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lunes, 22 de noviembre de 2021

3537. ANTEQUERA* (XII), Málaga: 4 de junio de 2021.




















ANTEQUERA* (XII), provincia de Málaga: 4 de junio de 2021.
La plaza del Coso Viejo*
     Tras la Colegiata de San Sebastián, se encuentra el Convento de la Encarnación, que nos lleva a la plaza del Coso Viejo. Antequera conserva muchos espacios de gran belleza en los que se mantiene presente el colorido de la memoria histórica. Esta plaza, llamada también de las Verduras, por haber albergado en su día un mercado de hortalizas. es uno de ellos. Ha sido renovada recientemente y ahora tiene en el centro una estatua ecuestre del infante don Fernando y al fondo una fuente que representa los cuatro elementos tradicionales señalados por la filosofía: el agua, el fuero, el aire y la tierra. A esta plaza dan también el convento de Santa Catalina de Siena, de monjas dominicas, conocidas como las Catalinas, y el palacio de Nájera.
     El convento data del siglo XVII y su fundación se debe al canónigo antequerano Francisco de Padilla y Alarcón. La iglesia se terminó en 1670, pero fue sustituida por la que se hoy en 1735. Se trata de un templo muy sencillo, de una sola nave, muy sugerente de cara al exterior gracias a las celosías que cubren los huecos superiores y a la torre que se alza en la esquina, junto a la cabecera. Dentro aparece decorada con abundantes yeserías, que se acentúan y se vuelven más complicadas en la cúpula del antepresbiterio. El retablo del altar mayor es una pieza barroca de finales del siglo XVIII, en cuyo camarín figura la imagen de la Virgen del Rosario.
     El palacio de Nájera, obra del siglo XVIII, ofrece una espléndida estampa, con su torre mirador, propia de las construcciones antequeranas, obra de Nicolás Mejías, y la solemne traza del resto de la fachada. En el interior conserva un magnífico claustro de planta cuadrada formado por arcos de medio punto de ladrillo sobre columnas toscanas, en la planta inferior, y un cuerpo de ventanas en la superior. Monumental es también la cúpula cuajada de yeserías que cubre la caja de escalera. En este palacio se encuentra el Museo Municipal, en el que se exhiben piezas tan importantes como el Efebo de Antequera, bronce romano de un muchachito desnudo, de 1,54 m., fechado en el siglo I de nuestra Era, o un San Francisco de Asís tallado por Pedro de Mena, así como varias obras del pintor Cristóbal Toral que, aunque nacido en Torre Alháquime (Cádiz), en 1940, se considera antequerano, ya que en Antequera vivió hasta 1959.
Textos de:
Rafael Arjona y Lola Wals, Málaga, Guía Total. Anaya Touring. Madrid, 2005.

Enlace a la Entrada anterior de Antequera*:
3536. ANTEQUERA* (XI), Málaga: 4 de junio de 2021.

jueves, 11 de marzo de 2021

3280. SEVILLA** (MCDXVIII), capital: 17 de noviembre de 2019.











SEVILLA** (MCDXVIII), capital de la provincia y de la comunidad: 17 de noviembre de 2019.
   Mostramos imágenes del Convento de la Encarnación, situado en la plaza de la Virgen de los Reyes.
   Hoy está a la sombra de la Giralda, un recoleto convento de agustinas en un marco que resume parte de la historia de Sevilla: restos musulmanes hoy reconvertidos, hospitales cristianos, monjas agustinas que dan nombre a otra plaza hoy llena de setas, invasión francesa que derriba piedras históricas, devoción popular a Santa Marta, desamortizaciones y hasta sorprendentes manifestaciones de monjas por el centro de la ciudad. Una larga historia generalmente desconocida por el gran público, que suele conocer al pequeño convento por el torno donde se venden los recortes de las formas litúrgicas que allí se elaboran.
   La larga historia del convento de la Encarnación comienza en la plaza de su nombre, que algunos intentan titular como Mayor, donde la comunidad de agustinas llegó ocupar tres cuartas partes del solar de la plaza. Las monjas de la Orden de San Agustín, conocidas como agustinas, pertenecen a la orden religiosa mendicante fundada por el papa Inocencio IV en el siglo XIII (1244), ante la necesidad de unificar una serie de comunidades de monjes en la Toscana (Italia) que seguían las directrices conocidas como la Regla de San Agustín, dictadas por San Agustín de Hipona en el siglo V. En Sevilla, además del convento de la Encarnación y del monasterio de San Leandro, hubo otros conventos de agustinas hoy desaparecidos: el de la Paz (hoy sede de la hermandad de la Mortaja) y el del Dulce Nombre de Jesús (hoy sede de la hermandad de la Vera Cruz).
   La fundación del convento de la Encarnación, según Ortiz de Zúñiga, se remonta al año 1591, momento en el que don Juan de la Barrera “noble y piadoso sevillano que habiendo militado en sus primeros años en las conquistas de las Indias de Occidente logró sus afanes en opulentas riquezas a que, faltándole sucesor, dio empleo en muerte, como lo daba en vida a obras pías de largueza y ejemplo grande”. El devoto patrocinador de la nueva fundación estipulaba su entierro en la capilla mayor del nuevo convento, disponiendo que en el retablo mayor debería estar representado el tema de la Encarnación, así como dos altares dedicados a los Santos Juanes, una de las grandes devociones de la época. Las obras del nuevo cenobio debieron avanzar a buen ritmo, en 1598 ya estaba terminada su puerta principal, en la que participaron Alonso de Vandelvira, Andrés de Ocampo y Martín Alonso de Mesa. La fundación propiamente dicha llegaría con la bula concedida por el papa Clemente VII en enero del año 1600, siendo elegida como primera abadesa del convento una monja del convento cisterciense de Santa María de Dueñas, hoy desaparecido, situado en las cercanías del palacio de los duques de Alba.
