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miércoles, 6 de marzo de 2024

3978. ROMA** (XI), capital: 8 de septiembre de 2023











ROMA** (XI), capital de la provincia, de la región, y de Italia: 8 de septiembre de 2023.
La Ciudad Histórica.
     A diferencia de otras ciudades con abolengo, Roma posee un casco histórico peculiar. Más que de una zona precisa, existen varios núcleos, cada uno de los cuales se explica por su propia motivación histórica y cultural, urbanística y social. En este capítulo se tocarán muchos de estos puntos de interés, que salpican el enorme área monumental que se extiende por el corazón de Roma.
     El primero de los paseos, el Campidoglio, se eleva sobre la explanada del Foro Romano, donde por espacio de más de 1.200 años se decidieron los destinos del Reino, de la República y del Imperio. Tras unos pocos siglos de abandono, el Campidoglio recobró su posición en el centro de la ciudad a finales de la Edad Media, convirtiéndose en principal foco del poder civil.
     El segundo paseo conecta directa­ mente este núcleo con el polo de San Juan de Letrán, que encarnó el poder religioso, a lo largo de un recorrido sembrado de ruinas romanas y de igle­sias que, en el Medievo y el Renaci­miento, marcaban las calles por donde transcurrían los cortejos papales y los pasos de los peregrinos que se encami­naban a la gran basílica.
Un mosaico de culturas
     Roma es una ciudad habituada a la in­ migración (aunque en algunos momentos parezca olvidarlo), así ha sido desde la época de los césares y hasta los años en que se convirtió en la capital de Ita­lia, cuando sus dimensiones crecieron desmesuradamente a causa del im­portante flujo migratorio que aconteció en el recién constituido Estado italiano. Las cosas no son muy diferentes en la actualidad, como demuestran las estadísticas, según las cuales, al menos uno de cada diez romanos procede de otro país. Como prueba  de la importancia de la diversidad en la historia de Roma, el gueto judío, recuerdo indeleble de una presencia religiosa y cultural diferente, ahonda sus raíces en el tejido de la ciudad. El tercero constituye un apasionante recorrido dedicado a esta zona y sus alrededores, desde las rui­nas del Teatro de Marcelo hasta el río, cuyo cauce avance silencioso a lo largo de los embarcaderos de la Isla Tiberina. Dos de las famosas siete colinas "fatales" sobre las que se erigió la ciudad son el punto de partida y de llegada del cuarto recorrido que, al remontarse hasta la serena quietud del Aventino y el Celio, demuestra que hay muchas maneras de vivir Roma, irremediable­mente inmersas en la poderosa suges­tión de un marco histórico de incalculable valor.
     Otra etapa en este viaje de descubrimiento de la capital de Italia se aleja de sus barrios por la carretera que lleva hacia el mar, la via Ostiense, que a lo largo de milenios ha visto pasar a los comerciantes y sus mercancías, las riquezas y los invasores. Dejando atrás las mu­rallas imperiales y ese bullicio tan romano del Testaccio, este itinerario desvela una Roma cuya existencia pocos sospechaban: un esbozo de ciudad in­dustrial que, en los siglos XIX y XX, palpitaba entre almacenes, centrales eléctricas y fábricas, al ritmo del ir y venir de los barcos mercantes que surcaban el Tíber. Hasta alcanzar otra gran basílica de la cristiandad: la impresionante iglesia erigida a San Pablo.
     Al explorar el barrio de Monti -en cuyo escudo aparecen tres elevaciones sobre un campo blanco en alusión a las colinas del Viminal, Quirinal y Esquilino, y que recuerda la antigua distinción entre montes (es decir, los que habitaban en el recinto de la muralla serviana) y pagi (la población del suburbio)- penetramos en el corazón de otro de los centros de la ciudad a los que aludíamos. Al­rededor de la estación Termini, giran los barrios "piamonteses" de Roma, en los que no se ahorraron esfuerzos ni creatividad, para equiparar la nueva capital del reino de Italia al resto de metrópolis europeas de finales del siglo XIX. Sin embargo, el flujo de la historia no se detiene nunca y el que sigue siendo el mayor espacio de la ciudad, la plaza de Vittorio Emanuele II, emblema de la Roma de los Saboya, se ha convertido en el eje de la Roma multiétnica actual. Por sus calles adyacentes, en las que ya no se encuentran restaurantes italianos ni comercios como los de antaño, resuenan los acentos y se respiran los aromas de una nueva Roma, creando así un conjunto de sensaciones hasta ahora inéditas en la ciudad.
