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sábado, 14 de junio de 2014

818. SORIA* (VI), capital: 23 de junio de 2009.

57. SORIA, capital. Igl. de Sto. Domingo.

58. SORIA, capital. Portada románica de la igl. de Sto. Domingo.

59. SORIA, capital. Tímpano y arquivoltas de la portada de la igl. de Sto. Domingo.

60. SORIA, capital. Uno de los capiteles de la portada de la igl. de Sto. Domingo.

61. SORIA, capital. Detalle de una de las arquivoltas de la portada de la igl. de Sto. Domingo.

62. SORIA, capital. El rosetón de la portada de la igl. de Sto. Domingo visto desde el interior.

63. SORIA, capital. Interior de la igl. de Sto. Domingo.

64. SORIA, capital. Fachada y torre del palacio de los Condes de Gómara.

65. SORIA, capital. Portada del palacio de los Condes de Gómara.

66. SORIA, capital. Fachada del cvto. del Carmen.

67. SORIA, capital. Ruinas de la igl. de San Nicolás.

68. SORIA, capital. Concatedral de San Pedro.

69. SORIA, capital. Portada renacentista de la concatedral de San Pedro.

70. SORIA, capital. Cartel de la exposicición "Paisaje Interior".

SORIA* (VI), capital de provincia: 23 de junio de 2009.
   Más hacia el norte, y tras pasar cerca del Instituyo de Bachillerato, antiguo colegio de los Jesuitas, donde impartiera clases de francés Antonio Machado, la iglesia de Santo Domingo* situada en la calle de Santo Tomé, destaca por la armoniosa disposición de su fachada románica (siglo XIII), que recientemente ha sido objeto de una prolongada restauración. Relacionada con el románico francés de Poitiers, la recorren dos series de arquerías ciegas apoyadas sobre estilizadas columnas a ambos lados de la profunda y bellísima portada**, en la que destacan sobremanera las figuras bíblicas esculpidas en los capiteles y las cuatro arquivoltas que rodean el tímpano, presidido por una imagen sedente de Dios Padre con el Hijo en su regazo. En el centro del frontón triangular que forma el cuerpo superior de la fachada se abre un gran rosetón* abocinado y adornado también con relieves escultóricos que, entre otros motivos, recrean un bestiario. El interior de esta obra maestra del románico, convertida en iglesia de un convento de clarisas, es de tres naves y muestra ya rasgos plenamente góticos e incluso renacentistas, puesto que las obras, iniciadas en el siglo XII, se prolongaron hasta el siglo XVI.
   De ésta parte la calle que toma su nombre del palacio de los Condes de Gómara*, obra renacentista de finales del siglo XVI, utilizado como palacio de Justicia y cuyo interior ha sido remozado. Puede considerarse, sobre todo por su imponente fachada y la alta torre primática, como una de las mejores muestras de arquitectura civil de la cudad. La cercana calle del Carmen, donde está la iglesia del convento fundado por Santa Teresa en 1581, desemboca en la Calle Real, típica y sugerente arteria medieval que, junto con la contigua calle de la Zapatería, acoge numerosas casas góticas con blasones pertenecientes a la antigua nobleza ganadera.
   Muy próximas pueden verse las ruinas consolidadas de la ya mencionada iglesia de San Nicolás, del siglo XIII, principalmente de su magnífico ábside, y un poco más allá, en dirección al río, se llega a la concatedral de San Pedro*, levantada hacia finales del siglo XII y reedificada en el siglo XVI. Por la portada renacentista se accede al interior, que durante esta visita era la sede de la exposición "Paisaje Interior" de la Fundación Las Edades del Hombre.