   Fueron años, quizás por una mala gestión, de precariedad económica, llegándose a una situación límite a mitad del siglo, cuando los bienes del convento llegaron a ser embargados por deudas. La situación pareció mejorar con el cambio de la administración de los bienes del convento, que pasaron a ser regidos directamente por la comunidad. Avanzamos así, a mejor ritmo, las tareas de decoración de la iglesia, con la realización del retablo mayor, así como la ampliación del edificio con la adquisición de nuevas casas. Pero la inestabilidad económica del convento parecía no tener solución. Un grave contratiempo fue el necesario cambio que debió hacerse de la madera del retablo mayor, afectado por la polilla, siendo sustituido por una nueva remesa de pino de Flandes. El dinero aportado por una hermana del convento que tenía prevista la construcción de unas celdas nuevas y que donó al convento sus bienes para la terminación del retablo. Las obras del retablo fueron realizadas por Francisco Dionisio de Ribas, que en su testamento del año 1679 declaraba no haber cobrado todavía a pesar de su finalización. Una vez formalizado el pago, el dorado y estofado de la obra lo concluiría Miguel de Parrilla, ya en el año 1693.
   El siglo XVIII conoció un nuevo episodio de dificultad económica que dio lugar a un hecho insólito en la historia de la ciudad. En los primeros años de la nueva centuria se abordaron gastos extraordinarios que obligaron incluso al empleo de las dotes para la compra de alimentos y a la petición de ayuda al cabildo eclesiástico. La falta de respuesta se tradujo en una sorprendente procesión de las trece monjas que formaban la comunidad precedidas de cruz alzada, en dirección hacia la sede arzobispal. La insólita comitiva fue interceptada por el deán de la Catedral, que llevó a las monjas a la Catedral y ordenó el traslado a su convento en coches de caballo para evitar las miradas de curiosos. La peculiar manifestación se saldó con la destitución de la abadesa y el prendimiento del sacristán, aunque las monjas consiguieron el aumento de los donativos al convento en 200 fanegas de trigo y 200 ducados. La situación debió mejorar a lo largo del siglo, especialmente tras la solución de un largo pleito con un heredero del antiguo patronato de la iglesia que demandaba presuntos derechos. Las obras de reforma de finales de siglo o la fundición de una nueva campana en 1792 nos hablan de una recuperación económica del convento que queda definitivamente constatada con la renovación de la custodia que hizo en 1807 el platero Juan Ruiz, una obra desaparecida que debió tener gran valor, en plata y oro, con 332 diamantes, 88 esmeraldas y otras piedras preciosas. Poco tardaría la estabilidad. El 1 de febrero de 1810 las tropas francesas invaden Sevilla y, en abril, el propio Napoleón firma el decreto por el que se expulsaba a las monjas de su edificio para proceder a su derribo y a la creación de una plaza, una calamitosa actuación para el patrimonio que también realizaron con la iglesia de Santa Cruz y con la antigua parroquia de la Magdalena. Aunque se pensó en su fusión con las monjas agustinas del convento de la Paz (actual sede de la hermandad de la Mortaja), la comunidad sería trasladada finalmente al ex-convento de los Terceros, que luego sería sede de los Escolapios y que actualmente acoge a la hermandad de la Cena. Según narra González de León “las monjas fueron en coche acompañadas del señor obispo auxiliar, del gobierno francés, de la municipalidad y de muchos clérigos y personas distinguidas”. Tras el traslado, el convento fue derribado aunque no en su totalidad. Con la invasión francesa la comunidad perdió importantes piezas de su patrimonio, destacando el lienzo de la Inmaculada, obra de Juan de Roelas que hoy se conserva en el Staatliche Museum de Berlín y que presidía, en el antiguo edificio, el retablo bajo el que estaba enterrado el venerable Fernando de Mata. Con el regreso de Fernando VII las monjas no pudieron volver a su casa y el regreso de la Orden Tercera motivó la búsqueda de un nuevo enclave. La solución llegó, tras la negativa a la ocupación de San Antonio Abad,  con la donación de su gran mecenas, el cardenal Cienfuegos, que les entrega el antiguo Hospital de Santa Marta, frente a la Catedral, lugar al que se unirían dos edificaciones adyacentes procedentes de una donación particular. El día 19 de diciembre de 1819 comenzaba la nueva historia del convento, justo a los pies de la Giralda en una plaza que se sitúa sobre parte del antiguo Corral de los Olmos, centro de los cabildos civil y catedralicio de la ciudad durante siglos. Fue aquí donde se fundó a comienzos del siglo XV el Hospital de Santa Marta, según disposición testamentaria del arcediano Ferrán Martínez, tristemente conocido en la ciudad por su funesta predicación contra la comunidad judía. La placita aledaña, un adarve musulmán sin salida convertido en un rincón turístico de la ciudad, mantiene todavía el recuerdo del recinto hospitalario. Del conjunto también formó parte la antigua mezquita de los Osos, de la cual todavía quedan restos en algunas ventanas.
   La capilla del antiguo hospital es la que hoy sirve de iglesia a la comunidad. La iglesia, de enorme sencillez al exterior, presenta en su interior una planta de una sola nave. La parte del presbiterio tiene planta cuadrada, cubierta con bóveda de ocho paños sobre trompas, siendo un sector que corresponde a la antigua mezquita y que probablemente correspondía a una antigua capilla de tipo qubba, habitual construcción de inspiración musulmana de planta cuadrada y cubrimiento con cúpula que pervivió largo tiempo en las iglesias mudéjares sevillanas. La nave de la iglesia se cubre con bóvedas de nervaduras, destacando las ménsulas con los signos de los cuatro Evangelistas que se sitúan como elemento sustentante. Este sector correspondería a la fundación hospitalaria (año 1385) y es fechable en la segunda mitad del siglo XIV. En el siglo XIX, con la llegada de la comunidad agustina, se añadieron el coro alto y bajo, se abrió una linterna en la cúpula, se abrió la puerta a la plaza de la Virgen de los Reyes y se hicieron algunas reformas en la fachada, entre ellas la erección de la actual espadaña.
   El retablo mayor es una estructura recompuesta con esculturas procedentes del antiguo retablo mayor de la iglesia desaparecida. Sobre una estructura neoclásica se sitúa el grupo escultórico de la Encarnación o Anunciación, de gran dinamismo en las figuras del ángel frente a la Virgen arrodillada. Queda flanqueado por las tallas de San Juan Bautista y San Juan Evangelista, los “Santos Juanes” que tanta devoción tuvieron en los conventos sevillanos de la Edad Moderna. No hay constancia del autor del grupo de la Encarnación, atribuyéndose al taller de Francisco Dionisio de Ribas las tallas del Bautista y el Evangelista. Pertenecieron al antiguo retablo mayor, obra que fue realizada entre 1674 y 1675 y de la que también formaban parte otras tallas como un San Agustín y un San Pedro de las que no se tiene referencias en la actualidad. Debió ser una obra que satisfizo tanto al titular del taller como a la propia comunidad ya que la mujer de Ribas, albacea testamentaria de su marido narró “que la dicha abadesa además de la estipulada cantidad por vía de regalo le había dado para que repartiese entre los oficiales que hiciesen dicha obra la cantidad de quinientos cincuenta reales de vellón”. De otra mano  son los relieves del banco y la pequeña imagen de Santa Marta, con el hisopo y el acetre en la mano como símbolos iconográficos. Es la gran devoción del convento, cuya iglesia abre todos los martes en su recuerdo. La devoción a Santa Marta hunde sus raíces en los mismísimos Evangelios. Identificada como la hermana de María y de Lázaro, que fue resucitado por Jesús. Su iconografía se explica por una leyenda provenzal que narraba cómo ella y sus hermanos llegaban a Marsella después de la ascensión, lugar donde vencieron a un dragón fluvial, conocido como Tarasca, con ayuda de la cruz y el agua bendita que portaba en un hisopo. Sería enterrada en Tarascón y muy venerada en la Provenza, siendo símbolo de la vida activa frente a su hermana María, que encarnaría a la contemplativa. Al ser un retablo recompuesto, todavía mantiene algún recuerdo del primitivo retablo mayor del hospital, obra realizada por Francisco de Barahona en 1705. Se trata de dos casetones alusivos a la vida de Santa Marta que se conservan en el banco del retablo actual. En el primero aparecen cuatro personajes sobre una barca cruzando el mar, quizás una representación de la llegada de Marta y sus hermanos a la Provenza. La otra escena, con una arquitectura de fondo, representa el momento de la resurrección de Lázaro por Jesucristo, siendo los dos únicos restos del primitivo retablo mayor que debieron encontrar las monjas en su traslado.
   Dos retablos neoclásicos de escaso interés flanquean el retablo mayor, en el del muro derecho aparecen San José y el Ángel de la guarda, tallas del siglo XVIII junto al franciscano San Antonio de Padua del siglo XIX. En el muro izquierdo aparecen San Vicente Ferrer y San Agustín, del siglo XVIII junto a un pequeño Cristo atado a la columna ya del siglo XIX.
   Ya en los muros de la nave aparecen nuevos retablos neoclásicos, en el lado izquierdo aparecen la Inmaculada, San Francisco de Paula, fundador de los Mínimos,  Santa Teresa de Jesús, la reformadora carmelita. El grupo de más interés está en el muro derecho. Se trata de un Calvario completo del siglo XVII, de tallas completas de gran expresividad y notable policromía. Lo forman la imagen del Crucificado, la Virgen a sus pies en la iconografía del Stabat Mater, María Magdalena  arrodillada abrazando la Cruz y San Juan. Fue una composición muy repetida en el Barroco sobre todo en cofradías penitenciales de Semana Santa.
   Por los muros del templo se reparten lienzos de diversa factura representando la Adoración de los Pastores, la Epifanía o al Niño Jesús  y San Juanito. Sobre la reja del coro destaca uno que representa a la Trinidad con San Agustín, Santa Mónica, Santo Tomás de Villanueva y San Nicolás de Tolentino, conjunto de santos de la orden agustina que parecen de finales del siglo XVIII.
   En el muro izquierdo  de la nave se abre una pequeña capilla confesionario, en la zona cercana al coro. En sus muros se pueden contemplar otros lienzos del siglo XVIII como el de la Inmaculada y los de los Arcángeles, recordándose en una lápida al que fuera fundador del Hospital de Santa Marta: “Este hospital dotó el muy magnífico Sr. Don Ferrán Martínez, arcediano de Écija y canónigo de la Santa Iglesia de Sevilla, el cual falleció a 19 de agosto de 1405 años. Rogad a Dios por él”.
   El coro se sitúa a los pies de la iglesia, presentando una puerta a cada uno de los lados de la reja. Una de ellas es un artístico comulgatorio del siglo XVIII, decorado con una profunda decoración rocalla, una abundante decoración vegetal  y numerosos espejos y reliquias de diversa procedencia. Sobre el hueco destinado a facilitar la comunión de las monjas se sitúa el corazón ardiente, símbolo de la Orden Agustina, estando enmarcado por pinturas dieciochescas que representan a San José con el Niño y a San Lorenzo con la parrilla de su martirio. En el interior del coro se acumulan diversas obras de arte entre las que destaca el grupo escultórico de la Adoración de los Pastores, cobijado entre fanales, columnas salomónicas y una decoración rocalla posterior a la cronología del conjunto. Aunque en algunas ocasiones se ha atribuido a Francisco Dionisio de Ribas, no consta en la documentación que pudiera pertenecer al primitivo retablo mayor de la iglesia por lo que debe ser tratado como obra anónima de la segunda mitad del siglo XVII. En las vitrinas-fanales de los laterales se representa a Santa María Magdalena y Santa María Egipciaca. Otras vitrinas se distribuyen por las estancias aportando un barroquismo minucioso propio de las estancias conventuales. Destaca la talla de un San Juanito sobre la reja del coro que se suele atribuir a la Roldana y la imagen orante de la Virgen, conocida como “la porterita”, obra de la primera mitad del siglo XVII que estuvo en la portería del convento, lo que explica su advocación. Otras piezas que destacan en la estancia es el fascistol central, lugar para colocar los libros corales, coronado por una escena de la Encarnación, así como un relieve de la Virgen de la Misericordia, que representa a la Virgen arrodillada ante la Trinidad y que parece de la segunda mitad del siglo XVIII. El coro bajo se ilumina por un gran óculo en la parte central de su cubierta que comunica con el coro superior. En el coro alto destacan los restos encontrados de pintura medieval gótica, que fueron repintados en siglos posteriores y, en algunas zonas, picados para su enlucimiento. Son excepcionales muestras de pintura de finales del siglo XV en las que se pueden ver algunas representaciones florales, de animales o de cresterías tardogóticas y que podrían ser relacionadas con las pinturas murales del monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce.
