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jueves, 4 de abril de 2019

2573. TARRAGONA** (IV), capital: 7 de marzo de 2018.

32. TARRAGONA, capital. El Anfiteatro romano.
33. TARRAGONA, capital. Fachada principal de la Catedral de Sta. Tecla.
34. TARRAGONA, capital. Sarcófago paleocristiano embutido en la fachada principal de la catedral de Sta. Tecla.
35. TARRAGONA, capital. Jambas de la portada principal de la catedral de Sta. Tecla.
36. TARRAGONA, capital. Nave central de la catedral de Sta. Tecla.
37. TARRAGONA, capital. Bóveda de la cap. mayor de la catedral de Sta. Tecla.
38. TARRAGONA, capital. Nave lateral de la cat. de Sta. Tecla.
39. TARRAGONA, capital. Uno de los retablos de la cat. de Sta. Tecla.
40. TARRAGONA, capital. Una de las capillas barrocas de la cat. de Sta. Tecla.
41. TARRAGONA, capital. Pinturas murales en la cat. de Sta. Tecla.
42. TARRAGONA, capital. Calvario gótico de la cat. de Sta. Tecla.
43. TARRAGONA, capital. La nave central de la cat. de Sta. Tecla desde el coro.
44. TARRAGONA, capital. Órgano de la cat. de Sta. Tecla.
45. TARRAGONA, capital. Cúpula sobre el cimborrio del crucero de la cat. de Sta. Tecla.
46. TARRAGONA, capital. Retablo mayor de la cat. de Sta. Tecla.
47. TARRAGONA, capital. Retablo de alabastro de la cat. de Sta. Tecla.
48. TARRAGONA, capital. Sarcófago del arzobispo Joan d'Arago en la cat. de Sta. Tecla.
49. TARRAGONA, capital. Crucificado barroco de la cat. de Sta. Tecla.
50. TARRAGONA, capital. Techo de una de las estancias de la cat. de Sta. Tecla.
51. TARRAGONA, capital. Arca de Sta. Tecla en la cat. homónima.
52. TARRAGONA, capital. Otro de los retablos barrocos de la cat. de Sta. Tecla.
53. TARRAGONA, capital. Otro de los retablos góticos de la cat. de Sta. Tecla.
54. TARRAGONA, capital. Una de las pandas del claustro de la cat. de Sta. Tecla.
55. TARRAGONA, capital. Vista del claustro de la cat. de Sta. Tecla.
56. TARRAGONA, capital. Otra visión del claustro y ábside de la cat. de Sta. Tecla.
57. TARRAGONA, capital. Pinturas del Museo Diocesano de la cat. de Sta. Tecla.
58. TARRAGONA, capital. Base de cruz del Museo Diocesano de la cat. de Sta. Tecla.
59. TARRAGONA, capital. Pieza musulmana del Museo Diocesano de la cat. de Sta. Tecla.
TARRAGONA** (IV), capital de la provincia: 7 de marzo de 2018.
   Tres son los atractivos fundamentales de Tarragona: los importantes vestigios de época romana, el núcleo histórico y medieval, y un sector más moderno vertebrado por su Rambla. La ciudad se ha desarrollado escalonadamente desde la cima de un promontorio de 69 m de altura, coronado por la catedral, hasta el puerto. En la parte superior está ubicada la ciudad antigua, todavía cercada por el perímetro murado que trazaron los romanos. En medio se halla el centro de la ciudad actual, y en la zona inferior se sitúa el barrio portuario y marinero.
   El passeig de les Palmeres en honor a los árboles que lo adornan, que conduce hacia uno de los núcleos principales de monumentalidad romana.
   Al final de este paseo se puede admirar desde arriba la inconfundible silueta elíptica del anfiteatro** romano. Este recinto fue inaugurado a inicios del siglo II d.C., extramuros de la urbe y muy cerca de la playa, de tal forma que sus constructores aprovecharon, según era costumbre, el fuerte desnivel para excavar en la propia roca una parte importante de la gradería.
   El anfiteatro era el lugar que los romanos destinaban a la celebración de ciertos espectáculos, en especial los combates entre gladiadores y la lucha con animales salvajes.
