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miércoles, 28 de marzo de 2018

2201. FÁTIMA* (III), Santarém: 21 de agosto de 2016.

15. FÁTIMA, Santarém. En el ascensor del Hotel Santo Amaro ...
FÁTIMA* (III), distrito de Santarém: 21 de agosto de 2016.
   Mostramos una imagen que muestra hasta donde llega el significado de la Virgen para la villa de Fátima; un "selfie" en el ascensor del Hotel Santo Amaro ...

Enlace a la Entrada anterior de Fátima*:

martes, 27 de marzo de 2018

2200. FÁTIMA* (II), Santarém: 20 de agosto de 2016.

12. FÁTIMA, Santarém. La Virgen del Rosario de Burguillos en una fotografía, en una sala del hotel Santo Amaro.
13. FÁTIMA, Santarém. En la procesión de las velas, en la explanada del Santuario.
14. FÁTIMA, Santarém. Aspecto de la explanada con la Bas. del Rosario al fondo.
FÁTIMA* (II), distrito de Santarém: 20 de agosto de 2016.
   Se muestran imágenes del interior del Hotel Santo Amaro, donde los burguilleros tenemos la suerte de que en una de las salas se muestre una fotografía de la patrona de los burguilleros,  Nuestra Señora del Rosario, un auténtico descubrimiento. También se muestran imágenes de nuestra participación e la procesión de las velas que cada tarde-noche tiene lugar en la explanada del Santuario.

Enlace a la Entrada anterior de Fátima*:

viernes, 23 de marzo de 2018

2196. TOMAR** (I), Santarém: 20 de agosto de 2016.

1. TOMAR, Santarém. Vista del Castillo.
2. TOMAR, Santarém. Otra visión del exterior del Castillo.
3. TOMAR, Santarém. Núcleo principal del Cvto. de Cristo.
4. TOMAR, Santarém. Portada principal de la igl. del cvto. de Cristo.
5. TOMAR, Santarém. Decoración de la portada principal de la igl. del cvto. de Cristo.
6. TOMAR, Santarém. Decoración de azulejos de una de las salas del cvto. de Cristo.
7. TOMAR, Santarém. Bóveda del acceso a la charola de la igl. del cvto. de Cristo.
8. TOMAR, Santarém. Acceso a la charola de la igl. del cvto. de Cristo.
9. TOMAR, Santarém. La famosa Charola de la igl. del cvto. de Cristo.
10. TOMAR, Santarém. Detalle de la decoración de la Charola de la igl. del cvto. de Cristo.
11. TOMAR, Santarém. Bóveda de la sala do Capítulo.
12. TOMAR, Santarém. La famosa janela do Capítulo desde el interior.
13. TOMAR, Santarém. En la Sala do Capítulo, con la Charola de la igl. del cvto. de Cristo, al fondo.
14. TOMAR, Santarém. Sala do Capítulo desde el exterior, en el cvto. de Cristo.
15. TOMAR, Santarém. La celebérrima janela do Capítulo, en el cvto. de Cristo.
16. TOMAR, Santarém. Detalle de la famosa ventana del Capítulo, en el cvto. de Cristo.
17. TOMAR, Santarém. Otra perspectiva de la celebérrima janela do Capítulo, en el cvto. de Cristo.
18. TOMAR, Santarém. En el claustro de Sta. Bárbara, ante la ventana del Capítulo, en el cvto. de Cristo.
19. TOMAR, Santarém. El claustro dos Filipes con la fuente barroca, del cvto. de Cristo.
20. TOMAR, Santarém. En las escaleras de caracol del claustro dos Filipes, del cvto. de Cristo.
21. TOMAR, Santarém. En una de las hornacinas del claustro dos Filipes, del cvto. de Cristo.
22. TOMAR, Santarém. Bóveda de una de las pandas del claustro dos Filipes, del cvto. de Cristo.
23. TOMAR, Santarém. En el claustro do Cemitério del cvto. de Cristo.
24. TOMAR, Santarém. El claustro de Lavagem del cvto. de Cristo.
25. TOMAR, Santarém. El claustro de la Hospedería del cvto. de Cristo.
26. TOMAR, Santarém. Uno de los pasillos en las dependencias del cvto. de Cristo.
27. TOMAR, Santarém. En las cocinas del cvto. de Cristo.
28. TOMAR, Santarém. En otra de las dependencias del cvto. de Cristo.
TOMAR** (I), distrito de Santarém: 20 de agosto de 2016.
   Después de algunas vacilaciones sobre la ubicación ideal, Gualdím Pais, segundo Gran Maestre del Temple en Portugal, eligió la montaña que se yergue sobre la margen derecha del río Nabão para instalar casa matriz de la orden guerrera que tanto se distinguió en la lucha contra los árabes.
   En 1160, transcurridos apenas unos años desde la independencia del reino y cuando las luchas por la posesión de la región central entre los ríos Duero y Tajo todavía se mantenían vivas, los muros de la principal fortaleza templaria ya controlaban la región. A medida que las aguas retornaban a su cauce y la vida urbana puedo independizarse del amparo castrense, un pequeño arrabal crecía a los pies de la ciudadela, fundado para atender las necesidades de los caballeros, con una planta que sigue la disposición ordenada y rectilínea de los campamentos militares. Comienza así la historia de la villa de Tomar, durante muchos años uno de los principales centros políticos, y por ende artísticos, del reino.
   La condición mixta de monjes y guerreros de los constructores imprime un carácter especial a sus obras, a la vez fortalezas e iglesias. El Convento de Cristo, resultado de sucesivas etapas y reflejo de las vicisitudes históricas de la Orden, es la mejor prueba de ello. Síntesis de todos los elementos arquitectónicos habidos entre los siglos XII-XVII, es a la vez un excelente ejemplo de integración estilística y funcional de un monumento y de éste, a su vez, con el paisaje. La construcción de nuevos elementos se mantuvo a lo largo de los siglos, unas veces como añadidos, otras sustituyendo o transformando los muros anteriores. Se trata, pues, de una enredada exposición de paso de la historia en un reducido espacio, lo que hace muy difícil una descripción cronológica.
   Castillo. A los primeros años de ciudadela, en torno a 1160, corresponden los muros del Castillo, encaramado en el extremo oriental de la colina, cumbre de la ingeniería militar de su tiempo. El acceso hasta aquí se realiza por una agradable carretera entre castaños y chopos. Todo el monte es un agradable parque forestal, incluso en el interior de los muros, que recogen esa buena tradición lusa de convertir sus restos arquitectónicos más venerables en refrescantes lugares de paseo y esparcimiento. El núcleo defensivo principal se arremolina en torno a la maciza torre prismática del homenaje, elevada sobre los muros del primer perímetro castellano. La segunda hilera defensiva, mucho más amplia, alterna los cubos prismáticos defensivos de las esquinas con torreones semicirculares más reducidos, lo que constituyó toda una innovación para la época, importada del Próximo Oriente, eficaz campo de pruebas de todas las técnicas militares desde antiguo. A la entrada, que se franquea a pie entre vigilantes torreones esquinados, se abre una amplia explanada con parterres y setos de trazado geométrico, al fondo de la cual se levanta una escalinata que da paso al núcleo principal del conjunto, el Convento de Cristo.
   Convento de Cristo**. De planta circular, externamente aparece como un pesado torreón de dieciséis lados, siglo XIII, reforzada cada arista con un contrafuerte que sube hasta el borde superior coronado de almenas, como corresponde a una pieza más de una fortaleza defensiva. En su interior alberga una de las joyas del arte románico portugués, la llamada Charola*, siglo XII. Se trata de un templete octogonal de dos niveles, inspirado en el Santo Sepulcro de Jerusalén, del que los templarios eran custodios, definido en la parte inferior por ocho gruesas columnas que forman estrechos arcos, prolongados en el superior por lienzos de muro rajados por ventanales y cerrado por arriba en cúpula.
   El templete está contenido en la nave de dieciséis lados, cuyo exterior ya se ha descrito, quedando entre ambas un amplio deambulatorio circular. Dieciséis arcos de medio punto unen radialmente las ocho aristas del templete y los puntos medios de sus muros con las correspondientes aristas del recinto exterior, cubriendo el deambulatorio con una bóveda de cañón circular. Proporciones y relaciones numéricas siempre presentes en  las obras del Temple, en las que algunos estudiosos, armados de cinta métrica y transportadores de ángulos, han querido ver las supuestas claves secretas del conocimiento hermético de la Orden. Conocimiento que, existiese o no, de poco habría de servirles, ya que en 1312 el Papa dictó la suspensión de la Orden y su Gran Maestre, Jacques de Molay, fue quemado en París tras un proceso de siete años dirigido casi personalmente por el rey Felipe el Hermoso de Francia.
   Con la desaparición de los templarios Tomar entró en un breve periodo de decadencia del que se recuperó años después, en 1357, con el regreso al antiguo solar de la nueva Orden de Cristo, heredera directa del Temple y principal impulsora, en el siguiente siglo, de las navegaciones transoceánicas que abrirían la época de los Descubrimientos. El infante Henrique o Navegador, Regedor da Ordem, vivió aquí, en un palacio del que aún se conservan algunos restos junto al conjunto eclesiástico. Su carácter de centro planificador e impulsor de las expediciones convirtieron a Tomar, de nuevo, en uno de los principales centros de decisión del reino, algo que siempre conlleva el enriquecimiento de los edificios públicos.
   La antigua iglesia templaria fue ampliada y reconvertida al gusto de la época, que por entonces, los siglos XV y XVI, oscilaba entre las últimas manifestaciones del gótico -flamígero, plateresco- y el primer renacentista, incluido el manuelino. La iglesia románico-gótica fue convertida en capilla mayor de un nuevo templo. En dos facetas del muro se abrió un arco ojival, algo muy difícil técnicamente sin perjudicar la estructura del conjunto, lo que le valió a su autor, el santanderino afincado en Portugal João de Castilho, una gran reputación. Los gruesos muros abiertos por el arco están decorados con medallones pintados de los Evangelistas, y rematado en el vértice por la cruz de la Orden.
   La sobriedad decorativa gótica fue también sustituida por otra más al gusto de la nueva época. La actual capilla mayor quedó revestida de notables pinturas atribuidas al holandés Johannes Dralia, tallas de madera sobre ménsulas y cubiertas por baldaquinos, y en general una recargadísima ornamentación orientalizante, en la que abundan los dorados, enrejados cerrando los arcos, motivos vegetales en estuco, así como tres baldaquinos apoyados sobre los arcos interiores del templete, encima del altar, de estilo flamenco y atribuidos a Oliver de Gand.
   La entrada a la nueva iglesia se hace por un valioso pórtico*, concluido en 1515 por el mismo João do Castilho, ejemplo de transición de los góticos plateresco e isabelino al manuelino, con una recargada imaginería en torno a la imagen central de la Virgen. La única nave, en la actualidad casi vacía, está cerrada por un amplio coro rectangular sobreelevado, cubierto por una triple bóveda con nervaduras que arrancan de consolas adosadas a las paredes, muy ricamente adornadas. Justo debajo se halla la sala do Capítulo, también abovedada pero con un perfil mucho más bajo, de gran complejidad técnica, y la celebérrima janela do Capítulo*, el gran ventanal cuya abigarrada decoración externa ejemplariza la carga ornamental del estilo manuelino. Toda ella, concebida por Diogo de Arruda, es una exuberante alegoría de la época de los Descubrimientos. Una Cruz de Cristo y las armas del reino rematan un conjunto de motivos náuticos -maromas, esferas armilares, corcheras- y naturalísticos, apoyado sobre un cinturón con la hebilla de la Orden, y un tronco que extiende sus raíces sobre las recias espaldas de un sujeto barbado. El resto de la fachada, y en general todos los lienzos externos del edificio, cuentan con parecidos elementos ornamentales, figuras de caballeros templarios, velas de piedra que se desplegan al viento, etc. La visita a la monumental ventana se realiza desde uno de los siete claustros del monasterio, el llamado claustro de Santa Bárbara, de estilo renacentista, del que fue eliminado el segundo piso precisamente para facilitar la contemplación de la ventana.
   Una tercera joya del Convento, junto con la Charola y la Janela, es el clausto grande o claustro dos Filipes*, del siglo XVI, así llamado por haber sido escenario, estando aún inconcluso, de la proclamación de Felipe II de España como Felipe I de Portugal. El debilitamiento del poder político detentado por los caballeros de Cristo les llevó a apoyar la causa del rey extranjero, quien convocó en la casa matriz de sus nuevos aliados la reunión de cortes en la que se decidió la absorción del país. Las obras, iniciadas por los arquitectos españoles Castilho y Torralva, fueron concluidas por Filippo Terzzi, dentro de los más puros cánones del renacimiento italiano, hasta el punto de estar considerado como uno de los ejemplos más representativos de todo el país. Llama la atención el extraordinario juego de masas y huecos realizado en los dos pisos, una especie de labor de marquetería en piedra a gran escala: huecos en los muros, pilastras y columnas arquitrabadas que crean espacios vacíos, balaustradas, pasamanos de piedra vana en las escalinatas de los torreones esquineros.
   Entre tanta elegancia conseguida con el uso del ángulo recto contrasta una fuente barroca, de Pedro Fernandes de Torres, del siglo XVII, en el centro del patio. Desde la azotea, una balconada permite contemplar los detalles del pórtico principal del templo.
   De los demás claustros del convento merecen mención el de Cemitério*, bajo la mole poligonal de la Charola, con arcos góticos geminados y buenos lienzos de azulejería, del siglo XV, y el de Lavagem o de las abluciones, el más antiguo del Convento, de dos órdenes, sede del Museu Lapidário, mandados construir ambos por el infante Dom Henrique. Los tres restantes, el de la Hospederia, la Micha, donde se repartía el alimento para los pobres, y el de los Corvos pertenecen a las posteriores ampliaciones del Convento, cuanto éste ya había quedado fuera de la historia de Portugal. En la actualidad una buena parte de las dependencias del convento de Cristo están ocupadas por un hospital militar.
   Complemento del recinto religioso-castrense es el Acueducto dos Pegões (1613), monumental obra hidráulica de más de 5 km de trazado por un terreno accidentado, incluidas un par de profundas vaguadas que salva sobre altas arquerías de dos niveles, gótico el inferior y de medio punto el superior, que se funde con la muralla por el lado oriental. Cada uno de sus pilares está coronado con pináculos y pirámides con la omnipresente Cruz de Cristo.

Textos de:
SERRA, Rafael y HITA, Carlos de. Guía Total: Portugal de punta a punta. Anaya. Madrid, 2004.

jueves, 22 de marzo de 2018

2195. FÁTIMA* (I), Santarém: 19 de agosto de 2016.

1. FÁTIMA, Santarém. En la terraza del hotel, con el Santuario al fondo.
2. FÁTIMA, Santarém. Exterior de la Bas. del Rosario.
3. FÁTIMA, Santarém. Interior de la Bas. del Rosario.
4. FÁTIMA, Santarém. Capilla mayor de la Bas. del Rosario.
5. FÁTIMA, Santarém. Bóveda de la nave de la Bas. del Rosario.
6. FÁTIMA, Santarém. Imagen de la Virgen en el interior de la Bas. del Rosario.
7. FATIMA, Santarém. En el interior de la Bas. del Rosario.
8. FÁTIMA, Santarém. Desde el exterior de la Bas. del Rosario con el altar y la explanada.
9. FÁTIMA, Santarém. La cap. das Aparições.
10. FÁTIMA, Santarém. Otra vista de la cap. das Aparições.
11. FÁTIMA, Santarém. Ante la cap. das Aparições.
FÁTIMA* (I), distrito de Santarém: 19 de agosto de 2016.
   Esta villa del litoral de Beira, una zona rural deprimida donde se practicaba una economía de subsistencia, ha pasado a convertirse en sede un gran santuario y en uno de los principales centros de peregrinación de toda Europa.
   En un lugar conocido como la Cova de Iria, el día 13 de mayo de 1917, la Virgen del Rosario se apareció junto a una encina a tres pastorcillos que vivían en la aldea de Aljustrel. El milagroso suceso se repitió puntualmente todos los días 13 durante los cinco meses siguientes. Lúcia de Jesus, de diez años, Francisco Marto, de nueve, y su hermana, Jacinta Marto, de siete, recibieron de la Virgen un misterioso mensaje según el cual, sólo mediante la conversión de la Unión Soviética al catolicismo, podría evitarse una guerra de carácter mundial y efectos devastadores. La apertura política de la URSS al libre mercado, la caída del muro de Berlín y el regreso al sistema parlamentario de los países del Estes de Europa fueron acontecimientos muy comentados, pues coincidían con la advertencia hecha por la Virgen a los pastores.
   El nombre de Fátima, de claro eco árabe, es un topónimo peculiar dadas las circunstancias y, según la leyenda, se debe a que el fundador de la parroquia fue un caballero templario, Gonçalo Hermingues, por mal nombre Traga-Mouros, enamorado de una joven musulmana que se llamaba como la hija del profeta.
   El primer santuario que se levantó en Fátima tras las apariciones fue una capilla, llamada de Nossa Senhora, donde se instaló una imagen de la Virgen esculpida por José Ferreira Thedim según las indicaciones de la niña Lúcia. Una bomba destruyó este primitivo oratorio en 1922 y, ese mismo año, se construyó la capilla actual, en el lugar en el que se produjeron las milagrosas apariciones.
   Seis años más tarde, en 1928 se comenzaron las obras de la Basílica del Rosario, dirigidas -curiosamente- por un arquitecto holandés de creencias protestantes: G. van Kriecken. Desde entonces, Fátima se ha transformado en un lugar consagrado al culto de María, en la que existen nueve seminarios y más de setenta edificios pertenecientes a diversas órdenes e institutos religiosos.
   Juan Pablo II quiso estar presente en Fátima, el 13-V-2001, 20 años después del atentado que había ejecutado en la plaza de S. Pedro el turco M. Ali Agcá. En este momento fue revelado el tercer secreto de Fátima, confiado por la Señora a los pastores, con el relato del atentado del Papa, que precisamente había tenido lugar el día de la Virgen de Fátima.
   La Basílica del Rosário* es de proporciones colosales, su planta mide 69 x 30 m y tiene una torre central que se eleva hasta los 65 m de altura. La explanada que la precede fue concebida en 1949 por otro arquitecto, Cottinelli Telmo, mientras que la columnata es obra de un tercer maestro, António Lino, y fue construida en el año 1951. En su interior se han instalado los sepulcros de dos de los pastores presentes durante las apariciones, los hermanos Francisco y Jacinta Marto, muertos durante la infancia a causa de una epidemia de neumonía y hoy beatificados por el Vaticano. Lúcia, que ha tomado el nombre de hermana Maria Lúcia do Coraçao Imaculado, ha profesado hábito y vive aún en un convento de monjas carmelitas en Coimbra. [fallecida en 2005].
   La explanada situada frente a la basílica, amplísima (540 x 160 m), cuenta con un camino especial por el que avanzan de rodillas los penitentes hasta la capilla das Aparições**, algo empequeñecida por la mole de la basílica, pero indiscutible centro espiritual de Fátima. La senda rodea la capilla y termina a sus espaldas, donde se ha instalado un altar en el que los peregrinos pueden colocar sus velas.
   Respecto a las visitas, los días 13 de cada mes son habituales las aglomeraciones, aunque no pasa un solo día sin que lleguen hasta el santuario cientos de devotos a bordo de autobuses, en sus propios vehículos o, incluso, a pie.
   Frente a la capilla de las Apariciones se ha instalado una columna que indica el lugar exacto en el que se aparecía la Virgen. Los tres pastorcillos solían arrodillarse justo en el lugar en donde hoy se abre la puerta de la capilla.
   A la derecha del oratorio se alza la Encina Grande, sustituta de una anterior bajo cuya copa esperaban los pastores y primeros peregrinos a que se produjera el milagro. La estatua del Sagrado Corazón se yergue en el centro de la plaza, exactamente en el mismo lugar en el que brotó un manantial en la época de las apariciones. Otros monumentos de cierto interés son los levantados en honor de José Alves Correia da Silva, obispo de Leiria, y de los papas Pío XII y Pablo VI que, junto a Juan Pablo II, visitó Fátima como peregrino.
   En el lateral izquierdo de la plaza existe una sala de cine en la que constantemente se proyecta la historia de las apariciones. Al igual que en Lourdes, una serie de museos de temática religiosa nos permite conocer mejor los hechos y milagros de Fátima. El de Cera recrea la vida de los pastores, el milagro y la visita de personajes ilustres, como Juan Pablo II, en 30 escenas de gran realismo. Junto a él, en el edificio João Paulo II se encuentra el Museu das Aparições de 'Fatima 1997, con un espectáculo de luz y sonido alrededor de 31 estatuas. Sin salir del edificio aún podemos conocer el Museu do Presépio e aldeia de Belém animados, compuesto por 200 figuras, movidas mecánicamente, que fueron talladas a mano en 1952. Completa este amplio abanico el Museu de Arte Sacra y Etnologia, centrado en la figura de Cristo en el Arte y el Mundo, con imaginería del Niño Jesús, crucifijos, figuras populares de la Pasión y belenes; la parte etnológica está referida a las misiones en Brasil y Asia.
   Desde el Parque das Nações lisboeta ha sido señalizado el Caminho do Tejo, que puede ser realizado a pie hasta Fátima, en cinco jornadas, a través de Vila Franca de Xira, Azambuja, Santarém y Monsanto (127 km).
Textos de:
SERRA, Rafael y HITA, Carlos de. Guía Total: Portugal de punta a punta. Anaya. Madrid, 2004.