   La zona de clausura no sigue la disposición habitual del mundo conventual, al ser el fruto de la adaptación a edificios anteriores y a la progresiva adquisición de solares colindantes. El acceso se realiza por la puerta reglar, en los límites con la Plaza del Triunfo, en cuyo torno se venden los famosos recortes, desechos de las obleas destinadas a hostias, cuya fabricación constituye el trabajo fundamental de las monjas agustinas. En el pasillo de acceso destaca un pequeño retablo barroco con un relieve de Jesús Nazareno del siglo XVI. Cercano se sitúa un altar del siglo XVIII presidido por una talla de Cristo atado a la columna entre imágenes barrocas de San Juan Evangelista y San Fernando. El claustro principal o patio de la Inmaculada acoge las celdas-dormitorio de las monjas y es de reciente factura ya que se realizó en 1971 siguiendo las directrices de José Espiau y Manuel Tarascón. Es una obra funcional, rectangular, con dos plantas realizadas en hormigón y cuyos arcos y soportes se revistieron de ladrillo visto. Sus arcos de medio punto son tres en su lado más corto y cinco en su lado más largo. En la escalera principal destaca un lienzo de la Virgen de Guadalupe firmado por N. Enrique en el año 1761. En los pasillos destacan otros lienzos como una Inmaculada del siglo XVIII y un San Antonio de Padua que se atribuye al sevillano Juan del Castillo, en la primera mitad del siglo XVII. El patrimonio del convento se completa con algunas piezas de orfebrería conservadas en la sacristía de la iglesia, estancia donde se conservan algunos lienzos barrocos y alguna imagen decimonónica del Niño Jesús. En la orfebrería destaca un cáliz de plata dorada fechado en 1684, de origen italiano, con el contraste de Giovanni Omodea, siendo probablemente una pieza que llegó a la ciudad a través del cardenal Palafox, que había sido obispo de la capital siciliana. La otra pieza destacable es un relicario de filigrana de plata en forma de águila bicéfala, de la segunda mitad del siglo XVII.
   Además, el convento alberga una zona de huerta y de jardín en uno de cuyos flancos se sitúan las salas de labor de la comunidad. En este sector se conservan restos de una torre que debió pertenecer a la muralla musulmana de defensa interior realizada en tiempos de Abu Yacub, hacia 1172.
   En su zona exterior el convento se asoma a las plazas de la Virgen de los Reyes, la Plaza del Triunfo y en parte a la calle Joaquín Romero Murube. En la parte posterior, sus muros configuran uno de los límites de la llamada plazuela de Santa Marta, una especie de compás creado en una antigua barreduela o adarve musulmán (calle sin salida), sector hoy presidido por el antiguo crucero de San Lázaro, traído desde el antiguo camino situado a las afueras de la ciudad, cruz sobre pedestal de mármol que fue diseñado por Hernán Ruiz II, el arquitecto cordobés que diseñó el campanario cristiano de la Giralda, hoy tan cercano.
Textos de:
Manuel Jesús Roldán, Conventos de Sevilla, Almuzara, 2011.

Enlace a la Entrada anterior de Sevilla**:
3277. SEVILLA** (MCDXVII), capital: 9 de noviembre de 2019.

miércoles, 26 de julio de 2017

1956. OSUNA* (III), Sevilla: 6 de junio de 2015.

46. OSUNA, Sevilla. Pta. del Sol de la Colegiata de Sta. Mª de la Asunción.
47. OSUNA, Sevilla. Interior de la Colegiata.
48. OSUNA, Sevilla. Otra vista del interior de la Colegiata.
49. OSUNA, Sevilla. Retablo mayor y cúpula de la Colegiata.
50. OSUNA, Sevilla. Retablo del Xto. de la Misericordia, en la Colegiata.
51. OSUNA, Sevilla. Xto. de la Misericordia, en su retablo de la Colegiata.
52. OSUNA, Sevilla. Detalle del Xto. de la Misericordia, en su retablo de la Colegiata.
53. OSUNA, Sevilla. Acceso al Panteón Ducal, en la Colegiata.
54. OSUNA, Sevilla. Ángulo del patio del Sto. Sepulcro en el Panteón Ducal de la Colegiata.
55. OSUNA, Sevilla. El patio del Sto. Sepulcro del Panteón Ducal, en la Colegiata, desde otro ángulo.
56. OSUNA, Sevilla. Decoración de los arcos del patio del Sto. Sepulcro del Panteón Ducal, en la Colegiata.
57. OSUNA, Sevilla. Otro detalle de la decoración de los arcos del patio del Sto. Sepulcro del Panteón Ducal, en la Colegiata.
58. OSUNA, Sevilla. Restos de las pinturas murales del patio del Sto. Sepulcro del Panteón Ducal, en la Colegiata.
59. OSUNA, Sevilla. Vista del interior de la capilla del Panteón Ducal, en la Colegiata.
60. OSUNA, Sevilla. Vista de las bóvedas de la capilla del Panteón Ducal, en la Colegiata.
61. OSUNA, Sevilla. Fachada del cvto. de la Encarnación.
62. OSUNA, sevilla. Portada lateral de la igl., en el compás del cvto. de la Encarnación.
63. OSUNA, Sevilla. La colegiata, desde el compás del cvto. de la Encarnación.
64. OSUNA, Sevilla. La Universidad.
65. OSUNA, Sevilla. Fachada principal de la Universidad.
65. OSUNA, Sevilla. Portada de la Universidad.
66. OSUNA, Sevilla. Vista de la Colegiata, y en primer término, torreón esquinero de la Universidad.
OSUNA* (III), provincia de Sevilla: 6 de junio de 2015.