     También el coqueto barrio popular de San Lorenzo es, a su modo, otro de los centros de la capital: no solo se conserva en sus calles la huella de su inquebrantable "romanidad", sino que en sus alrededores se levantan dos importantes lugares en la vida cotidiana de los ha­bitantes. Entre las paredes de los edificios de la universidad La Sapienza, estudian más de 150.000 jóvenes (se trata del campus más concurrido de Europa). Y, tras la protección que brindan las murallas del Verano -el cementerio monumental de Roma- descansan las generaciones de romanos que en los últimos siglos han contribuido a crear la fascinación, la complejidad y las tradiciones de la ciudad más bella del mundo.
El Campidoglio
Itinerario peatonal desde piazza Venezia al Foro Romano.
     Roma nunca se separó de su cuna clásica. La vida política, social y económica giró siempre en torno al Palatino, lugar de inicio de la gran aventura de la urbe, y a la cercana Colina Capitolina, donde se levantó el primer templo que, según la leyenda, fundara el mismísimo Rómulo. En los tiempos de esplendor de Roma se alzaba sobre la colina el lugar de culto más importante del Imperio, el templo dedicado a Júpiter capitolino, que junto a Juno y Minerva, constituía la tríada capitolina.
     Si basta un solo vistazo a los restos del Foro Romano y de los palacios imperiales para intuir el lujo alcanzado por la antigua ciudad, resulta en cambio difícil imaginar que, con el discurrir de solo unos pocos siglos, el curso de la historia haya podido reducir tanto esplendor a un montón de escombros. Los mismos lugares donde en otro tiempo se decidían los destinos del mundo occidental se convirtieron más tarde en una pradera de abundante pasto, donde reinaba silencioso el ganado (durante la Edad Media, el Foro Romano recibió el apelativo de 'Campo Bovino'). Una suerte compartida por el vecino Campidoglio, que durante la edad oscura se rebautizó con el nombre de 'Monte Caprino'.
     Precisamente el Campidoglio, tal vez en recuerdo de su antiguo papel y, sin duda, en virtud de su posición privile­giada, se convertiría en el nuevo centro neurálgico de la ciudad al término del Medievo. Posteriormente, albergaría la primera plaza ideada por Miguel Ángel; a partir de ese momento, aún sometida a los altibajos de la historia, la Colina Capitolina habría de ser el centro de la vida civil de Roma. Por todo ello, antes de atravesar los foros, de maravillarse con el Coliseo y las basílicas de la cristiandad, antes de adentrarse en la grandiosidad de San Pedro para perderse en las salas de sus museos, merece la pena comenzar a descubrir Roma desde aquí. Subir desde piazza Venezia hasta la explanada dominada por la estatua ecuestre de Marco Aurelio, símbolo de la ciudad, donde a diario los concejales se confunden entre los bulliciosos grupos de turistas, y los guardias municipales, vistiendo sus uniformes de gala, contemplan el alegre alboroto de las comitivas nupciales que escoltan a los novios presurosos a contraer matrimonio en el Ayuntamiento.
Piazza Venezia. La espectacular explanada que se extiende a los pies de la escalinata del Vittoriano es uno de los epicentros de la ciudad actual. En esta plaza, donde tienen lugar las principales celebraciones de la República, convergen varias líneas del transporte público y por sus aceras acabarán transitando, antes o después, todos los turistas de visita en Roma. Bajo el empedrado, con mil precauciones y retrasos, se están llevando a cabo las obras de la línea C que, una vez inaugurada, sin duda será una de las estaciones subterráneas más espectaculares del mundo, gracias a la inagotable riqueza de los restos arqueológicos encontrados en el subsuelo.
     La plaza fue ordenada por Pablo II como remate para su palazzo di Venezia, y significó una gran intervención urbanística de la Roma renacen­tista. Todo cambió en 1882, tras la decisión de erigir un monumento a Vittorio Emanuele II, en cuyo nombre se demolieron, tanto el tupido tejido urbano que se remontaba a la Alta Edad Media, y que conectaba la plaza con el Campidoglio, como la zona levantada en el si­glo XVI que, por los foros, comunicaba con el barrio de Monti (aquí se encon­traba, entre otras, la casa de Miguel Án­gel). Tal remodelación comportó el traslado del palazetto Venezia y la duplicación del palazzo di Venezia al otro lado de la plaza, donde se erigió como una imagen especular el palazzo de­lle Assicurazioni Generali di Venezia (1902-1906).
Palazzo di Venezia. Piazza Venezia, 3. Los noticieros cinematográficos del periodo fascista familiarizaron a los italianos con la fachada almenada del imponente edificio que Pietro Barbo, cardenal de la vecina San Marco, se hizo construir entre 1455 y 1464 como residencia y que, tras su elección como pontífice (con el nombre de Pablo II), amplió con el viridarium (futuro palazzetto Venezia, posteriormente trasladado). Propiedad de los pontífices hasta 1564, a partir de ese momento pasó a ser residencia de los embajadores de la República de Venecia, a los que sucedieron sus homólogos de Francia, en 1797, y Austria, en 1814. Italia reclamó la propiedad del palacio en 1916 que, tras una larga restauración, se destinó a museo. En 1929 Mussolini lo escogió como sede de la jefatura del gobierno, y hasta 1943 en él se reunía el Gran Consejo Fascista. Desde el punto de vista arquitectónico, pese a ser de autor desconocido, el conjunto afirma la implantación en Roma del modelo renacentista de León Battista Alberti, aparente por su planta rectangular que vierte a un patio porticado en el que se superponen los órdenes arquitectónicos (toscano y corintio) y del que solo quedan diez arcadas. Al cardenal Lorenzo Cibo se deben las estancias que albergan las colecciones del museo y las salas Regia, inaugurada en 1504, y del Mapamundi, con frescos, escasos y restaurados, atribuidos a An­drea Mantegna.
Museo del palazzo di Venezia*. (Visita de 8.30 h a 19.30 h. Cierra lunes; www.museopalazzovenezia.beniculturali.it). Las salas correspondientes a las estancias del cardenal Cibo y otras salas del actual palazzetto Venezia, conectados por el camino de ronda transformado en el siglo XVIII en un pasaje cubierto (il Passetto), albergan las colecciones de este interesante museo de artes aplicadas, creado en 1921 que se enrique­ció gracias a legados, donaciones y a las aportaciones de algunos fondos procedentes de los ya desaparecidos mu­seos Kircheriano y Artístico-Industrial. Amén de las exposiciones temporales, la colección permanente consta en gran parte de obras italianas de época medieval y renacentista. La pinacoteca, ordenada según escuelas regionales, documenta la producción artística entre los siglos XIII y XVI con un nutrido conjunto de obras notables, entre las que desta­can la Cabeza de una mujer joven de Pisanello y el Doble retrato atribuido, con algunas dudas, a Giorgione. La sala Altoviti -por el banquero florentino a cuyo palacio, demolido en 1888, pertenecían los frescos y estucos de 1543 que la decoran, y que son obra de Giorgio Vasari-­ alberga piezas de marfil y orfebrería medieval, como la Cruz de cristal de roca y el cofre nupcial, del siglo X. La colección de porcelanas recorre exhaustivamente la producción de las principales fábricas europeas de los siglos XVII al XX; a destacar también la colección de cerámica de los siglos XV a XVIII. Los bronces  pertenecen en parte a las colecciones Barsanti y Auriti; muy interesantes los bocetos preparatorios de la colección Gorga, de los siglos XVI a XVIII. Se pueden con­templar unas 800 piezas de plata, de los siglos XVI a XIX, 150 vidrios y más de 400 porcelanas china y japonesa.