   El espectáculo se desarrollaba sobre un óvalo central, denominado arena. Bajo la arena existían varios corredores cubiertos, aún visibles, las fosas, donde se alojaban los artificios escenográficos.
   Un muro de unos 3 m, el podio, separaba la arena de las gradas y éstas, donde se acomodaba el público, estaban separadas en tres sectores bien definidos, un inferior y privilegiado (3 gradas), otro intermedio (10 gradas) y el superior, más popular (11 gradas).
   Para conmemorar el martirio de un obispo cristiano, ocurrido en el siglo III, se levantó en época visigoda una basílica (siglo VI) de la que se conservan los cimientos. Sobre este edificio se construyó en el siglo XII la iglesia románica de la Mare de Déu del Miracle, cuyos muros en ruinas aún se pueden contemplar sobre la arena del anfiteatro.
       Al salir de la acera porticada el visitante encara una escalinata sobre la que se alza majestuosa la fachada de la catedral**. La imagen recuerda la figura de la catedral de Gerona, aunque en esta caso el conjunto tenga un carácter menos monumental. Sobre la escalinata se abre el pla de la Seu, pequeña plaza de gran carácter histórico y monumental, pues junto a la fachada gótica se encuentran el palacio de la Cambreria, unido a aquella por la cara de poniente, y la casa Rectoral. Iniciada en el último cuarto del siglo XII, la catedral presenta una planta románica; a este periodo corresponde la construcción del ábside y las puertas laterales.
   El resto del edificio, levantado lentamente durante los siglos XIII e inicios del XIV, fue concluido en estilo gótico. El espacio interior está dividido por tres naves con crucero, ábside y capillas laterales. Entre las obras de arte que se alojan en el templo destacan las situadas en el presbiterio: el frontal del altar mayor, con bajorrelieves románicos que ilustran sobre el mármol escenas de la vida de Santa Tecla (siglo XIII); el sarcófago del arzobispo Joan d'Aragó, con una estatua yacente; y el retablo mayor, obra del siglo XV en la que trabajó el maestro Pere Joan (1394-1458). Merece la pena también citar las capillas góticas de Santa María dels Sastres y la de Sant Miquel. En el ángulo formado por el brazo septentrional del crucero y el ábside se encuentra el claustro, de gran planta prácticamente cuadrada. Cada galería está formada por una serie de amplias arcadas apuntadas que contienen, cada una, tres arcos de medio punto sobre columnas dobles y, encima, dos óculos. Los capiteles están labrados con motivos vegetales y fantásticos. Al igual que la catedral, su claustro tiene una estructura románica, pero una conclusión gótica. De este conjunto claustral sobresale el pórtico románico por el que se accede al templo y algunas capillas, como la del Corpus Christi, que en su origen fue la sala capitular, obra románica de transición.
   El Museu Diocesà de la catedral conserva un fondo artístico notable, tanto por su número como por su casualidad. De hecho la visita a la catedral y su museo se inicia por el claustro, al que se accede dando la vuelta al edificio por una calle lateral que está bien indicada. Ante la fachada principal de la seo nace el Carrer Major, columna vertebral de la ciudad medieval, pues de hecho la divide en dos bloques similares. Actualmente es ésta una atractiva vía de paseo y también comercial, en la que estuvo el Ayuntamiento desde el siglo XV hasta el XIX.   
Textos de:
CILLERUELO, José Ángel; MARTÍNEZ I EDO, Xavier. Guía Total: Cataluña. Ed. Anaya. Madrid, 2006.