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viernes, 13 de junio de 2014

817. SORIA* (V), capital: 23 de junio de 2009.

49. SORIA, capital. Plaza Mayor con el Ayto. y la antigua Audiencia.

50. SORIA, capital. Portada románica de la igl. de Sta. Mª la Mayor.

51. SORIA, capital. Torre de la igl. de Ntra. Sra. del Espino.

52. SORIA, capital. Capilla mayor de la igl. de Ntra. Sra. del Espino.

53. SORIA, capital. Ábside de la igl. de San Juan de Rabanera.

54. SORIA, capital. Portada de la igl. de San Juan de Rabanera.

55. SORIA, capital. Cúpula sobre el crucero de la igl. de San Juan de Rabanera.

56. SORIA, capital. Fachada del palacio de los Ríos y Salcedo.

SORIA* (V), capital de la provincia: 23 de junio de 2009.
El casco histórico
   La Plaza Mayor, de modestas proporciones, constituye el núcleo original del barrio antiguo. En ella se encuentran el edificio renacentista de los Doce Linajes, sede del Ayuntamiento; la antigua Audiencia, construcción porticada del siglo XVIII, que, tras su restauración, cumple funciones de centro cultural, y en un rincón, la iglesia de Santa María la Mayor, en cuya fachada septentrional se abre una portada románica, aunque el conjunto fue reconstruido en el siglo XVI, época a la que también pertenece el retablo mayor.
   Un poco retirada, al sur de la plaza, se levanta la iglesia de Nuestra Señora del Espino, con una poderosa cabecera del gótico tardío. Junto a ella, en un viejo olmo, tal vez "hendido por un rayo" y sin duda enfermo de grafiosis, una placa recoge el famoso verso de Machado. Es uno de los múltiples recuerdos que la ciudad ha dedicado al poeta que mejor supo cantarla y cuya esposa, Leonor, reposa en el cementerio anexo.
   Continuando en dirección al centro urbano, en la calle de los Caballeros, de nombre evidente por las nobles residencias blasonadas que aún pueden admirarse en ella, se alza la iglesia de San Juan de Rabanera*, frente a la galería de estatuas de célebres personajes sorianos que adornan la fachada de la Diputación Provincial. El templo conserva de su construcción original del siglo XII elementos románicos con influencias del arte bizantino y atisbos góticos, y fue restaurado a principios del siglo XX. A su fachada occidental se incorporó entonces (1908) una portada románica procedente de la iglesia de San Nicolás, cuyas ruinas se encuentran en la Calle Real. A finales de los años cincuenta se llevó a cabo una segunda restauración para suprimir algunos añadidos que afeaban la obra. Merece destacarse el original ábside, donde se abren ventanales y arquerías ciegas decoradas con motivos vegetales dispuestos geométricamente. En el interior, de una nave, llama la atención la hermosa cúpula semiesférica, de estilo bizantino, que se eleva sobre el crucero.
   En la plaza de San Clemente se levanta el palacio de los Ríos y Salcedo, del siglo XVI, con fachada plateresca y un hermoso ventanal decorado en el vértice de la esquina derecha.