Basílica de San Marcos*. Piazza di S. Marco, 52 (www.sanmarcoevangelista.it). Como sucede en muchas de las iglesias y monumentos de Roma, también el travertino utilizado en la construcción de la fachada de este edificio procede del Coliseo y del Teatro de Marcelo. El pórtico de triple arcada delata la influencia de León Battista Alberti, que se advierte también en el palazzo di Venezia.
     La iglesia fue fundada por el papa Marcos en el 336, donde la tradición fijaba la residencia del evangelista. Fue restaurada en 729 y reconstruida por primera vez en 836 por el papa Gregorio IV, aunque el campanario es del siglo XII. Las sucesivas y repetidas intervenciones barrocas del siglo XVIII son evidentes, sobre todo en el interior, donde, no obstante, ha llegado hasta nuestros días el espléndido techo* artesonado del siglo XV.
     Los mosaicos del ábside son fruto de la primera reconstrucción (primera mitad del siglo IX); la tumba de Leonardo Pesaro, de 1796, es obra de Antonio Canova. En la sacristía se conservan los relieves del altar encargado a Mino da Fiesole y Giovanni Dalmata en 1474.
     Siguiendo las ideas clásicas recuperadas por Alberti, Pablo II concibió el viridarium del palazzo di Venezia como un jardín rodeado por un pórtico en 1464, que no tardó en ampliarse, entre 1466 y 1468, con el añadido de un pórtico superior. El progresivo cerramiento de una parte de las arcadas acabó transformándolo en el palazzetto Venezia, desmontado y trasladado a su actual emplazamiento en los años 1911 a 1913 para dejar espacio a la construcción del Vittoriano. En el bello patio* interior se encuentra un pozo esculpido por Antonio da Brescia.
     En la esquina de la plaza se yergue un grandioso busto de mármol restaurado y que, según la leyenda popular, representa a Madama Lucrezia (Lucrezia d'Alagno, amante de Alfonso V de Aragón); en realidad, se trata de una imagen de la diosa Isis, del siglo II o III, procedente de la zona de Campo de Marte. Es una de las estatuas parlantes de Roma que, en ocasiones, se usaban para fijar en ellas mensajes y proclamas.
Vittoriano. Piazza Venezia. (Vi­sita de 9.30 h a 19.30 h; www.polomusealelazio.beniculturali.it). Los juicios que ha merecido el monumento a Vittorio Emanuele II por parte de los romanos han sido sin duda severos e inmisericor­des como demuestra el apelativo de 'la máquina de escribir'. Solo en los últimos años su imponente arquitectura se ha visto reivindicada, en parte gracias a la espléndida vista* que se contempla desde el pórtico superior. Hasta este balcón panorámico se accede por medio de modernos ascensores de acero y vidrio -cuya posible eliminación ha sido objeto de debate- que ascienden desde el estrecho pasaje que media entre la parte trasera del monumento y la iglesia de Santa María in Aracoeli, salvando un desnivel de 40 m en 35 segundos.
     Concebido en 1878 a la muerte del soberano artífice de la unificación ita­liana, Giuseppe Sacconi empezó a construir el Vittoriano en 1885, y para ello se inspiró en la arquitectura de los grandes santuarios helenísticos; tras su muerte, acaecida en 1905, la dirección de los trabajos recayó en Gaetano Koch, Pio Piacenti y Manfredo Manfredi. Aunque aún quedaba por añadir la decora­ ción, el monumento pudo terminarse a tiempo para las celebraciones del cincuentenario de la Unificación.
     El Altar de la Patria se inauguró en 1925, y un poco antes, en 1921, la tumba del Soldado Desconocido. Las cuadrigas de bronce que descansan sobre el propileo se añadieron en 1927. En su interior, decorado por Ar­mando Brasini entre los años 1924 y 1935, a quien se debe también la cripta del Soldado Desconocido, está el sagrario de las banderas de las Fuerzas Armadas (acceso por piazza Aracoeli) y el Museo centrale del Risorgimento (acceso por vía S. Pietro in Carcere), que contiene reliquias de los héroes del Risorgimento, concomitante con una ex­tensa área expositiva dedicada a colecciones temporales .
(VV.AA. Guía total: Roma y el Vaticano. Anaya. Madrid, 2020).