Enlace a la Entrada anterior de Tarragona**:

miércoles, 26 de agosto de 2015

1256. TARRAGONA** (III), capital: 19 de agosto de 2011.

24. TARRAGONA, capital. Castellers en la plaza de las coles.

25. TARRAGONA, capital. Decoración de las calles del centro de la ciudad.

26. TARRAGONA, capital. Desfile de gigantes por la plaza de la Font.

27. TARRAGONA, capital. Desfile de cabezudos por la plaza de la Font.

28. TARRAGONA, capital. Jinete portando el estandarte de Sant Magí.

29. TARRAGONA, capital. Danzantes en la procesión del santo.

30. TARRAGONA, capital. Representaciones en la procesión del santo.

31. TARRAGONA, capital. Paso procesional de Sant Magí.

TARRAGONA** (III), capital de la provincia: 19 de agosto de 2011.
   Mostramos imágenes de las Fiestas en honor de Sant Magí, patrón de la ciudad, que se celebra con bailes y danzas tradicionales, pasacalles con gigantes y negritos y una exhibición castellera que convoca a las principales collas (agrupaciones) de la ciudad, y en la que no falta la procesión oficial con la imagen del santo.

Enlace a la Entrada anterior de Tarragona**:

martes, 25 de agosto de 2015

1255. TARRAGONA** (II), capital: 19 de agosto de 2011.

11. TARRAGONA, capital. Restos del Teatro romano.

12. TARRAGONA, capital. Fachada principal de la catedral.

13. TARRAGONA, capital. Palacio de la Cambreria.

14. TARRAGONA, capital. Casa de la pía almoina.

15. TARRAGONA, capital. Zona absidal de la catedral.

16. TARRAGONA, capital. Una de las portadas laterales románicas de la catedral.

17. TARRAGONA, capital. Otra de las portadas laterales románicas de la catedral.

18. TARRAGONA, capital. Detalle de dicha portada.

19. TARRAGONA, capital. Detalle de la portada principal gótica de la catedral.

20. TARRAGONA, capital. Sarcófago paleocristiano incrustado en los muros de la catedral.

21. TARRAGONA, capital. Plaça de la Font, con la Casa de la Ciutat al fondo.

22. TARRAGONA, capital. Portal del Roser.

23. TARRAGONA, capital. Murallas.

TARRAGONA** (II), capital de la provincia: 19 de agosto de 2011.
Otros restos romanos
   Antes de continuar el itinerario en dirección a la catedral, cabe anotar los recintos romanos, dispersos por la ciudad moderna, cuyas excavaciones también se pueden visitar. El otro foro de Tarraco, el foro local, se encuentra en el ensanche, por debajo de la Rambla Nova (se accede por el carrer Lleida). Este foro fue el centro comercial, religioso y político de la urbe.
   Resta el costado norte del gran edificio de tres naves sostenidas por columnas y porticado que debía de ocupar el lugar principal. Un conjunto de pequeños locales dedicados al comercio flanqueaban esta construcción. Atravesando la calle de Soler por un pequeño puente se puede seguir la visita.
   A continuación del edificio del foro parte una vía empedrada en dirección a levante (el decumanus) junto a la base de varias edificaciones. Dos calles más abajo se encuentran los escasos restos que han quedado del teatro romano.
   En el lugar se ha descubierto un notable conjunto escultórico, pero los maltratados restos del teatro todavía están pendientes de su recuperación definitiva.
La ciudad medieval
   Se continúa la ruta por el carrer de la Mercería. Esta calle y su continuación forman una vía transversal que responde todavía a la nivelación del terreno realizada por los romanos al dividir la pronunciada ladera en tres recintos (el de culto, la plaza de representación y el circo). La peculiaridad de esta calle reside, también, en los porches góticos que conserva en su tramo final, los únicos que ha permanecido en toda la ciudad.
   Al salir de la acera porticada el visitante encara una escalinata sobre la que se alza majestuosa la fachada de la catedral**. La imagen recuerda la figura de la catedral de Gerona, aunque en esta caso el conjunto tenga un carácter menos monumental. Sobre la escalinata se abre el pla de la Seu, pequeña plaza de gran carácter histórico y monumental, pues junto a la fachada gótica se encuentran el palacio de la Cambreria, unido a aquella por la cara de poniente, y la casa Rectoral. Iniciada en el último cuarto del siglo XII, la catedral presenta una planta románica; a este periodo corresponde la construcción del ábside y las puertas laterales.