Colegiata de Santa María de la Asunción*
   Fue fundada por Don Juan Téllez Girón, IV conde de Ureña, quien obtuvo la bula pontificia para construir el edificio en 1535, si bien las obras habían comenzado con anterioridad. El templo estaba concluido en sus aspectos fundamentales en torno a 1540, prolongándose su edificación en detalles secundarios a lo largo del siglo XVI. En el XVII se realizó la portada del muro septentrional y un siglo más tarde se construyó la bóveda semiesférica de la capilla mayor, decorada con escudos nobiliarios de los patronos y con hojarascas barrocas.
   La iglesia está construida en cantería, tiene planta rectangular de tres naves, siendo la central más ancha que las laterales, y abriéndose a cada una de ellas tres capillas. Las naves se cubren con bóvedas vaídas y la cabecera con semiesfera sobre pechinas. Los soportes son pilares con pilastras y columnas adosadas, disponiéndose un dado de entablamento sobre los capiteles. Al exterior el templo posee tres portadas. Las dos correspondientes a las naves laterales son de sencilla estructura; la del muro derecho está fechada en 1632. La fachada principal, situada en el muro oeste, presenta a ambos lados dos sencillas portadas ciegas encuadradas por un alfiz de grutescos y rematadas con flameros y escudos eucarísticos y nobiliarios sostenidos por angelitos. En el centro del muro se sitúa la llamada Puerta del Sol, enmarcada por columnas corintias y coronada por un frontón curvo, con óculo central entre flameros. En esta portada sobresale la excelente decoración de grutescos, símbolos eucarísticos, medallones e inscripciones que se distribuyen  por los elementos arquitectónicos. Sobre los capiteles, en pequeñas cartelas rectangulares, aparece la fecha de ejecución de la puerta, 1533, situándose en el friso los bustos del Rey David y de Santo Tomás de Aquino, así como inscripciones alusivas al fundador de la colegiata y una estrofa del Pange lingua. En el lateral izquierdo de la fachada se levanta la torre, obra realizada a partir de 1918 y sin concluir, que ha venido a sustituir a la anterior, destruida por un rayo.
   En el interior del templo destaca el amplio presbiterio, elevado sobre la altura de la nave, donde se encuentra el retablo mayor, de estilo barroco e iniciado en 1704 por Francisco María de Ceiba y Pedro García de Acuña, que terminaron y colocaron el primer cuerpo en 1715. En 1724 se colocó el segundo cuerpo, en el que colaboraron José Hormigo y Francisco López, quedando poco después paralizadas las obras. En 1761 Juan Guerra reanudó las obras, que terminaron tres años después. El dorado lo realizó José Fabre entre 1768 y 1770. Presenta las esculturas de San Isidoro y San Leandro, San Pedro y San Pablo, siendo estos últimos obras de Juan Bautista Finache. Un relieve de la Asunción de la Virgen ocupa la hornacina, apareciendo en el ático una pintura del Calvario realizada en 1762. El conjunto de pinturas que representa a los Padres de la Iglesia son obras ajenas al retablo, pudiéndose considerar de escuela sevillana del siglo XVIII.
   Los dos púlpitos de mármol de las esquinas del presbiterio fueron tallados por el cantero Miguel Rejano. Las esculturas que los adornan, que representan a los Padres de la Iglesia y a los Evangelistas, son obras del escultor Nicolás García, quien las realizó en torno a 1775.
   Las capillas que se abren en las naves de la iglesia albergan importantes obras de arte. En el muro izquierdo, y a los pies de la iglesia, figura en primer lugar un pequeño retablo barroco, adornado con rocalla y fechable en la segunda mitad del XVIII. Presenta esculturas de San Sebastián y San Juan Bautista, en los laterales; en el centro se dispone una pintura de la Dolorosa, en óvalo, y sobre ella aparece una escultura de Cristo Crucificado.
   En la segunda capilla figura, en su frente principal, una buena pintura napolitana del siglo XVII que representa el martirio de San Genaro, obra atribuida a Fabrizio de Santafede que se alberga en el interior de un vistoso marco del siglo XVIII. En un lateral se dispone un retablo de yeso con columnas salomónicas, del primer tercio del siglo XVIII, con una pintura de Ánimas de la misma fecha.
   La tercera capilla de esta nave posee un retablo realizado en mármoles de colores presidido por un lienzo de la Virgen de la Antigua de la primera mitad del siglo XVIII. Obra fundamental en la historia de la pintura española es el impresionante Calvario realizado por José de Ribera en Nápoles hacia 1620, que figura en un muro lateral de esta capilla.
   A la izquierda del presbiterio se abre una amplia capilla, cuyo frente se cubre con tres retablos. El situado a la izquierda está dedicado a la Virgen de la Victoria y fechado en 1584, siendo la escultura mariana obra del portugués Manuel del Pino, quien la hizo en 1582. Sus pinturas son de mediano mérito y están atribuidas a Juan Bautista de Amiens, figurando en el primer cuerpo San Francisco de Asís y San Sebastián con una donante. En el cuerpo alto se sitúan pinturas de San Antonio Abad, San Pedro, San Pablo y Santa Catalina, y en el ático el Dios Padre. El retablo central fue realizado en 1532 por Juan de Zamora y presenta en su cuerpo inferior pinturas de la Transfiguración y la Resurrección, mientras que en el Superior aparecen la Ascensión, la Sagrada Cena y el Juicio Final. El retablo de la derecha es de finales del siglo XVI y contiene pinturas de la misma época que representan a Santa Teresa, el martirio de San Arcadio, San Antonio de Padua, San Juan Evangelista, la Imposición de la casulla a San Ildefonso y San Matero; en el ático figura un Ecce Homo. En los muros laterales de esta capilla figuran dos pinturas, una de las cuales representa la Adoración de los Pastores y es, obra fechable a principios del siglo XVIII y presenta el tema de la Oración en el Huerto, tratándose de una interesante muestra de escuela italiana, que está enmarcada por una buena moldura de estilo rococó.