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3977. ROMA** (X), capital: 8 de septiembre de 2023.

lunes, 20 de febrero de 2023

3888. SEVILLA** (MDCCLVI), capital: 15 de febrero de 2023.

















SEVILLA** (MDCCLVI), capital de la provincia y de la comunidad: 15 de febrero de 2023.
     Mostramos imágenes del Pabellón de Portugal para la Exposición Iberoamericana de 1.929, la cual  supone la transformación urbana más importante de la ciudad en época contemporánea hasta 1992. El recinto se desarrolla en un entorno ajardinado en el que se disponen arquitecturas singulares que lo monumentalizan: apoyado en el curso del río y en edificios existentes de la importancia de la Fábrica de Tabacos o del Palacio de San Telmo, da forma al deseo de crecimiento hacia el sur que la ciudad ya había manifestado en proyectos como el trazado del Salón de Cristina o El Jardín de las Delicias de Arjona.
   El escenario fundamental es el del sector segregado de los jardines del Palacio de los Montpensier y que constituyeron el Parque de María Luisa en honor de la cesión por la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, duquesa Viuda de Montpensier, prolongado en el Jardín de las Delicias y a lo largo de la Avenida Reina Victoria (hoy Paseo de las Delicias y de la Palmera) hasta el Sector Sur. Otros edificios dispersos se situaron en los jardines de San Telmo o, en el caso singular del Gran Hotel "Hotel Alfonso XIII- en el Jardín de Eslava.
   El trazado inicial surge como consecuencia del concurso de anteproyectos celebrado en 1911 y del que se eligió la propuesta de trazado unitario presentada por el arquitecto Aníbal González y que, en los que le siguieron (1913, 1924, 1925 y 1928), se fue desfigurando en aras de una implantación dispersa con la intervención de un número más amplio de profesionales. El arquitecto dimitió falleciendo poco antes de inaugurarse el certamen.
   Los Rebello (Carlos y Guillermo Rebello de Andrade) imbuidos del espíritu historicista en el que se resolvieron muchos de los pabellones nacionales de la Exposición Iberoamericana, remontan el lenguaje de su pabellón (1928-1929) a la arquitectura del periodo de Joao V, el más significativo de la arquitectura portuguesa junto al célebre Manuelino. El movimiento que otorga al edificio sus cubiertas (techo en urna del espacio central, derivado del Palacio Real de Sintra), el uso de muros encalados junto al granito de Viana, la rica ornamentación en que intervienen los ceramistas Battistini y Viriato Silva, Alves de Sá, el forjador Ivo Días, los escultores Francisco Franco y Henrique Moreira y el pintor Jorge Barradas, le convierten en protagonista del amplio espacio urbano de El Prado de San Sebastián, algo disminuido en la actualidad por el gran porte que ha adquirido la vegetación recientemente plantada en El Prado.
   Formaba parte de un mucho más amplio espacio, junto al pabellón de Macao (que representaba una pagoda india), y la presencia de una serie de edificaciones menores, quizás felizmente desaparecidas tras la muestra, reservando su espacio justo a esta magnífica pieza expositiva, que cumplió las intenciones del país que mayor presupuesto dedicó a su participación en la muestra (2.700.000 pesetas para la construcción de 3250 m2 sobre una parcela de 4614 m2). Como edificaciones anexas contaba con cuatro pabellones para salón de actos, vinos de Oporto, exposiciones culturales y exposiciones comerciales.
   Desde su clausura en enero de 1930 es ocupado por el Consulado de Portugal (Guía Digital del Patrimonio Cultural de Andalucía).
                   