   El resto del edificio, levantado lentamente durante los siglos XIII e inicios del XIV, fue concluido en estilo gótico. El espacio interior está dividido por tres naves con crucero, ábside y capillas laterales. Entre las obras de arte que se alojan en el templo destacan las situadas en el presbiterio: el frontal del altar mayor, con bajorrelieves románicos que ilustran sobre el mármol escenas de la vida de Santa Tecla (siglo XIII); el sarcófago del arzobispo Joan d'Aragó, con una estatua yacente; y el retablo mayor, obra del siglo XV en la que trabajó el maestro Pere Joan (1394-1458). Merece la pena también citar las capillas góticas de Santa María dels Sastres y la de Sant Miquel. En el ángulo formado por el brazo septentrional del crucero y el ábside se encuentra el claustro, de gran planta prácticamente cuadrada. Cada galería está formada por una serie de amplias arcadas apuntadas que contienen, cada una, tres arcos de medio punto sobre columnas dobles y, encima, dos óculos. Los capiteles están labrados con motivos vegetales y fantásticos. Al igual que la catedral, su claustro tiene una estructura románica, pero una conclusión gótica. De este conjunto claustral sobresale el pórtico románico por el que se accede al templo y algunas capillas, como la del Corpus Christi, que en su origen fue la sala capitular, obra románica de transición.
   El Museu Diocesà de la catedral conserva un fondo artístico notable, tanto por su número como por su casualidad. De hecho la visita a la catedral y su museo se inicia por el claustro, al que se accede dando la vuelta al edificio por una calle lateral que está bien indicada. Ante la fachada principal de la seo nace el Carrer Major, columna vertebral de la ciudad medieval, pues de hecho la divide en dos bloques similares. Actualmente es ésta una atractiva vía de paseo y también comercial, en la que estuvo el Ayuntamiento desde el siglo XV hasta el XIX.
   Más abajo, a la derecha, en la esquina con la calle de l'Abat, se encuentra la conocida como casa de l'Abat de Poblet; y en la esquina siguiente, también a la derecha, hay un tercer edificio remarcable, la casa del General de Catalunya, antigua sede de la Generalitat. el trazado del Carrer Major es otra herencia romana, pues desembocaba ante una escalinata monumental que, situada en medio de las gradas del circo, fue reutilizada después para salvar el desnivel existente. A través de la Baixada de la Misericòrdia se llega a la plaça de la Font*, levantada sobre la arena del circo romano. En un extremo se alza el nuevo edificio de la Casa de la Ciutat.
   Antes, sin embargo, de la Baixada de la Misericòrdia conviene, para seguir el itinerario, girar a la derecha por el carrer de Cavallers. En el número 14 se halla el acceso a la casa Castellarnau, antiguo palacio gótico con reformas del siglo XVIII, convertido hoy en museo. Al final de esta calle se abre la acogedora plaça del Pallol, donde los diversos estilos históricos se funden y confunden: sobre los restos romanos aparecen signos inequívocamente góticos. Se abandona la plaza por una de las puertas de la muralla, el portal del Roser.
   Extramuros de la ciudad antigua se creó en 1932 un interesante Passeig Arqueològic, entre la muralla romana y la contra-muralla levantada en el siglo XVIII.
   Hasta el siglo pasado Tarragona fue siempre una plaza fuerte, pero la estructura de las sucesivas murallas siguió siempre el perímetro trazado por los primitivos muros romanos. Al margen de la belleza de este paseo y de las vistas que proporciona sobre la ciudad, la observación de la muralla** tiene algunos puntos de especial interés, como las torres de l'Arquebisbe, del Cabiscol y de Minerva, todas ellas pertenecientes a la primera construcción romana (siglo II a.C.). Sus lienzos están formados por una base de bloques ciclópeos, en la que se abren algunas pequeñas puertas, remontados por un alto muro de sillares. Una reforma posterior prescindió de torres, elevó la altura de la muralla y utilizó como relleno de los muros capas superpuestas de adobes. El conjunto exterior de la cerca romana se puede recorrer al completo, una vez concluido el Passeig Arqueològic, a lo largo de los paseos de Torroja y de Sant Antoni.
El puerto
   Separada de los muros de la ciudad surgió a finales del siglo XVIII una zona portuaria organizado en torno a la plaça dels Carros, en la que se construyeron en el siglo XIX interesantes edificios y almacenes.
   Al otro lado de las vías del tren, sobre unos terrenos ganados al puerto junto a la desembocadura del río Francolí, se formó poco después un pequeño barrio pescador que ha recibido el popular nombre de Serrallo. Dedicado aún a las tareas de la pesca, el Serrallo conserva una fuerte personalidad y un claro ambiente marinero.
   También fuera del casco urbano y en la ribera del Francolí, aunque hacia el interior, se puede concluir la visita a la ciudad en la necrópolis paleocristiana de Tarragona, el conjunto arqueológico de carácter funerario tardo-romano más relevante del Mediterráneo occidental. Tanto en el recinto de las excavaciones como en el Museu Monogràfic se pueden contemplar las diferentes formas de enterramientos realizadas desde el siglo III hasta época visigótica, así como varios sarcófagos monumentales.

Enlace a la Entrada anterior de Tarragona**:

lunes, 24 de agosto de 2015

1254. TARRAGONA** (I), capital: 19 de agosto de 2011.

1. TARRAGONA, capital. Rambla Nova junto al monumento a Roger de Llúria.

2. TARRAGONA, capital. Vista de la playa del Miracle y del Puerto, desde el balcón del Mediterráneo.

3. TARRAGONA, capital. El Anfiteatro.

4. TARRAGONA, capital. Vista de una parte de las gradas del Anfiteatro con el mar Mediterráneo de fondo.

5. TARRAGONA, capital. Ruinas de la igl. de la Mare de Déu del Miracle en la arena del Anfiteatro.

6. TARRAGONA, capital. Murallas y estructura externa del Circo.

7. TARRAGONA, capital. Restos del Circo.

8. TARRAGONA, capital. Otra perspectiva de los restos del Circo.

9. TARRAGONA, capital. Restos del Circo en el carrer Enrajolat.

10. TARRAGONA, capital. Restos del Foro Provincial en la plaça Pallol.

TARRAGONA** (I), capital de la provincia: 19 de agosto de 2011.
   P. Annio Floro, un célebre poeta que se instaló en Tarraco a principios del siglo II, dejó escrita una alabanza de la ciudad que se ha convertido en perenne: "Tarraco es en mi opinión la ciudad más agradable y querida de cuantas favorecen el descanso. Existe aquí un pueblo honrado y tranquilo, un clima templado que no tiene cambios bruscos de temperatura y el año parece una primavera perpetua. La tierra es fértil en los llanos y mucho más en los montes, produce vino y trigo de calidad no inferior a la de Italia. Además la ciudad ofrece grandes ventajas, con su guarnición imperial y el título honorífico por los triunfos de Augusto. Y también posee notables monumentos".
   Tres son los atractivos fundamentales de Tarragona: los importantes vestigios de época romana, el núcleo histórico y medieval, y un sector más moderno vertebrado por su Rambla. La ciudad se ha desarrollado escalonadamente desde la cima de un promontorio de 69 m de altura, coronado por la catedral, hasta el puerto. En la parte superior está ubicada la ciudad antigua, todavía cercada por el perímetro murado que trazaron los romanos. En medio se halla el centro de la ciudad actual, y en la zona inferior se sitúa el barrio portuario y marinero.
La Rambla
   El eje principal de la vida ciudadana en la Tarragona actual está situado en su magnífica Rambla Nova, una gran avenida cuya zona central es un amplio paseo arbolado de nada menos que 700 m de longitud. La Rambla fue inaugurada en 1854, tras el derribo de los muros que cercaban la ciudad por su área meridional, y supuso el inicio del ensanche tarragonés, que ocupa ambos costados del paseo y desciende hacia el puerto por el eje perpendicular del carrer Unió.
   A la rambla miran algunos de los mejores edificios del ochocientos, como la casa Sala, de piedra tallada, o el enorme colegio de las Teresianes, construido en obra vista.
   En la avenida se encuentra también un notable grupo escultórico en bronce, el monument als Herois de 1811, de Julio Antonio (1889-1919). En su extremo oriental, presidido por el monumento a Roger de Llúria, la Rambla Nova forma un balcón, a 35 m de altura sobre el nivel del Mediterráneo, de extraordinaria amplitud panorámica: a la derecha queda el importante puerto comercial de Tarragona y enfrente la playa del Miracle.
   Por la izquierda nace un bonito paseo peatonal, conocido popularmente como el passeig de les Palmeres en honor a los árboles que lo adornan, que conduce hacia uno de los núcleos principales de monumentalidad romana.
Vestigios de Tarraco
   Al final de este paseo se puede admirar desde arriba la inconfundible silueta elíptica del anfiteatro** romano. Este recinto fue inaugurado a inicios del siglo II d.C., extramuros de la urbe y muy cerca de la playa, de tal forma que sus constructores aprovecharon, según era costumbre, el fuerte desnivel para excavar en la propia roca una parte importante de la gradería.
   El anfiteatro era el lugar que los romanos destinaban a la celebración de ciertos espectáculos, en especial los combates entre gladiadores y la lucha con animales salvajes.
   El espectáculo se desarrollaba sobre un óvalo central, denominado arena. Bajo la arena existían varios corredores cubiertos, aún visibles, las fosas, donde se alojaban los artificios escenográficos.
   Un muro de unos 3 m, el podio, separaba la arena de las gradas y éstas, donde se acomodaba el público, estaban separadas en tres sectores bien definidos, un inferior y privilegiado (3 gradas), otro intermedio (10 gradas) y el superior, más popular (11 gradas).
   Para conmemorar el martirio de un obispo cristiano, ocurrido en el siglo III, se levantó en época visigoda una basílica (siglo VI) de la que se conservan los cimientos. Sobre este edificio se construyó en el siglo XII la iglesia románica de la Mare de Déu del Miracle, cuyos muros en ruinas aún se pueden contemplar sobre la arena del anfiteatro.
   Una vez remontado el desnivel por el que se había descendido hasta el anfiteatro, enfrente aparece la Rambla Vella, límite de la ciudad histórica durante siglos. Justo en su inicio, a la derecha, se halla la parte excavada más importante del circo* romano (siglo I d.C.). La existencia de este monumento se conocía, hasta hace apenas una década, de un modo casi hipotético, pues la ciudad había crecido sobre el circo, adaptándose a sus estructuras principales. Así, el desnivel existente en algunas calles del casco antiguo se explica por esa misma adecuación de las casas a sus distintas partes (las calles de Ferrers y Enrajolat crecieron sobre las bóvedas que sostenían las gradas; pero la vecina calle del Trinquet Vell se niveló por el podio, y la plaça de la Font por la arena). Además de intuir en el dibujo de las calles el perfil del circo, ahora se puede visitar la llamada cabecera oriental, donde ha quedado al descubierto todo el sistema de galerías, accesos y gradas de este relevante conjunto arquitectónico.
   El circo romano era el lugar destinado sobre todo a las muy apreciadas carreras de caballos. Contaba para ello con una pista alargada (arena) en cuyo centro una barrera central (eurypus) delimitaba el trazado de la carrera. Los competidores daban siete vueltas al circuito y eran aclamados por los espectadores que se sentaban en las gradas.
   En la excavación de la cabecera oriental se pueden admirar dos arcos monumentales, vestigios de los que adornaban su fachada principal, ante la Vía Augusta, y a su vez permitían el acceso a las gradas a través de las impresionantes galerías abovedadas que las sostenían. Una prueba de que esta área de la ciudad se construyó sobre las piedras del circo se vislumbra fácilmente visitando algunos de los establecimientos comerciales que han rescatado parte de esas estructuras (como el autoservicio El Podium o el restaurante El Circ, en la plaça de la Font).
   Desde la esquina del circo de la Rambla Vella se toma el passeig de Sant Antoni guiándo por la robusta fábrica del Pretori, conocido también como castell de Pilat*. Se trata de una construcción romana del siglo I a.C., habilitada en la Edad Media como residencia real. Tanto en su aspecto externo como en su visita, pues en su interior están instalado el Museu d'Història, se puede distinguir la obra romana de la reconstrucción medieval. De esta época destaca la sala gótica del segundo piso y la luna del castillo, desde donde se obtiene una visión espléndida de Tarragona. En los sótanos de este edificio se puede contemplar y recorrer una impresionante galería longitudinal que pertenece a la estructura del circo.
   Se desciende del Pretori por una escalera exterior que desemboca en la acogedora plaça del Rei, lugar donde se encuentra el Museu Arqueològic**, que expone una importante colección de cerámica, numismática y orfebrería de épocas ibérica, griega y romana, así como restos arquitectónicos y ornamentales.
   La plaza se abandona por el carrer de Santa Anna. El número 8 es la sede del Museu d'Art Modern; y a la derecha de la calle desemboca un callejón que da paso a un sector de callejas angostas y una pequeña plaza que el call o barrio judío de la Tarragona medieval.
   La calle Santa Anna conduce hasta la plaça del Fòrum, que conserva restos de una de los complejos arquitectónicos principales de la ciudad romana. En torno al siglo I Tarraco contaba con dos foros, el de la ciudad y el denominado foro provincial, construido sobre la parte más alta como centro religioso y administrativo de toda la provincia de Hispania Citerior. Este foro, que se puede intuir perfectamente en el plano, tuvo dos áreas.
   En la parte superior, que se corresponde ahora con la catedral, se construyó el recinto de culto, una plaza (153 m por 136 m) porticada y presidida por un templo. En la parte inferior, anexa al circo, se trazó la gran plaza de la representación (175 m por 318 m), también porticada, cuyos ángulos se corresponderían en el mapa con la plaça del Fòrum y el Pretori a levante, y con el carrer l'Arc de Toda y la plaça del Pallol a poniente.