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jueves, 12 de junio de 2014

816. SORIA* (IV), capital: 23 de junio de 2009.

40. SORIA, capital. Vista general del mon. de San Juan del Duero.

41. SORIA, capital. Parte del claustro del mon. de San Juan del Duero.

42. SORIA, capital. Una vista más del claustro del mon. de San Juan del Duero.

43. SORIA, capital. Aspecto del interior de la igl. del mon. de San Juan del Duero.

44. SORIA, capital. Uno de los baldaquinos de la igl. del mon. de San Juan del Duero.

45. SORIA, capital. Cúpula del baldaquino anterior, de la igl. del mon. de San Juan del Duero.

46. SORIA, capital. Exterior del mon. de San Polo.

47. SORIA, capital. Vista de la ermita de San Saturio.

48. SORIA, capital. Interior de la ermita de San Saturio.

SORIA* (IV), capital de la provincia: 23 de junio de 2009.
A orillas del Duero
   Con ser interesante el casco histórico de Soria, el otro lado del río, tras atravesar el puente de piedra recientemente consolidado, ofrece al viajero no sólo las más evocadoras imágenes paisajísticas, sino también un recinto monumental de visita imprescindible. Se trata de las ruinas del monasterio de San Juan del Duero*, fundado en el siglo XII por la orden de los monjes hospitalarios de San Juan de Acre. Las arquerías entrelazadas del claustro**, de trazado y desarrollo diferentes en cada uno de sus lados, se alzan desnudas en medio del paisaje como un impresionante repertorio de maestría decorativa y sentido de la belleza. Constituyen una obra cimera de la arquitectura románica mudéjar, con indudable influencia oriental. La iglesia anexa, de una sola nave y ábside rectangular y con dos baldaquinos con originales cúpulas en su interior, acoge un pequeño museo. El poder de encantamiento que tiene este lugar, vigilado desde la cima del Mirón y la ermita barroca que se alza en ella, se prolonga a través del paseo bordeado de álamos que discurre junto a las aguas del Duero y a la vista del monte de las Ánimas. Es un camino cuyo recorrido permite disfrutar de la apacible armonía que crean el sonido del agua, el colorido de la vegetación y el transcurrir de la vida ribereña.
   Pronto se alcanza la iglesia del antiguo monasterio templario de San Polo, del siglo XIII, en el que Bécquer ambientó algunas de sus más románticas leyendas. La senda continúa a través del paraje descrito con exacta belleza por Machado:

Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua, cuando el viento sopla,

en versos que están reproducidos al final del camino, en las proximidades de la ermita de San Saturio. Este templo barroco, enclavado sobre un promontorio rocoso, se alza sobre la cueva donde transcurrió la vida del santo patrón de la ciudad. Sus reliquias se veneran en el interior, decorado con frescos del pintor soriano del siglo XVIII Antonio Zapata. El paisaje circundante, propicio a la melancolía, se impone, siempre machadianamente, como un "verde sueño / del suelo gris y de la parda tierra".

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lunes, 8 de marzo de 2010

45. SORIA* (III), capital: 20 de julio de 2005.

29. SORIA, capital. Fachada de la igl. de Sto. Domingo.
30. SORIA, capital. Capitel de la fachada de la igl. de Sto. Domingo.
31. SORIA, capital. Tímpano de la portada principal de la igl. de Sto. Domingo.
32. SORIA, capital. Portada principal de la igl. de Sto. Domingo.
33. SORIA, capital. Rosetón de la fachada principal de la igl. de Sto. Domingo.
34. SORIA, capital. Escudo nobiliario en la fachada del pal. de los Condes de Gómara.
35. SORIA, capital. Pasadizo bajo el pal. de los Condes de Gómara.
36. SORIA, capital. La igl. de San Juan de Rabanera.
37. SORIA, capital. Relieves en los muros de la igl. de San Juan de Rabanera.
38. SORIA, capital. Portada principal de la igl. de San Juan de Rabanera.
39. SORIA, capital. Decoración del ábside de la igl. de San Juan de Rabanera.
SORIA* (III), capital de la provincia: 20 de julio de 2005.
   Hacia el Norte del Centro histórico, y tras pasar cerca del Instituto de Bachillerato, antiguo colegio de los Jesuitas, donde impartiera clases de francés Antonio Machado, la Iglesia de Santo Domingo* situada en la calle de Santo Tomé. De la primitiva iglesia de Santo Tomé, construida en las primeras décadas del siglo XII, sólo queda parte de la nave y la torre. En la segunda mitad se quiso agrandarla, derribando para ello gran parte de lo construido. A esta segunda etapa pertenece la gran fachada románica occidental. Durante el siglo XX ha experimentado sucesivas restauraciones.
   La fachada nada tiene que ver con el románico soriano, sino más bien es una gran portada, de la Francia central trasladada a la meseta del Duero.
   Se divide horizontalmente en dos registros. En el inferior se abre la portada en un cuerpo sobresaliente con frontón desnudo hasta la línea de canecillos. A ambos lados de la portada se disponen cuatro arcadas ciegas, dos a cada lado, a dos alturas y de cuatro arcos de medio punto cada una, agrupadas por parejas. Los fustes de las arquerías inferiores son más esbeltos, teniendo la altura de los de la portada. Sus capiteles son historiados con escenas veterotestamentarias algunos y mostrando, otros, animales y los arcos llevan en su tímpano arquillos sobre pilastras. Sobre una imposta corrida se dispone el segundo registro, consistente en un frontón desnudo a dos aguas perforado por un gran rosetón central. Una gran cruz remata el piñón.
   La portada** propiamente dicha consta de cuatro arquivoltas de medio punto que apean sobre cinco pares de columnas (ya que la exterior se apoya sobre dos pares) con magníficos capiteles cuyos anchos cimacios corren hasta las jambas sobre las que descansa un tímpano figurado. El primer capitel doble de la izquierda representa la Creación del Universo: líneas onduladas de gran ritmo muestran la separación por Dios de las aguas y de las tierras; el Creador aparece en el centro y con los planetas en sus manos. Los otros tres capiteles representan el Paraíso (Dios crea a Adán del barro), la Caída y el Castigo. La talla de la jamba se encuentra muy estropeada. La jamba derecha muestra una talla al interior, siguiendo la línea de los capiteles, con la historia de los primeros padres: Adán trabajando la tierra, Caín y Abel, y en el capitel doble la muerte de éste por su hermano. Las cuatro arquivoltas soportan en su intradós pequeñas figuras en distintas series, dispuestas radialmente, y representando un conjunto sin igual. En el arco interior se muestra a los veinticuatro ancianos (simpáticos y distendidos) del Apocalipsis con instrumentos musicales y presididos por un ángel con alas desplegadas. La segunda arquivolta está dedicada a la matanza de los Inocentes con Abraham recibiendo en su seno las almas de los infantes (los ángeles le transportan sus cabezas y un diablo confraternizando con Herodes). En la tercera se representan escenas de la Vida de Jesús con algún salto en el orden cronológico y presidida por la mano de Dios sobre un crismón (los Reyes Magos comparten cama y manta, la Huida a Egipto, dado su volumen, es representada transversalmente). Por último, la arquivolta exterior narra la Pasión de Cristo (en Getsemaní uno de los apóstoles duerme, el Sepulcro vacío representa la Resurrección, las tres Marías aparecen en dos ocasiones). En el tímpano se muestra al Padre Eterno envuelto en gran mandorla que sienta en sus rodillas al Niño Jesús (el primero de impresionante serenidad y fuerza, mientas el Niño abre los brazos; ambos bendiciendo). Les rodea un tetramorfos y la Virgen (coronada) y San José, ocupan los extremos.
   Toda la obra escultórica de la portada parece deberse a una misma mano o fraternidad de constructores. Su autor muestra una talla sencilla, limpia, de volúmenes nítidos y desprendidos, evolucionado en los pliegues y con un canon en las figuras pequeñas, como es normal en el románico anterior en el que la cabeza tiene una presencia importante. No sucede lo mismo en algunas grandes figuras del tímpano. La imperiosa presencia del Padre, la "sensación de Dios" que de Él emana, puede deberse también a una cabeza más proporcionada al resto del cuerpo, imponiendo así un realismo ausente en el resto de la portada.
   En el extremo de las enjutas aparecen el rey Alfonso VIII y su esposa doña Leonor. Sobre ellos, en el segundo registro, se abre un gran rosetón* de ocho radios (columnillas con sus propios capiteles) que llegan hasta otros tantos arquillos dentados y tres roscas talladas que representan escenas de caza y a animales, rematando un semicírculo exterior con funciones de guardapolvos.
   En el interior de esta obra maestra del románico, convertida en iglesia de un convento de clarisas, es de tres naves y muestra ya rasgos plenamente góticos e incluso renacentistas, puesto que las obras, iniciadas en el siglo XII, se prolongaron hasta el siglo XVI, conservándose algunos capiteles románicos interesantes.
   Santo Domingo representa un punto y aparte en el románico del alto Duero. Un románico que rompe con lo hasta entonces visto y con lo que quedaba por ver. Románico de inspiración francesa interpretado desde la sobriedad castellana. Fachada que inspira serenidad y equilibrio desde su totalidad o desde cualquiera de sus elementos. Padre Eterno, capiteles, tallas de las arquivoltas. Hay otro componente castellano inapreciable a la hora de valorar el conjunto y es el sol que al atardecer incide sobre la piedra dorada soriana haciendo refulgir la fachada. Portada para la observación minuciosa, para embeberse en un mundo particular y completo que muestra las escenas capitales en la historia de la humanidad, presidido por un Padre que sienta maternalmente a su Hijo en las rodillas.
   Más hacia el centro encontramos el Palacio de los Condes de Gómara*, obra renacentista de finales del siglo XVI, utilizado como palacio de Justicia y cuyo interior ha sido remozado. Puede considerarse, sobre todo por su imponente fachada y la alta torre prismática, como una de las mejores muestras de arquitectura civil de la ciudad.
   En la calle de los Caballeros, de nombre evidente por las nobles residencias blasonadas que aún pueden admirarse en ella, se alza la Iglesia de San Juan de Rabanera*, frente a la galería de estatuas de célebres personajes sorianos que adornan la fachada de la Diputación Provincial. Construida a finales del siglo XII, en 1908 se le añadió a los pies la portada de San Nicolás, cuyas ruinas se conservan más abajo. Sucesivas restauraciones han terminado por dejarla exenta, luciendo así su fábrica románica.
   De planta de cruz latina con nave única y cabecera de profundo pesbiterio y ábside semicircular. Sobre la cúpula del crucero se levanta una torre cuadrada.
   La cabecera al exterior llama la atención por su altura, su profundida, el gran tamaño de las ventanas y la ornamentación poco usual de los arcos ciegos. Está dividida en secciones por cuatro pilares acanalados a partir de la imposta que anilla el ábside. Las arquivoltas de las ventanas están ligerísimamente apuntadas y los arcos ciegos de medio punto presentan grandes rosetones. Una corona de canecillos tallados recorre la cabecera.
   Los hastiales de los brazos del transepto presentan vental de medio punto, estando rematados por un león y su presa. En el muro meridional se abría una portada de cuatro arquivoltas que presenta temas florales, tanto en el tímpano como en los capiteles.
   La portada occidental es la de San Nicolá, trasladada a comienzos del siglo XX. Es muy conjuntada y está formada por cuatro arquivoltas planas de escasa ornamentación que apean sobre los tres pares de columnas sobre alto zócalo y en las jambas. Son cuatro los pares de capiteles ya que los de las jambas sostienen el tímpano. Los de la izquierda muestran temas neotestamentarios: aparición de Jesús a la Magdalena, Resurrección, cena en casa de Simón y aparición a Tomás. Los de la derecha, así como el tímpano, están dedicados a la vida de San Nicolás.
   Los arcos en el interior son muy apuntados y soportan distintos tipos de cubrición: bóveda gallonada en el ábside, de medio cañón apuntado con falsos nervios en el presbiterio y brazos, siendo del siglo XVIII la de la nave. La cúpula del crucero es semiesférica y descansa sobre trompas abocinadas muy adornadas con rosetones. En el espesor de los muros orientales de los brazos del transepto se abren dos absidiolos con arco de embocadura muy apuntado. Se iluminan por un pequeño ventanal. Dos tallas del ábside, de un evangelio y de San Pedro, proceden de otros puntos de la iglesia.
   San Juan de Rabanera es una construcción ecléctica levantada en un momento en el que el románico toca a su fin y apunta (literalmente) al gótico en un substrato fuertemente orientalizado. De ahí que a cada volumen, a cada espacio se le haya dado una solución propia, sin que por ello el conjunto parezca heteróclito. Con ello se demuestra, una vez más, el extraordinario poder de adaptabilidad del románico, aún en sus últimas manifestaciones.
   Para conjuntar todo ello se eligió una ornamentación básicamente fitomórfica en la que las rosáceas simbolizan por su forma la música de las esferas, la perfección inmaculada y especialmente las formas eucarísticas. Fueron usadas frecuentemente como soporte de una simbología numérica.

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
COBREROS, Jaime. Guía Total: Las Rutas del Románico I. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
COBREROS, Jaime. Guía del Románico en España: de la A a la Z. Ed. Anaya. Madrid, 2010.

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domingo, 7 de marzo de 2010

44. SORIA* (II), capital: 20 de julio de 2005.

15. SORIA, capital. En la portada principal de la Concatedral de San Pedro.
16. SORIA, capital. La nave central de la Concatedral de San Pedro.
17. SORIA, capital. Bóvedas de la concatedral de San Pedro.
18. SORIA, capital. Retablo de una de las capillas de la Concatedral de San Pedro.
19. SORIA, capital. Retablo mayor de la Concatedral de San Pedro.
20. SORIA, capital. Otro de los retablos de la Concatedral de San Pedro.
21. SORIA, capital. El claustro de la Concatedral de San Pedro.
22. SORIA, capital. Vista de las arquerías del claustro de la Concatedral de San Pedro.
23. SORIA, capital. Capitel de los centauros del claustro de la Concatedral de San Pedro.
24. SORIA, capital. Marcas de canteros en un sillar del claustro de la Concatedral de San Pedro.
25. SORIA, capital. Capitel de la Entrada en Jerusalén del Museo de la Concatedral de San Pedro.
26. SORIA, capital. Pintura del Museo de la Concatedral de San Pedro.
27. SORIA, capital. Restos de pinturas murales del claustro de la Concatedral de San Pedro.
28. SORIA, capital. Acceso a la sala capitular de la Concatedral de San Pedro.
SORIA* (II), capital de la provincia: 20 de julio de 2005.
   Muy cercana al Monasterio de San Juan de Duero, se encuentra la Concatedral de San Pedro*, levantada  en tiempos de Alfonso I el Batallador como una modesta edificación que a mediados del siglo XII se decide sustituir por otra de nueva fábrica para ser regida por canónigos agustinianos. En el siglo XVI se derrumbó este templo, rehaciéndose al poco. Hoy es concateral (junto a la del Burgo de Osma). Por la portada renacentista se accede al interior, compuesto por tres naves góticas alzadas sobre pilares cilíndricos y cubiertas por bóvedas estrelladas de igual altura. Alberga valiosos retablos, especialmente el del altar mayor (1578), una pintura de Tiziano y el tríptico de La Crucifixión, obra flamenca de 1559. 
   De la iglesia románica sólo queda parte de un muro del crucero y buena parte del claustro*. Conserva éste íntegra su crujía septentrional y prácticamente completas la oriental y la occidental. Un zócalo corrido apoya finas columnas geminadas con pilares intercalados. Son sumamente originales las parejas de columnas en dos niveles adosadas a ambos lados de éstos. Los capiteles son esbeltos, con un arranque circular alto y pronunciado para abrirse después rápidamente. Los arcos son de medio punto. El ala norte es la mejor conservada.
   La escultura de los capiteles es muy elaborada, realizada cuidadosamente y con un aire silense, aunque lejano, inconfundible. Predominan los temas vegetales (los más voluminosos), un bestiario variado (más emblemático que en acción), existiendo otros figurados en los que los hombres y bestias comparten el capitel (jinetes a lomos de grifos, etc.) y finalmente algunos con escenas neotestamentarias (Anunciación, Epifanía).
   En uno de los muros puede verse la puerta, finamente decorada, que daba acceso a la antigua sala capitular, donde se depositaron algunos sepulcros.
   La iglesia guarda el antipendio procedente de San Nicolás que representa la entrada de Jesús en Jerusalén.
   El primer efecto que causa el claustro de San Pedro es magnífico por sus proporcionadas medidas y el equilibrio de sus volúmenes. La admirable y dorada arenisca soriana ayuda considerablemente también a ello.
   Es un claustro perfecto, inspirador de una especie de serenidad clásica, escrupulosamente montado al que no le faltan exotismos arquitectónicos como el de las columnas a doble altura. Sólo carece de una pizca de movilidad, de chispa vital en sus capiteles.


Textos de:

RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
COBREROS, Jaime. Guía Total: Las Rutas del Románico I. Ed. Anaya. Madrid, 2004.
COBREROS, Jaime. Guía del Románico en España: de la A a la Z. Ed. Anaya. Madrid, 2010.

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