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3887. SEVILLA** (MDCCLV), capital: 15 de febrero de 2023.

viernes, 20 de octubre de 2017

2042. SEVILLA** (DCXXVII), capital: 22 de octubre de 2015.

4028. SEVILLA, capital. Retablo mayor y bóveda de la Basílica de la Macarena.
4029. SEVILLA, capital. Bóveda de la nave de la Basílica de la Macarena.
4030. SEVILLA, capital. Altar de la Hispanidad, presidido por la Virgen de Guadalupe, en la Basílica de la Macarena.
4031. SEVILLA, capital. Retablo de la Virgen del Rosario, en la Basílica de la Macarena.
4032. SEVILLA, capital. Ntra. Sra. del Rosario en su retablo de la Basílica de la Macarena.
4033. SEVILLA, capital. Detalle de Ntra. Sra. del Rosario, en su retablo de la Basílica de la Macarena.
4034. SEVILLA, capital. Retablo del Xto. de la Salvación, en la Basílica de la Macarena.
4035. SEVILLA, capital. El Retablo del Xto. de la Sentencia, en la Basílica de la Macarena.
4036. SEVILLA, capital. Ntro. Padre Jesús de la Sentencia en su retablo de la Basílica de la Macarena.
4037. SEVILLA, capital. Retablo de la Virgen de la Esperanza en la Basílica de la Macarena.
4038. SEVILLA, capital. Antigua embocadura del camarín de la Esperanza Macarena, en su Basílica.
4039. SEVILLA, capital. La Esperanza Macarena.
SEVILLA** (DCXXVII), capital de la provincia y de la comunidad: 22 de octubre de 2015.
   Mostramos en Burguillos Viajero, imágenes del interior de la Basílica de la Macarena, templo diseñado por Aurelio Gómez Millán, inaugurado en 1949. El interior, de una espaciosa nave única, presenta el añadido de cuatro capillas, estando cubierto con bóveda de cañón con lunetos y un gran arco toral que da paso al presbiterio donde se abre el gran camarín de la Virgen. Con aires historicistas fue diseñada la decoración de pinturas murales que llevó a cabo el pintor Rafael Rodríguez Hernández entre 1984 y 1993. En las cuatro capillas laterales se reparten otros tantos retablos. En el lado de la epístola (derecha) se sitúa el altar de la Hispanidad, presidido por la imagen de la Virgen de Guadalupe realizada por el pintor José de Mota en 1709, situándose alrededor las imágenes de patronas de países iberoamericanos, un símbolo de la vocación universal que adquirió el culto a la Virgen de la Esperanza. El retablo que acoge a todas estas imágenes, en su característico estilo neobarroco, fue diseñado por Juan Pérez Calvo entre 1957-59. A continuación figura la capilla de la Virgen del Rosario, con retablo también de Pérez Calvo (1962), presidido por la Virgen del Rosario del siglo XVIII, aunque la entrañable talla del Niño que duerme en su regazo parece del siglo XVI. La Virgen del Rosario, obra de Roque de Balduque en 1556, aunque muy retocada en el siglo XVIII, de gran devoción, arraigada desde el siglo XVIII, como demuestran las fiestas en su honor y su procesión de octubre. La hermandad de la Macarena está fusionada con la del Rosario desde 1793.
   En el lado del Evangelio (izquierda) se sitúa el altar del Cristo de la Salvación, el clasicista crucificado que lo preside fue esculpido por Luis Ortega Brú en 1951. Contiguo se sitúa el altar del Cristo de la Sentencia en un retablo de Pérez Calvo de 1951 presidido por la imagen titular de la hermandad Nuestro Padre Jesús de la Sentencia, obra que hizo el escultor y bordador Felipe Morales Nieto en 1654. Una talla que quizás llevó originariamente pelo natural, según apuntan los antiguos libros de reglas y que sobrevivió a modas, cambios en el paso de misterio e incendios. Tanto sus manos como su cabellera fueron rehechos en el siglo XX con la intervención de Antonio Eslava.
   En el presbiterio, dominando toda la basílica, la Virgen de la Esperanza. La gran devoción de la ciudad y la más extendida por todo el mundo. El retablo en el que se sitúa fue diseñado en el taller de Juan Pérez Calvo y realizado entre 1949-59 por un equipo compuesto por el tallista Rafael Fernández del Toro, el imaginero Ortega Brú y el dorador Antonio Sánchez. El camarín que aloja a la imagen de la Macarena fue financiado por William Butler delegado en España del Plan Marshall, y diseñado por el orfebre Fernando Marmolejo (en restauración en el momento de la visita de ahí que se dispusiera el diseño original del primitivo retablo). La Virgen de la Esperanza es talla anónima sobre la que se han apuntado numerosas autorías, la más repetida apunta al círculo de Pedro Roldán en el siglo XVII.

Enlace a la Entrada anterior de Sevilla**:

domingo, 21 de febrero de 2016

1435. MADRID** (V), capital: 18 de septiembre de 2012.

33. MADRID, capital. Ante la fachada del Palacio Real que da a la plaza de Armas.

34. MADRID, capital. Otra perspectiva del Palacio Real, desde las arcadas del ala oeste de la plaza de Armas.

35. MADRID, capital. Ante la fachada principal de la catedral de la Almudena.

36. MADRID, capital. Ante la catedral de la Almudena.

37. MADRID, capital. El retablo de la virgen de la Almudena, en la catedral homónima.

38. MADRID, capital. La virgen de la Almudena, en su retablo de la catedral homónima.

39. MADRID, capital. Capilla mayor de la catedral de la Almudena.

40. MADRID, capital. Crucificado de Juan de Mesa, en el crucero de la catedral de la Almudena.

41. MADRID, capital. Ante la Casa de la Villa.

42. MADRID, capital. Interior del Mercado de San Miguel.

43. MADRID, capital. Vista de la Plaza Mayor.

44. MADRID, capital. Tomándonos una cervecita en la Plaza Mayor.

42. MADRID, capital. En la plaza de Cibeles.

MADRID** (V), capital de provincia, de la comunidad y de España: 18 de septiembre de 2012.
 Empezamos por el Palacio Real**, que es la primera iniciativa del primer Borbón de la dinastía, Felipe V. El antiguo Alcázar de los Austrias se destruyó en un incendio el 24 de diciembre de 1734, lo que permitió al nuevo rey Felipe, que detestaba el oscuro inmueble de la anterior dinastía, encargar un palacio también nuevo a Felipe Juvara, nombrado para ello arquitecto real. El proyecto de Juvara era demasiado ambicioso para las viejas ruinas del Alcázar y, a su muerte, se le encarga la obra a Juan Bautista Sachetti, que prolonga la construcción hasta 1808, por lo que ni Felipe V ni Fernando VI pudieron vivir el flamante palacio, siendo el primer inquilino real Carlos III, a partir de 1764, quien encargó importantes obras a Sabatini.
   Está construido con granito de Guadarrama y piedra blanca de Colmenar en las columnas, pilastras y balaustradas. Son numerosísimas las estancias y obras de todas las artes las que alberga.
   Enfrente del patio de Armas se alza la catedral de la Almudena, cuyo nombre proviene de Almudayna, denominación que en época árabe tenía este espacio. Fue iniciada su planificación por Francisco Cubas en 1879 y oficialmente terminada en noviembre de 1992 y consagrada por Juan Pablo II en junio de 1993. Madrid nunca tuvo catedral por depender eclesiásticamente de Toledo hasta la creación de la diócesis de Madrid-Alcalá, a fines del siglo XIX.
   El templo provisional fue la iglesia de Santa María la Mayor, que era una vieja mezquita situada en la esquina de Mayor y Bailén que se derribó sin ningún pudor en el año 1870. Posteriormente fue catedral provisional la iglesia de San Isidro, en la calle Toledo, y se comenzaron las obras de esta Almudena que en más de cien años ha sufrido toda clase de vicisitudes arquitectónicas, presupuestarias y artísticas.
