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viernes, 23 de agosto de 2019

2714. TOLEDO** (XXX), capital: 17 de junio de 2018.

379. TOLEDO, capital. Piezas de orfebrería en el tesoro de la catedral.
380. TOLEDO, capital. Vitrina con cruces de orfebrería, en el tesoro de la catedral.
381. TOLEDO, capital. Retrato del papa Paulo III en el tesoro de la catedral.
382. TOLEDO, capital. San Juan Bautista de la escuela andaluza en el tesoro de la catedral.
383. TOLEDO, capital. San Juan Bautista de Caravaggio, en el tesoro de la catedral.
384. TOLEDO, capital. Escultura de la Piedad en el tesoro de la catedral.
385. TOLEDO, capital. Pinturas de Luis de Morales "El Divino" en el tesoro de la catedral.
386. TOLEDO, capital. Patio de la catedral.
387. TOLEDO, capital. Retablo de Sta. Teresa de Jesús en el tesoro de la catedral.
388. TOLEDO, capital. Acceso a la capilla de la Torre, en la catedral.
389. TOLEDO, capital. La custodia de Arfe, en la catedral.
390. TOLEDO, capital. Otra perspectiva de la custodia de Arfe, en la capilla de la Torre, de la catedral.
391. TOLEDO, capital. Una de las pandas del claustro de la catedral.
392. TOLEDO, capital. Puerta de Sta. Catalina del claustro de la catedral.
393. TOLEDO, capital. Puerta de la capilla de San Blas, en el claustro de la catedral.
394. TOLEDO, capital. Pinturas murales en el interior de la capilla de San Blas, de la catedral.
395. TOLEDO, capital. Sepulcros de la capilla de San Blas, en la catedral.
396. TOLEDO, capital. Otra perspectiva de las pinturas murales de la capilla de San Blas, en la catedral.
397. TOLEDO, capital. La torre, desde el claustro de la catedral.
TOLEDO** (XXX), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de junio de 2018.
Catedral**
Interior
   Tesoro. Aunque Sigue conservándose la mayor parte en el Ochavo, capilla barroca que no se puede visitar, desde comienzos del siglo XX se guardan las piezas más sobresalientes del tesoro en la llamada capilla de la Torre. Lo que bajo una techumbre de mocárabes se expone en el lugar citado constituye una muestra representativa de la calidad, riqueza y excelencia que alcanza el tesoro de la catedral.
   Pieza capital de la estancia es la Custodia procesional de Enrique Arfe, realizada entre 1517 y 1524. Pero lo que habitualmente se conoce con este nombre se compone de dos partes: el ostensorio interior y el templete exterior que lo envuelve. Según se recoge en los textos, el ostensorio, finísima pieza de oro de finales del siglo XV atribuída a Pedro Vigil o Fray Juan de Segovia, fue hecho labrar por Isabel la Católica con la primera remesa de oro que llegó del Nuevo Mundo.
   El templete gótico exterior fue encargado a Arfe por el cardenal Cisneros para cobijar el riquísimo ostensorio que el propio cardenal había comprado tras la muerte de la reina. Concebido como si fuera una torre catedralicia, asombran tanto las cifras relacionadas con su elaboración como el arte extremado que encierra. Mide dos metros y medio de alto; está compuesto por 5.600 piezas unidas por 12.500 tornillos; posee 250 estatuas de pequeño tamaño. En toda su estructura, hay repartidos unos 18 kilos de oro, 183 de plata y muchas piedras preciosas. El lujo desbordante y el arte más refinado se alían en esta pieza extraordinaria, “acaso la más ostentosa alhaja que puede contemplarse en la cristiandad”, según la atinada valoración del marqués de Lozoya.
   La custodia se articula mediante una sucesión de alturas hasta llegar a la cruz de diamantes, que fue añadida en 1600 como remate final de la composición. Una serie de pilastras riquísimamente decoradas y minuciosamente labradas sujeta el cuerpo de la bóveda. Es muy meritorio el trabajo de filigrana, la perfección y miniatura de las imágenes, los detalles microscópicos, el calado de pináculos. La custodia procesional de Arfe es una obra portentosa que parece haber sido hecha por ángeles.
   En el apartado bibliográfico, destaca la Biblia de San Luis (1228-1234), que fue copiada e iluminada en el siglo XIII para el rey de Francia San Luis y acabó en las manos de Alfonso X.  Es también interesante la corona de la Virgen del Sagrario, patrona de Toledo, cuya base es del siglo XV.

   Claustro. Se accede al claustro por la puerta del Mollete. Nada más bajar las escaleras se encuentra el visitante con crujías de cinco tramos cubiertas con bóvedas de crucería. Amplias, solemnes y espaciosas, se hallan separadas del jardín por una reja colocada en el siglo XVIII que, en los puntos centrales, se adorna con escudo episcopal.
   Se construyó este claustro ocupando una parte de la antigua Alcaná, es decir, una zona comercial llena de tiendas y talleres, poblada y controlada por judíos, que perdió muchas de sus casas para dejar sitio a la nueva edificación. Ésta se inició (el claustro bajo) a finales del siglo XIV, en tiempos del arzobispo Tenorio, y se terminó en 1425. Las paredes se adornaron con una serie de pinturas murales realizadas por Pedro Berruguete y otros artistas de la época, pero a finales del siglo XVIII, debido al deterioro que había causado la humedad, fueron reemplazadas por otras de Francisco Bayeu y Salvador Maella. Lamentablemente, algunas han corrido la misma suerte que las anteriores.
   El claustro alto fue mandado construir por el cardenal Cisneros con objeto de que el copioso colectivo de canónigos pudiera vivir en comunidad. De acuerdo con esta idea, se edificaron galerías adinteladas con columnas, zapatas y vigas de madera.
   Este claustro toledano, lugar de paseo para clérigos e hidalgos según la literatura de la época, y centro del reparto de agua cuando se secaban las fuentes y había que acudir a los aljibes catedralicios, ha sido elegido por algunos escritores como escenario donde situar ciertas páginas de nuestra literatura. Así, Cervantes, tras mencionar que “estando yo un día en el Alcaná de Toledo” (I, 9), encontró en el barrio judío el manuscrito arábigo que contenía la historia del Quijote, sitúa en el claustro el rincón al que se aparta con el morisco aljamiado para acordar la traducción. Asimismo, Blasco Ibáñez ubica en el claustro alto –llamado las Claverías- el escenario de su novela La Catedral.
   Si se halla desembarazado de turistas, puede el visitante recorrer las crujías para atisbar el curso de la luz y oír el bullicio de los pájaros. También pude detenerse ante la puerta plateresca de la Presentación, abierta en el primer tramo de la galería meridional, obra de Antonio de Covarrubias. Y, a continuación, ante la puerta gótica de Santa Catalina, construía en el siglo XIV y reformada a mediados del XV por Hanequín de Bruselas.
   Actualmente se puede visitar la capilla de San Blas, promovida a finales del siglo XIV por el arzobispo don Pedro Tenorio. Tras la restauración efectuada con motivo de la exposición sobre Isabel la Católica, se pueden admirar unos frescos de vivo colorido e interés artístico que se inscriben en la mejor tradición giottesca y glosan diversas escenas bíblicas como la Anunciación, la Adoración de los pastores y la Crucifixión. Se atribuye su autoría los pintores florentinos Gerardo Starnina y Nicolás de Antonio.
Textos de:
GILES, Fernando de, y RAMOS, Alfredo. Guía Total: Castilla-La Mancha. Anaya Touring. Madrid, 2002.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Toledo. Anaya Touring. Madrid, 2008.

Enlace a la Entrada anterior de Toledo**:
2713. TOLEDO** (XXIX), capital: 17 de junio de 2018.

jueves, 22 de agosto de 2019

2713. TOLEDO** (XXIX), capital: 17 de junio de 2018.

371. TOLEDO, capital. Vista general de la sacristía de la catedral.
372. TOLEDO, capital. Parte del Apostolado de El Greco, en la sacristía de la catedral.
373. TOLEDO, capital. San José y el Niño Jesus, de El Greco, en la sacristía de la catedral.
374. TOLEDO, capital. Crucificado de El Greco, en la sacristía de la catedral.
375. TOLEDO, capital. El Expolio, de El Greco, presidiendo la sacristía de la catedral.
376. TOLEDO, capital. Retablo de El Expolio, en la sacristía de la catedral.
377. TOLEDO, capital. Bóveda de la sacristía de la catedral.
378. TOLEDO, capital. Ante El Expolio de El Greco, en la sacristía de la catedral.
TOLEDO** (XXIX), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de junio de 2018.
Catedral**
Interior
   Sala capitular. El espacio catedralicio genéricamente conocido como sala capitular consta realmente de una antesala y de la sala capitular propiamente dicha. Su construcción fue impulsada por el cardenal Cisneros, y se encargó de la dirección Enrique Egas, maestro mayor de la catedral, y Pedro Gumiel, arquitecto del prelado. Las obras quedaron terminadas en 1512.
   Se accede a la antesala tras cruzar una portada esculpida por Copín de Holanda, Para orientar debidamente al visitante, conviene señalar que la antesala capitular constituye una excelente muestra del llamado estilo Cisneros, que se caracteriza por mezclar elementos gótico-mudéjares y formas renacentistas.
   La antesala capitular cuenta con un artesonado mudéjar, oba de Francisco Lara, que se apoya sobre un friso de pinturas murales decorativas realizadas bajo la dirección de Juan de Borgoña. También hay dos armarios, construidos en su día para archivar las actas de las reuniones del cabildo. El de la izquierda, del siglo XVI, fue tallado por Gregorio Pardo; el situado a la derecha es copia del anterior y fue realizado en el XVIII. Son interesantes también las hojas platerescas de la puerta de acceso a la sala capitular, bellamente talladas en 1520 por el maestro Blandino Bonifacio, así como la portada que, a pesar de estar pintada y dorada, fue esculpida en yeso. Obra del maestro Marcos y del escultor Bonifacio, constituye un magnífico exponente del estilo Cisneros.
   Apenas accede el visitante a la sala capitular, queda deslumbrado por su exuberancia decorativa y suntuosidad. Sorprende el artesonado y las pinturas de las paredes. El primero, terminado en 1508 y claramente renacentista, presenta casetones pintados y dorados. Pronto se advierte que el conjunto de pinturas murales que ilustran las paredes es una obra extraordinaria. El autor de esta joya no es otro sino Juan de Borgoña, quien en 1508 firmó en esta estancia su obra maestra. Sobre fondos de arquitectura o de paisaje y separadas por unas falsas columnas, se representan un total de trece escenas sobre la vida de María y la Pasión de Cristo. En el testero se expone un Descendimiento, una Piedad y una Resurrección como si fueran tres páginas pictóricas unidas por el mismo paisaje, que actúa como un escenario común donde se escenifican las representaciones. Ocupando la totalidad del muro opuesto se muestra, en una escena única, el Juicio Final. En este friso de pinturas murales pueden comprobarse los rasgos que definen el estilo del artista: la claridad en la composición, la corrección de los modelos y el gusto por la amplitud en los fondos de paisaje.
   Bajo los episodios evangélicos se sitúa la serie iconográfica de los arzobispos toledanos. Hasta Cisneros, que hace el número 32, todos fueron pintados por Juan de Borgoña, que completó con la galería de retratos su excepcional trabajo en esta sala. En la plasmación de los prelados posteriores participaron los mejores artistas del momento. Pintores como Tristán, Comontes, Rizi, Vicente López y Goya están entre ellos.
   Destaca la plateresca sala episcopal, obra que Copín de Holanda terminó en 1514.

Sacristía. Se accede a la sacristía por una puerta situada al final de la girola, justamente antes de llegar a la capilla del Sagrario. Resulta ser la sacristía un amplísimo salón que realiza funciones de museo. Este espacio arquitectónico nacido de la maestría profesional de Nicolás de Vergara el Mozo luce en la bóveda un espectacular fresco de Luca Giordano en el que, con su estilo característico, se representa el tan conocido tema de la Imposición de la casulla a San Ildefonso. 
   En el gran escenario formado por el vestíbulo de la sacristía (antesacristía), la sacristía propiamente dicha y las dependencias anejas se ofrece un amplio y variado muestrario de obras de arte. En una selección apresurada destacaríamos el conjunto de figuras que integran el segundo Apostolado de El Greco que se conserva en la ciudad, así como su cuadro El expolio, que, enmarcado en un retablo de mármoles y bronces, relata el momento en que Jesucristo va a ser despojado de sus ropas antes de la crucifixión. Fue uno de los primeros encargos que recibió el artista cretense una vez llegado a España. Concentra las miradas la marcha carmesí de la túnica, centro cromático del lienzo, alrededor del cual se orquesta un mosaico polícromo donde resaltan los verdes y amarillos. En su día, no le gustó al cabildo que las cabezas del populacho sobrepasaron la de Cristo. Obras de Juan de Borgoña, Luis Tristán, Pedro Oriente, Van Dyck, Mengs, Luis de Velasco, Caravaggio, Rafael y Tiziano también cuelgan de los muros.
   En dependencias anejas se custodia una colección de vestimentas eclesiásticas, lucidas en su mayor parte por las dignidades toledanas. Capas, casullas, y dalmáticas. Paños de altar, frontales y estandartes. Sobresale la espectacular casulla del siglo XIII que vistió el infante don Sancho de Aragón, arzobispo de Toledo, así como la capa del cardenal Gil de Albornoz, elaborada en el siglo XIV de acuerdo con los esquemas del estilo gótico inglés. No menos interesante es el estandarte árabe de seda amarilla, tomado en la batalla del Salado por Alfonso XI (1340).
Textos de:
GILES, Fernando de, y RAMOS, Alfredo. Guía Total: Castilla-La Mancha. Anaya Touring. Madrid, 2002.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Toledo. Anaya Touring. Madrid, 2008.

Enlace a la Entrada anterior de Toledo**:
2712. TOLEDO** (XXVIII), capital: 17 de junio de 2018.

miércoles, 21 de agosto de 2019

2712. TOLEDO** (XXVIII), capital: 17 de junio de 2018.

360. TOLEDO, capital. La capilla mozárabe o del Corpus Christi de la catedral.
361. TOLEDO, capital. Retablo de la capilla de la Epifanía de la catedral.
362. TOLEDO, capital. Retablo de la capilla de la Concepción de la catedral.
363. TOLEDO, capital. Retablo de la capilla de San Martín, en la catedral.
364. TOLEDO, capital. Retablo de la capilla de San Eugenio, en la catedral.
365. TOLEDO, capital. Retablo de la capilla del Cristo atado a la Columna, en la catedral.
366. TOLEDO, capital. La capilla de San Pedro, en la catedral
367. TOLEDO, capital. Algunas de las vidrieras de la catedral.
368. TOLEDO, capital. Otra visión del interior de la catedral con las vidrieras en la parte superior.
369. TOLEDO, capital. Rosetón de la fachada principal de la catedral.
370. TOLEDO, capital. Interior de la puerta de los Leones.
TOLEDO** (XXVIII), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de junio de 2018.
Catedal**
Interior
   Otras capillas. Dada la gran abundancia de espacios para el culto y el cúmulo de obras de arte que encierran, trataremos de seleccionar lo más sobresaliente.
   La capilla mozárabe o del Corpus Christi se encuentra a los pies de la basílica, justamente debajo de la torre que no se terminó. Fue fundada por el cardenal Cisneros en 1504 con el fin de mantener el rito con que se oficiaba la liturgia en época visigoda, rito que se siguió utilizando  durante la dominación musulmana y que, en tiempos del citado prelado, estaba a punto de extinguirse. Rescatado por el eclesiástico, todavía hoy prosigue, en las horas señaladas para ello: a las 9 los días laborables y a las 9,45 los días de precepto.
   Son reseñables, en el exterior de la capilla, la reja de Juan Francés (1524) y la Piedad de Enrique Egas. Esta última, enmarcada por figuras y pináculos, requiere cierta atención para ser vista, pues apenas recibe la caricia de la luz. En el interior, sobresale la cúpula trazada por Enrique Egas y reconstruida por Jorge Manuel Theotocópuli tras el incendio de 1622, así como los magníficos frescos de Juan de Borgoña que, realizados en 1514, relatan la conquista de Orán. No conviene olvidar el retablo situado frente al coro. En una mazonería de 1924 se han encajado las tablas del siglo XV que proceden de la sinagoga del Tránsito y presentan escenas de la Santa Cena y de varios santos. En la parte central de este retablo se encuentra el mosaico de la Virgen con el Niño, traído de Roma por deseo del cardenal Lorenzana. Es tanta su perfección artística que el visitante no advertido cree que contempla una pintura y no un conjunto de teselas.
   Una reja moderna –pero muy historiada- separa el coro de los capellanes del resto de la capilla. En la sillería neoclásica se sientan los canónigos a cantar estrofas en latín o leer versículos. Clérigos ataviados con el hábito coral, que incluye una capa a modo de cogulla, de color rojo y negro con adorno de capucha, que recuerda las vestimentas monacales.
   La capilla de la Epifanía, con reja atribuida a Juan Francés, posee un valioso retablo de Juan de Borgoña y el sepulcro en alabastro de don Luis Daza, canónigo catedralicio y capellán de Enrique IV. Fue quien reedificó la capilla años después de su fundación. 
   En la capilla de la Concepción, fundada en 1502 por don Juan Salcedo, protonotario, arcediano y canónigo de la catedral, se puede admirar su reja gótica rematada con el escudo del fundador, escudo que doblega su orgullo blasonado ante el humilde crucifijo que recibe la luz de la vidriera. Retablo atribuido a Domingo de Amberes, con tabla central que representa la Concepción de la Virgen. El fundador, en su sepulcro, parece concentrado en la lectura hasta después de la muerte.
   Tras la excelente reja de la entrada, que conserva en la inscripción sobre la puerta la firma de su autor (Juan de Amberes), se abre la capilla de San Martín, fundada y restaurada por los canónigos catedralicios don Tomás González de Villanueva (sepulcro derecho) y don Juan López de León (sepulcro izquierdo). Retablo plateresco, con tablas de los siglos XV y XVI. Bultos yacentes bajo arcosolio renacentistas. Don Tomás González de Villanueva conserva las manos unidas en actitud orante.
   La capilla de San Eugenio fue construida en el siglo XIII y restaurada en el XVI por don Fernando del Castillo, obispo y canónigo de la catedral, que yace en el sepulcro plateresco de la izquierda. Talla de San Eugenio en el centro del retablo, ejecutada por Copín de Holanda en 1517. Llama la atención el sepulcro mudéjar situado en el muro derecho, mandado hacer en 1278 por el caballero Fernando Gudiel, alguacil de la ciudad. Recubre la pared una artística capa de yeso, decorada con predominio de motivos geométricos y rematada con una cornisa de mocárabes. Exquisito trabajo mudéjar con influencias almohades.
   La capilla de los Reyes Viejos posee una excelente reja en su entrada, forjada por Domingo de Céspedes en 1529, y un retablo de tablas hispano flamencas, con escenas de la vida de Cristo, que pintó Juan Alfón en 1418.
   En la capilla del Cristo atado a la columna se puede contemplar un retablo, obra probable de Copín de Holanda, con las tallas de Jesús atado a la columna, San Pedro y San Juan Evangelista. Se aprecia la maestría del artista en estas buenas piezas de tamaño natural.
   La capilla de la Virgen del Sagrario se halla incluida entre las obras nuevas que, promovidas por el cardenal Quiroga y continuadas por su sucesor, el también cardenal Sandoval y Rojas, supusieron la construcción de la sacristía, el ochavo y otras dependencias. Las obras, iniciadas en 1578, se prolongaron hasta 1673 y en ellas intervinieron los principales arquitectos de la época. La capilla propiamente dicha, que se cubre con bóveda de media naranja, tiene las paredes revestidas de mármol. Allí mora la Virgen del Sagrario, patrona de la ciudad, representada en una imagen de madera forrada de plata que se talló en el siglo XIII. En una de las paredes se encuentra el sepulcro del cardenal Bernardo Sandoval y Rojas, prelado que nació en Aranda de Duero, fue inquisidor general, contribuyó a la expulsión de los moriscos, protegió a Cervantes y falleció en 1618. Pinturas de Eugenio Cajés y de Vicente Carducho.
   La capilla de San Pedro fue levantada en 1415 por el maestro Alvar Martínez con una doble finalidad: servir de parroquia al barrio de la catedral y de recinto funerario al arzobispo Sancho de Rojas, que fue quien la mandó edificar. Portada gótica, con ornamentación de hojas de cardo en jambas y arquivoltas. Sobre la última arquivolta figura el bulto del eclesiástico de las catorce dignidades que entonces integraban el coro. Encima, la escultura policromada de San Pedro en cátedra, del siglo XVI, y frescos del mismo siglo atribuidos a Pedro Berruguete. Interior con cinco retablos neoclásicos.
   En la capilla bautismal se puede examinar la notable reja de Domingo de Céspedes forjada en 1524 y la pila bautismal de bronce. Decorada con motivos gótico-renacentistas, presenta las figuras de Jesús y el Bautista en la parte central.
   Vidrieras y puertas interiores. Las vidrieras de la catedral toledana se caracterizan por su abundancia y antigüedad, y por mezclar en sus motivos y colores elementos góticos y mudéjares. Un total de 750 vidrieras cubren otros tantos ventanales. Las más antiguas fueron colocadas a finales del siglo XIII o comienzos del XIV y las más modernas en el siglo XVI. Del XV son las que iluminan las capillas de la girola. Tras sufrir un serio deterioro en la Guerra Civil, fueron restauradas a mediados del siglo pasado.
   El interior de la puerta de los Leones es una combinación de siglos y estilos. Gótico el cuerpo inferior, esculpido por Juan Alemán a mediados del siglo XV, en el que destacan la escultura del Salvador situada en el parteluz y el bajorrelieve del Árbol de Jesé  en el tímpano. Renacentista es el resto de la puerta, dirigida por Alonso de Covarrubias. En el segundo cuerpo sobresale en el centro el medallón de la Coronación de la Virgen, obra de Gregorio Pardo o de Felipe Vigarny. En el tercer cuerpo se instaló el llamado órgano del Emperador, que sólo sonaba en las procesiones y acompañando al Te Deum. En el rosetón se muestran las armas del cardenal Quiroga.
   En el interior de la puerta del Reloj se ve la máquina de medir el tiempo que le dan nombre, artilugio cuyos mecanismos pertenecen al siglo XVIII aunque ya existían otros al menos desde el XVI. Los dos maceros que tañían las campanas se deben a Diego Copín. En el tímpano hay una Anunciación, de mediados del siglo XVI, y el relieve circular de la Aparición de Santa Leocadia.
   En el rosetón se encuentran las vidrieras más antiguas de la catedral, instaladas a finales del siglo XIII o comienzos del XIV.
Textos de:
GILES, Fernando de, y RAMOS, Alfredo. Guía Total: Castilla-La Mancha. Anaya Touring. Madrid, 2002.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Toledo. Anaya Touring. Madrid, 2008.

Enlace a la Entrada anterior de Toledo**:

martes, 20 de agosto de 2019

2711. TOLEDO** (XXVII), capital: 17 de junio de 2018.

349. TOLEDO, capital. La capilla de San Ildefonso de la catedral.
350. TOLEDO, capital. Bóveda y parte superior de la capilla de San Ildefonso de la catedral.
351. TOLEDO, capital. La capilla de Santiago de la catedral.
352. TOLEDO, capital. Sepulcros de Don Álvaro de Luna y su esposa en la capilla de Santiago de la catedral.
353. TOLEDO, capital. Acceso a la capilla de los Reyes Nuevos de la catedral.
354. TOLEDO, capital. Órgano de la capilla de los Reyes Nuevos de la catedral.
355. TOLEDO, capital. La capilla de los Reyes Nuevos de la catedral.
356. TOLEDO, capital. El Transparente en la girola de la catedral.
357. TOLEDO, capital. El Transparente de la catedral.
358. TOLEDO, capital. Zona superior del Transparente de la catedral.
359. TOLEDO, capital. Bóveda y remate del Transparente de la catedral.
TOLEDO** (XXVII), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de junio de 2018.
Catedral**
Interior
   Capillas de la girola. La girola, por ser doble, ofrece un amplísimo espacio para las deambulaciones. Al recorrerla, puede verificarse la ingeniosa solución ideada por el maestro Martín para resolver el problema de cubrición de la bóveda: se van alternando los tramos triangulares con los rectangulares para llenar la superficie. También se puede contemplar otro elemento mudéjar introducido en esta catedral: el triforio, de la segunda mitad del siglo XIII y formado por la galería de arcos pentalobulados.
   Como ya dijimos, la amplitud de la girola permitió construir en su perímetro exterior muchas capillas. Comenzando desde el brazo derecho del crucero, analizaremos las más sobresalientes.
   La capilla de San Ildefonso fue edificada en el siglo XIV por el arzobispo Gil Carrillo de Albornoz como recinto sepulcral para él y su familia. Configuración octogonal, bóveda de crucería y relieves en los muros. El actual retablo neoclásico situado en el centro, obra de Ventura Rodríguez, sustituyó en 1780 a otro del siglo XV que ejecutó el artífice Rodrigo Alemán.
   Por cuatro ventanales sin vidrieras entra una luz que despierta los frisos de esculturas que duermen entre la fronda de pináculos. También la luz vivifica la imagen yacente del fundador de la capilla y realza su figura sobre el censo de nobles y eclesiásticos que le hacen compañía. En total son cinco. Entre ellos sobresale don Alonso Carrillo de Albornoz, que yace en el muro derecho gozando de la belleza que encierra el notable trabajo plateresco de Vasco de la Zarza.
   En el centro de la estancia duerme su largo sueño de siglos el cardenal Gil Carrillo de Albornoz, fundador del Colegio Español en Bolonia y ministro de Alfonso XI. Lo hace en un sepulcro gótico esculpido en la segunda mitad del siglo XIV, que se apoya en seis leones y se adorna en los lados con un tropel de plañideras y santos.
   Adosada a la anterior, con ínfulas de superarla en magnificencia y dimensiones, se levanta la capilla de Santiago. Su erección fue iniciada no por un hombre de iglesia, sino por un ministro plenipotenciario: el poderoso don Álvaro de Luna, que llegó a ser maestro de Santiago, condestable de Castilla y valido de Juan II. Acumuló mucho poder, pero, tras diversos avatares, cayó en desgracia y murió decapitado. Antes de su ocaso, promovió la construcción de esta solemne capilla funeraria y le encargó el inicio de las obras a Hanequín de Bruselas, pero tuvieron que ser su esposa Juana Pimentel y su hija, María de Luna, quienes la terminaron.
   Gótico flamígero en su versión más pura. Bóveda estrellada en la cubierta, con luces que penetran por arcos apuntados. Profusión de gabletes en los muros.
   Solemnes, dando muestras del poder y la riqueza acumulados, hieráticos a pesar de una muerte ignominiosa, reposan ambos fundadores en el centro de la estancia, encerrados en dos sepulcros que fueron terminados en 1498 y han sido atribuidos a Pablo Ortiz y a Sebastián de Almonacid. Además de su valor artístico, los sepulcros ofrecen la peculiaridad de la escolta que los guarda: cuatro frailes franciscanos, apostados en los ángulos, oran por la salvación eterna de la principal señora mientras, simultáneamente, cuatro caballeros de Santiago hacen lo mismo por el señor que fue decapitado.
   Notable es el retablo gótico que ocupa el fondo del recinto. La mazonería de madera dorada alberga tablas de estilo hispanoflamenco pintadas por Juan de Segovia y Sancho de Zamora.
   Sigue a continuación la llamada capilla de los Reyes Nuevos. Con trazas de Alonso de Covarrubias y con objeto de convertirse en el panteón de reyes de la familia Trastamara, que habían sido sepultados en otro lugar de la catedral, se levantó en 1534 este espacio catedralicio de arquitectura gótica y ornamentación plateresca. 
   Apostados en los muros interiores de la portada de acceso, dos reyes de armas, que portan mazas y se atavían con dalmáticas, llaman la atención del visitante apresurado que deparan estos tiempos. Suplican que se detenga a examinar la policromía de atuendos, escudos y grutescos, así como la belleza y reciedumbre que atesora la reja de hierro forjada en 1532 por Domingo de Céspedes.
   La reja impedirá al curioso penetrar en la capilla propiamente dicha, pero si consigue sortear este obstáculo podrá admirar una bóveda de crucería, un coro de nogal del siglo XVII, tallado para acoger a los 32 capellanes con que estaba dotada, y también los sepulcros de algunos miembros de la dinastía Trastamara: Enrique II y su esposa Juana Manuel, Enrique III y Catalina de Lancaster, y la estatua orante de Juan II, quien no está enterrado aquí sino en la Cartuja de Miraflores. También podrá examinar un retablo neoclásico que conserva un lienzo de la Descensión pintado por Maella.

El Transparente. Situado frente a las rejas de San Ildefonso, tras el altar mayor y en mitad de la girola, un retablo barroco rompe con estrépito la armonía estilística de los muros que cierran la capilla mayor. Se trata del Transparente.
   En su tiempo, este retablo respondió a una necesidad y supuso una audacia cercana al desafío. Consistía la necesidad en hacer llegar la luz a una estancia oscura que, ubicada tras el altar mayor, guardaba la Eucaristía. Nada mejor que abrir la bóveda para traer iluminación del exterior y emboscar, con las frondas grandilocuentes del lenguaje barroco, el orificio por el que debía penetrar el rayo salvífico a la sala. Tal audacia encerraba el peligro de romper el equilibrio de siglos conseguido por la arquitectura gótica cuando se abriera el muro de la capilla mayor para empotrar el retablo.
   Todo lo hizo y resolvió Narciso Tomé, quien inauguró la obra en 1732 y se responsabilizó no sólo del retablo, sino también de la linterna y la ornamentación. Entra la claridad a raudales por el cimborrio que hace de tragaluz, el cual tiene las paredes decoradas con pinturas al fresco y un cerco de ángeles en la base.
   El retablo propiamente dicho presenta tres cuerpos esculpidos en mármol. En el inferior, la imagen de la Virgen de la Leche; en el central, un carrusel de nubes y ángeles que adoptan diversas posturas alrededor de unos rayos dorados convergentes en el óculo central. Para ver el relieve de la Última Cena que ocupa el tercer cuerpo, el observador tiene que echarse atrás, hasta casi rozar la reja de San Ildefonso. Estatuas de las virtudes teologales (Fe, Esperanza y Caridad) rematan la composición.
   A pesar de su aparotosidad y grandilocuencia –o precisamente por ello- se considera una obra destacada del barroco europeo.
Textos de:
GILES, Fernando de, y RAMOS, Alfredo. Guía Total: Castilla-La Mancha. Anaya Touring. Madrid, 2002.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Toledo. Anaya Touring. Madrid, 2008.

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lunes, 19 de agosto de 2019

2710. TOLEDO** (XXVI), capital: 17 de junio de 2018.

334. TOLEDO, capital. Capilla mayor de la catedral.
335. TOLEDO, capital. Reja de la capilla mayor de la catedral.
336. TOLEDO, capital. Remate de la reja de la capilla mayor de la catedral.
337. TOLEDO, capital. Uno de los púlpitos de la capilla mayor de la catedral.
338. TOLEDO, capital. Retablo mayor de la catedral.
339. TOLEDO, capital. Sepulcros en la capilla mayor de la catedral.
340. TOLEDO, capital. Reja del coro de la catedral.
341. TOLEDO, capital. Virgen con el Niño que preside el coro de la catedral.
342. TOLEDO, capital. Perspectiva de parte del coro de la catedral.
343. TOLEDO, capital. Uno de los sitiales de la sillería baja del coro de la catedral.
344. TOLEDO, capital. Una de las misericordias de la sillería baja del coro de la catedral.
345. TOLEDO, capital. Detalle de la sillería del coro de la catedral.
346. TOLEDO, capital. Otro detalle de la sillería del coro de la catedral.
347. TOLEDO, capital. Sillería alta con el sitial arzobispal del coro de la catedral.
348. TOLEDO, capital. Algunos de los sitiales de la sillería alta del coro de la catedral.
TOLEDO** (XXVI), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de junio de 2018.
Catedral**
Interior
   Capilla mayor. Antes de asomarnos a la capilla mayor, conviene detenerse a admirar la soberbia reja que la cierra. Es obra del gran artífice Francisco de Villalpando, quien recibió el encargo en 1538 y necesitó diez años para terminarlo. Consta de dos cuerpos y cinco calles, y se remata con las armas de Carlos V, de la catedral y del cardenal Silíceo. Forman parte del conjunto los dos púlpitos, también de Villalpando, quien en ellos extremó su maestría. Tienen forma octogonal, fueron forjados en bronce y contienen figuras y relieves.
   Desde el punto de vista arquitectónico, la capilla mayor que hoy podemos ver es fruto de las reformas introducidas por Cisneros. Llama la atención encontrar, bajo los ventanales góticos, un friso de galerías mudéjares, construidas en el siglo XIII, con arcos de herradura lobulados. Es un detalle de la influencia ejercida por el arte mudéjar en este templo gótico de inspiración francesa.
   Tras la reja, se hallan varios sepulcros y el altar mayor. Yacen en el muro izquierdo Alfonso VII el “Emperador” y su esposa doña Berenguela,  en el derecho Sancho III y Sancho IV en compañía de sus esposas respectivas. También descansan en el presbiterio tres infantes y el cuarto rey de Portugal, quien puede explicar su presencia en este panteón porque murió en Toledo el año 1248. Pero la pieza funeraria  más interesante desde el punto de vista artístico no corresponde a un monarca sino a un prelado. Se trata del sepulcro renacentista del cardenal Mendoza, atribuido a Doménico Fancelli por unos autores y relacionado con Andrea Sansovino por otros. Sea quien fuere el artífice, es una de las obras más tempranas que se labraron en España siguiendo los cánones del renacimiento italiano y por eso, según los estudiosos, contribuyó decisivamente a la introducción de este estilo.
   Sin duda alguna, el altar mayor puede ser calificado de joya extraordinaria. Ejecutado en madera de alerce, entre los años 1498 y 1504, fue trazado por Petit Jean, dirigido por Enrique Egas y Pedro Gumiel, y tallado, entre otros, por Felipe de Borgoña, Diego Copín y Sebastián de Almonacid. Se encargaron del dorado y la policromía Juan de Borgoña y Francisco de Amberes. Tantos y tan relevantes artistas fueron necesarios para alumbrar uno de los grandes retablos españoles de finales del siglo XV. Predela, tres cuerpos de geometría variable y cinco calles con escenas cuyo tamaño va siendo definido por la altura de los doseletes. Un Calvario en el ático corona la composición. En este fastuoso universo de imágenes se representan motivos relacionados con la vida de Jesús.
   Enfrentada a la reja que cierra el presbiterio se encuentra la que cierra el coro, también valiosa y renombrada. Diego de Céspedes la forjó entre 1541 y 1548.

Coro. El coro, que se adecua en calidad artística, grandiosidad y dimensiones tanto a la riqueza de la catedral primada como al número de integrantes del cabildo, es uno de los mejores de España. Consta de sillería baja y alta. La baja, destinada a los canónigos extravagantes, capellanes, cantores y prebendados poco ágiles de movimientos, fue tallada a finales del siglo XVI por Rodrigo Alemán. Ofrece 54 sitiales con escenas de la guerra de Granada en los respaldos. Por lo general, las escenas contienen representaciones de la fortaleza que se asalta (muros, almenas, torreones) y detalles del ejército que está a punto de tomarla. Profusión de lanzas, muchedumbre de guerreros a caballo. Episodios de lucha: soldados trepando por escalas, disparando sus armas, blandiendo las espadas. Todos los relieves manifiestan una visible carga de expresividad y dinamismo.
   Conviene no olvidarse de las misericordias. Puebla los bajos de la sillería una copiosa fauna de siluetas, unas asemejándose a animales y otras aproximándose a lo humano. Sirenas de doble cola, dieras osadas (reconocibles unas, otras fantásticas), monjes y doncellas. Unas se enzarzan en peleas, otras zahieren vicios y otras se muestran en postura escatológica. En muchas se advierten detalles de audacia y fantasía, como si su autor se hubiera inspirado en el mundo onírico del Bosco. No menor interés encierra el universo de figuras que se plasma en los brazos de los asientos, en los pasamanos de las escaleras o en los zócalos. Escenas o animales perfilados con libertad y atrevimiento.
   Los 70 sitiales de la sillería alta fueron tallados en madera de nogal por Felipe Vigarny y Alonso Berruguete entre 1539 y 1543. Cada uno de los artífices ejecutó 35 sillas, correspondiéndole a Vigarny el llamado coro del Deán (mitad derecha mirando al fondo del coro) y a Berruguete el llamado coro del Arzobispo (mitad izquierda). Ambas mitades de la sillería, que estaban destinadas al arzobispo, racioneros y canónigos más antiguos, desarrollan una amplia iconografía relacionada con el Antiguo Testamento. Hay algo en esta parte del coro que lo aleja de los modelos vistos en otras catedrales y le otorga una riqueza y complejidad especial. Se trata de la cornisa superior –con figuras de alabastro- situada por encima de las sillas. Cada uno de los sitiales se halla enmarcado por un arco de medio punto que sujeta las imágenes de la cornisa y, a su vez, es sostenido por dos columnas de mármol. En la cornisa superior del coro, realizada en relieves de alabastro, se representan los patriarcas que integran el árbol genealógico de Cristo.
   Alonso de Berruguete esculpió también, en alabastro, el valioso grupo escultórico de la Transfiguración de Jesús, situado encima de la silla arzobispal.
   Movamos la vista hacia los órganos. El de la izquierda, barroco, está fechado en 1758 y se debe a Pedro Liborna. El situado a la derecha, neoclásico, es de José Berdalonga, quien lo acabó en 1797.
Textos de:
GILES, Fernando de, y RAMOS, Alfredo. Guía Total: Castilla-La Mancha. Anaya Touring. Madrid, 2002.
IZQUIERDO, Pascual. Guía Total: Toledo. Anaya Touring. Madrid, 2008.

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