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lunes, 19 de marzo de 2018

2192. BUÇACO (I), Aveiro - Viseu y Coimbra: 19 de agosto de 2016.

1. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Exterior del convento.
2. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Parte de la igl. del convento.
3. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Una de las celdas del convento.
4. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Vista general del Palace Hotel.
5. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. El pabellón principal del Palace Hotel.
6. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Otra perspectiva del Palace Hotel.
7. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Otro de los pabellones del Palace Hotel.
8. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. Galería del Palace Hotel.
9. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. En el interior de la galería del Palace Hotel.
10. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. En los jardines del Palace Hotel.
11. BUÇACO, Aveiro - Viseu y Coimbra. En los jardines, ante el Palace Hotel.
BUÇACO (I), distritos de Aveiro, Viseu y Coimbra: 19 de agosto de 2016.
   El Parque Forestal de Buçaco* está situado en el extremo septentrional de una pequeña sierra homónima que discurre unos 20 km, en sentido sudeste-noroeste, entre las poblaciones de Penacova y Ninho de Águia, cerca de Coimbra. Su cota más elevada, la Cruz Alta (545 m), se encuentra también en el interior de los muros que encierran el resto del parque, uno de los más interesantes y variados jardines botánicos de toda Europa. Buçaco tiene una extensión total de 105 h y las tapias que rodean el parque miden 5.300 m de perímetro.
   En su interior se encuentran ejemplares centenarios de algunas especies de árboles procedentes de los tres continentes en los que los portugueses fundaron colonias y, en general, de todos los rincones del mundo: araucarias del Brasil, cedros de Himalaya y del Atlas, abetos del Cáucaso, pinos de México, secuoias de Norteamérica, acacias australianas, eucaliptos de Tasmania, fresnos de Pensilvania, tilos americanos, ginkgos asiáticos y numerosos helechos arborescentes que jalonan el llamado valle dos Fetos, una de las zonas más visitadas del parque.
   Pero en Buçaco se encuentran también una amplia representación de la flora europea y portuguesa, con especies tan características de la vegetación ibérica como el tejo, el madroño, el olmo, el haya, el rododendro, el alcornoque, los robles, varios pinos y una especie de cedro, Cypresus lusitanica, que, a pesar de su nombre latino, procede de Guatemala, México y Costa Rica. Lo de lusitanica se debe a que fue introducido en Portugal hace tres siglos y se cultiva con éxito en multitud de parques y jardines urbanos.
   La historia de Buçaco se remonta al siglo VI, cuando una reducida comunidad de frailes benedictinos escogió las soledades de esta sierra para instalar un humilde oratorio. Años más tarde, cuando se disolvió la congregación, los terrenos pasaron a depender del obispado de Coimbra, que mantuvo el mismo celo que habían puesto antes los monjes de San Benito en la defensa y en los cuidados del bosque. En el año 1622, una bula del papa Gregorio XV prohibió que las mujeres penetraran en los retiros de los frailes, incluido este lugar semisalvaje dedicado a la oración y el recogimiento. Según cuenta la leyenda, la prohibición papal estuvo a punto de provocar un conflicto diplomático varios años más tarde, cuando la reina Catalina, viuda de Carlos II de Inglaterra, se empeñó en visitar Buçaco. Como la orden del Papa era tajante y decía textualmente que ninguna mujer podía traspasar la puerta que daba acceso al interior de parque, los encargados del protocolo encontraron un resquicio legal y propusieron abrir una nueva puerta, asunto sobre el que nada había dicho el pontífice, y que en consecuencia se conoce desde entonces como Portas da Rainha. Otros autores opinan que el título se debe a que fue reabierta para permitir el paso a la reina María II y a todo su séquito en 1704.
   Algún tiempo después, en el año 1626, el obispo de Coimbra João Manuel decidió otorgar esta parcela boscosa de sus dominios a la orden de los carmelitas descalzos. Por aquella época, los carmelitas estaban barajando posibles emplazamientos de lo que definían como un "desierto" -al estilo bíblico-, en el cual pudieran recogerse y meditar. Los frailes aceptaron y construyeron allí un pequeño convento que se mantuvo siempre ocupado por una comunidad de religiosos hasta que el Estado adoptó la medida de disolver las órdenes monásticas allá por el año 1834. Además de levantar varias ermitas y un muro que los aislara de las tentaciones terrenales, los monjes iniciaron la labor de plantar algunos de los ejemplares de plantas exóticas que traían a Portugal los marinos y naturalistas que volvían de las colonias de África, América y Asia, hasta formar con ellas lo que con el tiempo serían un gran jardín botánico. Los carmelitas trataban de proteger y de mejorar así su precioso bosque, teoría que hoy sería bastante discutida por los ecólogos. En cuanto a la salvaguarda del parque, los frailes de Buçaco fueron unos pioneros en la defensa de la naturaleza: gracias a una bula dictada por el papa Urbano en el año 1643, cabía pena de excomunión para los que cortaran o dañaran un árbol en este lugar.
   En el año 1834, a raíz de que se suprimieran las órdenes religiosas en Portugal, el parque de Buçaco pasó a depender del Estado, que mantuvo no obstante su función como jardín botánico. Por lo tanto, son ya casi cuatro siglos de atentos cuidados y constantes experimentos de aclimatación con especies vegetales exóticas.
   De la primera construcción levantada por los carmelitas apenas se conserva la fachada, el vestíbulo, la iglesia -sin demasiado interés- y un claustro que daba acceso a las celdas de los monjes, recubiertas de corcho para que este aislante natural les ayudara a luchar contra el frío. La mayor parte del convento desapareció en 1888 a consecuencia de las obras de construcción de un palacio real que debía cumplir, en realidad, las funciones de un pabellón de caza y que hoy se ha convertido en el Palace Hotel de Buçaco*, uno de los establecimientos hoteleros más suntuosos y mejor situados de Portugal, incluida toda su célebre red de pousadas. El edificio fue diseñado por el arquitecto italiano Luigi Manino y se terminó de construir a finales del siglo pasado, con un amplio surtido de influencias estilísticas entre las que predomina el manuelino. ¡Manuelino del siglo XX! En el año 1907, apenas terminadas las obras y tras la abolición de la monarquía, el palacio fue convertido en hotel.
   Los paneles de azulejos que adornan las galerías porticadas exteriores representan escenas de la obra cumbre de la literatura portuguesa, Os Ludíadas, del ínclito Luis de Camões (1524-1580), mientras que los azulejos de la entrada reproducen la batalla de Buçaco entre los franceses y un ejército mixto compuesto por tropas lusas y británicas. Otros paneles interesantes del edificio se ocupan de ilustrar episodios de las guerras coloniales o de las gestas protagonizadas por los navegantes y descubridores portugueses.
   Los carmelitas, en su afán edificador, construyeron también el vía crucis barroco que une la explanada donde se levantaba su monasterio con el punto culminante de esta parte de la sierra, la Cruz Alta*, un magnífico mirador desde el que se divisan las laderas densamente arboladas del parque, una amplia panorámica sobre las tierras llanas que se despliegan a los pies de Buçaco y, surgiendo entre la vegetación, la torre y los tejados del hotel y del monasterio de los carmelitas.
   Uno de los preceptos de la orden era la meditación en solitario, lejos de la vida cotidiana del monasterio y, con el propósito de que los frailes pudieran aislarse del resto de la congregación y someterse a este duro sacrificio, se levantaron hasta once ermitas dentro de los muros de Buçaco, repartidas sobre todo por la mitad superior del parque.
   También hay tres capillas, dedicadas a São João da Cruz, São Pedro y Santa Maria Madalena, en el recorrido que una las portas de Coimbra con el monasterio. Y numerosas fuentes utilizadas por los anacoretas en sus retiros: la fonte de Samaritana, la de Santo Elías, Santa Teresa, São Silvestre y la fonte Fria, entre otras. Según una vieja leyenda, el hecho de que no haya urracas dentro del parque se debe a que una de estas aves estaba siendo adiestrada por un fraile que cumplía el precepto de la oración en solitario para que le hiciera compañía y, cuando se descubrió la falta, el prior del convento clamó al cielo para que ningún córvido de esta especie volviera a entrar en Buçaco. Se dice que las urracas revolotean tapias afuera, pero que nunca penetran en el interior.
   Además de las Portas da Rainha, el muro que rodea el parque dispone de otras puertas de entrada. Las Portas de Coimbra eran la principal vía de acceso al interior del parque en los años posteriores a la construcción del monasterio. Rematadas por una espadaña central, exhiben sendas lápidas en las que se reproducen las dos bulas papales que se refieren a Buçaco: la que prohíbe la entrada de mujeres a los "desiertos" de los carmelitas y la que amenaza con la excomunión a los enemigos de los árboles. Desde la terraza que precede a las puertas se obtiene una buena panorámica de los alrededores.
   La Porta de Sula se encuentra próxima a la aldea del mismo nombre, las de Ameias y das Lapas se abren a los caminos que vienen de Penacova, la de Luso conecta directamente con la parte alta de esta estación termal, la de Degraus, una larga escalinata que parte también de Luso, apenas se utiliza dada su dureza y, por último, la Porta da Cruz Alta se encuentra en el punto cimero de la sierra y conduce al mirador antes reseñado, etapa final del vía crucis que parte del monasterio.
   En la vertiente septentrional de la sierra de Buçaco tuvo lugar una famosa batalla el 27 de septiembre de 1810 en la que se enfrentaron las tropas luso-británicas mandadas por Wellington y las francesas dirigidas por el general Masséna. Era la tercera campaña de los ejércitos de Napoleón en Portugal y tampoco en aquella oportunidad lograron alzarse con la victoria. Wellington, un héroe nacional de adopción, derrotó de nuevo a los franceses en la batalla de Buçaco. La noche anterior pernoctó en una de las viejas celdas del monasterio carmelita que todavía se conservan junto al magnífico hotel actual. En el Museu Histórico e Militar da Guerra Peninsular, situado extramuros, junto a las Portas da Rainha, pueden seguirse con detalle los pormenores de esta histórica batalla y de otros episodios de la lucha contra los franceses en Portugal. Junto a este pequeño museo está la capilla de Nossa Senhora da Vitória y, un poco más allá, siguiendo la carretera que va a la Cruz Alta y junto a las tapias del parque, se levanta un monumento conmemorativo de la batalla de  Buçaco y de los héroes que protagonizaron la resistencia contra los franceses.

Textos de:
SERRA, Rafael y HITA, Carlos de. Guía Total: Portugal de punta a punta. Anaya. Madrid, 2004.

domingo, 18 de marzo de 2018

2191. AVEIRO* (I), capital: 19 de agosto de 2016.

1. AVEIRO, capital. Las típicas moliceiras en el Canal Central.
2. AVEIRO, capital. Calle adornada con redes y peces.
3. AVEIRO, capital. Paseando bajo las redes y peces de una calle típica.
4. AVEIRO, capital. Fachada del Ayuntamiento.
5. AVEIRO, capital. Fachada de la igl. da Misericórdia.
6. AVEIRO, capital. Interior de la igl. da Misericórdia.
7. AVEIRO, capital. Capilla mayor de la igl. da Misericórdia.
8. AVEIRO, capital. Fachada de la igl. de Vera Cruz.
9. AVEIRO, capital. Interior de la igl. de Vera Cruz.
AVEIRO* (I), capital del distrito: 19 de agosto de 2016.
   Aveiro es, sin lugar a dudas, una de las ciudades más bellas de Portugal. Desde sus orígenes se ha mantenido siempre al borde del agua, primero en la orilla del mar y luego, tras el cierre de la bahía, en la ribera de una amplia ría, con la que se funde a través de sus canales. Decir que Aveiro es la Venecia portuguesa tal vez sea exagerado, desde luego tópico, pero sí que puede estar considerada como una ciudad marismeña, con todo el encanto que rezuma de los lugares fronterizos entre la tierra y el agua.
   El complejo lagunar de la ría de Aveiro se extiende en la actualidad sobre una superficie de 50.000 ha y está conectado con el mar por medio de un canal artificial abierto por el francés Oudinot en 1806. La dinámica litoral que ha mantenido apartada a Aveiro de la orilla del mar se explica por una lenta serie de transformaciones que comenzaron durante la última fase glaciar. En primer lugar, algunos lechos marinos que estaban al descubierto se vieron nuevamente anegados y, en consecuencia, se trastocó todo el sistema de circulación de las corrientes marinas. Éstas pasaron a ser dominantes en sentido norte-sur, paralelo a la costa actual, y su efecto se vio reforzado por los vientos procedentes del cuadrante noroeste. El resultado de todos estos factores fue un mayor transporte de sedimentos a lo largo de la fachada atlántica y su acumulación posterior en los puntos de la costa donde islotes y otras barreras naturales interrumpían su trayectoria. Este proceso, a grandes rasgos, es el que provocó las modificaciones de la línea costera cuyas consecuencias hoy contemplamos, entre ellas el cierre de la ría de Aveiro y la aparición de sensacionales playas arenosas.
   Las primeras referencias históricas en torno a Aveiro aluden a la explotación de sus salinas. Más tarde se menciona también su riqueza pesquera y el transporte marítimo. Las ciudades portuarias adquirieron un enorme valor tras la reconquista debido a que las rutas marítimas eran más seguras y rápidas para el comercio que las terrestres. El infante Dom Pedro, hijo del rey João I, dotó a Aveiro de un cinturón de murallas e instituyó una feria anual que todavía se celebra en el mes de marzo. Pero fue en el siglo XVI cuando las ciudades costeras del norte de Portugal, entre ellas Aveiro, conocieron el período de mayor esplendor gracias a las campañas de pesca en aguas de Terranova.
   El cierre de la barra de la ría en 1685 acabó con la pujanza marinera de Aveiro y la ciudad se vio sumida en un período de decadencia que se mantuvo hasta el siglo XIX. Los 12.000 habitantes censados en 1512 se convirtieron en apenas 3.500 a finales del siglo XVII. La conexión directa con el mar no pudo restablecerse hasta el año 1808 y para ello fue preciso usar como material de obra las últimas piedras de sus murallas medievales.
   Hoy en día, Aveiro es el segundo puerto pesquero de Portugal, sólo superado en capturas y registro bruto por el de Matosinhos, una localidad del área metropolitana de Porto. Asimismo, es preciso incluir en este apartado la productiva labor de marisqueo que se realiza en las aguas someras de la ría. Aveiro es también el tercer polígono industrial del país, tras Lisboa y Porto.
   La explotación agrícola se encuentra repartida en numerosísimos minifundios, consecuencia lógica de la desigualdad territorial provocada por las marismas, y los cultivos se abonan con las algas y el limo (moliço) que se extraen del fondo de la ría por medio de las típicas barcas moliceiras. Además, la zona es célebre por la pureza de sus arcillas y sustenta una famosa industria de cerámica y porcelanas. Por otro lado, las salinas siguen siendo tan productivas como antaño.
   La zona más atractiva de la ciudad es, desde luego, la enmarcada por los canales. Entre el canal de São Roque, el canal das Pirâmides y el canal Central se encuentra el apretado barrio de los pescadores, todo él de calles estrechas y casitas blancas, así como el pintoresco y bullicioso Mercado del Pescado (Peixe). Desde la orilla opuesta del canal de San Roque y hacia la ría se extiende la retícula blanquecina de las salinas. Hay días en que el trasiego de sal camino de los almacenes es casi constante.
   Como contrapunto al barrio de los pescadores, las mansiones señoriales que jalonan el canal Central revelan el desahogo económico de sus moradores, las familias ricas de Aveiro. Desde el puente de la Praça Humberto Delgado, auténtico corazón de la ciudad, se obtiene una vista inmejorable sobre el entramado de canales y barrios céntricos. Tampoco son desdeñables las vistas desde algunos puentecillos más modestos que salvan los canales por varios puntos. Las barcas de la ría de Aveiro, moliceiros, con sus proas decoradas, bateiras (barcas tradicionales para todo uso) y saleiros (embarcaciones especializadas en el transporte de sal) son elementos indispensables de sus canales.
   En cuanto a la ciudad monumental, los edificios principales se encuentran situados al otro lado de la frontera que trazan los canales do Cojo, Central y do Paraíso, es decir, en tierra firme. Las únicas excepciones a esta regla son el convento do Carmo (1613) y, en Esgueira, la capilla del Senhor das Barrocas (siglo XVIII), también algo apartadas del nudo central de canales, con su peculiar planta octogonal y su recargada fachada. No está lejos la estación del ferrocarril, donde pueden contemplarse unos preciosos paneles de azulejos que resumen los principales atractivos de la región.
   En la Praça da República, a un paso del canal Central y justo delante de la Oficina de Turismo, coinciden el Ayuntamiento (Paços do Concelho), construido en el siglo XVIII, y, a un lado, la iglesia da Misericórdia, de finales del XVI, con su fachada barroca y su decoración interior a base de azulejos.
   Desde la Praça da República se pueden alcanzar tres monumentos señeros de Aveiro. Por el lado de Levante, sin dejar la rua Batalhao de Caçadores, aparece el caserón del antiguo Convento de Jesús y, nada más girar por la Avenida 5 de Outubro, la Catedral de São Domingos. Por el lado de poniente, rua Sousa Pizarro arriba, se llega a la iglesia das Carmelitas.
   El Convento de Jesus permanece habilitado como Museu de Aveiro** desde el año 1911. Acoge una importante colección artística compuesta por esculturas pertenecientes a los maestros de la Escuela de Coimbra, cerámica, orfebrería religiosa, bordados, manuscritos, mobiliario de época y pinturas sobre tabla de autores primitivos portugueses, entre ellas un sobrecogedor retrato de la princesa Juana atribuido a Nuno Gonçalves (siglo XV) y un San Juan Evangelista que podría deberse a Frei Carlos. También son dignos de mención varias tallas barrocas en madera policromada conocidas como Os anjos de Aveiro.
   La construcción del convento se prolongó durante más de dos siglos, entre el XV y el XVII, y en él vivió retirada desde 1472 hasta su muerte en 1490 la hija del rey Afonso V, la princesa Juana, luego santificada como Santa Juana y, por ello, patrona de Aveiro (las fiestas en su honor se celebran el 12 de mayo). La fachada barroca del Convento de Jesús, que tanto contrasta con el edificio primitivo, de trazas góticas, es uno de los añadidos impuestos durante las modificaciones que tuvieron lugar en el siglo XVIII.
   La iglesia, también transformada según el gusto barroco, acoge en el coro bajo el sepulcro de Santa Juana*, esculpido en mármol por João Antunes. Algunas de las escenas representadas en los paneles de azulejos que decoran los muros corresponden a la vida de la santa. El resto de la ornamentación interior del templo, a base de talla de madera dorada, se cuenta entre las más deslumbrantes y recargadas del país. En cuanto a las dependencias del claustro anejo, de estilo renacentista, se conservan el refectorio, completamente alicatado, y la sala capitular, a la que se entra por un bonito portal gótico flamígero, además de algunas capillas.
   La catedral (Sé) de São Domingos fue en sus orígenes la iglesia de un convento de dominicos, levantada en granito durante el siglo XVI y luego transformada mediante la adición de elementos decorativos barrocos. El interior, de una sola nave y muy modificado para adaptarlo a las necesidades del culto, es bastante pobre, hasta el extremo de que lo único destacable es la ornamentación con azulejos antiguos de las capillas laterales consagradas a Nossa Senhora da Misericórdia, Nossa Senhora dos Prazeres y Nossa Senhora do Rosário. Frente a la fachada de la catedral se alza un airoso calvario gótico.
   En cuanto a la iglesia das Carmelitas, declarada monumento nacional, el rasgo más relevante es la profusa ornamentación que envuelve el espacio interior, una filigrana de madera tallada y luego dorada.
   Una de las muchas tentaciones a las que es inevitable sucumbir en esta ciudad es dar un paseo en barca por la ría de Aveiro. Entre el 15 de junio y el 15 de septiembre se mantiene en funcionamiento una línea regular que sale a diario del canal Central a las 10 h. de la mañana y cubre un recorrido de cinco horas que pasa por las localidades ribereñas de Gafanha, Forte da Barra, São Jacinto, Casa Abrigo, Pousada y Torreira. También es posible alquilar una lancha para cubrir cualquier otro itinerario. En la Oficina de Turismo disponen de toda la información relativa a estas pequeñas travesías.
Textos de:
SERRA, Rafael y HITA, Carlos de. Guía Total: Portugal de punta a punta. Anaya. Madrid, 2004.