   El resultado es un templo de estilo espúreo, sin interés arquitectónico, grandilocuente y que, en un neobarroco debido a los arquitectos Carlos Isidro y Chueca Goitia, desentona queriendo no desentonar con el vecino Palacio Real. En la cripta está la imagen de la Virgen, patrona de Madrid, que según la tradición es anterior a la época cristiana aunque la talla sea del siglo XVI. el siglo XII es la pintura que representa a la Virgen de la Flor de Lis, descubierta en 1624 tras un retablo de la vieja iglesia de Santa María. Y de 2004 son los frescos de la catedral, polémica obra de Kiko Argüello, inaugurada justo un mes antes de que el templo acogiera, el 22 de mayo de ese año, su primera boda real.
   Por la Calle Mayor encontramos la Casa de la Villa, que se terminó en 1692 según los proyectos de Gómez de Mora que incluían Ayuntamiento y cárcel, por lo cual tiene dos portadas de acceso. En el centro de la plaza se yergue la estatua de don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, que mandó la escuadra que venció en Lepanto a los turcos, obra del escultor Mariano Benlliure de 1891. Siguiendo la Calle Mayor se llega a la Plaza Mayor*, antes llamada plaza del Arrabal. Se inició su construcción en 1617 por Gómez de Mora, con el fin de que sirviera para actos oficiales, autos de fe, fiestas populares y corridas de toros, además de viviendas. Los propietarios de éstas tenían el compromiso de alquilar los balcones en los festejos, que variaban el precio según la altura del piso.
   En la parte norte se encuentra la casa de la Panadería y en la sur la de la Carnicería, por dedicarse entonces respectivamente a almacén de estos artículos. En el piso principal de la casa de la Panadería está el Salón Real, desde cuyo balcón los reyes veían los toros y demás espectáculos. La inauguración de la plaza se hizo el año 1620 para celebrar la beatificación de San Isidro. La plaza ha sufrido varios incendios, en 1631, 1672 y el último en el año 1790, que destruyó más de la mitad excepto la casa de la Panadería, que es lo que queda original de la época de los Austrias. Juan de Villanueva la reconstruyó en estilo neoclásico. Durante estos siglos, la fachada de la casa de la Panadería ha sido decorada con pinturas murales en varias ocasiones, ya que el estado del edificio no permite que se conserven mucho tiempo. La última decoración se ha realizado entre 1990 y 1992 por el pintor Carlos Franco. La última corrida de toros se celebró en la plaza en 1847 con ocasión de la boda de Isabel II. En el centro estaba la estatua ecuestre de Felipe III, de Juan de Bolonia y Pedro Tacca, ahora instalada en la Casa de Campo.
   Bajando por la calle de Alcalá, se llega a la fuente de Cibeles, proyectada por Ventura Rodríguez en 1777. La Cibeles se ha convertido en el símbolo de Madrid, su imagen por antonomasia, más aún que el emblema del oso y el madroño. Representa a la diosa de la fecundidad, de la tierra y de las cosechas, entre otros símbolos, que viaja sobre un carro tirado por leones. Diosa y carro son del escultor Francisco Gutiérrez, mientras que los leones son del especialista en estos felinos el francés Robert Michel, autor de los leones del trono del Palacio Real. Unos amorcillos enganchados detrás del carro fueron colocados en el siglo XIX. La plaza de Cibeles surgió más tarde, cuando se levantaron los edificios que la rodean, entre ellos el palacio de Comunicaciones, obra de principios del siglo XX, en estilo historicista, sede del Ayuntamiento.

Enlace a la Entrada anterior de Madrid**: