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lunes, 5 de diciembre de 2022

3811. CÁDIZ* (LXXIV), capital: 17 de septiembre de 2022


CÁDIZ* (LXXIV), capital de la provincia: 17 de septiembre de 2022.
     Subiendo por Rosario, se llega enseguida a otro lugar lleno de encanto, la plaza de San Francisco. Mitad calle y mitad plaza, con librerías de viejo, con las terrazas de un buen número de bares y su jardín en el centro, a menudo lleno de colegiales, con la gran fachada del Hotel de Francia y París, constituye un rincón con mucha personalidad, a lo que contribuye de manera específica la iglesia y el convento de San Francisco. La Casa Grande de los franciscanos data en Cádiz de 1566, fecha de su fundación. Entonces se levantaron tanto el convento como la iglesia, aunque sufrieron posteriormente notables reformas, el primero a finales del siglo XVII y la segunda hacia la mitad del XVIII. Tras la Desamor­tización del siglo XIX se redujeron mucho las dependencias conventuales. Las que en la actualidad se mantienen se articulan alrededor de un patio de esté­tica manierista, rectangular y de dos plantas a base de arquerías de medio punto, la inferior sobre columnas dóricas y la superior sobre columnas jónicas. En los muros de la escalera se conservan algu­nas pinturas que podrían ser de Francisco Herrera el Mozo.
     El templo muestra al exterior el juego de volúmenes característicos de buena parte de las iglesias franciscanas, sobresaliendo el cimborrio que se alza en el antepresbiterio y las cúpulas que cubren las dos capillas que junto a él se encuentran. La portada es obra probable de Cayetano de Acosta. Lleva pilastras corintias y, en la parte superior, una hornacina que da cobijo a una imagen de mármol de san Antonio labrada por Acosta. Separada del templo, se alza la torre. Tiene un cuerpo de planta cuadrada, sobre el que descansa otro, octogonal, en el que se alojan las campanas.
Textos de:
Rafael Arjona, Lola Wals. Guía Total. Cádiz, Costa de la Luz. Editorial Anaya. Madrid, 2008.

Enlace a la Entrada anterior de Cádiz*:
3810. CÁDIZ* (LXXIII), capital: 17 de septiembre de 2022.

martes, 24 de mayo de 2022

3720. ÉCIJA** (XXVII), Sevilla: 5 de febrero de 2022










ÉCIJA* (XXVII), provincia de Sevilla: 5 de febrero de 2022.
   Mostramos imágenes de la visita que hicimos con ExplicArte Sevilla, en una ruta por el Casco Histórico de Écija, con la familia, para preparar la concertada con el Ayuntamiento de Burguillos. En este caso, el Palacio de Valdehermoso, del siglo XVI, sin duda, la mejor de las grandes casas solariegas ecijanas del renacimiento, con una impresionante fachada exquisitamente decorada, frente a la calle Cadenas, y el Palacio de Peñaflor, que hace esquina con esta calle. Este último, obra del primer tercio del siglo XVIII, es un brillantísimo ejemplo del barroco civil andaluz. En la fachada, llama poderosamente la atención, junto a su sencillez, el gran balcón corrido y la serie de trampantojos que simulan hornacinas y otros elementos arquitectónicos. Un gran zaguán con losas de piedra permite el paso al primer patio o apeadero, desde el que se accede a la planta alta a través de una gran escalera muy decorada con yeserías, a las caballerizas o al patio central, alrededor del cual se nuclean las restantes dependencias.
     En la plaza del Salón está la Iglesia de San Francisco, que perteneció al antiguo convento de franciscanos. Levantada en el siglo XV en estilo gótico-mudéjar, las distintas reparaciones y reformas posteriores han enmascarado la construcción original. Desde la plaza, a la que da la portada que comunica con el compás, ofrece el juego de volúmenes tan característico de las construcciones franciscanas. Tiene planta de cruz latina, con tres naves y crucero y el presbiterio abovedado mediante una potente cúpula de gallones. A los pies del templo, en la nave del evangelio, se localiza el Cristo de la Vera Cruz, un magnífico Crucificado del siglo XVIII de autor anónimo. Digna de elogio es, asimismo, la capilla de la Orden Tercera, abierta a finales del siglo XVIII, con un conjunto de retablos neoclásicos en los que se veneran distintos santos, entre ellos dos Isabeles, la de Portugal y la de Hungría.