   En la capilla que se abre en la cabecera de la nave derecha se encuentra una escultura de Cristo crucificado de papelón y un retablo de 1771 cobijado por un dosel con el escudo ducal, que presenta esculturas de San Francisco de Asís, San Antonio de Padua y la Inmaculada, todas de la fecha del retablo. Importante es el altar del Cristo de la Misericordia, decorado con yeserías y relieves de la Flagelación y la Oración en el Huerto. Está presidido por una magnífica escultura de Cristo crucificado, obra ejecutada por Juan de Mesa en 1623; a sus lados figuran esculturas de la Virgen y San Juan de la primera mitad del XVIII. Una de las dos puertas que se abren en esta capilla, la que accede al museo, está tallada en madera con medallones y grutescos del último tercio del siglo XVI. La que da paso a la Capilla del Santo Sepulcro está realizada en piedra policromada y se levanta con columnas estriadas sobre pedestales que enmarcan un arco de medio punto. la parte superior se remata con un frontón esculpido con relieves mortuorios y tres ángeles que presentan alegorías de la muerte.
   Volviendo a la iglesia, en la primera capilla de la nave a partir del presbiterio se encuentra un gran lienzo de San Jacobo del siglo XVIII y otro de Santa Ana, la Virgen y el Niño del primer tercio del XVII. La escultura de Cristo crucificado es de mediados del siglo XVIII. En la Capilla Bautismal figuran una pintura del Bautismo de Cristo, del siglo XVII, y otras de San Antonio de Padua, San Sebastián y San José con el Niño, del XVIII. La que representa a Santo Tomás de Villanueva es copia de Murillo realizada en el siglo XIX.
   En la siguiente capilla hay un retablo del primer tercio del siglo XVI con pinturas atribuidas a Juan de Zamora, que representan la Adoración de los Reyes, la Presentación, el Nacimiento y la Anunciación. Preside el retablo una escultura de la Virgen con el Niño también del siglo XVI. En los muros de esta capilla se dispone un conjunto de tablas hispano-flamencas de mediados del siglo XVI, que representan la Adoración de los Pastores, el Descendimiento y la Aparición de Cristo a su Madre. En la Capilla de la Virgen de los Reyes se conserva un realejo, interesante instrumento musical de mediados del siglo XVI. En el muro de los pies figura un retablo de un solo cuerpo, rematado por estípites y fechable a mediados del siglo  XVIII con una pintura de Cristo camino del Calvario de la segunda mitad del siglo XVII.
Panteón Ducal*
   Fue fundado por don Juan Téllez Girón, conde de Ureña, y es de estilo renacentista. Su construcción debió de comenzar en torno a 1545, consagrándose la capilla diez años más tarde.
   Está adosado a la Colegiata y presenta tres núcleos principales: el patio del Santo Sepulcro, la capilla y el panteón. El primero, de proporciones cuadradas, presenta una doble galería de arcos escarzanos sobre columnas de mármol blanco. Labores de yeserías con grutescos adornan las enjutas, roscas e intradós de los arcos, así como la embocadura de algunas puertas y de las hornacinas situadas en los cuatro ángulos del patio. Los muros de las galerías conservan parte de las pinturas murales coetáneas que completaron el programa constructivo. Desde este patio se accede a la sacristía de la capilla, que presenta motivos decorativos, semejantes a los anteriormente citados.
   La capilla tiene planta rectangular y está dividida en tres naves por medio de columnas de mármol blanco que apean en arcos escarzanos. Las bóvedas presentan decoración de casetones realizados en yeso, al igual que los frisos, arcos y el púlpito, en el que aparecen imágenes de los ápostoles. En el presbiterio figura un pequeño retablo de un solo cuerpo con columnas, cuyo fuste está cubierto con grutescos, que enmarca un relieve del Entierro de Cristo, fechable hacia 1550 y considerado obra de Roque Balduque. A ambos lados de este retablo principal figuran otros dos más pequeños, albergando el de la izquierda una pintura sobre tabla que representa la Anunciación firmada por Gerard Wytwel de Utrech, fechable hacia 1550. En el retablo situado a la derecha aparece una pintura sobre tabla, con la Alegoría de la Inmaculada Concepción, firmada por Hernando de Esturmio en 1555.
   En el muro de la izquierda de esta capilla figura una escultura de la Virgen de Trapani, obra de alabastro del siglo XVII y una cabeza de madera del Apóstol Santiago, de finales del siglo XV. En el muro de la derecha hay un retablo de mediados del siglo XVI, que alberga un buen relieve de San Jerónimo realizado en barro cocido. A continuación se sitúa el acceso a la Capilla de la Virgen de la Granada, recinto cubierto por bóveda de yeserías con casetones, que presenta en los ángulos esculturas de los Padres de la Iglesia vinculables a Roque Balduque.
   El coro presenta una sillería de once asientos tallados en madera con decoración de grutescos y fechables en torno a 1550. Sobre el asiento principal hay una pintura en tabla de la Piedad de mediados del siglo XVI. En la sacristía de esta capilla se expone un retablo de la misma época con pinturas sobre tabla que representan la Piedad, el Ecce Homo, la Oración del Huerto y el Calvario. En el centro del retablo se encuentra una pintura de Cristo con la Cruz atribuida a Morales, mientras en el ático figura una Virgen con el Niño. Otras tablas del siglo XVI situadas en esta Sacristía representan el Ecce Homo y una copia del San Jerónimo en su estudio de Marinus. También son importantes un grupo escultórico del Calvario, de mediados del siglo XVI y una escultura de Cristo Crucificado del siglo XVIII.
   La cripta del panteón tiene tres recintos en los que están situados los enterramientos de la familia de los fundadores. Se cubren con bóvedas de nervaduras y presentan zócalos de azulejos modernos. En el interior se conservan dos pequeños retablos de mediados del siglo XVI, con esculturas de San Marcos y de la Virgen con el Niño, cerrados con puertas en las que se representan alegorías de la muerte. También figuran dos pinturas sobre tabla de mediados del siglo XVI de San Jerónimo y el Calvario, copia del grabado ejecutado por Antonio de Salamanca en Roma en 1541.
Museo
   La sala principal del museo está ubicada en lo que fue antigua Sacristía de la Colegiata. Hasta ella se accede por un pasillo, en el cual está situado un altar relicario con medallones de santos jesuitas y una pintura de la Virgen con el Niño del siglo XVIII. En el recinto de la antigua Sacristía destaca la colección de obras de Ribera realizadas para el Duque de Osuna en los primeros años de su estancia en Nápoles, entre 1616 y 1617. Representan a San Sebastián, las Lágrimas de San Pedro, San Jerónimo y el Martirio de San Bartolomé.
   En unas vitrinas de la sala se exhiben diversos libros corales con miniaturas renacentistas de espléndida factura y brillante colorido. Otras piezas dignas de mención son una escultura de San Sebastián, del siglo XVI, un relieve en alabastro de la Crucifixión, de estilo gótico y origen inglés, una imagen-sagrario de la Virgen de la Granada, de mediados del siglo XVI y una escultura de Santa Clara, del XVII. Espléndidos son los azulejos de cuenca, también de mediados del siglo XVI, que aparecen en los muros y entre la viguería del techo.
   El conjunto de piezas de orfebrería expuestas en el Museo de la Colegiata son obras de gran valor artístico. El grupo más antiguo lo forman un cáliz y una cruz procesional de estilo gótico flamígero y de procedencia vallisoletana. La cruz es una acabada obra de cincelado, repujado y labor de lima que presenta entre las tracerías góticas un extenso programa iconográfico, tanto en los relieves como en las esculturas. Está formada por una cruz griega, una manzana de tipo arquitectónico y un mango donde aparecen ya temas renacentistas. Fue realizada en el primer tercio del siglo XVI por el platero vallisoletano Pedro de Ribadeo, cuyo punzón, junto con el de la ciudad de Valladolid, ostenta. La donación estuvo a cargo de Don Juan Téllez Girón, IV conde de Ureña. De estilo semejante es un gran cáliz con peana estrellada y nudo de tracería, que puede asimilarse a la cruz en autor y procedencia.
   Plenamente renacentista es una gran arqueta destinada a guardar el Santísimo el Jueves Santo, decorada a base de roleos, que lleva los punzones de la ciudad de Sevilla, del contraste Diego de la Becerra y otro probablemente de autor, aún no identificado. Fue donado por el ya mencionado Juan Téllez Girón en 1585 y restaurada por sus sucesores en 1892. De la misma época, es decir, del último cuarto del siglo XVI, se conservan dos cálices, uno de los cuales lleva los punzones de Sevilla y del platero Hernando de Ballesteros. También del siglo XVI es una bandeja de latón, de tipo "dinanderie", con representación de la Virgen con el Niño en el círculo central. Interesantísimo es un juego de candeleros, cruz de altar, portapaz y vinajeras realizado en mármol rojo, bronce dorado y plata, de claro estilo manierista y probable origen italiano. Fueron donados por Doña Isabel de la Cueva en 1612.
   Posee la Colegiata dos ostensorios. Uno es contemporáneo del conjunto anterior, está realizado en plata dorada y es del más puro estilo manierista español, conteniendo en su decoración botones de esmalte traslúcidos. El otro es una magnífica pieza renacentista que se compone de un cuerpo circular acristalado cubierto con cúpula y un mango o astil formado por tres atlantes. Toda la obra lleva una menuda decoración que corresponde, lo mismo que su estructura, a la escuela alemana del siglo XVI. Consta que en 1586 ya se encontraba en la Colegiata. Aparecen en el ostensorio dos punzones, uno de los cuales parece representar una N, hecho que adjudicaría la obra a la ciudad de Nüremberg.
   En una sala anexa a la sacristía se conserva una interesante colección de pinturas sobre tabla del segundo tercio del siglo XVI, en su mayoría copias de originales flamencos. Tienen como tema la Anunciación, el Nacimiento, la Adoración de los Reyes, la Circunsición, la Oración en el Huerto, el Calvario, el Descendimiento, y la Piedad. Destaca entre ellas un tríptico representando el Noli me tangere de principios del XVI con estilo de la escuela de Amberes. En la sala alta del museo se conservan restos de la antigua sillería del coro de la iglesia, obra del siglo XVII, un conjunto de pinturas de secundario interés, tres ternos bordados de los siglos XVII y XVIII, un paño mortuorio, diversas pértigas de plata y varios documentos y bulas pontificias.
Convento de la Encarnación*
   Se fundó este edificio originalmente como Hospital de la Encarnación del Hijo de Dios en 1549, transformándose en monasterio de monjas mercedarias en 1626, sin que en la actualidad se conserven restos del edificio hospitalario. La fachada de la iglesia sigue el modelo creado por el arquitecto Fray Alberto de la Madre de Dios para el convento de la Encarnación de Madrid. Está realizada en ladrillo, enmarcándose el vano de entrada por pilastras y rematándose con un frontón partido. En el muro de la derecha se abre otra portada fechable en el siglo XVIII, formada por pilastras que sostienen un arco carpanel. El interior de la iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda sobre pechinas en el presbiterio. El retablo mayor es barroco y fue realizado a comienzos del siglo XVIII, figurando en las calles laterales esculturas de San Pedro Nolasco y San Ramón Nonato, mientras que en la hornacina principal figura una escultura de la Virgen de la Merced y en el ático aparece un relieve de la Anunciación, flanqueado por esculturas de la Beata Mariana de Jesús y Santa María de Cervellón. A la izquierda del retablo principal se dispone otro menor de estilo barroco, flanqueado por estípites y fechable a mediados del siglo XVIII. Tiene una escultura de San José en la hornacina principal y en los laterales pinturas de la Sagrada Familia y San Juan de la Cruz. Hace pareja este retablo con otro situado en el lado opuesto, del mismo estilo y época que tiene una escultura de San Miguel Arcángel en el centro; en dos repisas laterales se disponen esculturas de las Ánimas del purgatorio y en el ático aparece una pintura de Santa Rosa de Lima.
   En el muro izquierdo figura, en primer lugar, un retablo barroco de mediados del siglo XVIII decorado con rocallas que tiene en su hornacina principal una escultura de la Virgen del Pilar y en el ático una pintura de Santa Teresa. En el muro derecho se dispone un retablo fechable también a mediados del siglo XVIII, en cuya hornacina principal figura una escultura del Cristo de la Misericordia, obra de finales del siglo XVI; en los laterales se encuentran esculturas de la Virgen y San Juan de mediados del siglo XVIII.
   La bóveda de la nave está decorada con yeserías barrocas en las que aparecen incrustados diversos lienzos del siglo XVIII. De fines del XVII son las pinturas de San Juan Bautista, San Arcadio, San Sebastián y San Agustín situadas en los muros.
Museo
   Gran parte del interio de la clausura de este convento se ha convertido en nuestros días en un admirable museo, dispuesto en torno al claustro principal, que es de dos plantas levantadas sobre columnas de mármol blanco. El zócalo del claustro aparece revestido con azulejos sevillanos del siglo XVIII, que forman una excepcional y casi única colección, con representaciones de los cinco sentidos y de las estaciones del año, una vista de la Alameda de Hércules de Sevilla y de las monjas del convento rezando en el coro. Figuran también escenas de montería y tauromaquia.
   En el coro bajo, abierto al presbiterio, está situada una sillería de coro fechable a mediados del siglo XVII y compuesta por veinticuatro sitiales. Por los muros se distribuyen una serie de lienzos barrocos y una excelente colección de fanales y vitrinas. Pinturas de finales del siglo XVII son las que representan a la Virgen con el Niño, Santa Catalina de Siena, la Magdalena, Santo Domingo, San Pedro de Alcántara, San Jerónimo, Santa María del Socorro y la Virgen de la Merced. Las citadas vitrinas pueden fecharse en la segunda mitad del siglo XVIII y, entre otras, caben citarse las de San José, la Inmaculada, el Cristo de la Sangre, San Pascual Bailón y la Virgen de Trapani. Pieza importante de orfebrería es la Cruz relicario del Lignum Crucis, realizada en Roma en 1599 en madera de ébano con incrustaciones de marfil, ágata y lapislázuli.
   En la primera sala del museo se encuentra una buena pintura de la Dolorosa,obra firmada al dorso por Francisco Meneses Osorio en 1703. En esta sala figuran otras pinturas del siglo XVIII que representan a San José con el Niño, Cristo camino del Calvario, Santa Ana instruyendo a la Virgen, copia de Rubens, la Virgen con el Niño, copia de Sassoferrato, y el retrato de un fraile mercedario. También se expone un pequeño conjunto escultórico presidido por la una Virgen de Trápani del siglo XVII y posteriormente policromada, una Sagrada Familia de finales del siglo XVIII, un Niño Jesús hispano-filipino en marfil del siglo XVII y un Cristo del siglo XVII realizado también en marfil.
   En la escalera que asciende al segundo piso del claustro están situadas las pinturas de Cristo atado a la Columna y una copia del siglo XIX del Finis Gloriae Mundi de Valdés Leal. En las salas altas se exponen numerosas obras. Entre ellas destacan una tabla hispano-flamenca del Descendimiento datada en el primer cuarto del siglo XVI y una escultura de barro cocido de la cabeza del Bautista, del XVII. Junto a ellas figuran numerosas obras de arte de secundario interés, expuestas con admirable cuidado. Entre ellas destaca una buena colección de esculturas del Niño Jesús de los siglos XVII al XIX, con sus ajuares correspondientes. En el museo y en la iglesia se hallan multitud de objetos de orfebrería de valor artístico considerable. Entre las piezas de plata pueden mencionarse las numerosas coronas y diademas que adornan las imágenes, destacando entre ellas el conjunto de corona, ráfaga y grilletes que adornan la imagen de alabastro de la Virgen de Trápani. Todas las piezas llevan un bello repujado protobarroco y pueden fecharse a mediados del siglo XVII. Obra muy destacada de mediados del siglo siguiente es la corona de la Virgen de la Merced, situada en el coro, pieza de plata dorada con adornos de piedras verdes y hermoso repujado de rocalla. También decorado con rocallas, pero trabajado a cincel, es el conjunto de plata que adorna la imagen de San Miguel niño, compuesta por casco, espada, escudo y balanza, piezas en las que aparece la marga Rodríguez. De puro estilo rococó es también una cruz de altar que lleva el punzón Juan Brabo.
   En cuanto a los vasos sagrados, es muy destacable el ostensorio de bronce dorado con incrustaciones de coral, que fue realizado en el sur de Italia en la segunda mitad del siglo XVII y fue regalo de la duquesa de Osuna, virreina de Nápoles. De época posterior es el arca del Jueves Santo, de plata blanca y dorada, que se remata por un gran pelícano, que aunque no lleva punzón puede clasificarse como obra cordobesa del último tercio del siglo XVIII. De comienzos del siglo XIX y de estilo neoclásico son un copón y un cáliz de oro, de grandes dimensiones y con decoración de piedras preciosas.
   Entre las pequeñas joyas que decoran las imágenes hay que destacar los escapularios y el broche de la Virgen de la Merced que está situada en el coro, piezas realizadas en oro y perlas. Los escapularios tienen un dibujo de filigrana que forman figuras de aspecto rosáceo y contienen en el centro el escudo de la Merced, pudiendo fecharse en la segunda mitad del siglo XVII. El broche se forma por un anagrama de María entretejido con perlas y un águila bicéfala en el centro, siendo obra algo más tardía, es decir de mediados del siglo XVIII.
Universidad
   Fue fundada por el IV Conde de Ureña, Don Juan Téllez de Girón, en 1548. Es de planta rectangular con torreones en las esquinas, disponiéndose su espacio en torno a un patio central del que arranca la escalera renacentista que comunica con el segundo piso del edificio.

Enlace a la Entrada anterior de Osuna*: