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sábado, 12 de julio de 2014

846. MONASTERIO DE PIEDRA* (II), Zaragoza: 28 de junio de 2009.

11. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Una de las primeras cascadas del conjunto.

12. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Otro grupo de cascadas.

13. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Las mismas cascadas vistas desde otro ángulo.

14. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. La cascada Cola de Caballo desde el interior de la gruta del Iris.

15. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. La cascada Cola de Caballo.

16. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. El lago del Espejo.

17. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Otra cascada del recinto.

18. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Buitres en el recinto.

19. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Ave rapaz.

20. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Águila.

MONASTERIO DE PIEDRA* (II), provincia de Zaragoza: 28 de junio de 2009
Un increíble paisaje fluvial
   La comunicación de las dependencias monacales con la zona de las cascadas y los lagos se hace a través de la apacible pradera de El Vergel*, de exuberante vegetación puesta en cultivo en su día por los monjes y luego primorosamente ajardinada por la familia Muntadas. Se trata de una zona regada por uno de los brazos en que se divide el río Piedra que, en su otro brazo o mitad, se precipita por infinidad de desniveles del terreno, en su mayoría producidos por la acción erosiva del propio y río y, en parte, artificialmente conducidos por la mano del hombre. Todo el paraje se encuentra debidamente señalizado, por lo que no parece procedente dirigir paso a paso el deambular del visitante. No obstante y habida cuenta de que la perspectiva es mucho mejor de abajo arriba que de arriba abajo, lo mejor es comenzar por la parte inferior del conjunto para ir poco a poco subiendo.
   El periplo debe comenzarse en la impresionante cascada de la Cola de Caballo*, catarata labrada por el río para salvar un desnivel de más de 50 m. Más arriba se hallas las cascadas Iris y Fresnos (Alta y Baja) y, junto a la llanura de El Vergel, parte el camino que conduce a la gruta La Carmela*, al Baño de Diana y al Torrente de los Mirlos. Desde allí, sucesivamente, el periplo discurre por las cascadas conocidas como gruta del Artista, Caprichosa, grutas de La Pantera y La Bacante, cascada de La Trinidad, Solitaria, Sombría, Los Chorreaderos, etc. El llamado lago del Espejo constituye un lugar excelente para hacer un alto en el camino y reponer fuerzas antes de visitar el lugar más impresionante del conjunto, cual es la gruta de la Cola de Caballo o llamada también gruta del Iris*, una gran cueva natural sobre cuya boca se caer una gran cortina de agua, formando un conjunto realmente sobrecogedor.

Enlace a la Entrada anterior de Monasterio de Piedra*:

viernes, 11 de julio de 2014

845. MONASTERIO DE PIEDRA* (I), Zaragoza: 28 de junio de 2009.

1. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Nave central de la igl. del conjunto monacal.

2. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Ábside de la igl. del conjunto monacal.

3. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Capilla barroca de la igl.

4. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Corredor del conjunto monacal.

5. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Claustro.

6. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Una de las pandas del claustro.

7. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Refectorio.

8. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Sala capitular.

9. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Salón de la biblioteca.

10. MONASTERIO DE PIEDRA, Zaragoza. Zona conventual adaptado a uso hotelero.

MONASTERIO DE PIEDRA* (I), provincia de Zaragoza: 28 de junio de 2009.
   Se trata sin duda alguna del lugar más visitado y conocido de Aragón, junto al Pilar de Zaragoza y, quizás, algunas zonas del Pirineo. Frecuentemente, el visitante que acude por primera vez a este sorprendente lugar no sabe muy bien si lo que va a ver en realidad es un recinto monacal o un paraje insólito. Y es que se trata de las dos cosas a la vez, si bien la fuerza plástica y el casi inesperado impacto que produce el componente paisajístico hace que éste prevalezca sobre un reducto histórico-artístico, tan valioso e historiado como abandonado y escasamente restaurado.
   Conviene no perder de vista que, aunque forman un solo conjunto, una cosa son las instalaciones artístico-monumentales monacales y otra el magnífico paisaje fluvial que las circunda, por lo que lo más conveniente es pasar a describirlos aparte.

Mudo testigo de un pasado esplendoroso
   Aunque suele ser costumbre adentrarse en el paraje natural de las cascadas una vez satisfecha la cuota de entrada -no debe olvidarse que se trata de una propiedad particular y que, por ello, se cobra su visita-, lo aconsejable es visitar primero las instalaciones monacales para obtener así una cierta perspectiva histórica del entorno.
   Antiguamente se accedía al recinto a través de la puerta de arco de medio punto abierta al pie de la llamada torre del homenaje*, que es, en realidad, el torreón de portazgo abierto en la muralla que cierra el monasterio, levantada en el año 1600. Se trata de una torre medieval almenada, con ventanas ajimezadas en su parte interior y un sólido matacán sobre los escudos y blasones que presiden la puerta la puerta en su parte exterior. Una vez dentro del recinto se presenta a los ojos del visitante el Palacio Abacial*, de curiosa fachada -sin duda, varias veces adulterada- en la que aparecen pilares y columnas adosados en cierto desorden.
   Del palacio queda muy poco de interés en pie, a excepción de un pequeño oratorio con ciertos resabios mudéjares y decoración tardía de escasa calidad artística. A través del vestíbulo del edificio se accede a la plaza del recinto donde se levanta la iglesia*, de primitiva fábrica románica, muy deteriorada y enmascarada por diversos añadidos a lo largo de los siglos, especialmente en el momento del barroco. Aunque en mal estado, conserva la fachada con arquivoltas apuntadas y restos, tanto en el interior como en el exterior, de su primitiva ornamentación inmueble. De las dependencias monacales* las partes más antiguas corresponden a dos largos corredores con bóveda de cañón, ya que el apacible claustro gótico es más tardío. A este claustro se abre una magnífica sala capitular, cercana al refectorio y a la cocina. Una gran escalinata pone en comunicación el claustro bajo con el alto, muy reformado y adaptado a las exigencias de la moderna hostelería pero en el que subsiste el gran salón de la biblioteca, reformado en 1584.

jueves, 10 de julio de 2014

844. ZARAGOZA* (II), capital: 27 de junio de 2009.

12. ZARAGOZA, capital. Fachada de la igl. de Sta. Engracia.

13. ZARAGOZA, capital. Vista exterior del palacio de la Aljafería.

14. ZARAGOZA, capital. Entrada principal al palacio de la Aljafería.

15. ZARAGOZA, capital. Patio de la Igl. en el palacio de la Aljafería.

16. ZARAGOZA, capital. Portada de la igl. de San Martín en el palacio de la Aljafería.

17. ZARAGOZA, capital. Patio de Sta. Isabel del palacio de la Aljafería.

18. ZARAGOZA, capital. Uno de los pórticos del patio de Sta. Isabel del palacio de la Aljafería.

19. ZARAGOZA, capital. Musallah con el vano del mihrab del palacio de la Aljafería.

20. ZARAGOZA, capital. El otro pórtico del patio de Sta. Isabel del palacio de la Aljafería.

21. ZARAGOZA, capital. Patio de armas del palacio de la Aljafería.

22. ZARAGOZA, capital. Acceso al palacio de los Reyes Católicos en el palacio de la Aljafería.

23. ZARAGOZA, capital. Techumbre de la escalera de acceso al palacio de los Reyes Católicos en el palacio de la Aljafería.

ZARAGOZA* (II), capital de la provincia y de la comunidad: 27 de junio de 2009.
Edificios renacentistas, barrocos y neoclásicos
   Al margen de la ya comentada Lonja de la ciudad, Zaragoza, pese a la masiva destrucción monumental sufrida durante los sitios, conserva aún numerosas muestras artísticas, tanto religiosas como civiles, de los siglos XVI al XVIII.
   Dentro del legado renacentista destaca la magnífica fachada de la iglesia de Santa Engracia, en la plaza de Santa Engracia, junto al paseo de la Independencia y en cuya cripta se custodian dos interesantes sarcófagos* cristianorromanos del año 340.
 La arquitectura civil ofrece también bellos exponentes del renacimiento aragonés en palacios como el de los Condes de Morata (actual Audiencia, en el Coso), la Casa de los Morlanes, en la calle de San Jorge, el palacio de los Pardo, en la calle Espoz y Mina, hoy sede del Museo Camón Aznar, la Casa de la Maestranza, en la calle Dormer, etc. y, sobre todo, en el magnífico patio de la Infanta*, actualmente reconstruido en el interior de la sede central de Ibercaja en la plaza del Paraíso.
   De la época barroca se conservan algunos interesantes edificios religiosos, como la iglesia de San Carlos (calle de San Jorge), la iglesia de la Mantería, en la plazuela de San Roque, la iglesia de San Ildefonso (en la avenida de César Augusto), etc.
   Finalmente, el neoclásico está también dignamente representado en edificios como la iglesia de la Santa Cruz, en la calle Espoz y Mina, o la iglesia de San Fernando de Torrero (paseo de Cuéllar).

La huella del Islam: la Aljafería
  Nada haría suponer al visitante neófito que en la capital del Ebro pudiera existir una significativa y singular muestra del arte islámico. Pues nada más lejos de la realidad. Muy cerca de la zona conocida como El Portillo, en el arranque mismo de la avenida de Madrid, se alza, a mano derecha, el bellísimo palacio de la Aljafería*, sede actual del legislativo aragonés, las Cortes de Aragón. Visto desde el exterior, una incompleta y no muy afortunada reforma de siglos precedentes le concede una apariencia que en casi nada hace creer que se está ante el más importante palacio musulmán de occidente del siglo XI.
   Fue construido como quinta de recreo por el gobernador de la taifa de Zaragoza Abu Jafar Ahmed Almoctabir Bilá entre los años 1047 y 1081 y de su nombre, Jafar, proviene el del palacio, Aljafería.
   Rodeado de fosos, el palacio presenta su entrada principal a oriente, alojada entre dos cubos de murallas y en arco de herradura. El primer recinto al que se accede es el llamado patio de la Iglesia, dada su contigüidad a la iglesia de San Martín, obra mudéjar del siglo XIV. Desde él se pasa al patio de Santa Isabel*, núcleo esencial del antiguo palacio musulmán, cerrado en las alas norte y sur con pórticos en los que se ha reproducido la decoración islámica primitiva.
   En la parte norte -es decir, entrando a mano derecha- se halla la estancia más antigua e interesante de lo hasta hoy conservado: la musallah* u oratorio privado de los gobernadores musulmanes, que tiene reducidas proporciones, planta cuadrada y sección octogonal en altura, con el vano del mihrab en arco de herradura y bellos capiteles de alabastro, así como una profusa y bellísima decoración.
   En la parte más occidental de lo hasta hoy restaurado, se abre una gran escalera por la que se accede al llamado palacio de los Reyes Católicos*, en el que destaca el salón del trono, con una excelente techumbre policromada de estilo mudéjar.

Enlace a la Entrada anterior de Zaragoza*:

miércoles, 9 de julio de 2014

843. ZARAGOZA* (I), capital: 27 de junio de 2009.

1. ZARAGOZA, capital. Murallas de la ciudad.

2. ZARAGOZA, capital. La Lonja.

3. ZARAGOZA, capital. Plaza del Pilar con la igl. de San Juan de los Panetes al fondo.

4. ZARAGOZA, capital. La basílica del Pilar.

5. ZARAGOZA, capital. Otra perspectiva de la basílica del Pilar.

6. ZARAGOZA, capital. La Virgen del Pilar en la Sta. Capilla de su basílica.

7. ZARAGOZA, capital. Retablo mayor de la basílica del Pilar.

8. ZARAGOZA, capital. La Seo.

9. ZARAGOZA, capital. Parroquieta de San Miguel.

10. ZARAGOZA, capital. Torre de la igl. de La Magdalena.

11. ZARAGOZA, capital. Torre de la igl. de San Gil.

ZARAGOZA* (I), capital de la provincia y de la comunidad: 27 de junio de 2009.
   Antiquísimo núcleo prerromano (Salduie), la estratégica Caesaraugusta romana, la magnífica Sarakosta o Medina Albaida de los musulmanes, fue deviniendo a lo largo de los siglos en una gran metrópoli, antigua y moderna a la vez, apacible e inquietante, batida con frecuencia por el cierzo inclemente y siembre atractiva y abierta de par en par al visitante.
   La peatonalización de calles y la entrada en funcionamiento de numerosas zonas de aparcamiento controlado o azules, aconsejan al visitante la utilización de los numerosos aparcamientos subterráneos repartidos por toda la ciudad, especialmente los construidos bajo la plaza del Pilar. Utilizar estos últimos permite al visitante iniciar su periplo desde el mismo corazón ciudadano, que no es otro que la plaza de las Catedrales*, así llamada porque está formada por el conjunto de la del Pilar y la de la Seo.
El Pilar, corazón de la ciudad
   La plaza de las Catedrales y el Ebro forman una unidad prácticamente indisoluble. Es aquí donde, según la tradición, la Virgen se apareció en carne mortal al apóstol Santiago sobre una pequeña columna o pilar. Aquí estuvo ubicado con toda probabilidad el foro de la Caesaraugusta romana, de la que quedan algunos restos hoy visibles bajo la plaza de la Seo (Museo de Historia de la Ciudad) y, en el extremo oeste de la plaza, un pequeño tramo de su sólida muralla*. Por esta parte, la urbe se comunicaba con las huertas del otro lado del Ebro a través del magnífico puente de Piedra*, obra del primer tercio del siglo XV recientemente restaurada con más que dudoso buen gusto y acierto.
   Entre el Ebro y la plaza de las Catedrales se yergue, esbelta y apacible, la bellísima Lonja*, el más importante exponente de la arquitectura civil zaragozana. Construida entre 1541 y 1551, es de planta rectangular, con tres naves en su interior formadas por dos series de columnas jónicas y presenta una bella decoración en bóvedas y ventanales.
   A su lado se levanta, desde la década de los sesenta del siglo XX, el edificio del Ayuntamiento, en cuya portada se alzan las figuras de San Valero y del Ángel de la Ciudad, obras ambas del escultor aragonés Pablo Serrano. Justo a su costado sobresale, inconfundible y cerrando al norte y al Ebro una plaza de reciente y polémica remodelación, la basílica del Pilar*. Desde el punto de vista histórico-artístico, el templo no es, a buen seguro, el monumento mayor de la ciudad, pero la devoción pilarista, su ubicación y las proporciones del edificio han terminado por convertirlo en el principal centro de atención del visitante.
   Al recinto se puede acceder por la fachada que da al Ebro, pero lo aconsejable es hacerlo por la más oriental -es decir, la más próxima al Ayuntamiento- de las dos puertas que dan a la plaza de las Catedrales.
   Antes de adentrarse en el templo, el visitante puede apreciar, adosado a la fachada entre ambas puertas, cerca del relieve de Pablo Serrano que adorna la pared, un pequeño tímpano románico, procedentes de la primitiva iglesia románica sobre la que luego se levantó la basílica. Al entrar en el recinto por la puerta aconsejada, la atención se orienta invariablemente hacia la Santa Capilla, epicentro de la devoción mariana ya que en ella se venera la imagen de la Virgen sobre su pilar. De forma elíptica e inconfundible traza barroca, fue construida por Ventura Rodríguez en 1754 y dispone de un pequeño vano en la parte trasera para que los peregrinos o visitantes puedan besar la columna que sostiene la Virgen. Pocos son, sin embargo, los que saben que en las bóvedas de la capilla de enfrente y del costado derecho, se hallan las dos cúpulas* (El Coreto y La Reina de los Mártires) pintadas por Francisco de Goya. Salvo lo ya mencionado, la parte más antigua y valiosa se halla en el tramo occidental del recinto, correspondiente a la reconstrucción gótico-mudéjar que se acometió tras el incendio que arruinó el templo en el siglo XV.
   En este tramo destacan por su antigüedad y valor artístico el coro y el pie de órgano, pero, sobre todo, el magnífico retablo* en alabastro del altar mayor, obra de Damián Forment (1509-1518) recientemente restaurado. Indudable interés ofrece finalmente la visita al tesoro artístico, ubicado en la sacristía (junto a la Santa Capilla, en el lado que da al Ebro).

El mejor gótico zaragozano: La Seo
   En el lado oriental de la plaza de las Catedrales, parcialmente oculta su fachada por la construcción de un polémico prisma de ónice, diseñado como entrada al futuro Museo de Historia de la Ciudad, se levanta la catedral de La Seo*, obra capital, sin duda, del gótico zaragozano. Antes de penetrar en el templo es aconsejable contemplar la excelente decoración en ladrillo y azulejos -recientemente restaurada- del exterior del ábside de la llamada parroquieta de San Miguel* y de la parte superior del resto de los ábsides.
   En el interior del recinto, nada más entrar, destaca a mano izquierda la ha mencionada parroquieta de San Miguel, en la que se hallan el sepulcro y la hornacina de Lope Fernández de Luna.
   Un poco más al fondo, llama poderosamente la atención la magnífica factura gótica del retablo del altar mayor y, sobre todo, del arriesgado y elegante cimborrio*. El resto de los elementos del templo son de épocas y estilos posteriores, bien representados todos ellos, por otra parte, en diversas piezas de su interesante  tesoro catedralicio, que se custodia en la sacristía, no menor en su interés, empero, que el que suscita su magnífico Museo de Tapices*.
   A la salida del templo se puede visitar el mencionado Museo de Historia de la Ciudad*, provisionalmente diseñado en sus materiales muebles, pero construido junto a valiosos restos arqueológicos correspondientes a la Zaragoza romana.
   No se agotan sin embargo en La Seo las muestras del ingenio constructivo y decorativo  de los mudéjares zaragozanos. 
   Dentro del mismo casco viejo -aunque en direcciones contrarias respecto de la Plaza de las Catedrales- destacan las dos antiguas parroquias de la ciudad: San Pablo (calle San Pablo, en la parte occidental de la ciudad) y La Magdalena (Calle Mayor, plaza de la Magdalena, en la parte oriental del casco antiguo). En la primera de ellas Damián Forment talló un bellísimo retablo para su altar mayor y de la segunda destaca sobremanera su bellísima torre cuadrada con azulejería mudéjar.
   Otras iglesias de la ciudad como San Miguel, en la plaza de San Miguel, o San Gil, en la calle Don Jaime I, son también edificios coetáneos, aunque su traza mudéjar aparezca en la actualidad notablemente enmascarada por reformas posteriores.

martes, 8 de julio de 2014

842. BOLEA (I), Huesca: 27 de junio de 2009.

1. BOLEA, Huesca. Igl. de Ntra. Sra. de la Soledad o Sto. Tomás.

2. BOLEA, Huesca. Portada de la igl. de Ntra. Sra. de la Soledad o Sto. Tomás.

3. BOLEA, Huesca. Torre de la colegiata de Sta. Mª la Mayor.

4. BOLEA, Huesca. Portada de la colegiata de Sta. Mª la Mayor.

5. BOLEA, Huesca. Interior de la colegiata de Sta. Mª la Mayor.

6. BOLEA, Huesca. El retablo mayor de la colegiata de Sta. Mª la Mayor.

7. BOLEA, Huesca. Escena del Prendimiento de Jesús, del retablo mayor de la colegiata de Sta. Mª la Mayor.

8. BOLEA, Huesca. Retablo de San Sebastián de la colegiata de Sta. Mª la Mayor.

9. BOLEA, Huesca. Bóveda estrellada de una de las capillas de la colegiata de Sta. Mª la Mayor.

10. BOLEA, Huesca. Retablo de la Crucifixión de la colegiata de Sta. Mª la Mayor.

BOLEA (I), provincia de Huesca: 27 de junio de 2009.
   Villa de la comarca de La Hoya de Huesca a las faldas de las sierras de Caballera y Gratal y a unos 20 km de la capital de provincia.
   Este pueblo se asienta alrededor de dos modestos cerros, uno de ellos culminado por los escasos restos de un castillo y el otro por su bellísima colegiata de Santa María la Mayor*. Se trata de una construcción del siglo XVI, aunque con valiosa cripta románica y torre también de origen medieval, y en su interior conserva un valioso retablo renacentista (ss. XV-XVI).