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domingo, 3 de marzo de 2024

3976. ROMA** (IX), capital: 7 de septiembre de 2023

























ROMA** (IX), capital de la provincia, de la región, y de Italia: 7 de septiembre de 2023.
Basílica de San Pedro**. Piazza San Pietro, (visita, de octubre a marzo, de 7 h a 18.30 h; de abril a septiembre, de 7 h a 19 h. Las visitas se suspenden durante las celebraciones litúrgicas; www.vaticanstate.va, www.museivaticani.va). Incluso los visitantes más experimentados encuentran dificultades para  hacerse  una  idea de sus proporciones. Quizá sirvan de ayuda las cifras, empezando por los 22.067 m2 de superficie que la convierten en la mayor iglesia del mundo. Impresionan en particular la altura del edificio (136 m hasta la cruz de la cúpula de Miguel Ángel) y el diámetro (42 m) de la propia cúpula. Igual que las vicisitudes históricas que han dado lugar al templo actual y que se remontan a los orígenes del cristianismo.
     La primera basílica constantiniana se construyó hacia el año 320 y la consagró el papa Silvestre I en el año 326, aunque no se terminó hasta el año 349. Presentaba cinco naves divididas por columnas y un gran atrio con cuádruple pórtico y la pila para las abluciones, en la que el agua brotaba de la piña, actualmente en el patio del mismo nombre de los Palacios Vaticanos. A mediados del siglo XV, la reconstrucción total del edificio era ya una tarea inaplazable. Nicolás V se la encargó a Bernardo Rossellino (1453), pero las obras comenzaron realmente en tiempos de Julio II a cargo de Bramante, a quienes siguieron otros arqui­ectos partidarios de una planta en cruz griega (Bramante, Peruzzi y Miguel Ángel) o latina (Rafael y Sangallo el Joven). Pablo V resolvió la cuestión adoptando la cruz latina y encomendó la prolon­gación de la basílica a Carlo Maderno, quien la terminó en 1614. Urbano VIII la abrió al culto el 18 de noviembre de 1626, en el 1300 aniversario de su primera consagración. A Maderno le su­ cedió Gian Lorenzo Bernini, pero problemas de diversa índole le impidieron terminar la fachada con dos grandes campanarios.
     Interior. Cuatro capillas cubiertas con cúpu­las delimitan los ángulos del deambulatorio de Miguel Ángel por las pilastras de la cúpula. En el altar de la capilla Gregoriana, obra de Giacomo Della Porta (1583) hay una Virgen del Socorro del siglo XI, procedente de la primera basílica. El monumento funerario de Clemente XIII* (1784-1792) es una de las obras más logradas de Antonio Canova; Mattia De Rossi diseñó en 1684 la tumba del papa Clemente X.
     El efecto simbólico y escenográfico del baldaquín lo reforzó Bernini con la cátedra de San Pedro* situada en el ábside o tribuna. Se trata de una majestuosa obra barroca de bronce do­rado sostenida por las estatuas de los Pa­dres de la Iglesia, con gloria en estuco dorado donde destaca el símbolo del Espíritu Santo; custodia la antigua cátedra de madera, tal vez el trono de Car­los II el Calvo (siglo IX). Bernini realizó además el monumento funerario de Urbano VIII* (1627-1647) y Guglielmo Della Porta el de Pablo III* (1551-1575). El altar con las reliquias del pontífice presenta una obra en mármol de Alessandro Algardi (León Magno contra Atila, 1646-1650); la Virgen del siguiente altar, probablemente sea del siglo XV. De la sacristía (Carlo Marchionni, 1776-1784) se pasa a la sacristía de los Canónigos (en la puerta se ve una Gloria de santos* de F. Zuccari, contigua a una capilla con una Virgen con el Niño y el Bautista de G. Romano.
     ¿Una obra de un artista protestante en San Pedro? Parece una paradoja, pero en el interior de la capilla Clementina terminada por Giacomo Della Porta puede verse la tumba de Pío VII (1823) de Thorvaldsen. Sobre el pilar de la cúpula que forma ángulo con la nave izquierda se ve una copia de la Transfiguración de Rafael y enfrente el monumento de León XI (1634-1652) de Algardi. Carlo Maderno diseñó la rica capilla del Coro, con estucos dorados en la bóveda atribuidos a Carlo Maratta. La tumba de Inocencio VIII** en bronce dorado, obra de Pollaiolo (1498) se trasladó aquí desde la basílica antigua en 1621. La capilla de la Presentación acoge los monumentos funerarios de Juan XXIII (derecha, E. Greco) y Benedicto XV (izquierda, P. Canonica). En el pasillo, en la primera capilla se ven el monu­mento a María Clementina Sobieski, esposa de Jacobo Eduardo Estuardo, el Pretendiente, según diseño de Filippo Barigioni, y el monumento de los últimos Estuardos de Canova, en forma de estrella (1817-1819). La pila bautismal es la tapa de un sarcófago, probablemente del sepulcro de Adriano, después tumba de Otón II.
Subida a la cúpula de San Pedro. (Visita: de octubre a marzo, de 8 h a 16.45 h; de abril a septiembre, de 9 h a 18h; acceso en el lado derecho de la basílica) Se sube en ascensor hasta la terraza con vistas* de la plaza de San Pedro. Luego hay una escalera de 330 peldaños hasta un pasillo interior circular, que casi permite tocar los mosaicos. La subida hasta lo alto de la linterna es fatigosa, pero queda compensada por la espléndida vista** desde la galería exterior (VV.AA. Guía total: Roma y el Vaticano. Anaya. Madrid, 2020).

Enlace a la Entrada anterior de Roma**:
3975. ROMA** (VIII), capital: 7 de septiembre de 2023.

sábado, 2 de marzo de 2024

3975. ROMA** (VIII), capital: 7 de septiembre de 2023












ROMA** (VIII), capital de la provincia, de la región, y de Italia: 7 de septiembre de 2023.
Basílica de San Pedro**. Piazza San Pietro, (visita, de octubre a marzo, de 7 h a 18.30 h; de abril a septiembre, de 7 h a 19 h. Las visitas se suspenden durante las celebraciones litúrgicas; www.vaticanstate.va, www.museivaticani.va). Incluso los visitantes más experimentados encuentran dificultades para  hacerse  una  idea de sus proporciones. Quizá sirvan de ayuda las cifras, empezando por los 22.067 m2 de superficie que la convierten en la mayor iglesia del mundo. Impresionan en particular la altura del edificio (136 m hasta la cruz de la cúpula de Miguel Ángel) y el diámetro (42 m) de la propia cúpula. Igual que las vicisitudes históricas que han dado lugar al templo actual y que se remontan a los orígenes del cristianismo.
     La primera basílica constantiniana se construyó hacia el año 320 y la consagró el papa Silvestre I en el año 326, aunque no se terminó hasta el año 349. Presentaba cinco naves divididas por columnas y un gran atrio con cuádruple pórtico y la pila para las abluciones, en la que el agua brotaba de la piña, actualmente en el patio del mismo nombre de los Palacios Vaticanos. A mediados del siglo XV, la reconstrucción total del edificio era ya una tarea inaplazable. Nicolás V se la encargó a Bernardo Rossellino (1453), pero las obras comenzaron realmente en tiempos de Julio II a cargo de Bramante, a quienes siguieron otros arqui­ectos partidarios de una planta en cruz griega (Bramante, Peruzzi y Miguel Ángel) o latina (Rafael y Sangallo el Joven). Pablo V resolvió la cuestión adoptando la cruz latina y encomendó la prolon­gación de la basílica a Carlo Maderno, quien la terminó en 1614. Urbano VIII la abrió al culto el 18 de noviembre de 1626, en el 1300 aniversario de su primera consagración. A Maderno le su­ cedió Gian Lorenzo Bernini, pero problemas de diversa índole le impidieron terminar la fachada con dos grandes campanarios.
     Interior. Es una serie ininterrumpida de obras maestras y lugares relacionados con acontecimientos históricos que los peregrinos han transformado en eta­pas irrenunciables de su recorrido devocional.
     La noche de Navidad del año 800, Carlomagno se arrodilló para recibir de León III la unción y la corona impe­rial sobre el gran disco de pórfido del pavimento de la nave mediana. La estatua de bronce de San Pedro*, antes considerada del siglo V, aunque debe de ser del siglo XIII (probablemente de Arnolfo di Cambio), da paso a la cúpula*, sorprendente por sus dimensiones: sobre cuatro pilares de sección pentagonal apoyan otras tantas arcadas. Sobre el tambor, columnas geminadas flanquean 16 ventanas y sostienen la cornisa, base del casquete dividido en otros tantos costolones. La decoración de mosaico articulada en seis nivele es de Cavalier d'Arpino (1605). Las estatuas que mandó poner Urbano VIII en la base de los pilares representan a San Longino (G. L. Bernini, 1639), Santa Elena (1646), Santa Verónica (Francesco Mochi, 1632) y San Andrés (François Duquesnoy, 1640). Encima de ellas, cuatro balconadas de Bernini exponen las reliquias más preciadas de la Iglesia.
     Según la opinión popular, Bernini tuvo que fundir los bronces del pronaos del Panteón para realizar (1624-1633) el imponente (29 m de altura) baldaquino sobre el altar papal. Contó con la ayuda de Duquesnoy, Giuliano Finelli y, en la parte arquitectónica, Francesco Borromini. Entre los pámpanos de las columnas salomónicas se ven las abejas de los Barberini (la familia de Urbano VIII) y arriba cuatro ángeles sosteniendo festones y volutas rematadas por un globo dorado con la cruz.
     En la "confessione" que hay al pie, abierta por Carlo Maderno, 99 lámparas iluminan la tumba de Pedro. 
     El cristal de seguridad de la primera capilla de la nave derecha, decorada, igual que las demás y el transepto, con mosaicos del siglo XVIII, copia de las pinturas de Santa Maria degli Angeli, anuncia la presencia de la Pietà**, grupo escultórico en mármol (1498-1499) considerado justamente como una de las máximas expresiones del genio de Miguel Ángel, la transición a su madurez expresiva. En el primer pa­sillo, bajo la estatua de León XII (Giuseppe Fabris, 1836), se abre la ca­pilla de las Reliquias de Bernini, también llamada de la Crucifixión, por la que puede verse, atribuida a Cavallini; a la izquierda está el monumento funerario de Cristina de Suecia, de Carlo Fontana.
     A continuación se halla la capilla de San Sebastián, presidida por un gran mosaico del martirio del santo, obra de Pier Paolo Cristofari; el techo está decorado con mosaicos de Pietro da Cortona. Bajo el altar están los restos de San Juan Pablo II, el querido papa Wojtyla, tras una gran losa de mármol blanca. El 27 de abril de 2014, cuando fue canonizado, se puso la siguiente ins­cripción: "Sanctus Ioannes Paulus II". Hasta 2011, los restos descansaban en las grutas vaticanas.
     En el mismo lugar se halla el monu­mento de Pío XII, de Francesco Mes­sina y en el segundo pasillo, el sepulcro de Inocencio XII, diseñado por Ferdinando Fuga, y el monumento de la condesa Matilde de Canossa, diseñado por Bernini, autor asimismo del sagrario de bronce dorado (1674) de la gran capilla del Santísimo Sacramento, decorada con estucos dora­dos y con una cancela diseñada por Borromini. A la derecha del tercer pasillo se halla el monumento de Gregorio XIII (Camilo Rusconi, 1720-1723) y a la izquierda la tumba de Gregorio XIV (las estatuas de la Religión y la Justi­cia son de Prospero Antichi).
     Cuatro capillas cubiertas con cúpu­las delimitan los ángulos del deambulatorio de Miguel Ángel por las pilastras de la cúpula. En el altar de la capilla Gregoriana, obra de Giacomo Della Porta (1583) hay una Virgen del Socorro del siglo XI, procedente de la primera basílica. El monumento funerario de Clemente XIII* (1784-1792) es una de las obras más logradas de Antonio Canova; Mattia De Rossi diseñó en 1684 la tumba del papa Clemente X.
     El efecto simbólico y escenográfico del baldaquín lo reforzó Bernini con la cátedra de San Pedro* situada en el ábside o tribuna. Se trata de una majestuosa obra barroca de bronce do­rado sostenida por las estatuas de los Pa­dres de la Iglesia, con gloria en estuco dorado donde destaca el símbolo del Espíritu Santo; custodia la antigua cátedra de madera, tal vez el trono de Car­los II el Calvo (siglo IX). Bernini realizó además el monumento funerario de Urbano VIII* (1627-1647) y Guglielmo Della Porta el de Pablo III* (1551-1575). El altar con las reliquias del pontífice presenta una obra en mármol de Alessandro Algardi (León Magno contra Atila, 1646-1650); la Virgen del siguiente altar, probablemente sea del siglo XV. De la sacristía (Carlo Marchionni, 1776-1784) se pasa a la sacristía de los Canónigos (en la puerta se ve una Gloria de santos* de F. Zuccari, contigua a una capilla con una Virgen con el Niño y el Bautista de G. Romano.
     ¿Una obra de un artista protestante en San Pedro? Parece una paradoja, pero en el interior de la capilla Clementina terminada por Giacomo Della Porta puede verse la tumba de Pío VII (1823) de Thorvaldsen. Sobre el pilar de la cúpula que forma ángulo con la nave izquierda se ve una copia de la Transfiguración de Rafael y enfrente el monumento de León XI (1634-1652) de Algardi. Carlo Maderno diseñó la rica capilla del Coro, con estucos dorados en la bóveda atribuidos a Carlo Maratta. La tumba de Inocencio VIII** en bronce dorado, obra de Pollaiolo (1498) se trasladó aquí desde la basílica antigua en 1621. La capilla de la Presentación acoge los monumentos funerarios de Juan XXIII (derecha, E. Greco) y Benedicto XV (izquierda, P. Canonica). En el pasillo, en la primera capilla se ven el monu­mento a María Clementina Sobieski, esposa de Jacobo Eduardo Estuardo, el Pretendiente, según diseño de Filippo Barigioni, y el monumento de los últimos Estuardos de Canova, en forma de estrella (1817-1819). La pila bautismal es la tapa de un sarcófago, probablemente del sepulcro de Adriano, después tumba de Otón II.
Museo Histórico-Artístico-Tesoro de San Pedro. (Visita, de abril a septiembre, de 9 h a 18.15 h; de octubre a marzo, de 9 h a 17.15 h; www.vaticanstate.va. Se accede desde el interior de la Basílica). El tesoro ha sufrido varios saqueos (846, musulmanes; 1527, Carlos I; 1797, Napoleón) y queda poco de él.
     La Columna Santa donde, según la tradición, se habría apoyado Cristo en el templo de Salomón es del siglo IV; la llamada dalmática de Carlomagno, en realidad es bizantina; la famosa Crux Vaticana es un regalo del emperador de Oriente Justino II a Roma (siglo VI).
      El monumento de Sixto IV es obra de Pollaiolo (1493). El sarcófago de Giunio Basso**, prefecto de Roma en 359, con escenas bíblicas.
Grutas Santas Vaticanas. (Visita, de abril a septiembre, de 7 h a 18 h; de octubre a marzo, de 7 h a 17 h; www.vaticanstate.va. La entrada se abre en el pórtico de la Basílica). Según la creencia, la primi­tiva iglesia se levantó sobre la arena del circo de Nerón, donde el apóstol Pedro sufrió martirio. Sin embargo, las excavaciones promovidas por Pío XII desde 1940 a 1957 no han descubierto nada de eso, sino un cementerio de los siglos I-IV. 
     No obstante, la capilla de San Pedro, edificada sobre el sepulcro del apóstol, es el centro de las llamadas Grutas Nuevas, creadas al realzarse el pavimento para construir la nueva basílica y desarrolladas en semicírculo en torno a la tumba, también conocida como Clementina, porque fue ricamente decorada con un revestimiento de mármol en tiempos de Clemente VII; después se hicieron las ramificaciones radiales que conducen a los oratorios de las ba­sas de las columnas de la cúpula y a las cinco capillas. En la capilla de los Patronos de Europa, a la derecha de la bajada, hay una Virgen con ángeles, de fines del siglo XIII, procedente de la an­tigua basílica. Ante la capilla de Santa Elena hay una cabeza de San Andrés de Isaia da Pisa (1463), mientras que el altar de malaquita de la capilla de San Pedro oculta otro del siglo VI; en la tumba de Pío XII puede verse un fresco del siglo XV (Virgen con el Niño) y otro de P. Cavallini en la capilla de Santa Verónica. 
     Las Grutas Viejas datan de 1606, cuando Pablo V ordenó derribar la parte anterior de la basílica primitiva, y consisten en tres naves con bóvedas sobre gruesos pilares, con una exten­sión de 50 m debajo de la nave central. A lo largo de la nave derecha hay una pequeña capilla circular con la tumba de Juan XXIII y al lado las de Cristina de Suecia y la reina de Chipre. Al final están las tumbas de Bonifacio VIII, de Arnolfo di Cambio (en parte) y Nicolás III en un sarcófago paleocristiano. En la nave central está el monumento a Pío VI orante, de Antonio Canova y terminado por Adamo Tadolini (1821-1822).
     El resto de las Grutas Santas Vaticanas (seis salas con lápidas, monumentos funerarios y relieves de Giovanni Dalmata, Paolo Taccone y Paolo da Siena, entre otros) está dentro de la Necrópolis Preconstantiniana (visita, previa solicitud: visitedidattiche.musei@scv.va), un pasadizo con mausoleos familiares, de­corados con pinturas y con nichos para las urnas. La sepultura originaria de San Pedro está indicada por un sencillo monumento formado por dos nichos superpuestos.
Jardines Vaticanos*. (Visita guinda con reserva previa; el recorrido dura unas 2 horas. Compra de entradas en biglietteriamusei.vatican.va. Más información en www.museivaticani.va). Pulmón verde de la Ciudad del Vaticano, mantiene en muchos puntos el aspecto del siglo XVI. Aquí se halla el monumento  más importante del Estado, el pabellón de Pío IV, obra de Pirro Ligorio (1558-61), con dos cuerpos y sendos pabellones laterales: el edificio menor, presidido de una fuente, con mosaicos en el basamento y una galería en la parte superior; el otro está decorado en estuco y en el interior tiene frescos de Federico Barocci, Santi di Tito y F. Zuccari.
La sala de audiencias. Uno de los edifi­cios importantes de la Ciudad del Vaticano es la sala de las audiencias pontificias. Su atrevida estructura en forma de concha, obra de Pier Luigi Nervi, tiene capacidad para 12.000 personas, pero con frecuencia resulta insuficiente para acoger a todos los que desean presenciar la audiencia de los miércoles y otras ceremonias que se ce­lebran en la plaza de San Pedro (VV.AA. Guía total: Roma y el Vaticano. Anaya. Madrid, 2020).

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3974. ROMA** (VII), capital: 7 de septiembre de 2023.

jueves, 29 de febrero de 2024

3974. ROMA** (VII), capital: 7 de septiembre de 2023.















ROMA** (VII), capital de la provincia, de la región, y de Italia: 7 de septiembre de 2023.
     Los peregrinos medievales que recorrían miles de kilómetros a pie desde todos los rincones del mundo para ver al menos una vez en su vida al sumo pontí­fice y orar ante la tumba de Pedro son hoy día riadas de turistas en cómodos autocares apiñados en la columnata de Bernini. Con tanta gente que abarrota la plaza y la basílica -insuficiente para acoger a tantos fieles, por gigantescas que sean sus dimensiones- resulta algo difícil ver la basílica como lugar de recogimiento y meditación. A ello se une su imagen de museo, resultado de la gran predilección de los papas por el arte en todas sus facetas, lo que contribuyó a la formación de un patrimonio de valor incalculable.
Un poco de historia
     El Concordato de Letrán, o Pactos Lateranenses, de 11 de febrero de 1929 entre Italia y la Santa Sede, reconoció a la Ciudad del Vaticano como Estado independiente bajo la soberanía del papa, el sumo pontífice, cabeza de la Iglesia católica. Se trata del Estado más pequeño del mundo (0,44 km2 y poco más de 600 habitantes), con moneda, correo, periódico, estación de ferrocarril, telecomunicaciones y policía propios. Comprende la basílica y plaza de San Pedro, los Palacios Vaticanos con los museos, jardines y demás edificios y las basílicas mayores de San Juan de Letrán, Santa María la Mayor y San Pablo Extramuros con sus edificios anejos, los palacios de la Cancelleria, Propaganda Fide y el ex Vicariato, hospital del Niño Jesús y el palacio de Castel Gandolfo.
     El Vaticano forma desde sus orígenes un núcleo con personalidad propia den­tro de la ciudad, configurado a lo largo de diecisiete siglos, a través de una serie ininterrumpida de actuaciones con motivaciones ideológicas y funcionales que confirman la intención de convertir la residencia del vicario de Cristo en ciudad de la fe, la sabiduría, la belleza y la "fortaleza"), como una proyección terrenal de la ciudad celestial. Una "ciudad sagrada" que, aunque pensada y vivida como algo autónomo, se ha reflejado inevitablemente en la ciudad "terrenal", condicionando en particular el nacimiento, crecimiento y fundación del vecino distrito de Borgo.
     Fue Calígula quien erigió un circo en la propiedad imperial del "ager Vaticanus", donde Pedro sufrió el martirio. Hacia el año 320, Constantino fundó la basílica dedicada al apóstol en la vecina necrópolis donde se hallaba su tumba. Por aquel entonces, el papa residía en el palacio de Letrán, hasta que se construyó otro mucho más modesto en San Pedro en tiempos del papa Símaco (501-506). León IV levantó la primera muralla defensiva, a raíz del saqueo de la basílica por los árabes en el año 846.
     Eugenio III construyó un palacio e Inocencio III lo amplió con dependencias para la Curia y los servicios. A Nicolás III se deben, aparte del "pa­sadizo" de la muralla Leonina para comunicarse con el Castel Sant'Angelo, nuevas salas de representación, la capilla palatina (futura Capilla Sixtina), las galerías (sustituidas por las de Bra­mante) y el jardín cerrado donde Inocencio VIII levantaría la villa-belvedere. 
     El Vaticano es la residencia pontificia estable desde el regreso de los papas de Aviñón, si bien hasta mediados del siglo XV no se acometieron las grandes obras que lo convertirían en el eje ideológico, político y cultural del mundo cristiano. Nicolás V concibió un grandioso proyecto urbanístico que incluía la "ciu­dad Leonina" y el Borgo, la sustitución de la basílica constantiniana y la construcción de una nueva ala en el palacio pontificio (con frescos de Fra Angelico en la capilla de Nicolás V), así como el refuerzo del sistema defensivo, del que solo se realizó una parte. Sixto IV fundó la Biblioteca Apóstolica Vaticana y la Capilla Sixtina; Inocencio VIII construyó el Belvedere y Alejandro VI la torre Borgia y la decoración de las salas del mismo nombre.
     Julio II encargó a Bramante la reconstrucción total de la basílica. Bramante proyectó el grandioso patio del Belvedere y las galerías de tres plantas (la central la decoraron discípulos de Rafael); este último empezó la decora­ción de las Estancias y Miguel Ángel pintó los frescos de la bóveda de la Capilla Sixtina y el Juicio Universal y los frescos de la Capilla Paulina (de Pablo III), creada por Antonio da Sangallo el Joven, igual que la Sala Regia y la nueva muralla, sin terminar, con la porta di Santo Spirito. Pirro Ligorio terminó el patio del Belvedere y construyó el pabellón de Pío IV en los jardines.
     En el primer cuarto del siglo XVII se terminaron la basílica y la residencia papal, sacrificando a la funcionalidad las concepciones espaciales de Miguel Án­gel y Bramante. Sixto V encargó a Domenico Fontana la terminación de la cúpula, colocó en su sitio actual el obelisco, construyó el nuevo palacio pontificio y el cuerpo de la Biblioteca que corta el patio del Belvedere. Pablo V optó definitivamente por la cruz latina y encargó a Carlo Maderno la prolongación de la basílica y la fachada. En tiempos de Urbano VIII, Gian Lorenzo Bernini inició la fastuosa decoración in­terior de San Pedro y la terminó en tiempos de Inocencio X y Alejandro VII. A este último se debe la manifestación más espectacular del triunfalismo barroco: la inmensa plaza elíptica porticada cuyo brazo derecho conduce por la puerta de bronce a la apoteosis de la Scala Regia.
     Con la sacristía de Carlo Marchionni se completó la sustitución de la vieja basílica por la nueva, de manera que las intervenciones de los siglos XVIII y XIX se limitaron a labores de conservación y disfrute de las obras de arte (Museos Pío-Clementino, Chiaramonti y Braccio Nuovo, Gregoriano Egipzio y Gregoriano Etrusco).
     Entre las numerosas intervenciones posteriores al año 1929, destacan la nueva entrada monumental a los museos, el edificio de la Pinacoteca Vaticana, la Sala de Audiencias Pablo VI, la nueva ala de los museos ex Lateranenses y la creación de la Colección de Arte Religioso Moderno. Las últimas actuaciones fueron las relacionadas con las celebraciones del Jubileo del principio del tercer milenio (2000).
EL PRIMER TEMPLO DE LA CRISTIANDAD
Plaza de San Pedro**. Luzca el sol o llueva a cántaros, miles de fieles se dan cita los domingos en espera de la aparición del pontífice en el majestuoso recinto de la columnata diseñada por Gian Lorenzo Bernini. En tiempos de la basílica antigua, la elipse estaba ocupada en parte por iglesias y oratorios, hasta que entre 1656-1667 se levantó la cuádruple hilera de columnas (284 en total, más 88 pilares), dispuestas de manera que desde los ejes solo se ven las de la primera fila. Bernini realizó además muchos de los modelos de cera para las 140 estatuas de santos que rematan la columnata.
Obelisco Vaticano. Costó mucho levantarlo en el centro de la plaza, pero así lo quería Sixto V y Carlo Fon­tana no podía oponerse. A falta de maquinaria más moderna, se recurrió a las tradicionales sogas y empezó a al­zarse en medio de un silencio sepulcral. El obelisco lo había traído Calígula de Alejandría en el año 37 para adornar el circo. El silencio debía haber durado hasta que terminara la operación, pero lo rompió un tal Bresca al observar que algunas sogas estaban a punto de romperse. Gritando "¡Agua a las sogas!" impidió que el monolito (en cuya punta hay una cruz con un frag­mento de la Vera Cruz, en sustitución del globo de bronce que, según se creía entonces, contenía las cenizas de Julio César) se desplomara, y el pontífice agradecido le otorgó el monopolio del abastecimiento de palmas al Vaticano para las festividades.
     Los leones de bronce se deben a Prospero Antichi y las fuentes son de Carlo Maderno (derecha, 1613) y Carlo Fontana (izquierda, 1617).
Basílica de San Pedro**. Piazza San Pietro, (visita, de octubre a marzo, de 7 h a 18.30 h; de abril a septiembre, de 7 h a 19 h. Las visitas se suspenden durante las celebraciones litúrgicas; www.vaticanstate.va, www.museivaticani.va). Incluso los visitantes más experimentados encuentran dificultades para  hacerse  una  idea de sus proporciones. Quizá sirvan de ayuda las cifras, empezando por los 22.067 m2 de superficie que la convierten en la mayor iglesia del mundo. Impresionan en particular la altura del edificio (136 m hasta la cruz de la cúpula de Miguel Ángel) y el diámetro (42 m) de la propia cúpula. Igual que las vicisitudes históricas que han dado lugar al templo actual y que se remontan a los orígenes del cristianismo.
     La primera basílica constantiniana se construyó hacia el año 320 y la consagró el papa Silvestre I en el año 326, aunque no se terminó hasta el año 349. Presentaba cinco naves divididas por columnas y un gran atrio con cuádruple pórtico y la pila para las abluciones, en la que el agua brotaba de la piña, actualmente en el patio del mismo nombre de los Palacios Vaticanos. A mediados del siglo XV, la reconstrucción total del edificio era ya una tarea inaplazable. Nicolás V se la encargó a Bernardo Rossellino (1453), pero las obras comenzaron realmente en tiempos de Julio II a cargo de Bramante, a quienes siguieron otros arqui­ectos partidarios de una planta en cruz griega (Bramante, Peruzzi y Miguel Ángel) o latina (Rafael y Sangallo el Joven). Pablo V resolvió la cuestión adoptando la cruz latina y encomendó la prolon­gación de la basílica a Carlo Maderno, quien la terminó en 1614. Urbano VIII la abrió al culto el 18 de noviembre de 1626, en el 1300 aniversario de su primera consagración. A Maderno le su­ cedió Gian Lorenzo Bernini, pero problemas de diversa índole le impidieron terminar la fachada con dos grandes campanarios.
     Exterior. Bernini proyectó la amplia escalinata de tres niveles, a cuyos lados colocó dos estatuas de San Pedro (iz­quierda, Giuseppe Fabris) y San Pablo (derecha, Adamo Tadolini), que conduce a la fachada de Carlo Maderno, rematada por ocho columnas con pilares laterales y tímpano. En la parte inferior se abre el pórtico (ver más adelante) con arcadas en los extremos (la iz­quierda lleva a la Ciudad del Vaticano). En la parte superior de la fachada (con las estatuas del Redentor, el Bautista y los apóstoles menos San Pedro en la balaustrada) hay nueve balcones. El del medio es el utilizado para las bendiciones papales y el anuncio de la elección de nuevo pontífice. Los dos grandes re­lojes fueron añadidos por Giuseppe Valadier.
     Miguel Ángel no pudo ver terminada su cúpula**, pues murió cuando se es­taba construyendo el tambor; el cas­quete con doble moldura, dividido por aristas en 16 segmentos, fue realizado por Giacomo Della Porta y Domenico Fontana (1588-1589). Vignola añadió las dos cúpulas laterales, con función puramente decorativa.
     En el pórtico, aparte de la puerta que da paso al vestíbulo de la Scala Regia, puede verse la estatua ecuestre de Constantino, de Bernini (1670). La inscripción original de Bonifacio VIII relativa al primer Jubileo (1300) se ve sobre la Porta Santa, que solo se abre en los años santos. Los postigos* de bronce de la puerta me­diana son un encargo de Eugenio IV a Filareto (1439-1445), y proceden de la basílica constantiniana. Encima de la entrada mediana del pórtico puede verse el mosaico de 1a Navecilla, de Giotto (1298) y rehecho completamente en el siglo XVII. Los batientes de bronce del resto de las puertas son modernos; los de la última a mano izquierda (puerta de la Muerte) son obra de Gia­como Manzú (VV.AA. Guía total: Roma y el Vaticano. Anaya. Madrid, 2020).

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3973. ROMA** (VI), capital: 7 de septiembre de 2023.

miércoles, 28 de febrero de 2024

3973. ROMA** (VI), capital: 7 de septiembre de 2023





















ROMA** (VI), capital de la provincia, de la región, y de Italia: 7 de septiembre de 2023.
     Los peregrinos medievales que recorrían miles de kilómetros a pie desde todos los rincones del mundo para ver al menos una vez en su vida al sumo pontí­fice y orar ante la tumba de Pedro son hoy día riadas de turistas en cómodos autocares apiñados en la columnata de Bernini. Con tanta gente que abarrota la plaza y la basílica -insuficiente para acoger a tantos fieles, por gigantescas que sean sus dimensiones- resulta algo difícil ver la basílica como lugar de recogimiento y meditación. A ello se une su imagen de museo, resultado de la gran predilección de los papas por el arte en todas sus facetas, lo que contribuyó a la formación de un patrimonio de valor incalculable.
     Las admirables colecciones de los Mu­seos Vaticanos** tienen ya más de cinco siglos de vida. Fueron inauguradas en 1506 por Julio II, quien fue el primero en exponer las esculturas más bellas de su colección en el patio de las Estatuas (el actual Octógono), que era parte del palacete del Belvedere.
     Organizadas en su disposición actual entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX, las colecciones pontificias constituyen un conjunto de excepcional importancia, tanto por la riqueza y valor de las obras reunidas como por la magnificencia de las salas que las albergan. El "itinerario de las obras maestras imprescindibles" es suficiente para darse cuenta de que los papas fueron los grandes mecenas del arte italiano.
     Desde el año 2000 se accede al com­plejo a través de una moderna y funcional entrada donde se encuentran todos los servicios. Ordenadas en dos plantas (más una tercera destinada a exposiciones), el visitante accede a las salas de exposición a través de una gran rampa helicoidal que cruza el patio de las Corazas, cubierto por una estructura de vidrio y acero.
     Para la visita (de 9 h y 16 h; los festivos y domingos cerrado excepto los últimos de cada mes en que la entrada es gratuita, de 9 h a 12.30 h; www.museivaticani.va), en el plano de los museos se indica la ubicación de las colecciones con distintos colores. Antes de ini­ciar la visita conviene comprobar en el tablón qué museos están abiertos y cuáles cerrados.
Galería de los Tapices y los Mapas. Son las dos salas que preceden a las estancias de Rafael, autor de los tapices que ahora se exponen en la Pinacoteca Vaticana y que en su origen adornaban la primera galería, sustituidos por tapices de Bruselas, hechos en el siglo XVI por Pieter van Aelst.
     La segunda galería ofrece un pequeño ensayo de geografía de Italia ya que está decorada con frescos de 1580-1583 que representan 40 mapas de las regiones italianas y de las posesiones de la Iglesia a finales del siglo XVI; los estucos y pinturas de la bóveda son de Girolamo Muziano y Cesare Nebbia.
Estancias de Rafael**. Etapa obligada de la visita de los Museos Vaticanos, formaban parte de los aposentos de Nicolás V, aunque fue Julio II quien encargó su espléndida decoración a Rafael y sus colaboradores (1508-1525).
     Rafael hizo los diseños sobre los que trabajaron en la sala de Constantino Giulio Romano, Raffaellino del Calle y Giovanni Francesco Penni hasta 1525; el primero pintó en la pared enfrente de la ventana la Victoria de Constantino sobre Majencio y en la pared siguiente la Aparición de la Cruz a Constantino; Penni realizó, entre figuras de pontífices en el trono y virtudes, el Bautismo de Constantino (pared de comunicación con la sala de Heliodoro) y la Donación de Constantino (pared de las ventanas). 
     Bramante empezó la galería de Rafael (visita solo previa solicitud y por motivos de estudio) que este terminó en 1512-1518, confiando la decoración a sus discípulos Giovanni da Udine, Giulio Romano, Polidoro da Ca­ravaggio y Perin del Vaga: 12 frescos de episodios del Antiguo Testamento y el último con escenas del Nuevo Testamento decoran las bóvedas de la galería, intercalados con decoración "grutesca'' en columnas y pilastras.
     A continuación se encuentran la sala de los Palafreneros o de los Claroscuros (con apóstoles y santos de Federico y Taddeo Zuccari) y la capilla de Nicolás V, con frescos de historias de los mártires Esteban y Lorenzo* (1448-1450) pintados por Fra Angelico. Más adelante está la primera sala con frescos del propio Rafael (1512-1514). Se trata de la estancia de Heliodoro con temas probablemente sugeridos por Julio II para exaltación de la Iglesia: Encuentro entre San León Magno y Atila* (en la pared divisoria con la estancia de la Signatura), Misa de Bolsena* (en la pared derecha), Expulsión de Heliodoro* (enfrente del primero, en colaboración con Giulio Romano y Giovanni da Udine) y Liberación de San Pedro*.
     Exceptuando parte de la decoración de la bóveda, obra de Sodoma y Bra­mantino, Rafael pintó entre 1509-1511 toda la estancia de la Signatura, así denominada porque en ella se reunía a mediados del siglo XVI el tribunal supremo de la Santa Sede, la Segnatura Gratiae et Iustitiae. Los frescos son una de sus obras maestras y muestran la trabazón de los ideales de la cultura humanista con la tradición clásica y los ha­llazgos del siglo XV en materia de pers­pectiva.
     En la pared que comunica con la estancia del Incendio de Borgo se en­cuentra la famosa Disputa del Sacramento*; a los lados de la ventana Gregorio IX aprobando los Decretales* y Justiniano entregando las Pandectas a Treboniano (en el luneto de la ventana Prudencia, Fortaleza y Templanza); enfrente de la Disputa la célebre Escuela de Atenas**, con figuras que representan a personajes de la época (Bramante es el del compás y Miguel Ángel el que apoya la cabeza en el brazo); en la pared de la ven tana que da al patio del Belvedere está el Parnaso*, terminado en 1511. El zócalo de madera se sustituyó por los claroscuros de Perin del Vaga, aunque las representaciones de las Ciencias y las Artes son de Rafael.
     En la estancia del Incendio, termi­nada en el pontificado de León X, los discípulos se valieron de cartones y diseños de Rafael para parte de los fres­cos de la pared, con motivos alusivos a los papas de nombre León. Enfrente de la ventana puede verse el Incendio de Borgo*, apagado por León IV con la señal de la cruz, la Coronación de Car­lomagno por León III (pared derecha), la Victoria de León IV sobre los sarracenos (pared izquierda) y el Juramento de León III (pared de las ventanas). Las pinturas de la bóveda son de Perugino.
Apartamento Borgia. Alejandro VI Borgia encargó en 1492-1498 a Pinturic­chio y sus colaboradores los frescos (la Sala de los Santos es su obra maestra) que lo decoran. En él se exhibe la Colección de Arte Religioso Moderno inau­gurada por Pablo VI en 1973, con escul­turas, cuadros y obra gráfica de lo más granado del arte contemporáneo.
Capilla Sixtina**. Cuando el papa Sixto IV hizo construir (1475-1481) esta sala rectangular con bóveda rebajada no podía imaginar que aquí se plasmaría una de las obras más importantes de la pintura italiana renacentista. El papa había demostrado su sensibilidad al encargar a Mino da Fiesole, Andrea Bregno y Giovanni Dalmata la elegante cancela de mármol que divide en dos la sala y la balaustrada de la tribuna del coro. La misma que mostró al encar­gar los frescos de las paredes laterales y del altar a los maestros más célebres de la época, como Sandro Botticelli, Luca Signorelli, Piero di Cosimo, Perugino, Domenico Ghirlandaio y Pinturicchio. 
     En 1506, Julio II reanudó su proyecto de decoración  confiándoselo  a Miguel Ángel, quien pintó la bóveda entre los años 1508-1512 y la pared del fondo en el pontificado de Pablo III. La zona inferior de las paredes laterales y del altar está decorada con falsos cor­tinajes pintados con los emblemas de Sixto IV, mientras que en la mediana pueden verse episodios de la vida de Moisés (derecha) y de la vida de Cristo (izquierda) y en la superior, del lado de enfrente del altar, 24 retratos de papas. 
     La superficie de la bóveda está ocu­pada por un gran ciclo pictórico, en una extraordinaria fusión de elementos arquitectónicos y plásticos resaltados por brillantes tonalidades cromáticas. La grandiosa composición se articula en tres niveles superpuestos.
     La zona central está ilustrada con nueve escenas soberbias del Génesis**: Separación de la luz y las tinieblas, Creación de los astros y las plantas, Separación de tierra de las aguas, Creación de Adán, Creación de Eva, El pecado original y la expulsión del Paraíso terrestre, El sacrificio de Noé, El diluvio universal y La embriaguez de Noé; entre los recuadros se ven parejas desnudas* sosteniendo medallones. El siguiente nivel lo componen las figuras de sibilas y profetas que se hallan sentados en tronos. En los triángulos y ángulos de la parte inferior de la bóveda hay otros episodios bíblicos y en los lunetos de las ventanas, los antepasados de Cristo. 
     Una grandiosa escena en movimiento dentro de un espacio sin límites. Así concibió Miguel Ángel en 1536-1541, superando modelos y perspectivas del arte renacentista, el magnífico Juicio Universal** de la pared del fondo. En él domina la majestuosa e implacable figura de Cristo como juez supremo*, con la Virgen al lado y los santos, patriarcas y mártires que llenan el Paraíso; a su derecha, los buenos suben al cielo, y a la izquierda los malos se precipitan en el infierno, donde los reciben Caronte y Minos. Abajo está representada a la izquierda la Resurrección de los muertos, en el centro, los Ángeles tocando las trompetas del Juicio y, en los lunetos, los Ángeles con los símbolos de la Pasión. El papa Pío IV consideró que las figuras desnudas eran escandalosas y ordenó cubrirlas en 1564; el encargado de pintar los drapeados, llamados "bragas", fue Daniel de Volterra, desde entonces apodado el "Braghettone".
Sala de las Bodas Aldobrandinas. Así llamada por el espléndido fresco* sobre los preparativos de boda entre Alejandro Magno y Rosana, descubierto en 1605 en el arco de Galieno. En el resto de paredes hay pinturas como Odisea (siglo I a.C.) y procesiones de niños (siglo III).
Sala de los Papiros y Museo Sacro. La sala de los papiros nació para exponer en ella los papiros de Rávena, mientras que el Museo Sacro lo creó Benedicto XIV en 1756 para guardar las antigüedades cristianas anteriores a la disolución del Imperio Romano.
Biblioteca Apostólica Vaticana. La creó Sixto IV en 1475 y sus fondos comprenden 75.000 volúmenes manuscritos, 70.000 documentos, 100.000 autógrafos separados y más de 800.000 libros im­presos. Es notable el Salone Sistino* de D. Fontana (1587-1589). En el Museo Profano se exponen materiales de época etrusca, romana y medieval procedentes de las colecciones Albani y Carpegna y otras excavaciones.
Museo Misionero-Etnológico. Contiene piezas de artes aplicadas y documentos de civilizaciones no europeas procedentes de la Exposición Misionera del jubileo celebrado en el año 1925 y donaciones de congregaciones o particulares. Instalada en primer lugar en San Juan de Letrán, debe su organización actual a Pablo VI.
     Los medios de transporte de los papas pueden verse en una sección del Mu­seo Histórico Vaticano-Pabellón de las Carrozas.
     Desde los Museos Vaticanos se puede acceder a la necrópolis romana (visita previa reserva. Compra de entradas en bi­glietteriamusei.vatican.va. Más informa­ción en www.museivaticani.va), parte de un antiguo cementerio dispuesto a lo largo de la via Triumphalis. Las excavaciones han sacado a la luz unos 40 edificios funerarios y sepulcros (algunos con decoración al fresco y estuco y con pavimentos de mosaico) y más de 200 sepulturas señaladas con cipos, estelas, altares y lápidas, que datan de finales del siglo I a.C. a comienzos del IV d.C. (VV.AA. Guía total: Roma y el Vaticano. Anaya. Madrid, 2020).

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3972. ROMA** (V), capital: 7 de septiembre de 2023.