Enlace a la Entrada anterior de Écija*:
3719. ÉCIJA* (XXVI), Sevilla: 5 de febrero de 2022.

domingo, 21 de marzo de 2010

54. PALENCIA* (I), capital: 22 de julio de 2005.

1. PALENCIA, capital. Fachada de la igl. de Ntra. Sra. de la Calle.
2. PALENCIA, capital. Retablo mayor y cúpula de la igl. de Ntra. Sra. de la Calle.
3. PALENCIA, capital. Puerta del Obispo, de la Catedral.
4. PALENCIA, capital. Torre de la Catedral.
5. PALENCIA, capital. Bóvedas de la Catedral.
6. PALENCIA, capital. Retablo renacentista de la Catedral.
7. PALENCIA, capital. Trascoro de la Catedral.
8. PALENCIA, capital. Otra zona del trascoro de la Catedral.
9. PALENCIA, capital. Imagen de la Virgen con el Niño de una exposición temporal en la Catedral.
10. PALENCIA, capital. Vista de la nave de la igl. de la Soledad.
11. PALENCIA, capital. Retablo mayor de la igl. de San Francisco.
12. PALENCIA, capital. Bóveda de una de las capillas de la igl. de San Francisco.
13. PALENCIA, capital. Vista del conjunto de las igl. de la Soledad y de San Francisco.
PALENCIA* (I), capital de la provincia: 22 de julio de 2005.
   Presidiendo las vastas llanuras de la Tierra de Campos y bajo la esbeltez vigilante del Cristo del Otero, símbolo moderno de la ciudad, la capital palentina aúna su carácter de centro comercial, textil y metalúrgico con un patrimonio monumental que, sin poseer la rotundidad y amplitud del de otras urbes de Castilla, sí ofrece ejemplos de indiscutible importancia. Los propios palentinos, conscientes de esa situación, han difundido el lema de la "bella desconocida" como calificativo que, si resulta justo aplicado a su catedral, no cuesta mucho extenderlo a una ciudad provista de un interesante centro urbano y repleta de apacibles rincones.
   En la plaza de Isabel la Católica encontramos la Iglesia de Nuestra Señora de la Calle, templo del siglo XVI que originariamente perteneció a la Compañía de Jesús. Muestra una monumental y sobria fachada coronada por una espadaña, y en su interior, de una sola nave, se abren diversas capillas dispuestas a modo de hornacinas y provistas de altares barrocos. En ella se venera a la patrona de la ciudad, la Virgen de la Calle, una talla del siglo XV sobre cuyos orígenes existe una curiosa leyenda.
   La Catedral** palentina es un templo gótico edificado entre 1321 y 1516 sobre la catedral románica erigida por Sancho III el Mayor en el siglo XI, que, a su vez, se levantó sobre una basílica visigoda del siglo VII. A ese triple origen responde la superposición de estilos que, bajo el predominio de lo gótico, aúna elementos que van desde lo visigótico y románico hasta lo renacentista.
   El aspecto externo es severo, de una austeridad sólo animada en la cabecera poligonal, donde las diversas capillas de la girola se disponen en forma de corona, al modo burgalés, en torno a la elevada Capilla Mayor, uniéndose a ella mediante airosos arbotantes. La adornan pináculos, balaustradas y gárgolas, algunas de éstas con curiosas y anacrónicas representaciones, fruto de las numerosas reformas y restauraciones de que ha sido objeto hasta tiempos recientes. Hermosos ventanales ojivales rasgan el conjunto. En el lado meridional, hacia la plaza de la Inmaculada, se alza la torre, baja y maciza, flanqueada por dos portadas. A la derecha se abre la puerta del Salvador, más conocida como puerta de los Novios, realizada a finales del siglo XV en estilo gótico flamígero. Su nombre popular aún mantiene el recuerdo del lugar por donde accediera al templo el doliente príncipe Enrique, futuro Enrique III de Castilla, cuando siendo aún niño contrajo matrimonio, en 1338, con Catalina de Lancaster. Más elaborada es la puerta del Obispo*, decorada con blasones y buenas, aunque deterioradas, esculturas de la Virgen, profetas, santos y apóstoles. A su izquierda queda el exterior del claustro, en cuya realización intervino Gil de Hontañón. En el lado septentrional, frente a una placita ajardinada, se abre la puerta de San Juan o puerta de los Reyes, de estilo plateresco, mientras que la fachada occidental es más sencilla, con una portada clasicista de reciente ejecución (1980).
   El interior** de la Catedral supera en mucho lo visto en la parte externa. Tiene planta de cruz latina, con tres esbeltas naves cubiertas con bóvedas estrelladas y ventanales calados con vidrieras polícromas sobre la nave central, doble crucero, girola con capillas y amplio triforio, elementos que en su articulación evidencian las sucesivas ampliaciones. Del valioso contenido artístico merecen citarse el gran retablo plateresco (siglo XVI) de la Capilla Mayor, con tallas de Felipe Vigarny, tablas de Juan de Flandes y, como remate, un Calvario, de Juan de Valmaseda. En la capilla del Sagrario, abierta en el presbiterio hacia 1440, puede verse una arca que contiene los restos de doña Urraca, reina de Navarra y segunda hija del emperador Alfonso VII. Entre otros sepulcros, destaca el de Inés de Osorio (siglo XV), obra gótica con una bella estatua yacente de madera. Las capillas de la girola están decoradas con retablos renacentistas, entre ellos uno de Alonso Berruguete, y hay también obras interesantes en las capillas de las naves laterales. La reja que cierra la capilla del Sacramento es un valioso ejemplar románico. Son detalles curiosos la figura del Papamoscas negro, que forma parte de un reloj situado sobre el brazo derecho del crucero, y el retablo de la capilla de San Cosme y San Damián, al final de la nave de la izquierda, en el que se representa una operación de trasplante de una pierna de un hombre negro a otro blanco (en realidad se trata de un milagro atribuido a los santos médicos).
   Pieza destacada, cerrada por una reja, es el coro, con sillería gótico-renacentista y órgano barroco. Y aún más sobresaliente es el trascoro*, profusamente adornado con bajorrelieves atribuidos a Gil de Siloé y precedido por un tríptico con pinturas flamencas. A su izquierda se sitúa un púlpito renacentisa y, frente a él, una escalera plateresca da acceso a la cripta, la llamada cueva de San Antolín**, correspondiente a los restos de los dos templos precedentes. El primer tramo, una pequeña nave rematada por un ábside semicircular y cubierta por una bóveda de medio cañón, pertenece al románico primitivo (siglo XI). Al fondo se sitúa lo que queda de la iglesia visigótica del siglo VII: tres estancias de desigual anchura separadas por recias arquerías y arcos de herradura laterales. Se cree que fue mandada construir por el rey Wamba en el año 672 para custodiar los restos del mártir francés San Antolín, que él mismo había traído desde Narbona.
   La visita concluye en el Museo Catedralicio*, situado en el claustroy sus dependencias. En él destacan, además de la portada románica (siglo XII) de la ermita de Quintanello de Ojeda: los tapices flamencos de los siglos XV y XVI, el lienzo de San Sebastián, de El Greco, y obras de Alejo de Vahía, Valdés Leal, Zurbarán, Felipe Vigarny, un díptico de Pedro Berruguete, etc., así como un curioso "retrato oculto" de Carlos V, atribuido a Lucas Cranach. Es magnífica, para terminar, la colección de orfebrería religiosa, encabezada por la custodia renacentista de Juan de Benavente (siglo XVI).
   En la Plaza Mayor encontramos esquinada, la Iglesia de San Francisco, templo perteneciente a un antiguo convento franciscano del siglo XIII precedido por una galería porticada con arquerías entre los contrafuertes. Un hermoso rosetón se abre en el perfil zigzagueante de la fachada principal, coronada por una espadaña. El interior es de gran esbeltez y luminosidad, y la sacristía, barroca, posee un buen artesonado mudéjar (siglo (XIV).
   Adosada al convento, aunque construida en 1620, está la Iglesia de la Soledad. Su decoración interior, con bóvedas de yeserías, un retablo neoclásico y pinturas en los muros laterales, data del siglo XVIII.

Textos de:
RAMOS, Alfredo J. Guía Total: Castilla y León. Ed. Anaya. Madrid, 2004.

miércoles, 27 de enero de 2010

6. BAENA (I), Córdoba: 27 de febrero de 2005.

1. BAENA, Córdoba. Portada de la igl. de Sta. Mª la Mayor.
2. BAENA, Córdoba. Torre de la igl. de Sta. Mª la Mayor.
3. BAENA, Córdoba. Cap. y retablo mayor de la igl. de San Francisco.
4. BAENA, Córdoba. Jesús Nazareno en su altar de cultos en la igl. de San Francisco.
5. BAENA, Córdoba. Otra perspectiva del retablo mayor de la igl. de San Francisco.
BAENA (I), provincia de Córdoba: 27 de febrero de 2005.
   Esta hermosa agrociudad se derrama, blanca de cal y sol, desde la cúspide de una elevada colina, sobre un paisaje de viñas, de olivares y de huertas que riegan los riachuelos Marbella y Bailón.
   Ascendiendo hasta la parte más alta por el dédalo de callejuelas propio del urbanismo de origen árabe, se encuentra la Parroquia de Santa María la Mayor. El primitivo edificio parroquial debió asentarse hacia 1280 sobre restos de una mezquita. El actual se construye hacia 1525 por Hernán Ruiz el Viejo, aprovechando que el tercer conde de Cabra había dotado para enterramiento la capilla mayor. Sufrió reformas en el XVII y XVIII, y destrucción en 1936. En la década de 1980 restauró esta iglesia José Antonio Gómez Luengo, y en 2003 dirigió la última reforma Jerónimo Sanz Cabrera. Es un templo de tres naves con cabecera plana tripartita y sin crucero; las naves van separadas por arcos apuntados sobre pilares fasciculados. La cubierta es ahora una noble armadura de madera que simula bóvedas de crucería.
   En la parte baja de la población aparece la Iglesia conventual de San Francisco, cuya fundación se hizo a mediados del siglo XVI, bajo el patronazgo de doña María de Mendoza, mujer del primer duque de Baena. Sin embargo, la fábrica actual procede de una reforma de 1694. En el siglo XX se convirtió el convento en asilo de ancianos. La portada principal se fecha en 1773 y la secundaria es de fines del siglo XVII. La iglesia es de planta en cruz, con cúpula elíptica en el crucero. En el muro izquierdo hay capillas y en el derecho hornacinas. Todo el interior se halla cubierto de ornamentación pintada hasta la línea de imposta, realizada en dos fases: la primera, a comienzos del XVIII, afectó a los brazos del crucero, y la segunda, al resto de la iglesia, y es plenamente rococó, mostrando motivos vegetales, niños y rocalla.
   El retablo mayor es obra de Jerónimo Sánchez de Rueda, entre 1730 y 1735; se adorna con imágenes de Santo Domingo y San Francisco abajo, y de la Inmaculada entre San Bernardino de Siena y San Juan de Capistrano arriba. De los muros del presbiterio cuelgan dos lienzos que representan al Salvador y a María, que hacen serie con el Apostolado de la nave. Los frentes de los bajos del crucero tienen dos pequeñas capillas; la de la izquierda guarda un retablo barroco de comienzos del siglo XVIII con imagen de vestir de San Antonio. La de la derecha es una tribuna acristalada en la que se guardan imágenes procesionales. Destacan entre ellas Jesús de los Azotes, probablemente del taller de José Risueño, de hacia 1700, y un Ecce Homo, llamado Cristo de la Ventana, que deriva de modelos de José de Mora.
   Los brazos del crucero están recubiertos de decoración mural; en el lado izquierdo las pilastras del arco de ingreso se decoran con figuras de los santos reyes Fernando de Castilla y Luis de Francia, San Conrado, Santa Delfina, San Elseario y Santa Brígida; en el muro frontero destaca un retablo barroco del círculo de Sánchez de Rueda, fechable hacia 1730, con imágenes de vestir de San Francisco, San Pedro de Alcántara y Santa Clara; tiene en el ático un curioso lienzo con el tema alegórico del Alma cristiana.
   El brazo derecho del crucero conserva las pinturas en mejor estado; en el arco de ingreso se representa el Apostolado y en la bóveda, la Trinidad. En lunetos y paredes se muestran los Padres de la Iglesia, la Epifanía y el Niño Dios adorado por ángeles; debajo de éste cuelga un lienzo con Cristo caído camino del Calvario, de finales del XVIII. En el testero se encuentra un retablo del Setecientos, con una talla granadina de la Inmaculada, de principios del siglo XVIII. Las pinturas murales de los lados componen la Visión apocalíptica, con San Juan Evangelista y la Inmaculada. Por encima del retablo están las Tres Virtudes Teologales. 
   En el lado izquierdo de la nave, en el muro, se ve un interesante retablito-marco con la Virgen de Belén, del siglo XVIII. Le sigue la capilla llamada de las Victorias o de San Diego, decorada con yeserías rococó. En el muro izquierdo se halla el sepulcro del obispo Manuel María Trujillo y Jurado, obra anónima de comienzos del siglo XIX; enfrente cuelga un gran lienzo de San Diego de Alcalá.
   La siguiente capilla se cierra con reja de 1879; se decora con pinturas murales y tiene un retablo sin imágenes, de comienzos del siglo XVIII. Finalmente hay una tribuna acristalada con imágenes pasionistas, entre las que destaca Jesús Nazareno, obra del sevillano Miguel de Perea de hacia 1720, que durante la visita se encontraba en el retablo mayor ya se que celebraba cultos. Cierra la nave un amplio sotocoro, separado de ésta por varios peldaños; se adorna con dos pequeños retablos del siglo XVIII, el de la izquierda, recompuesto, con imágenes de San Antonio y San Judas y el de la derecha con imagen vestida del Niño Jesús, de la misma época.
   En el muro de la derecha hay en primer término un retablo imitando mármol con la imagen de San José, obra del escultor local José de los Ríos, de hacia 1830. Le sigue otro del XVIII, en cuyos laterales lucen pequeños fanales con los bustos del Ecce Homo y la Dolorosa, de igual fecha y de modelo granadino. El último retablo es también del XVIII y tiene en el ático un pequeño San Miguel.

Textos de:
ARJONA, Rafael. Guía Total: Andalucía. Ed. Anaya. Madrid, 2005.

VILLAR MOVELLÁN, Alberto; DABRIO GONZÁLEZ, María Teresa y RAYA RAYA, María Ángeles. Guía artística de Córdoba y su provincia. Fundación José Manuel Lara y Ayuntamiento de Córdoba. Sevilla, 2005.