente, es una vía transitada a casi todas horas del día por una marea ciudadana que siempre se renueva y siempre muestra los mismos signos de prisa sosegada y bienestar.
   Poco después de haber iniciado el recorrido, una puerta invita a a acceder al centro comercial de las Francesas y a contemplar la fachada de la iglesia que perteneció al convento de las Comendadoras de Santa Cruz. El centro recibe el nombre de "las Francesas" porque, tras la Desamortización, fue ocupado por una comunidad de dominicas galas. La portada de ingreso, que fue realizada por el arquitecto Francisco de Mora, se acomoda a la habitual sobriedad herreriana y dispone de puerta adintelada con hornacina e imagen.
Iglesia de Santiago*
   Varios escaparates más adelante, emerge la iglesia de Santiago, templo cuyo origen se sitúa en una ermita del siglo XII. A finales del XV, el mercader, prestamista de reyes y de grandes figuras nobiliarias, reo de la Inquisición y judío converso Luis de la Serna se ofreció a reedificar un nuevo templo para alejar las sospechas desatadas por la actuación de los inquisidores, reservando la cabecera para enterramiento familiar. Terminaron las obras de la capilla mayor en el año 1500 y poco después se inició la torre, que quedaría configurada en cinco cuerpos y habría de suscitar las protestas y los pleitos de los frailes franciscanos, que se quejaban de que su excesiva altura violaba la intimidad monacal y la clausura de su cercano monasterio. Tofo fue edificado con piedra de Fuensaldaña, siguiendo los planos diseñados por el arquitecto Juan de Arandia. Tras arruinarse parte de la nave a comienzos del siglo XVII, fue trazada de nuevo en 1615 por el arquitecto Francisco de Praves. Tal como se refleja en El hereje, última novela de Delibes, esta iglesia gozó de mucha fama en el siglo XVI porque en ella difundía sus mensajes eremistas el predicador dominico conocido como doctor Cazalla.
   A simple vista, parece no tener una riqueza monumental acorde con el pasado de la urbe, pero a poco que se indaga se comprueba que el interés artístico se concentra en el fastuoso retablo barroco (siglo XVIII) que cubre la totalidad del ábside. Ensamblado por Alonso de Manzano, guarda algunas imágenes talladas por Juan de Ávila como el vistoso Santiago Matamoros que, rodeado de columnas salomónicas, racimos de una y pámpanos, ocupa el centro de la composición. Y también en el retablo de la Adoración de los Reyes, ejecutado por Alonso de Berruguete, que se esconde en la capilla sufragada por el banquero Diego de la Haya. El artista nacido en Paredes de Nava logra un conjunto escultórico que deslumbra por el dinamismo de las figuras, la perfección de talla y el acierto de la policromía.
   Merece la pena detenerse ante el artesonado de comienzos del siglo XVI que recubre el coro bajo y exhibe casetones con veneras doradas. Y en los sepulcros que se sitúan tanto en los brazos del crucero como en los muros de la capilla mayor. Éstos últimos ocupan cuatro arcosolios -descubiertos en 1974- con esculturas funerarias labradas en alabastro que (a excepción de la perteneciente a doña Blanca López de Calatayud, esposa del converso, que es renacentista) se atribuyen a Alonso de Vahía y forman un notable conjunto de escultura funeraria de finales del siglo XV - comienzos del XVI.
   Destaca también la imagen del Cristo de la luz, talla de finales del siglo XVI que en Semana Santa recorre las calles de la ciudad custodiada por la cofradía de las Siete Palabras y enfatiza su patente desamparo en la semioscuridad de una capilla, a pesar de estar acompañada por los dos ladrones. Se cree que es obra de Francisco de la Maza, discípulo de Juan de Juni, quien la labró a finales del siglo XVI.
   Y las siguientes piezas de Francisco Rincón: el grupo escultórico de Santa Ana, la Virgen y el Niño, que se expone en un retablo barroco del crucero; el San Antonio Abad, y el altorrelieve de San Jerónimo penitente que se encuentra en el muro de la epístola.

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Valladolid. Ed. Anaya. Madrid, 2008.

Enlace a la Entrada anterior de Valladolid**:
1811. VALLADOLID** (X), capital: 28 de mayo de 2014.

viernes, 3 de marzo de 2017

1811. VALLADOLID** (X), capital: 28 de mayo de 2014.

119. VALLADOLID, capital. Grupo de la Piedad en la sala 1 del Mus. Nac. de Escultura.

120. VALLADOLID, capital. Retablo de la vida de la Virgen, en la sala 1 del Mus. Nac. de Escultura.

121. VALLADOLID, capital. La Muerte, en la sala 1 del Mus. Nac. de Escultura.

122. VALLADOLID, capital. Parte del Retablo de San Benito el Real, en el Mus. Nac. de Escultura.

123. VALLADOLID, capital. Otra parte del Retablo de San Benito el Real, en el Mus. Nac. de Escultura.

124. VALLADOLID, capital. El Sacrificio de Isaac, de Berruguete, del Mus. Nac. de Escultura.

125. VALLADOLID, capital. Detalle del coro de San Benito el Real, en el Mus. Nac. de Escultura.

126. VALLADOLID, capital. El Sto. Entierro de Juan de Juni, en el Mus. Nac. de Escultura.

127. VALLADOLID, capital. Calvario de la cap. de los Águila, en el Mus. Nac. de Escultura.

128. VALLADOLID, capital. Grupo de la Piedad, en el Mus. Nac. de Escultura.

129. VALLADOLID, capital. Cristo Yacente, en el Mus. Nac. de Escultura.

130. VALLADOLID, capital. Detalle del Cristo Yacente del Mus. Nac. de Escultura.

131. VALLADOLID, capital. San Juan Evangelista, de Martínez Montañés, en el Mus. Nac. de Escultura.

132. VALLADOLID, capital. San Juan Evangelista, de Alonso Cano, en el Mus. Nac. de Escultura.

133. VALLADOLID, capital. La Magdalena Penitente, de Pedro de Mena, en el Mus. Nac. de Escultura.

134. VALLADOLID, capital. El Diablo, en el Mus. Nac. de Escultura.

135. VALLADOLID, capital. Detalle del Diablo, en el Mus. Nac. de Escultura.

136. VALLADOLID, capital. El paso procesional Sed Tengo, del Mus. Nac. de Escultura.

137. VALLADOLID, capital. Detalle del paso procesional Sed Tengo, del Mus. Nac. de Escultura.

138. VALLADOLID, capital. El paso procesional de la Exaltación de la Cruz, del Mus. Nac. de Escultura.

139. VALLADOLID, capital. El paso procesional del Camino del Calvario, del Mus. Nac. de Escultura.

140. VALLADOLID, capital. Detalle del paso procesional del Camino del Calvario, del Mus. Nac. de Escultura.

VALLADOLID** (X), capital de la provincia y de la comunidad: 28 de mayo de 2014.
   El colegio de San Gregorio alberga, desde 1933, el Museo Nacional de Escultura** con una importante colección de obras de los siglos XIII al XVIII. En su interior se exponen, principalmente, tallas en madera policromada de tema religioso, procedentes en su mayoría de antiguos conventos afectados por las desamortizaciones del siglo XIX.
   Son numerosísimas las obras maestras con las que cuenta este imponente museo, por lo que iremos destacando las imprescindibles, iniciando el recorrido en la sala 1 con el Retablo de la vida de la Virgen, anónimo flamenco de hacia 1515-1520, obra que presenta una excepcionalidad que la la aparta de la retablística castellana, en aspectos como su forma de la caja, la configuración de las escenas o detalles de la indumentaria y las arquitecturas, actualizadas para responder a los ideales de la "devotio moderna", movimiento piadoso que reclamaba una espiritualidad íntima y cercana. En su factura se advierten dos manos diferentes, y todo parece indicar que es Amberes el lugar con más posibilidades a la hora de proponer un centro productor para este retablo. Es destacable asímismo la escultura de La Muerte, perteneciente al ambicioso conjunto escultórico encargado al flamenco Gil de Ronza hacia 1522 para una capilla funeraria en el convento de San Francisco de Zamora. Atestigua la vigencia ya avanzado el siglo XVI de una visión de la muerte marcada por el miedo, el sentido de lo macabro y la conciencia de la miseria humana, y representada como una anatomía humana en descomposición. Cubierta con su sudario y sosteniendo la trompeta del Juicio Final, ilustraba el momento de la Resurrección de los muertos.
   En las salas 3, 4 y 5, encontramos el Retablo de San Benito el Real, enorme máquina arquitectónica, obra de Alonso Berruguete, contratado en 1526 y que es un perfecto ejemplo del manierismo expresivo castellano.
   En la sala 7, admiramos el Coro de San Benito el Real, una magnífica muestra de la sillería coral castellana, realizada por Andrés de Nájera y otros entre 1525 y 1529.
   La sala 8, la llena por completo el grupo del Santo Entierro, de Juan de Juni (1541-1544), que destaca por su marcado carácter escenográfico. Fue pensado para ser visto de frente, dentro de un retablo, y está compuesto por siete figuras. La principal, Cristo Muerto, articula la disposición de las seis restantes, que concentran en sus manos el mayor peso expresivo. El eclesiástico y escritor Antonio de Guevara encargó esta obra para su sepulcro.
   De la sala 9, lo más interesante es el Calvario de la capilla de los Águila, obra de Juan de Juni en 1556-7. Todo el conjunto escultórico es obra de hondo dramatismo y de una extraordinaria potencia y espectacularidad, acentuada por el movimiento de paños que envuelven la figura de la Virgen y culminada por el grito desgarrador que parece emitir la figura de San Juan. La constatación de la pérdida generalizada de la policromía de ambas esculturas condujo al levantamiento del repinte que presentaban y a la supresión de la capa de yesos modernos que las envolvían, descubriéndose la extraordinaria calidad de su formidable acabado escultórico.
   De la sala 14, mencionaremos el Retablo Relicario de la Anunciación, obra de Vicente y Bartolomé Carducho en 1604-1606, en el que la vinculación de estas obras a la figura del Duque de Lerma explica la sorprendente suntuosidad que presentan, destinadas a expresar la protección del convento franciscano de San Diego por parte del poderoso valido de Felipe III. Su diseño recuerda al de los armarios relicarios de El Escorial, y combina los elementos arquitectónicos, pictóricos y escultóricos, disponiendo de toda una galería de figuras sagradas, con un viril en el pecho destinado a albergar la reliquia correspondiente.
   En la sala 15, hemos escogido el Cristo Yacente, de Gregorio Fernández realizado hacia 1627, en el que la representación de Cristo muerto y tendido sobre un sudario, cuya iconografía aparece ya en el último cuarto del siglo XVI, estaba destinada normalmente al banco de los retablos para poder ser colocado el Jueves Santo y recibir adoración. Como es habitual en la obra de Gregorio Fernández, el estudio anatómico es todo un alarde, y aúna la talla, la policromía y los postizos para convencer de la realidad humana del cadáver de Cristo.
   En la sala 16, destacamos la imagen de San Juan Evangelista, obra de Juan Martínez Montañés, hacia 1638, cuando ya el maestro contaba con 70 años, en la que destaca la clásica serenidad, la talla minuciosa y la disposición de los paños.   
   En la sala 18, admiramos el San Juan Bautista (1638), una de las más originales de la escasa producción escultórica de Alonso Cano, presentado en su fase adolescente, sentado sobre una peña, dialogando ensimismado con el cordero. Los finos rasgos del rostro envuelto en un halo de melancolía y los cabellos de aspecto humedecido reunidos en largos mechones responden al gusto del maestro granadino.
   En la sala 19, encontramos La Magdalena Penitente, obra de Pedro de Mena, en 1664, una de las creaciones más personales de Mena y una obra cumbre de la escultura hispana, por la magistral fusión de la policromía naturalista, la maestría de la talla y la expresión de arrepentimiento. Envuelta en una estera de palma y con el rostro marcado por la penitencia, la santa arrepentida dirige su mirada al crucifijo al tiempo que su mano dibuja un gesto de arrobamiento místico.
   En la Sala temática de los pasos procesionales, destacamos el Paso procesional de Sed Tengo, obra de Gregorio Fernández en 1612-1616, en el que la calidad artística del primer paso conocido de Gregorio Fernández es insuperable, reflejándose en las dinámicas pero equilibradas actitudes y en el dominio de las anatomías y expresiones.

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